El Comercio
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Autor: juanneira
UNA GESTIÓN MODÉLICA
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Juan Neira | 27-12-2017 | 4:26| 0

El informe de la Sindicatura de Cuentas sobre la gestión del Principado en el ejercicio de 2016 no tiene desperdicio. Nuevamente se acredita que hay facturas para pagar que no están formalizadas ni recibidas. Algo parecido, pero por vía política, fue la denuncia aportada, en su día, por el entonces presidente del Principado, Francisco Álvarez-Cascos, en la ceremonia inaugural de la Feria de Muestras del año 2011, cuando señaló que se había encontrado, en los cajones, con facturas ocultas por valor de 211 millones de euros. Deuda oculta que se encontró de mandatos anteriores, pero de la que nunca más se supo porque la alianza del PSOE y del PP se encargó de dejarla más oculta de lo que estaba. Es evidente que la financiación de la sanidad exige una clarificación, donde aparezcan las facturas contabilizadas y las que duermen en los cajones el sueño de los justos. La Sindicatura informa que el Principado dio avales a Sogepsa por valor de 114 millones y a la Zalia por 67 millones, cuando se trataba sociedades sobre las que había fundadas dudas sobre su continuidad. El sector público juega un papel importante en el endeudamiento el Principado. Sogepsa y Zalia están en boca de todos, forman parte del debate público de la región, no por las actuaciones positivas que realizan sino por el tamaño del agujero financiero que arrastran. ¿Cuántas empresas productivas se hubieran salvado con 181 millones en avales? ¿Cuántos puestos de trabajo destruidos habrían permanecido activos con ese tipo de ayudas?

La Sindicatura de Cuentas señala que la prórroga presupuestaria fue respaldada con 22 millones más que la cuantía del presupuesto prorrogado. Uno piensa que lo habitual es que los créditos sean inferiores al volumen del presupuesto prorrogado, porque algunas partidas del mismo tenían un fin concreto que se agotaba en el año para el que fue aprobada la cantidad. Pues resulta que no es así, la prórroga creció en 22 millones. Más llamativo es aún que la partida de la deuda de 595 millones no conste un destino ni las características de la misma. En el informe se acredita que hay préstamos por 104 millones que no se sabe el gasto al que van dirigidos.

No es fácil calificar una situación como esta. No es la valoración de un partido de la oposición ni el informe de una auditoría privada, sino el documento oficial de la Sindicatura de Cuentas. No pasa nada, porque los datos se conocen un año más tarde y están envueltos en una jerga técnica que los convierte en insípidos.

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LLAMADA A LA RESPONSABILIDAD
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Juan Neira | 26-12-2017 | 5:26| 0

El tradicional discurso del Rey en Nochebuena despertó más expectación que otros años, ya que aún perdura en la memoria de los españoles el eco del discurso pronunciado el pasado 3 de octubre cuando pidió a los poderes del Estado que restauraran la legalidad en Cataluña. Entonces, más de 12 millones de españoles siguieron por televisión el mensaje de Felipe VI, pronunciado dos días después del referéndum de autodeterminación en Cataluña. Sorprendió la forma enérgica de alocución y el fondo de la intervención en la que se identificaba sin rodeos a los responsables de la crisis catalana. ¿Volvería a pronunciar un discurso de esas características en Nochebuena? En esta ocasión, la intervención del Jefe del Estado tenía lugar a las 72 horas de las elecciones catalanas, unos comicios ganados por Ciudadanos, pero que permiten a los independentistas volver a gozar de mayoría absoluta en la Cámara, estando en condiciones de investir presidente y formar gobierno si se ponen de acuerdo los tres grupos (Juntos Por Cataluña, ERC y la CUP).

El Rey sabe medir los tiempos y adecuar sus reflexiones a las coordenadas de cada coyuntura. El escenario es inquietante, el desafío independentista mantiene toda su potencialidad, pero no estamos en la misma situación que a principios del pasado mes de octubre. El Gobierno central lleva las riendas de la comunidad autónoma catalana, meced a la aplicación del artículo 155 de la Constitución, un puñado relevante de los cabecillas sediciosos están en Bruselas o en la cárcel de Estremera (Madrid), y el juez instructor del Tribunal Supremo, que tomó las medidas cautelares de privación de libertad, acaba de incluir en el sumario en calidad de investigados a personajes de la talla de Artur Mas, Marta Rovira y Anna Gabriel. Por último, hay serias dudas de que en el caso de que los independentistas sean capaces de unir sus fuerzas para investir presidente a uno de los suyos, vayan a resucitar el espantapájaros de la republica catalana. Confío mucho en la capacidad pedagógica de las medidas de coerción.

Ante ese panorama, el Rey habló de la necesidad de gobernar teniendo presente la pluralidad y los intereses generales, y recordó que la política de división social  crearía en Cataluña, incertidumbre, desánimo y empobrecimiento. En el discurso aludió a otros asuntos, como el empleo, la Unión Europea, la lucha contra el terrorismo o la violencia de género. Todo ello tratado con ánimo reformista.

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BALANCE POSITIVO
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Juan Neira | 24-12-2017 | 5:05| 0

El clímax del “procés” se alcanzó la tarde del 28 de octubre en que los diputados nacionalistas votaron la independencia de la república catalana y el presidente Rajoy les contestó destituyendo a todo el “govern”, al amparo del artículo 155 de la Constitución, y convocando elecciones para el 21 de diciembre. Ahí quedó detenido el río revuelto del “procés”.

La doble respuesta de Rajoy estaba a la altura del desafío planteado, pero había serias dudas sobre la capacidad de aplicar las medidas acordadas. ¿Si desde Puigdemont hasta el último mosso d’esquadra se empeñaban en darle la espalda, qué haría Rajoy?

La duda estaba avalada por lo ocurrido la jornada del referéndum, cuando los mossos hicieron caso omiso de las órdenes recibidas y las votaciones empezaron a celebrarse ante la impotencia de policías y guardias civiles.

RESPUESTA PLANA

El proceder de los independentistas causó perplejidad, con la huida de medio “govern” a Bruselas, mientras el resto acudía a la citación de la Audiencia Nacional, para ser trasladados, posteriormente, a la cárcel.

No ocurrió nada. Ni los dirigentes llamaron a la resistencia ni las bases de la Asamblea Nacional Catalana y Ómnium Cultural ocuparon las calles. El artículo 155 se reveló como un arma poderosa para reducir a los sediciosos y defender la legalidad.

Sólo quedaba lamentar que Rajoy no lo hubiera aplicado mucho antes, sin esperar a que avanzase la operación independentista. ¿Cuándo? En el momento en que el “govern” anunció que iba a aprobar las leyes de desconexión.

Pese a la crítica de parte de la oposición española y de las instituciones catalanas al artículo 155, presentándolo como una vuelta a la Inquisición, lo cierto es que el retorno a la normalidad se hizo sin que surgieran fricciones con los funcionarios y sin que suscitara malestar social. Cuando Rajoy comunicó su doble decisión nadie podía imaginar que sería tan fácil desbaratar el plan independentista.

Lo más lógico es que la aplicación del 155 durara un periodo largo de tiempo, como hizo Blair en el Ulster, pero Rajoy y sus socios cometieron la equivocación de dar alta temprana al enfermo fijando elecciones a los 54 días de intervenir la Generalitat.

Rajoy barajaba otras fechas, pero Albert Rivera y Pedro Sánchez fueron inflexibles. Un error de bulto nacido del complejo de inferioridad ante los nacionalistas, como si la tribu de Pujol, Mas, Puigdemont, Junqueras, Rovira y compañía estuvieran en condiciones de dar clases de democracia a alguien.

“YO SOY ESPAÑOL”

De las urnas salió vencedora la opción de Ciudadanos, aunque la mayoría de escaños en la Cámara corresponda a los independentistas. El día que Rajoy convocó las elecciones no estaba en los pronósticos, ni remotamente, que la candidatura de Inés Arrimadas fuera a resultar triunfadora. Por primera vez la dirección de un partido que se atreve a cantar públicamente, “yo soy español, español, español”, gana las elecciones autonómicas en Cataluña.

Desde esta perspectiva hay que analizar la situación política en Cataluña y, en particular, los resultados electorales. El balance de lo sucedido desde el 28 de octubre hasta el 21 de diciembre es netamente positivo. El 155 no es un elefante en la cacharrería catalana, sino el bisturí quirúrgico para la camarilla de sediciosos. En las urnas ganó Ciudadanos, el partido que tiene una postura más tajante ante el independentismo.

Pese a estas consideraciones que están a la vista de todo el mundo, flota una sensación de cierta decepción con los resultados electorales. Cierta culpa de ello hay que achacarla a Mariano Rajoy, Pedro Sánchez y Albert Rivera que presentaron las elecciones como el punto final del retorno a la normalidad ¿Desde cuándo un sector social muy ideologizado cambia de opción electoral en cincuenta días? ¿Acaso no estaban estimulados para acudir a las urnas con el objetivo de liberar a los encarcelados y retornar a los huidos?

ELECCIONES EXPRÉS

La alternativa de las elecciones exprés tenía como consecuencia obligada la constitución de un Parlamento parecido al disuelto. Nadie se podía engañar, y menos que nadie los líderes de los partidos democráticos. Aun así, la victoria de Ciudadanos es una diferencia cualitativa con anteriores escenarios.

Toca hacer acopio de paciencia. Recordemos el bloqueo institucional español de 2016. Diez meses de vueltas y revueltas sin investir presidente. En Cataluña la situación es enrevesada, debiendo compaginar proyectos políticos de distintos partidos con otros de carácter puramente personal. A la vez, los procesos judiciales seguirán avanzando. Lograr que una parte de los diputados independentistas se siente en el Parlamento va a costar un gran esfuerzo. No me extrañaría que Puigdemont siga en el extranjero de embajador del independentismo En esas circunstancias se cometen muchos errores. No hay que distraerles.

Mientras no se haya elegido un presidente el artículo 155 sigue en vigor. Rajoy tiene decisiones que tomar, una vez se reponga del KO electoral. El hundimiento del PP se lo ganó a pulso con su estilo timorato, siempre dispuesto a dejar que los demás hagan las cosas por él. En resumen, los constitucionalistas están mejor que dos meses atrás.

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EL RECHAZO DEL PRESUPUESTO
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Juan Neira | 23-12-2017 | 4:21| 0

La votación de las enmiendas a la totalidad tumbó el proyecto de presupuestos del Principado. 2018 será un año de prórroga presupuestaria. Podemos mantuvo su propuesta sobre la educación de cero a tres años y el Gobierno no se avino a modificar las cifras. Los otros tres partidos (PP, Foro y Ciudadanos) que presentaron enmiendas a la totalidad ya habían decidido su postura con anterioridad.

La negociación deja una sensación extraña. Durante el tiempo que duraron las conversaciones parecía que el Gobierno quería aprobar los presupuestos, pero sin dejarse la piel en ello, sintiéndose mentalizado para gobernar lo que resta de mandato con las cuentas prorrogadas. En caso contrario no se entiende que haya descartado ahondar en la negociación con PP y Ciudadanos, y que le exigiese a Podemos el apoyo al presupuesto sin alterar las cifras, con la excepción de medio millón de euros destinado a luchar contra la corrupción. Cuando se está respaldado por menos de un tercio de los diputados, pedir a los grupos de la oposición que aprueben las cuentas sin cambiar las partidas es una quimera. No ocurre en ningún lado.

Los socialistas están acostumbraos a los pactos con IU, que conllevan mucha gestualidad política y escasas alteraciones presupuestarias. Tienen una larga historia en común y no les fue mal a ninguno de los dos, pero lo que no pueden pretender es que esa plantilla de pactos se traslade mecánicamente a otros partidos. Bien es cierto que Javier Fernández siempre tuvo a mano una alternativa con la que no contaron otros presidentes socialistas: el apoyo del PP. Mercedes Fernández inauguró el modelo de los acuerdos presupuestarios entre los dos grandes partidos poniendo como exigencia una petición cada año. El resto no le importa. El pasado año fue la elevación del mínimo exento en el Impuesto de Sucesiones; aceptada la propuesta, todas las partidas de gasto e inversión del PSOE le parecieron bien. Y después se atreve a decir que el modelo socialista está agotado. En esta ocasión, Javier Fernández renunció al “plan b” e intentó que los grupos de izquierda apoyaran el presupuesto con modificaciones minúsculas. Podemos no se avino al trato y el presidente le acusó de practicar la “vetocracia”. Supongo que Cherines y Nicanor García habrán quedado pasmados. Por debajo de esta ceremonia se adivina que en Asturias los presupuestos tienen más dimensión política que económica. Bajo esa premisa no me extraña apostar por la prórroga.

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ARRIMADAS HUMILLA A LOS “INDEPES”
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Juan Neira | 22-12-2017 | 8:10| 0

Con los porcentajes moviéndose, aún, en la pantalla hay que sacar conclusiones de los resultados y avizorar el horizonte.

Antes que nada, los números permiten constatar que la sociedad catalana sigue fuertemente dividida, con algo más de la mitad de los electores a favor del orden constitucional y con algo menos del 50% a favor de la independencia. La ley electoral distorsiona esta realidad y da más escaños a los “indepes” que a los “unionistas”.

Con la foto fija, los constitucionalistas ganan en votos y los separatistas en escaños, pero si tomamos como referencia los comicios de 2015, los constitucionalistas avanzan en votos, porcentajes y escaños, mientras que los separatistas retroceden en todos los conceptos. Lo digo por delante como lenitivo para los profesionales del derrotismo.

TRIUNFADOR

El gran triunfador de la noche es Ciudadanos (C’s) que ganó las elecciones, cuando las encuestas le otorgaban el segundo lugar. En dos años pasó de 25 a 37 escaños y, si nos retrotraemos a las elecciones de 2012, saca más del triple de diputados. Éxito de la fuerza política, de su descarada apuesta por la españolidad, y de su candidata, Inés Arrimadas, una mujer valiente e inteligente que tiene empatía con el electorado.

En la victoria de Ciudadanos hay un componente de voto útil. De catalanes con sentimiento español que votaron a C’s para impedir que los nacionalistas reactiven la república. Los constitucionalistas agruparon el voto, y el PP se llevó la peor parte (luego, hablaremos del PP). Esa agrupación del voto también afectó al PSC, que después de presentarse como un partido que podía recibir sufragios de distintos orígenes, acabó viendo cómo su crecimiento electoral se limitaba por la fuga de votos a C’s.

En el otro bloque ideológico, el del nacionalismo separatista, el ganador es Puigdemont, que queda como principal líder del independentismo. La pugna entre Juntos Por Cataluña y ERC se saldó con la victoria de la antigua Convergencia en contra de lo que anunciaban las encuestas. La primera conclusión es obvia: para un candidato a presidir la Generalitat es mejor hacer campaña desde Bruselas que desde la cárcel. Segunda deducción, Puigdemont sacó ventaja al presentarse como el legítimo presidente de la república catalana. No todas son loas para el ex presidente. ERC hizo las cosas fatal. Marta Rovira fue una pésima candidata. No sé quién fue el asesor que le aconsejó ir a Bruselas para fotografiarse con la bufanda amarilla, como lugarteniente de su principal competidor.

Por cierto, la pasada noche hemos comprobado la gran mentira nacionalista del referéndum del primero de octubre, al decir que habían votado la república 2,2 millones de catalanes. En elecciones competidas y pacíficas no llegaron a esa cifra.

DOS MARCAS

Reflexión para el nacionalismo que tiene carácter universal: es mejor presentarse con dos listas que con una. Estoy cansado de decirlo con los ejemplos asturianos: el centro-derecha regional logró sus mejores resultados (26 escaños) presentándose dividido (Foro y PP). El segundo mejor resultado lo tuvo con PP y CDS (tantos escaños como los que sacó Sergio Marqués). La izquierda  ganó holgadamente en Asturias en multitud de elecciones, entre otras cosas, porque siempre se presentó con dos o tres marcas.

Si se hubiera repetido el experimento de Juntos Por el Sí (ERC y Puigdemont juntos) habría sufrido una rotunda derrota. Antes de abandonar la reflexión sobre el independentismo, diré que la hecatombe de la CUP es otra consecuencia benéfica de la escisión de Juntos Por el Sí en dos candidaturas. Había un votante independentista de izquierdas que tenía problemas de conciencia para votar a la lista de Artur Mas. Esta vez se fue corriendo a coger la papeleta de ERC, con candidatos republicanos y encarcelados. Qué más podrían pedir.

El hundimiento del PP hasta los tres escaños (el mínimo estaba en los seis diputados de 1988) es espectacular. El electorado entendió que en una coyuntura dramática, C’s era la mejor opción. Ahora bien, ¿por qué la gente creyó que el PP no era útil? Porque sólo es útil aquél que tiene pretensión de liderar. La culpa no es de García Albiol, sino del estilo de Rajoy, poniéndose detrás de jueces y fiscales, ocultándose tras el valiente discurso del Rey, anunciando que no habría urnas el 1-0 para hacer el ridículo más espantoso que se recuerda. Resistiéndose a aplicar el artículo 155 hasta que Puigdemont proclamó por segunda vez la república.

COMPLICACIONES

El pobre resultado del PSC se convierte en malo para Iceta que jugaba a presidenciable. Podemos sufre el castigo a tanto coqueteo con los independentistas; por cierto, Ada Colau y Domenech no paraban de reírse. Son maestros del disimulo.

El independentismo baja de 72 escaños a 70. Teóricamente tiene mayoría para gobernar, pero no va a ser fácil articular esa mayoría. Para ser diputado, Puigdemont debe pasar por la cárcel y no estoy seguro que dé ese paso. Preveo que tratará de esgrimir una inmunidad presidencial que no encaja en los usos del Tribunal Supremo. La CUP se tirará al monte, porque cuatro diputados invitan a hacerlo, lo que complicará la alianza. Y ERC tiene cuentas que saldar con el grupo de Bruselas. Esto va a ser más largo de lo que indican los números.

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