El Comercio
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Autor: juanneira
Un Ejecutivo de gestos
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Juan Neira | 13-04-2008 | 7:08| 0

Rodríguez Zapatero pone el acento en la incorporación de ministras dentro de un equipo con sorpresas y contradicciones

Hablemos del Gobierno. Para analizarlo, guiémonos por la explicación dada por el presidente Zapatero al configurar el nuevo Ejecutivo en torno a tres ejes: desafío económico, lucha contra el cambio climático y política de igualdad. A los dos primeros se ha referido de una forma muy somera, con un apunte sobre el nuevo patrón de crecimiento y otro sobre la problemática del cambio climático, para centrarse de una manera extensa en el sesgo que introducen las incorporaciones de mujeres al Gobierno: la más joven de la democracia (Bibiana Aído), la primera vez que hay una mujer al frente del Ministerio de Defensa (Carme Chacón), el primer Gobierno de España que tiene más mujeres que hombres.

Del énfasis puesto por Zapatero se deduce que la composición del Gobierno está hecha más bajo la preocupación de trazar un gesto que de mejorar la gestión. Una vez producida la incorporación en masa de las mujeres al mundo laboral, la asignatura pendiente está en dar el salto a los puestos de alta responsabilidad en la empresa privada o en las universidades públicas, pero en los gobiernos (nacionales y autonómicos) se ha producido ya un gran cambio.

Siempre se puede nombrar a más ministros de un sexo, o buscar a personas más jóvenes para hacerlas ministros, pero lo que verdaderamente hace falta es mejorar la gestión, colocando a personas que sepan de la responsabilidad concreta que asumen. Siguiendo la trayectoria de Carme Chacón, por los artículos que publicaba desde los tiempos de joven dirigente catalana en la oposición a Jordi Pujol hasta hoy, resulta fácil asociarla a la problemática de la educación, de los asuntos sociales, de las políticas de igualdad o de la vivienda, pero no hay un solo nexo con las Fuerzas Armadas. Las primeras palabras de la nueva ministra fueron para decir que daba la sensación que las mujeres estaban excluidas, hasta ahora, de los puestos de responsabilidad en las Fuerzas Armadas. Su nombramiento acabaría con esa anomalía. Una reflexión que podría extenderla a los ministerios de Economía, del Interior o de Exteriores. Y así llegamos al núcleo de la cuestión: ¿Qué son hoy día los gobiernos?

En treinta años de democracia se ha producido una doble mutación: varios ministerios se fueron vaciando de competencias (Educación, Justicia, Sanidad, etcétera) y la Presidencia del Gobierno ha ido creciendo en espesor político, burocrático y presupuestario. En el complejo de la Moncloa hay todo un extenso equipo de asesores trabajando en paralelo al Gobierno, de tal forma que entre la Presidencia, las dos vicepresidencias y los ministerios de Exteriores y del Interior, se concentran todo el poder y las decisiones. En los consejos de Ministros, como denunciaba Jorge Semprún hace veinte años en ‘Federico Sánchez se despide de ustedes’, no se discute de política, las decisiones ya vienen encauzadas.

Partiendo de esa base, se puede entender que los titulares del resto de carteras se busquen en función de trasmitir determinados mensajes. Una mujer catalanista, como Carme Chacón, al frente de Defensa, puede ser un ejemplo perfecto de eso que Zapatero repite tanto ahora: «Mi idea de España». Captado el mensaje, vayamos con sorpresas, cambios y contradicciones.

Altas y bajas

Dentro de un Gobierno de claro signo continuista -de diecisiete ministros, doce ya estaban en el anterior Gobierno- llama la atención la salida de Jesús Caldera, un dirigente cercano a Zapatero desde la época en que ambos se sentaban en los escaños de la oposición a Aznar. Descabalgar a Caldera del Gobierno es castigar al ministro de Trabajo que ejerció en la época de más creación de empleo en España. La despedida es tan forzada que Zapatero se vio obligado a darle un cometido extragubernamental, colocándole al frente de una hipotética fundación para generar ideas socialdemócratas. Vano intento, porque hace ya mucho tiempo que las ideas no brotan de los partidos, sino de la sociedad. Los partidos se conforman con el poder.

La otra sorpresa es la permanencia de Magdalena Álvarez. Los desastres en la gestión de la llegada del AVE a Barcelona y los desplantes en los debates parlamentarios no han servido para apartarla del Ejecutivo. La presión de las fuerzas políticas catalanas no pudo con Magdalena Álvarez, que tuvo en Manuel Chaves el contrafuerte sólido para evitar el derribo. Aunque de una forma menos explícita, el nuevo Gobierno de Zapatero también tiene una lectura autonómica, y Magdalena Álvarez sigue siendo ministra de cuota andaluza.

Tal como hiciera el presidente Areces el pasado año, Zapatero ha procedido a fusionar en un mismo departamento la agricultura y el medio ambiente. En Asturias se justificó la medida por las nuevas políticas europeas hacia el campo, que hacen del agricultor un agente de conservación de la naturaleza. Zapatero aludió al cambio climático. Creo que este problema está más en relación con políticas en medio urbano que en medio rural, pero en cualquier caso lo que cabe desear a la nueva ministra de Agricultura y Medio Ambiente es que la unión de altos cargos no sea tan conflictiva como en Asturias.

De contradictoria hay que calificar la creación de un Ministerio de Educación y Servicios Sociales. No se entiende que la principal iniciativa parlamentaria en el anterior mandato haya sido la Ley de Dependencia y una vez que se ponen los cimientos del cuarto pilar del Estado del Bienestar, se ligue su gestión con la Educación. No tienen nada que ver. La problemática de las personas dependientes (gran parte en la tercera edad) es ajena a la Educación. Puesto a adosarla a otro departamento, tendría algún sentido junto a Sanidad. Desde un punto de vista político, es absurdo hacer emerger una gran problemática, que conlleva un gran gasto público, para hacerla pasar a un segundo plano cuando toca gestionar.

Última contradicción: Miguel Sebastián. Convencer a Pedro Solbes para que aplace la jubilación y, a renglón seguido, comunicar que se publicarán las balanzas fiscales y que el ministro de Industria se llamará Miguel Sebastián, es algo que sólo se le ocurre a Zapatero. ¿Un Gobierno débil? ¿Un Gobierno desnortado? No lo creo, el titular de Interior es un tal Alfredo Pérez Rubalcaba.

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EXTRAVAGANCIAS EN EL PP
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Juan Neira | 12-04-2008 | 10:27| 0

Las críticas expresadas por Pilar Fernández Pardo, en el Comité Ejecutivo del PP asturiano, no son tenidas en cuenta por Ovidio Sánchez. Según el presidente del PP regional, todos los dirigentes de su partido están del mismo lado y el debate es enriquecedor. Ovidio Sánchez sigue con su admirable capacidad para metabolizar las noticias adversas y convertirlas en positivas: la vida es bella. Por mucho que se empeñe Ovidio Sánchez, los planteamientos de la dirigentes gijonesa fueron meridianamente claros y suponen una crítica de fondo a las medidas organizativas que está tomando Ovidio, creando estructuras internas que no existen en los estatutos del PP para preparar el congreso desde un órgano diseñado a la medida de sus necesidades.

Desde el círculo de colaboradores y dirigentes afines a Ovidio Sánchez se interpreta la posición de Fernández Pardo como una defensa de sus ambiciones políticas que se ven minadas por los cambios organizativos impuestos por Ovidio. En los debates internos de los partidos siempre se superponen los elementos objetivos de discusión con los personales o subjetivos. Los que mandan, hablan en nombre de los intereses del partido, pero los que critican lo hacen en función de metas personales inconfesables. Es una doble vara de medir que se aplica en todos los grupos políticos. Seguro que Fernández Pardo tiene ambiciones políticas, pero no son menores las de Ovidio Sánchez que se prepara para revalidar el liderazgo de la organización.

La argumentación de Fernández Pardo es inobjetable, ya que no se puede hablar de renovación en un partido prescindiendo de sus órganos estatutarios y sustituyéndolos por otros nutridos por cooptación: el viejo método organizativo leninista, que consiste en escoger desde arriba a los representantes de la base. Formar un grupo de notables, que tiene en común la fidelidad a Ovidio Sánchez, no es la mejor manera de renovar el PP. Esta forma de proceder ha coincidido con la atrabiliaria reaparición de Gabino de Lorenzo en la escena política, condicionando la reforma del Estatuto de Autonomía a la obtención de un estatus económico privilegiado para la ciudad de Oviedo. Demasiadas extravagancias para un partido que pretende gobernar.

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LA DISCREPANCIA GIJONESA
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Juan Neira | 11-04-2008 | 8:09| 0

En el Comité Ejecutivo del PP, Pilar Fernández Pardo ha criticado la maniobra de Ovidio Sánchez de crear nuevos órganos del partido para preparar el congreso regional, que se celebrará después del verano. En cuanto varios dirigentes municipales manifestaron su apoyo a Alicia Castro para que optara a la presidencia del PP, Ovidio Sánchez reaccionó tejiendo una red de poder por el método de crear un grupo de trabajo en el que tienen puesto reservado destacados dirigentes de Oviedo, Gijón y Avilés. Iglesias Caunedo, Fernando Goñi y Joaquín Aréstegui integran ese grupo al que debía de sumarse un militante de la confianza de Fernández Pardo. En estas estábamos, cuando la diputada gijonesa dejó oír su voz en el Comité Ejecutivo para discrepar del planteamiento de Ovidio Sánchez. La prevista entente entre Ovidio y los dos vicepresidentes del PP regional, De Lorenzo y Fernández Pardo, se ha quebrado por el lado gijonés.

Si se hace abstracción de las maniobras propias de todo partido en vísperas de celebrar un congreso, y analizamos fríamente las propuestas de Ovidio Sánchez y Fernández Pardo, es fácil concluir que le asiste toda la razón a la dirigente gijonesa. Los órganos recogidos en los estatutos de los partidos son los que deben canalizar los debates y las decisiones internas. Esta regla vale para cualquier periodo, tanto da que esté cercana la celebración de un congreso o que sea antes o después de unas elecciones. Una cosa es que el líder de un partido se reúna con determinados militantes para asesorarse, y otra es crear un grupo estable de trabajo que centralice la preparación de un congreso. La táctica de Ovidio Sánchez no es nada inocente, porque si logra vincular a las principales juntas locales en ese grupo de trabajo, el triunfo en el congreso llegará por añadidura.

Fernández Pardo ha discrepado de algunas propuestas, como la de asignarle una compensación económica a Oviedo por ejercer de capital. La dirigente gijonesa considera que estos asuntos deben tratarse en los órganos regulares de dirección. Es difícil discrepar de este planteamiento. Cabe colegir que la presidenta del PP gijonés ha recobrado la independencia de criterio, después de haberse plegado a la pintoresca oferta electoral de Gabino.

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DISCREPANCIA O RUPTURA
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Juan Neira | 10-04-2008 | 8:14| 0

La investidura de Zapatero como presidente del Gobierno quedó aplazada hasta la segunda votación, en la que será suficiente la mayoría simple de la Cámara. Mejor pasar por el trámite de dos votaciones, que salir investido a la primera con sufragios procedentes de las minorías nacionalistas que cobran en contrapartidas económicas y políticas cinco veces más de lo que entregan en forma de escaños. En el Parlamento, se ha instaurado, como por ensalmo, un nuevo clima entre las fuerzas políticas, proclive a pactos y acuerdos, lejos del enfrentamiento del anterior mandato. ¿Episodio primaveral o cambio duradero?

La actitud de los gobiernos está muy condicionada por los apoyos parlamentarios que reciben o necesitan. En el anterior mandato, la buena disposición inicial de IU y ERC llevó a Zapatero a imitar el modelo de alianza que tenía Maragall en la Generalitat. Como la izquierda nacionalista catalana había firmado el Pacto de Tinell (exclusión del PP de todo tipo de acuerdos), el Gobierno central se sintió tentado a prescindir del PP, aunque el presidente Zapatero mantuvo siempre un canal de diálogo con Rajoy. La tensión entre el Gobierno y la oposición se fraguó en ese principio de legislatura, porque la campaña electoral del año 2004 no había sido nada tensa.

En el principio de este mandato hay dos hechos contrapuestos que no se pueden ignorar si se quiere hacer un cálculo para toda la legislatura. La inercia del PSOE y del PP, de Zapatero y Rajoy, es de enfrentamiento y tienen fuerzas suficientes para llevarlo a cabo: 169 diputados contra 154. La otra realidad viene dada por la digestión realizada por Rajoy de los resultados del 9 de marzo, al afirmar ante la Junta Directiva Nacional del PP que en algunas comunidades autónomas el socialismo se beneficiaba electoralmente del rechazo que provoca el PP. La inercia lleva al enfrentamiento, pero la inteligencia de la derecha pide modular el discurso opositor. ¿Quién pesará más? La respuesta estará muy condicionada por lo que ocurra dentro de la propia derecha, donde no todo el mundo piensa y siente igual, y de lo que haga Zapatero, que tiene elementos en su mano para ayudar al PP a mantenerse en una línea de discrepancia sin llegar a la ruptura con el Gobierno.

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UN DEBATE DISTINTO
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Juan Neira | 09-04-2008 | 8:14| 0

El debate de investidura ha evidenciado una mejoría en la relación entre los grandes líderes nacionales, Zapatero y Rajoy, que encabezan dos grupos parlamentarios con más del 92% de los escaños de la Cámara. La confianza entre ellos no se ha restablecido, pero el resultado de las urnas, dándole la victoria a Zapatero, ha rebajado la intensidad de la pugna. Zapatero acudió al debate con su clásico estilo de ver oportunidades donde hay problemas, y hasta la mala coyuntura económica le ha servido para decir que no habrá recortes en las políticas sociales. Todos recordamos aquella confesión de Zapatero definiéndose como un “optimista antropológico”; en el debate de investidura hizo honor a la misma, al referirse a la crisis económica como “un paréntesis”. Se acabó la teoría de los ciclos económicos: crecimiento con pequeños altibajos.

Zapatero tiene la investidura al alcance de la mano, por eso prescinde de pactos y se conforma con ser investido en segunda votación; en el debate, el papel más difícil le correspondía a Mariano Rajoy. Prueba de ello es que en los días previos a la sesión de investidura no se hablaba sobre la composición del futuro gobierno, y toda la atención estaba puesta en Soraya Sáenz de Santamaría y la posible pugna entre Rajoy y Esperanza Aguirre por el liderazgo del PP. Los cambios de los portavoces parlamentarios introducidos por Rajoy preludiaban un cambio de estrategia, algo que veía el sector duro de este partido con temor, de ahí el cerrado aplauso al anunciar Rajoy que votaría en contra de la investidura del candidato. Con esos condicionantes, Rajoy tuvo una intervención medida, con críticas severas y certeras sobre la política del agua, y mano tendida hacia los grandes pactos. A dos meses del congreso nacional del PP, probablemente se trataba de la intervención más correcta.

Es difícil saber el rumbo que tomará la legislatura. La crisis económica y el diálogo con los nacionalistas marcarán la relación entre Zapatero y Rajoy. Sobre la situación económica ambos líderes dijeron cosas un tanto irreales, que el paso de las hojas del calendario se encargará de corregir. En cuanto a los nacionalistas, su protagonismo está relacionado con el desencuentro de los dos grandes líderes.

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