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Autor: juanneira
Debates de Verdad
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Juan Neira | 24-07-2007 | 12:06| 0

 
   Los portavoces del PP consideran que cuando empiece el nuevo curso político (mes de septiembre) pueden coincidir con IU en las demandas sobre infraestructuras de transporte y sobre temas de sanidad. Los posibles incumplimientos en los plazos de terminación de las autovías o de la variante de Pajares, por parte del Gobierno de Zapatero, y la petición de incorporar a los trabajadores de los hospitales de Jove y Arriondas a la red pública, pueden propiciar votaciones conjuntas del PP e IU contra el Grupo Socialista. Es un cálculo plausible, ya que la agenda política se llenará de temas incómodos de gestionar por el partido mayoritario según se acerque la fecha de celebración de las elecciones generales.
    Todos sabemos que en las cámaras legislativas no hay juegos inocentes, y que cada partido saca a relucir lo que le interesa o que lo más daña al rival, que viene a ser lo mismo. Sin embargo, sería una pena que en este mandato, en el que el Parlamento va a tener un papel tan descollante, no se aproveche la ocasión para celebrar debates de verdad. Sobre las infraestructuras de transporte, por primera vez en décadas, hay poco que decir, más allá de determinar cómo va a llegar la alta velocidad hasta Gijón. Plazos y recorrido. Si la terminación de la autovía del Cantábrico se atiene a la fecha mágica de finales del año 2009 o si ocurre un año más tarde, puede ser de interés para provocar broncas parlamentarias y para dar titulares a los periódicos, pero no deja de ser una anécdota, aunque algunos se rasguen las vestiduras cuando lean esto.
     La gran cuestión sobre las infraestructuras de transporte es que siguen centrando en exceso el debate político, cuando deberían haber dado el testigo a asuntos con más enjundia. Para el Gobierno y a la oposición sigue siendo muy cómodo vender y criticar la gestión de las obras públicas, pero lo que hace falta es que se mojen en temas incómodos, como la posibilidad de construir un astillero con gran dotación tecnológica en El Musel. Qué miedo tienen los socialistas, con la excepción de Eduardo Donaire, a llamar a las cosas por su nombre. Y lo del PP resulta patético, en cuanto sale un asunto relacionado con la industria piden prestado el chándal sindical y que corran otros delante de los toros.    
 
 
                                                                  

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Una de Barcos
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Juan Neira | 23-07-2007 | 8:33| 0

 
   En la entrevista de EL COMERCIO, del pasado domingo, le preguntan al presidente Areces si está a favor de trasladar los astilleros a El Musel. Respuesta: “Sinceramente, no puedo responder a esta pregunta. Esa idea no está contrastada por un estudio de viabilidad”. Es la primera vez en la vida que veo a Areces contestar con evasivas ante un tema concreto relacionado con la industria y el empleo. ¿El ex alcalde de Gijón y presidente del Principado no tiene una opinión sobre si Juliana Constructora debe estar dónde siempre estuvo o debe ir a alguno de los espacios del puerto gijonés? ¿Le faltan datos técnicos para decidir? No me lo puedo creer. La contestación de Areces se complementa con la postura del Ayuntamiento de Gijón, al asegurar que mantendrá como industrial el terreno de la bahía ocupado por los astilleros, aún en el caso de que no se construyan barcos. Debe ser que el lugar está consagrado. 
   Con esos miedos y esas medias tintas la gobernación se convierte en mera rutina, en más de lo mismo. Así no se acomete la reestructuración universitaria ni se asegura el aprovisionamiento de agua de calidad a toda la región ni se acaba con el escándalo de la vivienda ni se garantiza el tratamiento de residuos sólidos ni se termina con la hijuela de repartir equipamientos culturales clónicos por las ciudades de la región. Hay que saber decir “sí” y “no”, sin temor a la contestación.  
          

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Escenario ideal para el PP
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Juan Neira | 23-07-2007 | 12:03| 0

 
    Los portavoces del PP e IU, Joaquín Aréstegui y Jesús Iglesias, consideran que Areces vive ajeno a la realidad, que todavía no se ha enterado de las consecuencias que tiene gobernar con una oposición que le excede en escaños. Por los pasos dados nada más ser investido como presidente, todo indica que Areces es muy consciente que trabaja con un solo pie apoyado en el andamio, de ahí el afán por formar un bloque con los agentes sociales que avale sus actos de gobierno. ¿A qué escenario estamos abocados?
     No está escrito el guión de esta legislatura. Tras las elecciones, todo parecía que iba a ser una mera repetición del mandato anterior, pero la ruptura entre la FSA e IU nos lleva a una situación desconocida. Hubo en la etapa autonómica precedentes de gobiernos que estaban en minoría en la Cámara, pero tenían previsibles socios para sacar adelante los Presupuestos de la región; en cuanto al resto de las leyes, dependía de la naturaleza de los proyectos y de las concreciones de su articulado. Por ejemplo, una ley sobre el turismo es fácilmente negociable, de modo que cuando no se tiene mayoría absoluta en la Cámara, se eliminan figuras, como la del “municipio turístico saturado”, y se pasa la reválida de los 23 escaños. Con una ley del suelo ocurre lo mismo, se quita la figura del “suelo urbanizable prioritario”, y se aprueba en el Parlamento. En la actual legislatura, el escenario es distinto, por la hostilidad de la oposición hacia el Gobierno, lo que llevará al rechazo de los Presupuestos del Principado. Esta situación no es buena para los socialistas, pero tampoco será fácil para IU, porque un hipotético fracaso del PSOE no implica una mejora de la imagen de IU. Depende del tipo de oposición que haga. Una actividad obstruccionista, de la mano del PP, ya que sin converger con el PP la oposición de IU es irrelevante, puede suponer una pérdida de apoyos sociales. Con otras palabras: la vuelta a la estrategia de Anguita sería un suicidio.
      La novedosa situación en el Parlamento sólo tiene un beneficiario: el Partido Popular. Le faltan seis meses para proclamar el fracaso de la izquierda en Asturias y para reclamar un gobierno de signo distinto. Cuando falla la izquierda, el turno es para la derecha. Y viceversa.
     

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ANOMALIAS INSTITUCIONALES
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Juan Neira | 21-07-2007 | 11:35| 0

El “Senado social” que impulsa Areces y el “Gobierno cameral” de la oposición amenazan con distorsionar la legislatura
   Vamos a establecer una premisa inicial. La política asturiana se mueve sobre coordenadas atípicas; las anomalías están a la orden del día, forman el paisaje cotidiano, todos nos hemos acostumbrado a ellas y nos parecen moneda de curso legal. Como el asunto viene de hace muchos años, mi hipótesis es que la clave de todo está en la pedagogía social que han dejado en la región las dos grandes empresas públicas, de cuyo entorno han salido la mayoría de los cuadros políticos de la región. Trabajar con números rojos en los balances, año tras año, sin que haya el menor riesgo de quiebra empresarial, y dejar las decisiones estratégicas de las empresas en manos de los líderes sindicales constituye un asunto propio de la literatura mágica. No vamos a desarrollar más este argumento, porque sólo quería citar el origen de las atipicidades, para centrarnos en lo que puede ocurrir en esta legislatura, donde los procedimientos políticos y el papel de partidos y las instituciones puede entrar de lleno en el disparate.
     Antes de que se inicie el mes de agosto, la actividad política queda reducida a completar la nómina de nombramientos para cubrir el organigrama de la Administración regional. No obstante, en este breve espacio de tiempo que va desde la formación del Gobierno hasta el veraneo oficial del estamento político, ya se han dibujado las primeras anomalías del mandato. En principio, el presidente Areces, al frente de un gobierno monocolor, tiene una mayoría relativa en la Cámara, por algo ha sido investido presidente hace quince días. Sin embargo, sin que haya habido un solo pleno de la Junta General del Principado, tras la investidura, ya está claro que se encuentra en minoría en la Cámara. Las declaraciones rotundas de los portavoces de los dos grupos de la oposición lo colocan en desventaja parlamentaria. No está en minoría para sacar adelante determinada ley o con motivo de un concreto debate parlamentario, sino como posición general del Gobierno ante la Cámara.
      Consciente de esta situación, el presidente ha iniciado con apresuramiento los trámites de la concertación social, para llegar a un gran pacto con la patronal y las centrales sindicales, que no se va a circunscribir al terreno laboral o económico, sino que tendrá un contenido muy amplio, político y social, de forma que sirva de hoja de ruta para el mandato. En ninguna comunidad autónoma se firmará un pacto de esta naturaleza. El presidente quiere aprovechar la concertación con patronal y sindicatos para crear lo que aquí hemos denominado como “Senado social”, una Cámara alta, que le ponga al abrigo de las estrategias de la oposición en la Junta.
     La oposición también va a investirse de un papel distinto al que le otorgan las reglas del juego. El ejemplo está en ese anuncio del diputado de IU, Javier García Valledor, de presentar una proposición de ley sobre el modo de nombramiento del director de la televisión autonómica. En principio, las proposiciones de ley, la iniciativa parlamentaria, corresponde a los gobiernos. A la oposición le corresponde presentar proposiciones no de ley. La distinción proviene de algo elemental: a los gobiernos se les presupone el apoyo de la Cámara, por algo el presidente supera la votación de investidura, aunque ese apoyo puede ser negado para determinadas leyes o declaraciones. La oposición, por principio, no tiene la hegemonía en el Parlamento, de ahí que no sea titular del poder. Sin embargo, el juego viciado en las instituciones asturianas puede derivar en la pretensión de la oposición de sustituir al Gobierno por el Parlamento. En vez de gestionar los intereses asturianos desde el Consejo de Gobierno, se realizan los actos de disposición desde los escaños del Parlamento, dando paso así a lo que podríamos llamar el “Gobierno cameral”. En ninguna comunidad autónoma el Parlamento sustituye al Gobierno.
      Llegados a este punto es preciso recordar que la iniciativa de IU tiene antecedentes, porque las anomalías, vicios y atipicidades de la política asturiana se arrastran desde hace mucho tiempo. Veamos. En la primavera del año 2000, cuando el presidente Areces estaba en el primer año de su primer mandato, la Junta tramitó una proposición de ley en contra de la voluntad del Gobierno. Se trataba del proyecto de Ley de Cajas, que para colmo de anomalías fue redactado por el propio Grupo Socialista, teórico respaldo del Gobierno, y aprobado por los grupos de oposición. Aquel episodio no tenía precedentes en la practica parlamentaria de los países democráticos, porque aquella mayoría parlamentaria tan abrumadora en torno a cómo se debían constituir los órganos de Cajastur, debería haber dado paso a una moción de censura y el consiguiente relevo presidencial. Nada de eso ocurrió.
     Para decirlo todo es preciso añadir que la increíble maniobra fue posible por un error político garrafal del presidente Areces, al suponer que la victoria por mayoría absoluta de Aznar sobre el PSOE (12 de marzo de 2000) dejaba en debilidad al aparato socialista asturiano para conspirar contra él. El 16 de marzo, cuatro días después de la derrota electoral socialista, Areces sacó el famoso decreto que forzaba el relevo en la presidencia en Cajastur, sin reparar que Almunia había dimitido como secretario general del PSOE y que una gestora, presidida por Chaves, no iba a tener autoridad para pararle los pies al levantisco sector oficialista del PSOE regional. Como así fue.    
      Ahora las cosas son muy distintas. El grupo parlamentario socialista, encabezado por Javier Fernández, es un firme apoyo del Gobierno, pero todo indica que desde la oposición, mayoritaria en la Cámara, va a repetirse la maniobra de tratar de sustituir al Gobierno por el Parlamento. Para que no haya dudas, es bueno aclarar que muchas veces en medio de una legislatura un gobierno queda en minoría en la Cámara. Para esas situaciones, el procedimiento previsto es el relevo presidencial, fruto de una iniciativa conjunta de la oposición. IU y el PP tienen todo el derecho del mundo a llevar a cabo ese relevo, pero no se puede crear un marasmo entre las instituciones, confundiendo las atribuciones del Gobierno con las del Parlamento. Asturias es diferente.                   

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El espejismo del Estatuto
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Juan Neira | 20-07-2007 | 11:16| 0

 
   Los dirigentes políticos siguen haciendo vaticinios sobre el curso que seguirá la legislatura. Jesús Iglesias considera que el PSOE pactará con el PP una reforma estatutaria de mínimos que no recogerá las aspiraciones de IU. Puede ser. En cualquier caso, conviene recordar los condicionantes formales que tiene cualquier reforma del Estatuto. Para llevarla a cabo hace falta el apoyo de tres quintas partes de la Junta General del Principado: 27 escaños. El PSOE cuenta con 21 diputados, el PP con 20 e IU con cuatro. Un niño de Primaria sabe dar con la solución del problema: para reformar el Estatuto es condición necesaria y suficiente el acuerdo entre el PSOE y el PP. Si uno de los grandes partidos quiere una reforma de mínimos, sólo hay dos alternativas: que no haya reforma o que ésta sea de mínimos. IU puede quejarse de muchas cosas pero no puede saltarse las reglas de la aritmética. Con cuatro diputados hay muy poca tela que cortar en el Estatuto. Por eso nunca entendí que en la negociación con el PSOE los dirigentes de IU pusieran tanto ahínco en los contenidos de la reforma estatutaria, cuando no podía quedar atada entre las dos fuerzas de izquierda, ya que había que contar con el PP. 
     Hasta la fecha, las reformas del Estatuto de Autonomía de Asturias partieron de un acuerdo entre el PSOE y el PP. Un acuerdo sencillo de alcanzar porque el socialismo asturiano es muy jacobino, poco dado a recrearse con identidades históricas. El PSOE asturiano no está tocado por el mal del nacionalismo. En eso no sigue la línea de Zapatero, dispuesto a conceder cooficialidades y a blindar las aguas de los ríos. El PP y el PSOE no consideran que la autonomía es el remedio para nuestros males. Y aciertan. Cuanto más fuerte sea el Estado, más ganamos los asturianos. A río revuelto, ganancia de catalanes.
    Una de las peores cosas que podrían pasar en esta legislatura es que nos enzarzáramos en un debate farragoso sobre competencias e identidades, mientras no se toman decisiones sobre las enseñanzas universitarias, la polución del área central, la modernización de los astilleros, el galopante absentismo laboral y el despoblamiento del área rural. Gobernar en coalición con la sociedad (Areces “dixit”) es resolver esas cuestiones.   
 
 
                                                

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