El Comercio
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Autor: juanneira
UN INICIO ESPERANZADOR
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Juan Neira | 17-04-2008 | 8:12| 0

El Rey ha pronunciado el discurso de apertura de la novena legislatura exhortando a la unidad de los partidos en la lucha contra el terrorismo y llamando al diálogo para fomentar la cohesión y la solidaridad ante la difícil situación económica.

A los pocos días de iniciarse el mandato las expectativas están intactas. A diferencia de lo que ocurrió hace cuatro años, en el debate de investidura no se fijaron objetivos preocupantes (ambiciosas reformas institucionales) ni se apuntaron alianzas dudosas (ERC e IU). El presidente Zapatero, con buen criterio, ha preferido ser elegido en segunda votación, antes de vincularse a un PNV que no ha despejado las dudas sobre la estrategia que va a llevar a cabo en el País Vasco en los próximos años. Con las fuerzas catalanistas tampoco se ha establecido ningún compromiso. Zapatero y Rajoy están dispuestos a llegar a pactos sobre la lucha antiterrorista, la reforma de la Justicia, la política exterior y la financiación autonómica. A esos acuerdos pueden sumarse otras fuerzas. Soy consciente que la elección de los ministros ha producido cierto desconcierto, porque es difícil sustraerse a la idea de que en la confección del Gobierno ha predominado la obsesión por la imagen y por trasladar mensajes posmodernos, en vez de poner a políticos capaces en todas las carteras para hacer frente a los problemas que se enfrenta España. Pero lo importante es gobernar sin ataduras, aunque el presidente Zapatero no goce de una mayoría absoluta de la Cámara.

El objetivo de la lucha contra ETA es una constante en las nueve legislaturas. A la España democrática siempre la ha acompañado, por desgracia, la actividad terrorista. La división del anterior mandato sobre ETA, entre el Gobierno y el PP, no puede volver a repetirse. En las manos de Zapatero y Rajoy está lograr este objetivo. El otro gran asunto del mandato es la crisis económica. En el debate de investidura Zapatero estuvo muy optimista en sus previsiones, pero los datos que nos llegan del mercado inmobiliario, de la actividad crediticia y del consumo impiden compartir la valoración del presidente. Lo primero que hay que hacer es fijar una política realista: no se puede gastar y reducir ingresos simultáneamente.

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ESTATUTO SIN DISPARATES
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Juan Neira | 16-04-2008 | 8:08| 0

El alcalde socialista, Alfredo García, sigue la vía abierta por Gabino de Lorenzo y pide que la reforma estatutaria asturiana contenga una alusión a Cangas de Onís, reconociéndole el rango de “capital política”, por haber sido durante cincuenta años el lugar de la corte de la monarquía asturiana. Alfredo García no plantea el traslado a Cangas de Onís de ninguna sede institucional del Principado sino que pide un tratamiento como el que tiene “Guernica en el País Vasco”. La propuesta es un disparate conceptual, ya que Guernica no tiene ningún rango de capitalidad política, sino que es el refugio del sentimiento nacionalista, y en torno al viejo roble se reúnen los parlamentarios al empezar el mandato, en recuerdo del juramento que hacía el Rey de España, como Señor de Vizcaya, de respetar el fuero de los vascos.

La reforma del Estatuto de Autonomía puede originar diversos tipos de debates, como pueden ser el tratamiento de la llingua, la definición de la comunidad autónoma, los mecanismos de financiación autonómica, la transferencia de competencias, etcétera. Lo que no puede hacer la reforma del Estatuto es cruzar la frontera del ridículo. Si un alcalde, o dos, o tres, quieren hacer declaraciones surrealistas, ellos verán, porque lo más que puede pasar es que pierdan su crédito. Pero la Junta General del Principado, en representación de todos los asturianos, no puede incluir barbaridades de ese calibre. En el Estatuto debe figurar que Oviedo es la capital de Asturias, sin añadir nada más, porque no se deben dar ayudas económicas a una ciudad que ya de por sí tiene el beneficio de gozar de la capitalidad, lo que supone más empleo, más turistas y, en consecuencia, más ingresos. Otras alusiones, sobran.

De Lorenzo levantó la bandera de la capitalidad, reivindicando ayudas económicas, para resucitar políticamente tras el varapalo llevado en las elecciones generales. Un truco de Gabino en el que no deberían caer ni los partidos políticos ni los alcaldes. La dirección del Partido Socialista ha rechazado la petición de los alcaldes de Oviedo y Cangas de Onís, y ahora lo que hace falta es que el PP, como partido que aspira a constituirse en alternativa de gobierno, hable claro y despeje los malos entendidos.

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La reforma pausada
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Juan Neira | 15-04-2008 | 8:10| 0

La ponencia parlamentaria encargada de negociar la reforma del Estatuto de Autonomía ha retomado sus trabajos. El estudio se inició a principios del pasado otoño, pero los tres partidos que constituyen la ponencia aplazaron las reuniones hasta después de las elecciones generales. Los comicios ya se celebraron hace un mes, pero la vida parlamentaria asturiana sigue una pauta lenta, propia de una región con poca movilidad política y social donde hay prevención hacia los cambios. Por fin, a los once meses de celebrarse las elecciones autonómicas, la Junta General de Principado aborda en serio la reforma del Estatuto, que los propios partidos políticos habían calificado de prioridad del actual mandato.

Los tres grupos parlamentarios (PSOE, PP, IU) han decidido dar un rodeo para no toparse con los asuntos conflictivos que están en el primer título del Estatuto, como el tratamiento que se debe dar a la llingua o la definición de la capitalidad. El estudio de la reforma se iniciará por la cuestión de las competencias. El Gobierno regional siempre relaciona la reforma con la asunción de nuevas competencias, dentro del objetivo de elevar las cotas de autogobierno. Hay comunidades autónomas, como el País Vasco, que dan tanta importancia al crecimiento competencial que, en caso de observar resistencias por parte del Gobierno central, amagan con constituirse en «Estado asociado».

Un análisis desapasionado lleva a la conclusión de que el Estado ya ha transferido todo lo que afecta a los ciudadanos, desde la Sanidad y la Educación hasta la Justicia (en la última fase de la negociación) y los Servicios Sociales, pasando por Medio Ambiente y Ordenación del Territorio. Hasta tal punto está descentralizado el Estado que se está rebasando el umbral de la operatividad, como se ve con el problema del agua, que se ha convertido en una guerra de territorios por falta de una autoridad central con suficiente poder para arbitrar soluciones. La idea de los miembros de la ponencia es reformar el actual Estatuto, descartando la creación de uno nuevo. Una posición que se contradice con el interés por inspirarse en los textos de otras comunidades autónomas, porque hasta las reformas aprobadas con el PP (Andalucía, Comunidad Valenciana) tienen otra ambición.

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Las sonrisas del Gobierno
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Juan Neira | 14-04-2008 | 8:06| 0

El inicio de todo gobierno siempre es optimista, porque con independencia de la coyuntura, ahí están los rostros de los flamantes ministros/as trasmitiendo ilusión. Si España fuera Bibiana Aído estaríamos todos dando saltos de alegría, porque empezar la semana de peatón y enterarse el jueves que vas a acabarla de ministro es como para gritar de emoción. Aunque sólo sea por el susto. Otros con más currículo y más relacionados, como Miguel Sebastián, salen de la depresión provocada por el desafecto del electorado y retornan al poder.

No creo que haya un ministro triste, aunque tal como hace Zapatero estas cosas, puede que alguno esté irritado, caso de Solbes o Cabrera. El terreno ganado por Solbes, tras machacar a Manuel Pizarro en el debate televisado, lo perdió con creces en la composición del Gobierno. Vuelve su enemigo interno, Miguel Sebastián, con el que sólo coincidía a la hora de elegir las corbatas, y lo hace con una cartera ministerial debajo del brazo, y con dos ministras formando cuadrilla, Cristina Garmendia y Beatriz Corredor. Solbes siempre quiso controlar el Ministerio de Industria y tenía en David Vegara, secretario de Estado de Economía, su candidato para ministro. Ahora resulta que le ponen a Miguel Sebastián controlando los sectores energéticos, que son clave para componer el cuadro macroeconómico. Solbes tiene 66 años; en esas condiciones, es difícil aplazar la jubilación. El caso de Margarita Cabrera es distinto, pero también muy curioso. La señora Cabrera es catedrática universitaria, y su discurso estaba muy conectado con la competitividad, investigación, etcétera. Pues bien, ahora tendrá que centrarse en el Bachillerato y la Educación obligatoria, porque la Universidad va adosada al Ministerio de la Innovación. En la composición del actual Gobierno están presentes todos los gustos de Zapatero, con esa visión optimista de la vida, que le hizo declarar un día a un periódico madrileño que había “cientos de miles de españoles preparados para ser presidentes de gobierno”. Si para presidente hay cientos de miles capaces, para ser ministro habrá millones. A la vista está. Conclusión: cuando un presidente bordea la mayoría absoluta se convierte en un hombre libre.

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Un Ejecutivo de gestos
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Juan Neira | 13-04-2008 | 7:08| 0

Rodríguez Zapatero pone el acento en la incorporación de ministras dentro de un equipo con sorpresas y contradicciones

Hablemos del Gobierno. Para analizarlo, guiémonos por la explicación dada por el presidente Zapatero al configurar el nuevo Ejecutivo en torno a tres ejes: desafío económico, lucha contra el cambio climático y política de igualdad. A los dos primeros se ha referido de una forma muy somera, con un apunte sobre el nuevo patrón de crecimiento y otro sobre la problemática del cambio climático, para centrarse de una manera extensa en el sesgo que introducen las incorporaciones de mujeres al Gobierno: la más joven de la democracia (Bibiana Aído), la primera vez que hay una mujer al frente del Ministerio de Defensa (Carme Chacón), el primer Gobierno de España que tiene más mujeres que hombres.

Del énfasis puesto por Zapatero se deduce que la composición del Gobierno está hecha más bajo la preocupación de trazar un gesto que de mejorar la gestión. Una vez producida la incorporación en masa de las mujeres al mundo laboral, la asignatura pendiente está en dar el salto a los puestos de alta responsabilidad en la empresa privada o en las universidades públicas, pero en los gobiernos (nacionales y autonómicos) se ha producido ya un gran cambio.

Siempre se puede nombrar a más ministros de un sexo, o buscar a personas más jóvenes para hacerlas ministros, pero lo que verdaderamente hace falta es mejorar la gestión, colocando a personas que sepan de la responsabilidad concreta que asumen. Siguiendo la trayectoria de Carme Chacón, por los artículos que publicaba desde los tiempos de joven dirigente catalana en la oposición a Jordi Pujol hasta hoy, resulta fácil asociarla a la problemática de la educación, de los asuntos sociales, de las políticas de igualdad o de la vivienda, pero no hay un solo nexo con las Fuerzas Armadas. Las primeras palabras de la nueva ministra fueron para decir que daba la sensación que las mujeres estaban excluidas, hasta ahora, de los puestos de responsabilidad en las Fuerzas Armadas. Su nombramiento acabaría con esa anomalía. Una reflexión que podría extenderla a los ministerios de Economía, del Interior o de Exteriores. Y así llegamos al núcleo de la cuestión: ¿Qué son hoy día los gobiernos?

En treinta años de democracia se ha producido una doble mutación: varios ministerios se fueron vaciando de competencias (Educación, Justicia, Sanidad, etcétera) y la Presidencia del Gobierno ha ido creciendo en espesor político, burocrático y presupuestario. En el complejo de la Moncloa hay todo un extenso equipo de asesores trabajando en paralelo al Gobierno, de tal forma que entre la Presidencia, las dos vicepresidencias y los ministerios de Exteriores y del Interior, se concentran todo el poder y las decisiones. En los consejos de Ministros, como denunciaba Jorge Semprún hace veinte años en ‘Federico Sánchez se despide de ustedes’, no se discute de política, las decisiones ya vienen encauzadas.

Partiendo de esa base, se puede entender que los titulares del resto de carteras se busquen en función de trasmitir determinados mensajes. Una mujer catalanista, como Carme Chacón, al frente de Defensa, puede ser un ejemplo perfecto de eso que Zapatero repite tanto ahora: «Mi idea de España». Captado el mensaje, vayamos con sorpresas, cambios y contradicciones.

Altas y bajas

Dentro de un Gobierno de claro signo continuista -de diecisiete ministros, doce ya estaban en el anterior Gobierno- llama la atención la salida de Jesús Caldera, un dirigente cercano a Zapatero desde la época en que ambos se sentaban en los escaños de la oposición a Aznar. Descabalgar a Caldera del Gobierno es castigar al ministro de Trabajo que ejerció en la época de más creación de empleo en España. La despedida es tan forzada que Zapatero se vio obligado a darle un cometido extragubernamental, colocándole al frente de una hipotética fundación para generar ideas socialdemócratas. Vano intento, porque hace ya mucho tiempo que las ideas no brotan de los partidos, sino de la sociedad. Los partidos se conforman con el poder.

La otra sorpresa es la permanencia de Magdalena Álvarez. Los desastres en la gestión de la llegada del AVE a Barcelona y los desplantes en los debates parlamentarios no han servido para apartarla del Ejecutivo. La presión de las fuerzas políticas catalanas no pudo con Magdalena Álvarez, que tuvo en Manuel Chaves el contrafuerte sólido para evitar el derribo. Aunque de una forma menos explícita, el nuevo Gobierno de Zapatero también tiene una lectura autonómica, y Magdalena Álvarez sigue siendo ministra de cuota andaluza.

Tal como hiciera el presidente Areces el pasado año, Zapatero ha procedido a fusionar en un mismo departamento la agricultura y el medio ambiente. En Asturias se justificó la medida por las nuevas políticas europeas hacia el campo, que hacen del agricultor un agente de conservación de la naturaleza. Zapatero aludió al cambio climático. Creo que este problema está más en relación con políticas en medio urbano que en medio rural, pero en cualquier caso lo que cabe desear a la nueva ministra de Agricultura y Medio Ambiente es que la unión de altos cargos no sea tan conflictiva como en Asturias.

De contradictoria hay que calificar la creación de un Ministerio de Educación y Servicios Sociales. No se entiende que la principal iniciativa parlamentaria en el anterior mandato haya sido la Ley de Dependencia y una vez que se ponen los cimientos del cuarto pilar del Estado del Bienestar, se ligue su gestión con la Educación. No tienen nada que ver. La problemática de las personas dependientes (gran parte en la tercera edad) es ajena a la Educación. Puesto a adosarla a otro departamento, tendría algún sentido junto a Sanidad. Desde un punto de vista político, es absurdo hacer emerger una gran problemática, que conlleva un gran gasto público, para hacerla pasar a un segundo plano cuando toca gestionar.

Última contradicción: Miguel Sebastián. Convencer a Pedro Solbes para que aplace la jubilación y, a renglón seguido, comunicar que se publicarán las balanzas fiscales y que el ministro de Industria se llamará Miguel Sebastián, es algo que sólo se le ocurre a Zapatero. ¿Un Gobierno débil? ¿Un Gobierno desnortado? No lo creo, el titular de Interior es un tal Alfredo Pérez Rubalcaba.

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