El Comercio
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Autor: juanneira
LA HIPOTECA DEL PACTO
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Juan Neira | 18-10-2007 | 12:31| 0

IU quiere que el Gobierno regional incluya en los Presupuestos del Principado una partida para ayudar a todos los que tienen dificultades al devolver los créditos hipotecarios. La propuesta del presidente Areces de crear un fondo para compensar la subida de los tipos de interés no incluía a los compradores de vivienda libre, pero ahora IU no acepta restricciones, y quiere ampliar las ayudas para todos los ciudadanos que vean trastocadas sus previsiones económicas ante el encarecimiento de las hipotecas.
Los apoyos para la compra de la vivienda ya existen, empezando por los beneficios fiscales. El mercado de la vivienda no es un mercado libre, entre otras razones, por la cantidad de medidas intervencionistas que aplica la Administración. No es admisible que con los impuestos de todos los contribuyentes se cree un fondo para paliar la subida de los tipos de interés, cuando todos los compradores de vivienda sabían que el tipo de interés de sus créditos era de carácter variable. Antes había bajado y ahora está subiendo. Pero lo que ya resulta demencial es abrir una partida en las cuentas regionales para todos los que tienen que ajustar sus presupuestos mensuales para devolver créditos hipotecarios, sin distinguir si se trata de un modesto minipiso o de un dúplex céntrico y amplio. Antes, cuando la izquierda era de izquierdas, no se hacían propuestas de este tipo.
La exigencia de IU al Gobierno sobre las ayudas a las hipotecas tiene un carácter instrumental, porque su finalidad no social, sino política: obstaculizar un posible pacto presupuestario entre PSOE e IU. Puestos en esa tesitura, no debería caer IU en propuestas extravagantes, porque tiene un recetario propio en temas fiscales y medioambientales, que no podría asumir el Gobierno socialista. A la gente le resultaría mucho más extraño que no se pueda aprobar el proyecto presupuestario por la falta de dotación de un fondo para rescatar hipotecas, que por un frustrado intento de incrementar el gravamen sobre el tramo autonómico del Impuesto sobre Renta de las Personas Físicas. En cualquier caso, lo mejor es poner las cartas sobre la mesa, y decir si se pretende negociar el Presupuesto del año 2008 o si se quiere marear la perdiz.

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POCA COSA
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Juan Neira | 17-10-2007 | 12:46| 0

Álvarez Areces ha tenido un primer contacto con IU para explorar la posibilidad de un acuerdo sobre los Presupuestos del Principado para el año 2008. El presidente ha ofrecido crear un fondo para devolver los créditos hipotecarios y pagar los alquileres de vivienda a las familias que tuviesen problemas con la subida de los tipos de interés. IU había pedido, previamente, que se creara una partida con esa finalidad.
No se puede hablar de una negociación sobre las cuentas regionales sin poner los números sobre la mesa. El Gobierno sólo ha dado un dato, relativo al crecimiento previsto para los Presupuestos del Principado, lo que demuestra que la primera reunión no tuvo mucha enjundia. Resulta incoherente acudir a esta primera entrevista sin papeles, sin cifras, sin concreciones, y pretender finalizar la negociación en dos semanas. La actual ronda de conversaciones, con IU y el PP, es producto de la mano tendida en el debate sobre el estado de la región por el presidente, así que ahora toca ser consecuente con aquella oferta y emplearse a fondo en la negociación para evitar la prórroga presupuestaria. Si el presidente Areces creyese que las posibilidades de acuerdo eran nulas, lo mejor sería no abrir la negociación con los partidos y limitarse a discutir las enmiendas de la oposición en el trámite parlamentario.
Lo que nos deben ahorrar el Gobierno y la oposición es la ejecución de una ceremonia vacía de sentido. Si el PP e IU no quieren apoyar el Presupuesto del Principado, lo que deben hacer es presentar enmiendas a la totalidad y se acabaron las dudas. Igualmente, si el Gobierno no está dispuesto a ceder en muchas cosas, lo mejor que puede hacer es mantener el rumbo fijo hasta las elecciones generales de marzo del año venidero. IU puede optar por una vía intermedia entre la negociación posibilista y la alternativa de la enmienda a la totalidad, que consiste en plantear muchas modificaciones sobre el proyecto del Principado, de modo que quedara incorporada la huella de IU a las cuentas. Un plan factible, aunque no era el previsto inicialmente. En cualquier caso, lo que debe descartar el Gobierno es la idea de maravillar a la oposición con sus grandes inversiones. Todo acuerdo supone renuncia y transacción.

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SUTILEZAS PARLAMENTARIAS
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Juan Neira | 16-10-2007 | 12:02| 0

En la Junta, IU presentó una proposición de ley para que el director de la televisión regional sea nombrado por mayoría absoluta de la Cámara. Los socialistas respondieron con una proposición no de ley instando al Principado para que ponga en manos del Parlamento el nombramiento del director de la televisión, que sería elegido por mayoría cualificada (3/5). ¿Cómo interpretar este juego de propuestas?
Los dos grupos, PSOE e IU, están de acuerdo en que el director de la TPA lo nombre el Parlamento. La diferencia estriba en que IU quiere votarlo por mayoría absoluta (23 diputados), mientras que los socialistas prefieren una mayoría cualificada (27 escaños). Proponer una mayoría más exigente, por parte del PSOE, tiene una explicación: 23 escaños es una cifra que está al alcance del PP e IU, así que la oposición podría dirigir la televisión autonómica sin negociar con el Gobierno y con el grupo mayoritario de la Cámara. Los 27 escaños obligan a los dos grandes partidos a ponerse de acuerdo, algo que no beneficia a IU, o llegar a un consenso entre los tres. La opción de la mayoría cualificada evita sorpresas desagradables para el Gobierno, pero sobre todo es una garantía para el PP de que no habrá un director de “izquierdas” adoctrinando a la población con el dinero de todos, porque es necesario que sea elegido también con sus votos.
Tanta enjundia como todo lo anterior tiene la naturaleza de la propuesta parlamentaria, ya que IU presentó una “proposición de ley”, algo que se corresponde con la práctica habitual de los gobiernos, que tienen la iniciativa parlamentaria. No es la primera vez que ensaya IU este método, lo que significa el intento de gobernar desde la Cámara. Es una práctica legítima pero no se realiza en ningún Parlamento. Cuando un grupo de la oposición presenta proposiciones de ley es porque se cree respaldado por la Cámara, y el grupo que tiene ese respaldo permanente debe presentar alguna iniciativa para gobernar, algo que se consigue a través de una moción de censura. ¿Podría IU censurar a Areces con el PP? Sobre este equívoco se mueven las instituciones autonómicas en este mandato: los que pueden hacer leyes no pueden gobernar y los que gobiernan no tienen asegurado el control sobre las leyes.

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DISPONIBILIDAD Y OPORTUNIDAD
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Juan Neira | 15-10-2007 | 12:12| 0

Isidro Fernández Rozada se muestra disponible para encabezar la candidatura del PP al Congreso de los Diputados. El diputado popular lleva tres décadas al pie del cañón, así que no puede extrañar esta actitud suya de servicio para defender el pabellón del PP. Isidro es el militante más destacado de la derecha regional en toda la etapa democrática. Nunca tuvo la brillantez de Álvarez-Cascos ni la contundencia electoral de Gabino de Lorenzo, pero es el que más hizo por el partido, que primero se llamaba Alianza Popular y ahora Partido Popular. Cuando Isidro empezó a militar la causa de la derecha asturiana tenía pocos defensores, porque en una región con tanta industria, tanto sindicato y una destacada historia de oposición al franquismo, no era el mensaje de la Alianza Popular de Manuel Fraga el que resultaba más fácil de difundir.
El valor de la militancia de Rozada estriba en que siempre estuvo pegado al suelo del partido, extendiendo la organización, visitando los pueblos, dando ánimos después de las consabidas derrotas electorales. Para comprender lo ingrato de su tarea, baste recordar que le tocó luchar por su partido en una época en que la derecha gobernaba en España con otras siglas (UCD), y cuando AP logró, por fin, sacar cabeza y llegar a los 105 diputados, en el Gobierno estaba Felipe González respaldado por 202 escaños. Por si había alguna duda, cuando se inició la etapa autonómica los socialistas estrenaron la Junta General del Principado con 26 diputados. ¿Qué podía hacer Rozada en ese contexto?
Tres cosas. Una ya está contada: insuflar moral a los militantes y luchar por extender la organización. El liderazgo de la oposición asturiana lo realizó con dos instrumentos, un discurso populista, propio de la “derecha azul”, y una táctica de ficticia dureza con los socialistas, para disimular la entente de fondo con los gobiernos regionales. Rozada tenía un discurso solidario, de apoyo a los mineros y a los siderúrgicos, que siempre fue dominante en la derecha asturiana, muy dada al intervencionismo y sin apenas un barniz de ideología liberal. De una u otra manera, todos los dirigentes del PP asturianos se movieron siempre en esas premisas ideológicas, con la excepción destacada de Rodrigo Rato. A Rozada le tocó dar la cara en el tiempo de las derrotas y mantuvo el tipo como pudo, aunque nunca encarnó una alternativa de gobierno.
Isidro Fernández Rozada tiene méritos y experiencia para encabezar la lista al Congreso de los Diputados, pero no es el dirigente más adecuado para realizar esa tarea en la primavera del año 2008. Una cosa es apostar por una renovación radical, como hacía Alicia Castro en su discurso de despedida (descartaba a los dirigentes con dos derrotas electorales), y otra encarar el futuro con los rostros del pasado. La gente acude a los conciertos del “Dúo Dinámico”, pero no espera que haga aportaciones a la música Pop. Bien es cierto que la organización asturiana del PP no está sobrada de militantes destacados, pero poner de actualidad a los dirigentes de los años ochenta del siglo pasado es la mejor manera de enrocarse en el inmovilismo. La elección del cabeza de candidatura corresponde a la dirección nacional del PP, dentro de un sistema de consultas y propuestas con la dirección regional. Desde la crisis de Sergio Marqués, la cúpula nacional del PP no parece que haya entendido lo que le sucede a la organización asturiana de su partido. Ya va siendo hora de que afinen en los análisis y alienten la formación de una candidatura en la que ser “camisa vieja” no sea un valor absoluto, y el cribado de nombres no se haga siguiendo los intereses de las organizaciones locales.

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LA IDEA DE ESPAÑA
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Juan Neira | 14-10-2007 | 6:42| 0

El debate de los símbolos encubre dos formas de entender el Estado: un país descentralizado o una coordinadora de territorios
El llamamiento de Mariano Rajoy para honrar la bandera en el día de la Fiesta Nacional hubiera sido absurdo en cualquier país democrático, porque en ellos hay un consenso amplísimo entre ciudadanos e instituciones sobre banderas e himnos nacionales. A poco que se pongan un poco solemnes media docena de ingleses o alemanes, empiezan a cantar sus himnos patrios. La bandera es de todos, nadie se siente excluido de ella. Dentro de España, ocurre algo parecido en las comunidades autónomas gobernadas desde la transición por nacionalistas. La ikurriña representa a los vascos y la senyera a los catalanes, hasta el punto de servir de toalla en la playa o de repetir su combinación cromática en toda suerte de soportes: la fachada de una casa, las estructuras atirantadas de un puente o las paredes de un teatro.
Distinto destino tiene en España la bandera bicolor, la enseña nacional, que queda reservada para el mástil de edificios oficiales o competiciones deportivos. Desde la aprobación de la Constitución, tuvieron que pasar cuatro años para que fuese enarbolada por la gente, suceso ocurrido por primera vez en Sevilla durante la celebración del Campeonato Mundial de Fútbol, en 1982. A partir de entonces la bandera nacional ha ido ganando espacios, pero muy tímidamente, porque hay un gran prejuicio hacia ella, sobre todo por parte de la izquierda.
Rajoy colocó su mensaje en vísperas de la Fiesta Nacional, en un momento en que los nacionalistas radicales catalanes descubren el gusto iconoclasta, quemando fotos del Jefe del Estado, y el Gobierno vasco anuncia su hoja de ruta hacia la autodeterminación. La discusión sobre la bandera o sobre el Rey indica que, en el fondo, lo que está sometido a debate es la idea de España.
La España democrática, tal como quedó plasmada en la Constitución de 1978, fue admitida por la izquierda y la derecha. De ahí que la reivindicación de la República quedara convertida en recurso de nostálgicos. Sólo los nacionalistas vascos y catalanes –sobre todo los primeros- presentaron objeciones al modelo de Estado. Las primeras elecciones autonómicas otorgaron un gran poder institucional a los nacionalismos, circunstancia que atemperó el desencuentro sobre la forma de Estado. El PNV y CiU dieron prioridad al desarrollo del autogobierno, para lo que necesitaban entenderse con el Gobierno central. Es importante señalar que el mantenimiento del statu quo entre los gobiernos centrales y los nacionalismos periféricos fue meramente táctico: los primeros ganaban tiempo, esperando que se pasara el sarampión nacionalista en Cataluña y el País Vasco, y los segundos atesoraban recursos y ahormaban a sus poblaciones en torno al ideal nacionalista. A esa época corresponden las tres primeras legislaturas de Felipe González.
A partir de 1993 y hasta el año 2000, se entra en una nueva fase, caracterizada por el peso de los nacionalismos en las decisiones que toma el Gobierno central sobre todo el territorio estatal: tanto sea el negocio del gas como las cesiones en el tramo sobre el Impuesto sobre la Renta. La llegada de las mayorías simples a Madrid convierte a los nacionalistas en ministros invisibles del Gobierno central. Durante esa época, Pujol es elegido el hombre más poderoso de España. La recuperación de la mayoría absoluta por Aznar, en el segundo mandato, sirve para detener este proceso, que se salda con la inexistencia de acuerdos con los gobiernos autonómicos.
LA ALIANZA CON NACIONALISTAS
Con la llegada de Zapatero se produce un cambio cualitativo: la entente con los nacionalistas pasa de lo meramente táctico o coyuntural, al nivel estratégico, de ahí la oferta para reformar la Constitución y revisar profundamente los estatutos de autonomía. La idea de fondo es que cabe otra forma de entender España. En aquel momento el ideólogo era Maragall o el hermano de Maragall (Ernest), con el “federalismo asimétrico” (confederación disfrazada), pero a Zapatero le vino como anillo al dedo ese discurso para su proyecto de crear un bloque mayoritario –PSOE e IU y nacionalistas, que dejen al PP fuera del escenario político por una buena temporada, como ocurrió durante la transición con AP.
En ese proceso le tocó pagar los vidrios rotos a Madrid. Las primeras largas declaraciones de la nueva titular de Fomento, Magdalena Álvarez, abundaban en la idea de comunicar por autovía a todas las capitales de provincia de España, para crear ejes transversales de comunicación, que obviasen a Madrid. Así de claro. Tres años más tarde, los madrileños le devolverían la moneda a Zapatero, con varias manifestaciones multitudinarias que detuvieron las concesiones del proceso de paz. Y el pasado viernes, le dedicaron una gran pitada al presidente. Cuando se habla de que Madrid es de derechas, se olvida que la comunidad fue gobernada por Joaquín Leguina y que Tierno Galván y Juan Barranco fueron alcaldes de la capital. Un caso similar al supuesto derechismo de Oviedo, que resulta incompatible con los ochos años de alcaldía de Antonio Masip.
Mariano Rajoy apela a la bandera para situar el debate electoral en el terreno de los dos modelos de España. Reducidas las diferencias sobre lo que hay que hacer con ETA, queda por dilucidar el papel de los nacionalismos y el poder de la Administración central. El Estado de las Autonomías, tal como se entendió durante veinte años, exige que el Gobierno central retenga un nivel mínimo de competencias por debajo del cual el Estado se disuelve o no resulta operativo. Un ejemplo de esto son las limitaciones legislativas impuestas por el “Estatut” al Estado. ¿Qué puede hacer Zapatero más allá del Ebro, además de financiar costosas infraestructuras?. Ligado a este asunto está el papel de los nacionalismos. Una cosa es que los grupos parlamentarios de CiU, PNV o ERC hagan valer sus peticiones para garantizar la viabilidad de un gobierno, y otra que impongan un modelo de Estado.
El generoso gasto social de Zapatero y la gran creación de empleo no van a zanjar esta discusión, porque lo que está en juego es si España responde al modelo de Estado descentralizado o si es una coordinadora de territorios, con algún nexo de conveniencia. Por eso se agitan las banderas.

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