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COLAPSO PARLAMENTARIO

En medio del atasco parlamentario de la Junta General del Principado, los dos grandes partidos, PSOE y PP, se las han arreglado para que la reforma del Impuesto de Sucesiones (elevar el mínimo exento del tributo a los 300.000 euros) se acoja al trámite de urgencia. De esta manera se reducirían los plazos a la mitad y para el mes de junio podría quedar aprobada la reforma. La economía de tiempo no impediría presentar y debatir enmiendas al proyecto, así como contar en la Cámara con la comparecencia de los expertos cuyo testimonio se considere interesante. En su día habían hablado de someter el proyecto a “lectura única”, pero sería un escándalo de importantes dimensiones que colaboraría a aumentar el desprestigio del Parlamento asturiano. Si un asunto de tanta importancia y calado social se tramita como si fuese una mera cuestión de orden se crearía un precedente muy peligroso que daría licencia para aplicar el método exprés a cualquier iniciativa conflictiva, siempre que tuviera una mayoría suficiente impulsándola.

La ausencia de sentido común, la complejidad de una Cámara fragmentada, la demagogia, y la falta de interés hace que no se pueda racionalizar el trabajo de los diputados al llenar la agenda parlamentaria de ocurrencias que la mayoría de ellas no merece registrarse porque tratan de asuntos ajenos a la competencia autonómica o porque no añaden nada a las normas aprobadas por las Cortes Generales. Las prioridades están alteradas y en vez de debatir de las cosas que interesan a los ciudadanos y sobre las que tiene poder decisorio el Principado (ejemplo, el Impuesto de Sucesiones), se pierde el tiempo con iniciativas absurdas. El objetivo principal de los grupos políticos es verse reflejados en los medios de comunicación. Sólo desde esta perspectiva se entiende lo que ocurre en la Junta General del Principado y por eso se va suprimir una sesión plenaria para hacer hueco a las ocurrencias de turno.

No hay que ser original, está permitido copiar. Fíjense cómo funcionan otras cámaras representativas y aplíquese el mismo método. Imagino que fuera de esta región, a nadie se le ocurre pedir ochenta comparecencias para informar sobre la Ley del Deporte, en el caso de que tenga algún sentido que una Cámara autonómica legisle sobre esa materia. Si los propios grupos parlamentarios no son capaces de introducir racionalidad en su trabajo, se pasará en un breve lapso de tiempo de la siesta al colapso. Lo que nos queda por ver.

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LA MISMA NORMA PARA TODOS

Los alcaldes tienen fama de manirrotos. Los ayuntamientos han tirado de largo, durante muchos años, preocupándose en gastar y gastar, sin importarles la deuda que se generaba. A escala nacional, el mejor ejemplo fue Alberto Ruiz Gallardón, que dejó el Consistorio de la capital con una losa superior a los 7.000 millones de euros, casi tanto como la suma de la deuda de todas las capitales de provincia españolas juntas, incluida Barcelona. Gasto desbocado realizaba Gabino de Lorenzo, justo lo contrario que su antecesor en el Ayuntamiento carbayón, Antonio Masip, que abandonó la institución municipal dejando mucho dinero en el cajón, listo para gastar. En la crisis económica de 1993 (un año de recesión y tres años de aumento del paro), los ayuntamientos gastaron el 20% más que el año precedente. En su disculpa hay que reconocer que todavía en aquella época muchos políticos españoles creían ciegamente en las recetas keynesianas que aconsejaban echar más carbón a la caldera cuando decaía la economía. Todos recordamos que en 2008, la primera respuesta del Gobierno de Zapatero, tras la caída de Lehman Brothers, fue montar un plan de gasto compulsivo con los proyectos redactados desde los ayuntamientos por vía de urgencia. Quiero decir que en esto de tirar la casa por la ventana los alcaldes contaron con cómplices situados en puestos importantes del Estado.

El Gobierno de Rajoy maniató a los alcaldes cambiando las reglas del juego. El resultado fue fulminante, los ayuntamientos constituyen la única institución pública que no arroja déficit, a diferencia de las comunidades autónomas, la Administración central y la Seguridad Social. En 2016, los ayuntamientos tuvieron un superávit de 7.000 millones. Desde el año 2012, en todos los ejercicios tuvieron superávit. Cristóbal Montoro sólo les deja destinar el excedente a amortizar inversiones, pagar facturas de proveedores y a inversiones sostenibles (sin gastos de mantenimiento). Una auténtica camisa de fuerza para los alcaldes que ha originado que tengan inmovilizados en los bancos 20.000 millones de euros, una cantidad semejante al déficit de la Seguridad Social.

Se ha levantado un clamor desde los consistorios pidiendo que les den libertad para gastar lo que les sobra ¿Llegó el momento de cambiar la norma? Por lo menos, el Ministerio de Hacienda debe ser ecuánime. No es de recibo que los alcaldes tengan limitados los gastos y la deuda autonómica crezca sin control.

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EL PSOE SE ASOMA AL ABISMO

Aunque la aprobación de los Presupuestos del Estado esté todavía pendiente del voto de un diputado canario (Quevedo) y Podemos haya convocado una movilización para el día 20, como pórtico al debate sobre la moción de censura a Rajoy, la actualidad política española está centrada en las elecciones primarias del PSOE.
Salvo que surja una sorpresa mayúscula, las primarias socialistas son el gran acontecimiento político del año, del que depende el futuro de la presente legislatura, la respuesta que se le dé al desafío independentista, la posibilidad de acuerdo entre las fuerzas políticas, el rumbo de la izquierda y la suerte del Partido Socialista, una organización con 138 años de existencia.
Nunca los afiliados de un solo partido tuvieron tanta responsabilidad en sus manos, con el resto de españoles sentados en la grada como espectadores.
LA OPA DE SÁNCHEZ
Como el 74% de los afiliados ha decidido apoyar a uno de los tres candidatos, casi no queda pescado que vender. Pedro Sánchez así lo ha entendido y ha tomado como objetivo de referencia a los militantes que han avalado la candidatura de Patxi López.
Primero hizo la oferta al dirigente vasco para unir sus fuerzas en una sola candidatura –no hace falta señalar que estaría encabezada por Sánchez-, y al sentirse rechazado, dirigió la propuesta a los seguidores de López (“a los que habéis avalado a otra candidatura”).
Pedro Sánchez no ha cambiado una coma de su discurso: la clave que separa a los socialistas buenos de los malos es la abstención o el voto negativo a Rajoy. Esta semana ha explicado con claridad que hay dos opciones estratégicas: “se trata de liderar la izquierda o unirnos a la derecha hasta nuestra desaparición”.
Dejando a un lado que ningún dirigente en el PSOE planteó una alianza estratégica con el PP para el medio y largo plazo, es interesante contemplar cómo analiza Sánchez el futuro del socialismo español. O gira hacia la izquierda o desaparece.
FRANCIA
En Francia había un socialismo de “derechas”, representado por Manuel Valls, y otro de “izquierdas”, identificado con Hamon. Tras ganar las primarias Hamon, con cerca del 60% de los votos, fue con un programa izquierdista a las elecciones presidenciales, defendiendo una renta universal, de 750 euros, para todos los mayores de 18 años, la ruptura con los postulados de Maastricht, etcétera. Obtuvo el 6% de los votos. Un resultado que deja a los socialistas franceses ubicados en la marginalidad.
La diferencia entre el 60% de los votos en las primarias y el 6% en las presidenciales se debe al hecho de que en las primarias votaron dos millones de afiliados y simpatizantes del Partido Socialista, mientras que en las presidenciales votó el 79% de los franceses.
A una escala más reducida, vimos el batacazo que se acaba de dar Jeremy Corbyn, el “Pablo Iglesias” británico, en las elecciones locales parciales de Inglaterra, Gales y Escocia. Para las próximas elecciones generales se espera una derrota laborista de dimensiones históricas. Y eso que no hay ningún líder socialista en Europa que esté más a la izquierda que Corbyn.
La situación del PSOE dista mucho de poder resolverse con el recetario simplista de Pedro Sánchez. Si todo el socialismo europeo ha experimentado un constante retroceso en los procesos electorales desde el año 2005, la actual posición del PSOE es particularmente delicada.
El PP ha ganado las tres últimas elecciones generales y el PSOE ha quedado a una distancia suficientemente considerable que le impide tejer alianzas de gobierno.
Por cierto, ahora dice Sánchez que la negociación de los presupuestos demuestra que la abstención en la investidura fue inútil: se podía haber votado “no” y Rajoy saldría investido. No repara el preclaro Sánchez, que siguiendo su razonamiento, no tenía ningún sentido tratar de negociar una alternativa de izquierdas, como él propugnaba, ya que se estrellaría contra el muro de la mayoría. A ver si aprendemos a echar las cuentas.
Junto a la ventaja que tiene el PP, por la derecha, al socialismo español le ha salido un duro competidor, por la izquierda, nacido de la indignación ante el desempleo y la impotencia ante la crisis económica, que fue amamantado por la derecha política y empresarial, y ahora, ya crecido, camina por su propia cuenta.
Para complicar la situación, el PSOE está profundamente dividido, y el propio discurso de Sánchez tiene más el aire de una vendetta (en términos humanos es entendible) que de otra cosa.
Si el PSOE gira fuertemente hacia la izquierda y al entendimiento con los nacionalistas catalanes (dar a Cataluña el estatus de nación no tiene otro objetivo) quedará atrapado en una dinámica que le resultará ingobernable, como imposible le es ahora a IU distanciarse de Podemos.
No hay recetas seguras para hacer política desde las coordenadas en que está el PSOE, pero sí hay dos puntos fijos que no se deben cambiar. La identidad del partido, que es la sustancia de la “marca PSOE”, es innegociable, y la unidad, como bien señala Patxi López, es condición indispensable.
Los dos fracasos en las urnas de Pedro Sánchez, unido a las dos derrotas con candidatos apadrinados por él (elecciones gallegas y vascas), deberían hacerle recapacitar.

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LA BANDERA DE LA PACIFICACIÓN

El número de credenciales presentado por los candidatos tiene una gran importancia para anticipar cuál será el resultado de las primarias el 21 de mayo, ya que firmaron el 74% de los afiliados del partido. ¿Cuántos militantes pueden ese día acercarse a las urnas? ¿El 80%? La inmensa mayoría ya dijo lo que va a votar avalando a un candidato. Una vez más voy a repetir que el PSOE es, con gran diferencia, el partido político español que tiene un funcionamiento interno más democrático, pese a los múltiples defectos que arrastra. Sólo en el PNV, las bases de la organización cuentan tanto en la toma de decisiones. La democracia telemática de Podemos, en la que pueden votar amigos, enemigos y mediopensionistas, es un carajal. No me resisto a citar el cómico caso del círculo gijonés, en que los izquierdosos concejales de Xixón Sí Puede pedían a sus homólogos del centroderecha que llevaran a gente para votar en las urnas ciudadanas que decidían los presupuestos municipales de este año. En el caso del PP, baste recordar que de los 1.500 avales que presentó su presidenta, Mercedes Fernández, 500 fueron anulados. Antes, ya habíamos visto en Gijón que en el PP los muertos avalan y a los vivos se les ponen trabas.

De la pugna entre Susana Díaz y Pedro Sánchez saltan chispas. Hay un empate virtual que puede romperse con el voto de los seguidores de Patxi López. El dirigente vasco sigue en la lucha y rechaza la invitación ventajista de Pedro Sánchez. El ex secretario general del partido tiene tanta prisa por recuperar el poder que pasa de la hostilidad a abrir las puertas de su casa de par en par al rival. El oportunismo de Pedro Sánchez sólo se ve superado por el de Pablo Iglesias, pero no olvidemos que hoy la política es eso, regate corto, foto oportuna, frase ruidosa, slogan simple y mentira permanente. Dudo que Patxi López aguante toda la campaña electoral porque su entorno querrá soluciones a corto plazo, pero el PSOE está tan roto, tan deshilachado, tan arrasado, que López podría levantar la bandera de la pacificación, frente al oficialismo de Susana Díaz y la vendetta de Pedro Sánchez. Es más importante pacificar que ganar, porque las victorias internas se convierten en descalabros electorales si el partido no está unido. Creer que la solución a los problemas del PSOE, declive electoral incluido, pasa por un giro a la izquierda hacia el territorio de Podemos es no haber aprendido nada de la experiencia electoral de los últimos cuarenta años.

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DISPUTA ENCONADA

En política las cifras son más elocuentes que las palabras. El proceso de primarias del PSOE no es una excepción. Por el número de credenciales depositadas se ve que va a ser el proceso más participativo que ha vivido el PSOE, partido pionero en España en adoptar el sistema de primarias para elegir a los líderes del partido. La pugna entre Eduardo Madina, Pedro Sánchez y José Antonio Pérez Tapias, en 2014, fue un partido entre solteros contra casados comparado con la disputa entre Susana Díaz, Pedro Sánchez y Patxi López. Desde una perspectiva formal, los tres precandidatos se han convertido en candidatos al presentar suficiente número de avales.

Susana Díaz, con 63.610 credenciales, ha ganado el primer test de las primarias, como ya se esperaba. Pedro Sánchez, con 57.369 firmas, ha demostrado que se empleó a fondo para colocarse en la ‘pole position’, aunque no lo ha logrado. Patxi López, con 12.000 avales, ha confirmado que no es un candidato con opciones de ganar, así que debe redefinir qué papel va a jugar en la campaña de las primarias. Obtener un número respetable de votos le podría servir para intentar jugar el rol de líder de una minoría significativa dentro de la futura dirección del partido. A nadie se le oculta que va a recibir fuertes presiones para que se retire, con algún premio de consolación a cambio. En un partido dividido tendrá un papel que jugar si mantiene su independencia.

El resultado es bueno para Díaz, pero mejor para Sánchez, ya que buscó los avales desde la tesitura de opositor a la comisión gestora. El voto de los militantes del PSC, un partido independiente del PSOE, redujo a la mitad la diferencia de avales que hubo entre Díaz y Sánchez en el resto de España. El estatus otorgado por la comisión gestora al PSC le va a salir muy caro a Díaz en las urnas. Las espadas están en alto, pero el candidato ‘outsider’ sale reforzado.

Comentario aparte merece la clara victoria de los ‘sanchistas’ en Asturias, con 3.100 avales, frente al sector oficial, con 2.435. En la tierra donde gobierna el presidente de la gestora, Pedro Sánchez tiene el favor de las bases. Si hay que quedarse con una sola causa del ‘sorpasso’, yo elegiría al SOMA. El aparato del SOMA demostró más eficacia que la dirigencia de la FSA. Asuntos de gobierno rebotan en la pugna del partido: la falta de calor del Principado en la batalla por sostener al sector de carbón va a beneficiar a un paracaidista que prometió no deslocalizar «la planta de Hunosa» (sic).

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EL CHEQUE DEL PNV

En la víspera de celebrarse el pleno del Congreso de los Diputados sobre las siete enmiendas a la totalidad planteadas por la oposición al proyecto de Presupuestos Generales del Estado, el Gobierno de Mariano Rajoy llegó a un pacto con el PNV sobre las cuentas. Un acuerdo sumamente beneficioso para el País Vasco, que va a recibir el generoso maná, en forma de lluvia de millones de euros, procedente de Madrid. Nunca el Estado trató de una forma tan magnánima a una región en los presupuestos anuales. El pacto se puede resumir diciendo que el Gobierno pone la firma debajo de todas las peticiones del PNV; los dirigentes nacionalistas estaban alborozados y apenas podían contener la emoción delante de los micrófonos para acabar balbuceando que el acuerdo da estabilidad financiera a la comunidad autónoma para quince años.

El principal caballo de batalla era el cupo. Entre los profesores de Hacienda hay consenso sobre el sesgo que tiene el cálculo del cupo, lo que lleva a que el País Vasco no pague nada más que parcialmente el coste de los servicios que presta el Estado en esa región. El PNV lo tenía claro, había llegado el momento de mantener el chollo reforzado.

Para ello inventaron que desde 2007 (último año en que se revisó) habían pagado 1.600 millones de más. El Gobierno del PP les va a ‘devolver’ 1.400 millones. Segunda parte: a partir del año 2017, el cupo se va a quedar en 956 millones, cuando Cristóbal Montoro había previsto para este año 1.200 millones. Más aún, de los 956 millones, el Gobierno vasco sólo va a pagar 836. Hace 10 años, por los servicios prestados, el Estado recibía 1.565 millones que ahora se recortan hasta 836. Me viene a la memoria una antigua pintada en el barrio de Ocharcoaga (Bilbao) que decía «les vamos a dar por el cupo». A eso se llama leer el futuro.

La ‘Y vasca’, la infraestructura equivalente a la línea La Robla-Gijón de alta velocidad, recibe una inversión de 3.380 millones, con estaciones soterradas y semisoterradas. La plataforma logística de Lezo (Guipúzcoa) se relanza con 100 millones y la terminal intermodal de Jundiz (Álava) –una especie de ZALIA– recibe otros 120 millones. Para no hacer más prolija la relación, quedémonos con la rebaja de la tarifa eléctrica para las empresas vascas, estimada en 50 millones. ¿Se acuerdan de la petición de tarifas baratas para la gran industria asturiana? En resumen, un agravio en toda regla. Rajoy sabe que para pactar con el nacionalismo hay que tirar de chequera.

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Sobre el autor Juan Neira

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