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MORIYÓN, EN LA ENCRUCIJADA

El presidente de Foro en Siero ha anunciado que la directiva local del partido propone a Carmen Moriyón para el puesto de presidenta regional de Foro, un cargo que se elegirá en el próximo congreso del partido, a celebrar a finales del mes de septiembre. Eduardo Martínez Llosa dijo que recogía la opinión de los afiliados y el sentir de la calle. Añadió que Moriyón supone un cambio positivo para Asturias, destacando entre sus cualidades la capacidad de diálogo para negociar con derecha e izquierda y forjar consensos. Unas horas más tarde, los responsables de Foro en Noreña secundaban la iniciativa de Siero. Por su parte, la alcaldesa de Ribadesella, Charo Fernández, se sumaba también a la iniciativa de Siero.

Cuando las bases de los partidos políticos toman iniciativas de esta naturaleza casi siempre están inspiradas desde el poder. Es de imaginar que en los próximos días o semanas, otras organizaciones locales saldrán a la palestra pidiendo a la alcaldesa de Gijón que se convierta en lideresa del partido. Recuerdo que la ascensión de Cristina Coto a la presidencia de Foro estuvo precedida de un posicionamiento unánime del grupo parlamentario (por aquellos tiempos, Foro tenía 12 diputados) y del grupo de fundadores del partido; en el plan constaba que también debía tener el apoyo de los alcaldes, pero los regidores no comulgaron con ruedas de molino, y el plan no acabó con la brillantez que estaba ideado. En esta ocasión la iniciativa de Siero sorprendió a Cristina Coto, que dijo haberse enterado por los medios de comunicación. Hace tres años, por esa misma vía se enteraron los dirigentes del partido.

Repuesta de la inicial sorpresa, Cristina Coto afirmó que cree en las primarias. Estoy de acuerdo. Para los partidos que contemplan la celebración de primarias, lo más sano es que haya más de un candidato y compitan en las urnas. Hace quince días, desde estas mismas líneas, lamenté que el sector crítico del PSOE no presentara un candidato para medirse con Barbón. Para llegar al cargo por la gracia del dedo, ya está el PP.

Ahora hace falta saber qué opina la alcaldesa de Gijón. Asumir la presidencia del partido conlleva encabezar la lista al Principado. Esto último es lo realmente relevante. Carmen Moriyón pertenece al reducido sector de la clase política que tiene una carrera profesional destacada, lo que da mucha libertad a la hora de optar: ni necesita la política como salvavidas ni apartarse de ella le supone pérdida material alguna.

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DERECHO DE PERNADA

La compra del chalet de Galapagar por Pablo Iglesias e Irene Montero supuso una conmoción en la opinión pública. Si otro dirigente, de derechas o de izquierdas, hubiera adquirido ese inmueble no hubiera causado semejante impacto. La diferencia entre Iglesias y el resto no está en el tuit que le dedicó a De Guindos por haber comprado un ático de 600.000 euros, sino en que el jefe de Podemos es el único que basó todo su discurso público en zaherir a los ricos desde la trinchera de los pobres. Se presentó en sociedad con el piso heredado en Vallecas, las camisas del hiper más barato, la nómina de novecientos euros de profesor asociado y desplazándose en bicicleta. Ese era el Iglesias que entró en Europa al frente de cinco diputados de Podemos, en 2014, gracias al voto de los damnificados por la crisis económica. El mismo Iglesias que afeaba a Errejón el cambio de vestuario, fue capaz de abandonar el barrio de su infancia para convertirse en propietario de un terreno, vivienda y construcciones anexas, logrando ponerse a la altura del 1% de la sociedad que tiene más patrimonio. No sé si alguna vez fue de los de abajo, pero ahora está claro que está arriba, muy arriba, en la zona confort de los que gozan de más privilegios que derechos.

Siendo todo lo anterior muy llamativo, el plato fuerte del escándalo llegó el fin de semana con la comparecencia de la pareja organizando un referéndum exprés para legitimar la compra del chalet con el voto de las bases de Podemos. Aprueban la operación mercantil o Iglesias los deja huérfanos. Es la primera vez en la historia de España en que una decisión rigurosamente privada de un dirigente se somete al escrutinio de su fuerza política. Iglesias y Montero obligan a todos los militantes de Podemos a solidarizarse con la adquisición del chalet, de modo que los hacen corresponsables de la compra. Después del referéndum (no dudo que será favorable a la pareja), las críticas sobre la mudanza a Galapagar deben dirigirse al conjunto de la fuerza política, porque Pablo Iglesias obtuvo la autorización del colectivo.

El otro aspecto verdaderamente escandaloso es el silencio de los dirigentes de Podemos. De rebeldes a sumisos, de críticos a alineados. Quién diría de esos revolucionarios que habían hecho voto de obediencia. ¿Cómo se van a atrever a atacar el comportamiento ajeno si callan ante el lujo del jefe? En ese contexto, las palabras de Daniel Ripa valen oro. La diferencia entre la afonía colectiva y la voz de Ripa se llama dignidad.

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MEDIDAS EXTRAORDINARIAS

Muy a su pesar, Mariano Rajoy ha tenido que tomar dos medidas extraordinarias: no publicar el decreto de nombramiento de los consejeros de la Generalitat, elaborado por el nuevo president Quim Torra, y prolongar la vigencia del artículo 155 de la Constitución en Cataluña hasta que haya un nuevo Ejecutivo legal. Quim Torra anunció que iba a confeccionar un Gobierno de restitución e incluyó entre sus miembros a dos exconsejeros encarcelados, Jordi Turull y Josep Rull, y a otros dos que están fugados, Lluis Puig y Toni Comín. De esta manera se saltaba la legalidad y ponía al presidente del Gobierno de España ante hechos consumados. Durante el fin de semana Rajoy meditó la respuesta a dar, y comunicó a Pedro Sánchez y Albert Rivera las dos medidas extraordinarias. El Govern queda bloqueado y el poder de la Generalitat sigue en manos del Gobierno de España.

De todo lo ocurrido desde las últimas elecciones catalanas había que sacar conclusiones, pero Rajoy prefirió mirar para otro lado, confiando en que los independentistas entraran en razón y volvieran a la senda autonómica. El presidente tenía mucha prisa por retirar el artículo 155 y traspasar el poder al Govern de turno. En una ocasión, desde el palacio de la Moncloa se llegó a afirmar que en la Generalitat «no pintamos nada». En pocos sitios hay tanto que hacer por devolver la convivencia entre españoles a la legalidad, recuperando el castellano como lengua vehicular en la educación o permitiendo a los comerciantes que utilicen la lengua que quieran para denominar sus negocios. Albert Rivera le pidió que mantuviera el artículo 155 en vigor, pero Rajoy lo rechazó.

Hizo falta que un pirómano, como Quim Torra, fuera investido presidente para que sus primeros actos de disposición fueran una bofetada a la legalidad, obligando a Rajoy a cambiar de planes. No nos engañemos, los independentistas necesitan una cura de realismo y para ello hay que aplicar el artículo 155, de verdad, no como se hizo hasta ahora que fue un verdadero paripé, con los funcionarios de la Generalitat negándose a entregar documentación a los juzgados donde hay procesos abiertos sobre el procés. Sean cuales sean sus planes electorales, los tres partidos constitucionalistas (PP, PSOE y Ciudadanos) tienen que hacer piña. Nos hemos acostumbrado a reírnos de los aspectos bufonescos del procés, con personajes tan atrabiliarios como Puigdemont o Torra, pero el desafío independentista sigue vigente.

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BARBÓN, RETO HOMÉRICO

Las repetidas victorias socialistas en las elecciones autonómicas asturianas han creado costumbre y mucha gente, sobre todo militantes de partidos y periodistas, da por hecho que Adrián Barbón será el ganador de los comicios. Desconozco lo que va a ocurrir, me limitaré en las próximas líneas a constatar que el cabeza de lista socialista tendrá más difícil que nunca reeditar los éxitos electorales.

A su favor tiene dos bazas: la hegemonía en el partido, con un sector crítico que ha huido en desbandada ante el envite de las primarias, y el entusiasmo de los afiliados de base que continúan levitando tras el giro a la izquierda de Pedro Sánchez. A partir de aquí todo son obstáculos.

La candidatura de Adrián Barbón se inscribe en el contexto general del sanchismo, una corriente sobradamente mayoritaria en las filas del socialismo español y del asturiano, pero que no ha imantado al electorado.

En la primera etapa de Sánchez, como secretario general, el socialismo sacó los peores resultados de su historia en las elecciones generales, gallegas y vascas; en la segunda etapa de Sánchez, tras golear en las primarias, el socialismo obtuvo el segundo peor resultado en las autonómicas catalanas de toda la historia. Sin necesidad de entrar en las particularidades de cada uno de esos procesos electorales, convengamos en que los precedentes no invitan al optimismo.

El contexto cercano es la trayectoria electoral de la Federación Socialista Asturiana (FSA), en tiempos recientes. Desde el año 1999, en que Areces ganó con mayoría absoluta (24 escaños), la senda electoral del PSOE ha sido declinante: 24 diputados, 22, 21, 15, 17, 14. Los tres últimos resultados con Javier Fernández de candidato a la Presidencia el Principado.

Me voy a detener un momento a analizar las marcas de Fernández porque sirven para cuestionar un argumento que utilizan los socialistas para justificar los pobres resultados de los últimos años: antes solo nos disputaba IU el voto de la izquierda, ahora está Podemos.

Liderazgo

Mucho antes del 15-M, en las elecciones autonómicas de 2011, el PSOE sacaba 15 diputados. En 2015, cuando Podemos mantenía intacto su gran prestigio inicial, el PSOE obtuvo 14 escaños. Sin Podemos o con Podemos, la diferencia es de un escaño. A partir de los comicios de 2007 (la última legislatura de Areces) el techo electoral de los socialistas se ha desplomado.

El descenso de votos es una consecuencia de la pérdida de liderazgo regional. Otro problema que hereda Adrián Barbón. En 2011, cuando Javier Fernández se estrenó como candidato, obtuvo el PSOE en las urnas autonómicas 721 votos más que en las municipales. Sin embargo, en 2015, tras estar una legislatura gobernando, el PSOE sacó 7.027 votos más en las urnas municipales que en las autonómicas. De ser el Principado el que arropaba a las candidaturas municipales del partido, se pasó al modelo inverso, siendo los alcaldes del PSOE los encargados de rescatar a la candidatura autonómica.

La tarea más urgente que tiene el PSOE para afrontar la carrera electoral es restablecer la sintonía entre la cúpula del partido y Javier Fernández. En largos años de bicefalia, las dificultades propias de la dualidad de poderes, entre gobierno y partido, nunca había dado paso a la situación actual en que las agendas del presidente del Principado y el secretario general de la FSA parecen confeccionadas para evitar los encuentros.

De mantenerse esta situación, Adrián Barbón afrontará la campaña electoral como si fuese un candidato de la oposición. Si ya de por sí tiene una tarea difícil para tomar el relevo, tras siete años de gobierno socialista sin dar frutos visibles, la falta de respaldo real del Principado se lo pondrá más complicado todavía.

Peajes

Otro problema reside en la heterogénea familia del ‘sanchismo’. Si la presencia destacada del SOMA se traslada al programa y a la candidatura electoral, la renovación de la FSA no pasará de ser un retorno a los años ochenta del siglo pasado. Cuando más hay que innovar en programas, formas y equipos, no se puede caer en la debilidad de pagar peajes.

Adrián Barbón ha trabajado la idea del cambio con una frase que hizo fortuna: o cambiamos o nos cambian. De forma abreviada: repetir es perder. Cuidado con caer en el estilo revival.

Por último señalaremos dos aspectos que complican la victoria socialista. En ninguna otra comunidad autónoma los grupos que están a la izquierda de la socialdemocracia tienen tanto peso. Entre Podemos e IU suman tantos escaños en la Junta General del Principado como el PSOE. En los sondeos de carácter nacional, la izquierda radical está a unas décimas del PSOE ¿En Asturias?

Segundo aspecto. Ciudadanos es el único partido al alza. La formación de Rivera se nutre de votantes socialistas y del PP. El trasvase de votos es imparable.

Deliberadamente dejé fuera del análisis la propuesta de la cooficialidad del asturiano. Merece un comentario aparte. Electoralmente es una apuesta absurda: no le va a añadir ningún voto al PSOE y le va a restar más de los que se imaginan.

Conclusión final: Adrián Barbón tiene ante sí la oportunidad de realizar una proeza

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EL PP Y PODEMOS

En el turno de preguntas al presidente del Principado, Mercedes Fernández propuso a Javier Fernández un pacto singular: la aprobación del proyecto de presupuestos de 2019 a cambio de que suprima el Impuesto de Sucesiones. En pleno mes de mayo adelanta un debate que no empezará hasta el mes de octubre. No hay ni el más leve boceto de las cuentas y Cherines dice, a ciegas, que las apoya con tal de que a partir del presente el derecho a heredar no conlleve pagar a Hacienda. La iniciativa es extemporánea, pero no se le puede afear nada a la lideresa del PP porque está agobiada con las expectativas electorales que se dibujan en el horizonte. Un día avanza que le gustaría formar candidaturas conjuntas con Foro, en Asturias y Gijón, y al día siguiente busca cerrar un acuerdo con el presidente socialista. En la movilización popular contra el Impuesto de Sucesiones, Foro se ganó las simpatías de la gente al defender la supresión del tributo, mientras Cherines firmaba un pacto con los socialistas donde se limitaba a elevar el mínimo exento a los 300.000 euros. Ahora trata de rectificar, pero Javier Fernández no le va a dar esa oportunidad. Como a todos los socialistas le gusta el impuesto, aunque conlleve pagar dos veces por lo mismo, y, además, no le supone ningún quebradero de cabeza gobernar cinco meses de 2019, hasta las elecciones, con prórroga presupuestaria.

Sobre la sesión parlamentaria planeaba el proyecto familiar de Pablo Iglesias e Irene Montero, con el ya famoso chalet de 600.000 euros que todos hemos visitado. Cherines, irónicamente, se refirió a los «devotos de la propiedad privada». Emilio León le replicó señalando que el PP sigue el modelo de propiedad privada cleptómano. Es cierto lo que dice León, pero el asunto da para una reflexión más profunda.

La jefatura del PP nunca ha engañado a nadie. Por ejemplo, el gusto de Francisco Granados por la riqueza se leía en su rostro. Pueden tener todos los inmuebles del mundo sin cambiar de principios. Pablo Iglesias es un caso diferente. Es el primer dirigente político español que hizo carrera política con la exclusiva bandera de la austeridad, la sobriedad y el desprecio por los bienes materiales. Se hizo millonario en votos sin otro discurso que el de pobres contra ricos. Presumía de vivir en una colmena de Vallecas y ahora tiene los mismos estándares de bienestar que De Guindos, el tiburón de Goldman Sachs. Políticamente es una estafa. Iglesias se ha convertido en una pesada carga para Podemos.

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LA VÍA DEL CONVENCIMIENTO

Concha Masa (IU) pidió en la Junta General del Principado un compromiso más firme del Gobierno regional con la enseñanza del asturiano. En su réplica, Genaro Alonso no quiso entrar en la cuestión candente de la oficialidad de la llingua, pero pronunció una frase críptica: «La lengua no es un problema, es una solución».

A bote pronto se me ocurre decir que la oficialidad del asturiano es una solución para la gente que lleva años luchando por ella, pero también es cierto que supone un problema para todos aquellos que defienden que la única lengua de implantación generalizada que hay en Asturias es el castellano. No se puede contentar a todos a la vez.

En la actualidad, hay un statu quo del que se suele deducir que no hay problema lingüístico en Asturias, lo cual no es del todo cierto porque hay una minoría militante que todos los años reclama la oficialidad del asturiano. ¿Qué hacer?

La máxima que se debe seguir es muy sencilla: se puede cambiar el actual status siempre y cuando no genere más insatisfacciones que lo que hay. En ese sentido, los que defienden la cooficialidad o el bilingüismo deben convencer al resto que es mejor lo que proponen que lo que tenemos. Para disipar temores y ahuyentar recelos no hay nada más equivocado que decir que se quiere una implantación ‘amable’ del asturiano. Utilizan la misma expresión que cien veces repitió el otrora lendakari, Juan José Ibarretxe, para que el Parlamento español diera luz verde a su plan de revestir al País Vasco con la forma jurídica de Estado libre asociado a España: «Propongo una relación amable con España». Para no perder el tiempo, los impulsores de la cooficialidad harían bien en descartar todo lo que suponga edulcorar la realidad. La cooficialidad de cualquier lengua supone obligaciones para la Administración, porque en caso contrario la cooficialidad no pasaría de ser un mero enunciado. Cooficialidad no es derecho a hablar, escribir, publicar, pleitear, etcétera, porque eso ya se puede hacer ahora en asturiano o en castellano. La cooficialidad supone una equiparación con el castellano, lo cual no deja de ser una operación artificial porque la sociedad emplea infinitamente más una lengua que la otra. En vez de actuar como «aprovechateguis» (Rajoy dixit) ante el cambio de postura del PSOE, mejor tratan los partidarios de la cooficialidad de convencer al resto, no vaya a ser que con el señuelo de aportar una solución creen, por primera vez, un problema lingüístico en Asturias.

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Sobre el autor Juan Neira