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DISCREPANCIA EN EL SALARIO
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Juan Neira | 23-11-2016 | 22:24| 0

En el proyecto de presupuestos del Principado figura que habrá 104 millones más de ingresos que el pasado año. En esta ocasión las previsiones son más imaginativas que nunca, ya que el Gobierno central, dada la etapa de bloqueo institucional, no pudo hacer sus cuentas que contienen datos necesarios sobre recaudación fiscal para elaborar los presupuestos autonómicos. Recuerden que más del 70% de los ingresos de las regiones proceden del Estado. Aun así, vamos a dar por buenos los 104 millones de más, ya que no estamos en condiciones de rechazar las buenas noticias. El incremento se debe fundamentalmente a la positiva evolución del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) que permitirá ingresar 82 millones más que hace un año. Como se puede ver, la mejora del empleo no sólo trae la felicidad a las personas que salen del paro sino que permite enderezar las cuentas de la Administración. Sin empleo, las familias no viven y el Estado se agrieta. Por eso es la mercancía más valiosa.

Contar con más recursos siempre es una baza en las manos de los gobiernos para negociar los presupuestos con la oposición. En nuestro caso, tengo mis dudas. El debate entre PSOE y Podemos no está relacionado con los programas de gasto, sino con los de ingreso (los impuestos). Con IU hay un acuerdo generalizado, como corresponde a la sintonía existente entre PSOE e IU a lo largo del primer tercio de la legislatura. La crisis del PSOE, la formación de la comisión gestora y el papel que juega Javier Fernández en ella supusieron un disgusto para los dirigentes de IU, pero al final pesa más una misma forma de ver la región que las discrepancias con el rumbo que toma el PSOE a escala nacional.

Podemos plantea exigencias de imposible digestión para el PSOE. Desconfía de los datos suministrados sobre vencimientos de la deuda, y los socialistas asturianos no están acostumbrados a que nadie desconfíe de sus datos. A las dudas sobre la deuda añaden una exigencia que no había previsto el Principado: Podemos exige que se bajen el sueldo los altos cargos para conseguir un ahorro de millón y medio de euros. La cuestión del salario siempre es complicada y más en el Parlamento asturiano. En la pasada legislatura estuvo la Cámara discutiendo durante seis meses la nómina de los diputados. No veo a Javier Fernández y Dolores Carcedo abriendo el melón del abanico salarial. ¿Para qué? Saben que Cherines no va a deprimir los sueldos.

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EMPIEZA LA CUENTA ATRÁS
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Juan Neira | 22-11-2016 | 17:19| 0

El calendario, con su paso inexorable, toma decisiones por los partidos políticos. La larga negociación entre los tres grupos de izquierda (PSOE, Podemos e Izquierda Unida) concluirá el lunes cuando el Gobierno registre el proyecto presupuestario en la Junta General del Principado. A partir de entonces se podrán introducir cambios en los gastos, pero los ingresos son inamovibles. La mayor parte del diálogo versó sobre modificaciones fiscales, así que o se cierra algún acuerdo a lo largo de la semana o la suerte del proyecto presupuestario estará echada.

A estas alturas la coincidencia entre PSOE e IU es prácticamente absoluta. Están de acuerdo en poner una tasa a las bolsas de plástico –que al final recaerá sobre la cartera de los consumidores– y en gravar las emisiones a la atmósfera, así como la producción de residuos contaminantes. En la cuestión de los impuestos medioambientales confían en que el Gobierno central ponga una tasa a las bebidas carbonatadas. Si les parece bien ese impuesto, no entiendo por qué razón no utiliza el Principado su propia competencia fiscal para implantarlo. Los gobiernos autonómicos siempre se han comportado como menores de edad esperando que el Estado asuma las subidas de impuestos y ellos se lleven la parte que les corresponde sobre la recaudación, sin exponerse a la crítica de la opinión pública. Los impuestos medioambientales son una propuesta de IU que el PSOE no le queda otro remedio que aceptar para propiciar el acuerdo. Dejando a un lado las razones tácticas que llevan al consenso, se puede afirmar que la fiscalidad verde tiene más contenido político que eficacia económica. Sobre el Impuesto de Sucesiones, PSOE e IU también están de acuerdo, aunque Gaspar Llamazares pone como condición que la reforma no implique recaudar menos. Los socialistas han calculado que con la elevación del mínimo tributable se perderán 20 millones de euros. Un detalle que no tiene suficiente entidad para que se pierda la sintonía entre los dos grupos.

La clave de la negociación está en el diálogo bilateral entre PSOE y Podemos. A diferencia de lo que ocurre con Gaspar Llamazares, Emilio León mantiene discrepancias con el Gobierno. No cree en los datos suministrados sobre la deuda y critica las supuestas inversiones que se concentran en pagar las deudas de la Zalia y Sogepsa. Las inversiones financieras no generan empleo. Sospecho que esto solo lo puede salvar Cherines.

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LA CASA DEL PP
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Juan Neira | 21-11-2016 | 20:22| 0

Lograda la investidura, Mariano Rajoy anunció que el PP celebrará su congreso nacional en el mes de febrero. El presidente del Gobierno y del partido quiere que la cita congresual se desarrolle por el método habitual de los compromisarios. Los riesgos de las elecciones primarias quedan para el resto de los partidos (PSOE, Podemos, Ciudadanos). A los congresos nacionales del PP se llega con todo atado. Más en esta ocasión que no hay atisbo de sector crítico. El jefe es Rajoy y el resto obedece al jefe. Como Dolores de Cospedal cometió el desliz de anunciar que seguirá de secretaria general del partido, tras saber que la habían nombrado ministra de Defensa, parte del morbo del evento estará en saber si conservará el cargo orgánico o quedará desplazada por hablar más de la cuenta. Lo califico de morbo, porque no hay sustancia política tras la confirmación o remoción de la secretaria general. Desde aquel congreso del PP en Valencia, en 2008, cuando Esperanza Aguirre levantó la bandera de “yo no me resigno”, los conclaves del PP son una fiesta para mejorar la imagen del partido. A Rajoy no le gustan los cambios, y el grupo de jóvenes (Javier Maroto, Andrea Levy, Pablo Casado) tendrá que esperar a peinar canas para tener alguna chance.

En Asturias, las cosas son distintas, como casi siempre. El liderazgo de Mercedes Fernández en el PP regional no es como el de Rajoy en el PP nacional. Mariano puede caer bien o mal, pero lo cierto es que lleva ganadas tres elecciones generales en cuatro años y medio. A Mercedes Fernández le pasa lo mismo que le sucedió a Ovidio Sánchez, cuenta las participaciones en elecciones autonómicas o municipales por derrotas. De ahí el distinto modelo de liderazgo. Hecha esta precisión, la situación orgánica del PP asturiano es tan lánguida como siempre. Lidera la oposición parlamentaria, pero a escala local está peor que nunca. La debilidad municipal se traslada al partido. Antes, frente a variadas penalidades presentaba la Alcaldía de Oviedo, como gran trofeo. Ahora no tiene nada que enseñar. En Gijón forma una minoría reducida, con tres concejales, y en Avilés la destitución de Carmen Rodríguez Maniega, por parte de Cherines, muestra hasta qué punto hay desorden interno.

Cherines ya ha demostrado que sabe ganar congresos. Que se lo pregunten a Fernández Pardo y a Pecharromán. Ahora bien, si el sindicato de agraviados se une en torno a un dirigente, nadie sabe lo que podrá pasar.

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LOS MISMOS PRESUPUESTOS
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Juan Neira | 20-11-2016 | 21:52| 0

Las instituciones autonómicas, en Asturias, carecieron de protagonismo hasta que la derecha alcanzó el Gobierno. La problemática autonómica se inició con Sergio Marqués en el poder. Antes, la Junta General del Principado, y el gobierno emanado de ella, no pasaban de ser la adaptación obligada de la Diputación Provincial al formato autonómico. Sin competencias, sus decisiones resultaban intranscendentes. A todo ello contribuía una oposición sin fuste que se abrazaba con el Gobierno.
Con Marqués fue distinto, ya que tuvo que defender la dignidad de las instituciones autonómicas de un ataque por tierra, mar y aire dirigido desde el aparato de su propio partido. En el resto de España se preguntaron por lo que ocurría en la política asturiana cuando vieron al presidente del Principado refugiado en el Grupo Mixto. La defensa del autogobierno de las injerencias de Madrid, realizado por Sergio Marqués, significó la puesta de largo de la autonomía asturiana.
Álvarez Areces también vivió una situación anómala cuando el grupo parlamentario socialista, apoyado por PP e IU, legisló en contra del Gobierno socialista aprobando una ley de Cajas que devolvía a Manuel Menéndez a la presidencia de la entidad. La FSA, con Villa como hombre fuerte, quiso aprovechar el galope del asturcón para derribar al Gobierno socialista. Casi lo logran.
Una tercera anomalía -aunque mucho más leve que las dos anteriores- ocurrió cuando el PSOE y el PP unieron sus escaños para rechazar el presupuesto de 2012, elaborado por Foro. De ese rechazo salió el adelanto electoral y la vuelta de los socialistas al poder, que era lo que pretendían PSOE y PP cuando votaron contra las cuentas de Cascos.
SIESTA
Como se puede ver, el protagonismo de la Junta General del Principado nunca estuvo en el normal desarrollo de su actividad; durante todos estos años fue una institución mortecina. Con casi tantos periodos vacacionales como de trabajo, desganada para legislar, burocrática en el control del Ejecutivo, la Cámara asturiana no perdió su estilo lánguido ni con la constitución de las comisiones de investigación, una moda del pasado mandato. Son tan previsibles que se pueden redactar las conclusiones sin escuchar el testimonio de los comparecientes.
La siesta parlamentaria sufre todos los años una interrupción cuando se abordan los presupuestos. Cada vez me llama más la atención lo que sucede en los dos últimos meses del año. El proyecto de presupuestos, celosamente guardado por la consejera de Hacienda –o consejero-, se da a conocer con gran optimismo, como si fuese la solución a nuestros problemas de desempleo, salario social, educación, sanidad, guardería, ganadería o industria. La oposición se parte en dos: unos descalifican la propuesta gubernamental y los otros consideran que falta esto o aquello.
Pues bien, año tras año, el gobierno de turno presenta las mismas partidas, con el gasto social acaparando dos tercios del presupuesto, los planes de empleo fotocopiados, y la inversión cuadrando las cuentas, una vez hecha la reserva para el imperativo categórico de la deuda.
Bien es cierto que hace diez años, cuando la recaudación fiscal era más elevada, y la deuda más baja, había más dinero para gastar, pero las prioridades eran las mismas, y la relación entre las partidas guardaba la misma proporción que ahora. En Asturias, hecho un presupuesto se hacen ciento.
Quiero decir que gobierno y oposición representan todos los otoños una comedia cuyo guion se escribió hace muchos años.
En el año 2010, al inicio de la crisis económica, el presupuesto del Principado alcanzó el momento de mayor expansión, con 4.428 millones de euros (el presupuesto consolidado llegaba a los 4.600). Pues bien, entonces, el gasto social sólo se diferenciaba en 10 millones de euros con el proyecto de presupuestos para 2017. Pese al crecimiento del salario social, la cifra total es muy similar. En Sanidad, pese al gasto que supone la financiación del Huca, la distancia entre lo presupuestado en 2010 y 2017 no alcanza los 50 millones.
CUENTAS FIJAS
Hay una identidad general entre presupuestos lejanos, aprobados en coyunturas distintas. Tiene uno la sensación de que los consejeros de Hacienda, en Asturias, toman como borrador el cuadro del año anterior y sobre él hacen pequeñas modificaciones.
Me atrevo aconsejar al Principado que presente el proyecto para el próximo año diciendo que en gasto social nos portamos como siempre. Sólo reducimos en Educación porque cada año hay menos niños, menos maestros y cerramos aulas y centros.
Al final de la exposición deben aclarar que la inversión cayó en picado con respecto a la presupuestada hace unos pocos años. Esa sí que es una variación, que se corresponde con la subida de la deuda. Lo que perdemos en inversión lo ganamos en deuda, así queda claro que no hipotecamos el futuro para asumir riesgos, sino que lo hacemos para pagar sueldos del Administración pública, para la que trabajamos todos, unos en horario de mañana, y el resto en régimen de jornada partida para poder pagar los garbanzos, los zapatos y los impuestos.

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PARADOJAS EN LAS CUENTAS
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Juan Neira | 19-11-2016 | 20:07| 0

La ductilidad de las palabras, la maleabilidad de los discursos, choca con la rigidez de las cifras. Los presupuestos de las administraciones entran en contradicción con la perorata de los políticos. Ya saben que la primera prioridad en Asturias es la creación de empleo y, sin embargo, en el proyecto de cuentas regionales para 2017 la partida de las infraestructuras sólo crece en 7,9 millones de euros. Al ponerse gafas para leer la letra pequeña se percibe que ese escueto aumento queda reducido a la mínima expresión, porque para financiar obras sólo hay un incremento de setecientos mil euros, dado que el resto (7,2 millones) va destinado a financiar los pasivos de la Zalia y de Sogepsa. Estas dos sociedades públicas tenían el pasado año que hacer frente a una deuda de 31,6 millones y para 2017 los compromisos han crecido hasta los 38,9 millones. El peso creciente de esas deudas da un falso carácter inversor al proyecto de presupuestos para 2017. En realidad, la novedosa aportación a las infraestructuras asturianas se queda en unos cientos de miles de euros. No entiendo cómo andan negociando los grupos de izquierda no sé qué novedades fiscales, mientras las infraestructuras están paralizadas. Si se quiere aplicar una terapia contra el desempleo hay que recurrir a la construcción de infraestructuras. En Asturias, cientos de empresas y miles de trabajadores necesitan inversión pública para volver a la actividad. Los diputados de la Junta General el Principado no han reparado en esa palmaria realidad.

Otra cuestión que llama la atención es la partida que se dedica a la lucha contra la contaminación medioambiental. Para el próximo ejercicio hay destinados 129.000 euros menos que en 2016. Con todo lo que se ha hablado de contaminación en el centro de la región, con los percances vividos en las principales poblaciones (Gijón y Avilés), en los últimos años, tras sufrir vertidos industriales a las aguas o emisión de gases a la atmósfera, resulta que se recortan recursos presupuestarios. El aire que respiramos en el área central asturiana tiene una contaminación causante de situaciones penosas, como que encabecemos las estadísticas de algunas enfermedades, como, por ejemplo, el cáncer de pulmón, y así todo se reduce la partida destinada a hacer frente a esa problemática. Es urgente la imposición de una tasa a las bebidas carbonatadas, pero la contaminación industrial es un asunto menor.

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CUENTAS REPETIDAS
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Juan Neira | 18-11-2016 | 20:20| 0

El proyecto de presupuestos mantiene la tradicional distribución de recursos con un leve crecimiento en todas las partidas. La Sanidad, como todos los años, es la que se lleva más recursos, casi 30 millones de euros más que el pasado año. El crecimiento del gasto en la salud es una variable imparable desde que se transfirieron las competencias sanitarias al Principado. El aumento en la Educación es muy inferior (nueve millones), no sólo en términos absolutos, sino en relativos. En cuanto al salario social el incremento es superior al 10%; cuando andaba por los 45 millones, la clase política hacía aspavientos sobre la insostenibilidad de la prestación; ahora, con el Gobierno apoyado por sólo 14 diputados, nadie rechista, se ponen diez millones más sobre la mesa y a callar. En las cuentas sigue siendo la ‘Consejería de la Deuda’ la tercera en absorber recursos, 445 millones. Es paradójico: presumimos de tener unos fuertes servicios sociales, y resulta que dedicamos más dinero a amortizar créditos y pagar los correspondientes intereses que a la Dependencia, el salario social, la teleasistencia, los geriátricos, los centros de día, y todo el largo listado de ayudas de nuestro cacareado Estado del Bienestar.

El proyecto es netamente continuista, producto de una acción de gobierno que no desea introducir cambios en la estructura de la Administración, que es la causante de un gran gasto corriente, ni en los programas que desarrolla. La inversión es la gran olvidada de las cuentas, un hecho que contrasta con la necesidad que tiene el mercado de trabajo de un mayor impulso público. Desde el punto de vista subjetivo, que es el correspondiente a los partidos parlamentarios, siempre con sus estrategias partidarias a cuestas, la valoración del proyecto debe coincidir con la realizada el pasado año. El proyecto confeccionado por Dolores Carcedo tiene las mismas carencias e idénticas fortalezas al de 2015. IU debería tener dificultades para no apoyarlo, mientras que el resto de partidos les resultaría natural votar en contra. Eso fue lo que decidieron hace once meses ante unos presupuestos que apenas diferían de los presentes.

PSOE e IU siguen negociando. Gaspar Llamazares y sus compañeros piden un plan de rescate social, una propuesta que puso de moda Podemos en su programa electoral municipal. También exigen más impuestos medioambientales. El PSOE puede aceptar todas esas demandas. Podemos decidirá.

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CIFRAS CONTINUISTAS
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Juan Neira | 17-11-2016 | 21:02| 0

Las negociaciones presupuestarias entre el Gobierno socialista y los grupos de izquierda –Podemos e IU- se basan en unos supuestos imaginativos a falta de contar con datos reales del Ministerio de Hacienda. Como en España atravesamos una larga fase de provisionalidad, el Gobierno central no pudo elaborar las cuentas de 2017, y sin esa base los presupuestos de las regiones son una suma de deseos e intuiciones. Objetivamente es un hecho grave, pero es tal el desenfado con que los distintos gobiernos de España y de las comunidades autónomas confeccionan las cuentas desde el inicio de la crisis económica (allá por el año 2009, el Estado hizo sus cálculos sobre un precio de petróleo rebajado en el 50%) que todo el mundo sabe que no pasan de ser un simulacro. Se supone que el presupuesto crecerá en 80 millones tomando como base el proyecto de cuentas que presentó –y retiró- el Gobierno socialista en las pasadas Navidades. Ese incremento está ya absorbido por múltiples compromisos, como el aumento del salario social, el dinero que habrá que gastar para arreglar el desaguisado causado con la gestión de los geriátricos públicos, la elevación del sueldo de los funcionarios y la famosa paga extra de 2012 que les van a devolver para no enfadar a los sindicatos. Estoy convencido de que el gasto superará esa cifra, y aumentará la deuda, una variable que no preocupa a los socialistas porque en otras regiones están más endeudados que nosotros. La inversión rondará los 300 millones de euros (puro continuismo) y el gasto social, como todos los años, se mantendrá en torno al 70% del total presupuestado.

Las diferencias entre las cuentas socialistas, de un año para otro, son meras anécdotas. Se mantienen los tributos y las estructura de la Administración, así que los ingresos se dedican a financiar gasto corriente. La inversión pública lleva más de cinco años bajo mínimos, provocando un efecto curioso: los políticos perdieron la poca imaginación que tenían para idear proyectos. Sin inversión, las partidas del presupuesto representan, simplemente, cómo el dinero cambia de manos sin crear riqueza ni empleo. La estrella de los debates es el salario social, hasta el punto de que empresarios y sindicatos negociaron la concertación social sobre el gasto asistencial. IU tiene las mismas razones para aprobar el presupuesto que el pasado año, pero no la hará si Podemos rechaza las cuentas. Otra abstención táctica.

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CARTAS MARCADAS
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Juan Neira | 16-11-2016 | 20:57| 0

Javier Fernández y Dolores Carcedo se reúnen con Ramón Argüelles y Gaspar Llamazares para negociar los presupuestos del próximo año. La cita tiene lugar cuando apenas han pasado unos días del debate sobre el estado de la región, donde se puso de manifiesto la brecha abierta entre la izquierda radical y el PSOE. Pese a ello, los representantes de IU dicen que van al encuentro con espíritu positivo y afán constructivo, imagino que los socialistas no les irán a la zaga en buen rollo. Normalmente, las valoraciones políticas priman sobre los números, en la decisión de los grupos parlamentarios. Se bendicen proyectos presupuestos deficientes, o insuficientes, si van de acuerdo con la dinámica política de las fuerzas que los apoyan. Y, viceversa, se rechazan las cuentas que apadrinan gobiernos con los que se tiene una razón hostil, aunque contengan inversiones importantes y abundante gasto social. Quiero decir que el examen objetivo de los proyectos no existe, todo depende del sesgo ideológico o político. El mejor ejemplo es el rechazo, a priori, que hacen los socialistas del presupuesto del Gobierno de Rajoy para 2017. Todavía no conoce las partidas ni el ministro de Hacienda y Antonio Hernando, desde los escaños de la oposición, ya sabe que van a votar negativamente. Una cosa es mojarse en la investidura de Rajoy y otra, muy distinta, es ahogarse con los presupuestos de su Gobierno.

En clave asturiana, el presupuesto de Javier Fernández sólo saldrá adelante con el apoyo del PP, que está moralmente obligado a hacerlo, tras la abstención de los socialistas para dejar gobernar a Rajoy. La izquierda se encuentra desairada por el sector del PSOE que encabeza Javier Fernández, así que la lógica de la política indica que buscarán razones concretas para vestir una decisión tomada con anterioridad. Ahora bien, la relación en el Principado, entre PSOE e IU, ha sido muy estrecha durante bastantes años, así que no cabe descartar una sorpresa, aunque la probabilidad es remota.

Dejemos la politiquería y miremos las propuestas de unos y otros. En lo concreto hay sintonía, porque los tributos medioambientales de IU los puede integrar el proyecto socialista. En cuanto a la política de gasto, digamos que ha dejado de ser un escollo con la crisis económica. Ahora todo se reduce a poner veinte millones más en el salario social, algo que está en la mano de cualquier gobierno. Serán capaces de inventar razones para discrepar.

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ACUERDO PARA PERDER TIEMPO
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Juan Neira | 15-11-2016 | 22:47| 0

El resultado de la reunión entre Javier Fernández y Miquel Iceta fue la creación de una comisión paritaria, entre miembros del PSOE y del PSC, para reformar el protocolo que rige las relaciones entre los dos partidos. Se dan dos meses de tiempo para formalizar una propuesta que debería ser refrendada por las dos organizaciones. A esto se le llama enfriar el problema. En efecto, los desplantes de los socialistas catalanes, ignorando la resolución del Comité Federal que exigía abstenerse en la segunda votación de la investidura de Rajoy, definiendo a Cataluña como nación, en contra del modelo territorial que habían acordado en la reunión de Granada -en el año 2013- y tendiendo la mano a acuerdos con las fuerzas catalanistas que apoyan el referéndum de autodeterminación, son ofensivos para al PSOE.

Ese proceder constituye un problema político de primer orden que exige una respuesta a la altura del desafío planteado. Sin embargo, del encuentro entre el presidente de la comisión gestora y el jefe del socialismo catalán salió una propuesta organizativa, formar una comisión, que aplaza cualquier decisión para el mes de febrero, como poco. Hay una ley no escrita que se cumple siempre en la actividad pública y partidaria: los problemas políticos no se resuelven con respuestas organizativas. Cuando se quiere perder el tiempo, diluir la tensión, archivar los asuntos, lo mejor es crear una comisión. Se le atribuye a Napoleón la frase, “si quieres que algo no funcione crea una comisión”. ¿Qué va a hacer la comisión bipartita acordada por Fernández e Iceta? Los catalanes querrán que todo siga como hasta ahora: plena libertad para fijar la estrategia política, oídos sordos al Comité Federal y a esperar que vuelva Pedro Sánchez, o cualquier epígono, para que ponga de rodillas al socialismo español ante la estelada. ¿Qué le interesa al PSOE? Limitar la acción del PSC para poder mantenerse en el bloque constitucionalista, y acabar con la anomalía que supone un protocolo bilateral que permite a un partido estar representado en los órganos de dirección de otro y participar en sus congresos, sin que haya atisbo de reciprocidad.

A la comisión gestora le interesa ganar tiempo, no perderlo, y con esta comisión se perderán tres meses, dos para discutir y uno para decidir. PSOE y PSC deberían responder a lo que son, dos partidos con colaboración electoral y parlamentaria. Cualquier otra fórmula es un disparate.

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DOS PARTIDOS AUTÓNOMOS
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Juan Neira | 14-11-2016 | 22:21| 0

Javier Fernández recibe a Miquel Iceta, en Ferraz, para hablar sobre las relaciones entre el PSOE y el PSC. Se trata de cualquier cosa menos una reunión de rutina. La cita tiene antecedentes muy polémicos: el voto negativo de los seis diputados del PSC a Rajoy, cuando el Comité Federal había ordenado abstenerse en la segunda votación, y la resolución del congreso del PSC definiendo a Cataluña como nación. No hace falta decir que el PSC tomó estas decisiones en plena crisis socialista, con la dimisión de Pedro Sánchez.

Las relaciones entre PSOE y PSC son complejas, pero nunca hasta ahora el socialismo catalán se había atrevido a desentenderse de las pautas marcadas por el Comité Federal del PSOE, órgano de dirección en el que tienen voz y voto los principales dirigentes catalanes. Iceta ha roto el statu quo para situar al PSC en una posición de ventaja: toman las decisiones que consideran oportunas, sin ningún condicionamiento, mientras que ellos intervienen y votan en la dirección del PSOE. Lo más lógico es que la comisión gestora proponga al Comité Federal cambiar el protocolo donde se estipula la relación que une a ambos grupos. Consistiría en retirar las cláusulas que el PSC, por la vía de los hechos, ha dejado en papel mojado. Como el PSC tiene ya total autonomía con respecto al PSOE, en reciprocidad, el PSOE debe dejar de estar condicionado por el socialismo catalán, y esto se logra con la baja en el Comité Federal de Iceta y sus compañeros. PSOE y PSC pueden ser, a partir de ahora, dos partidos que comparten grupo parlamentario, lo que genera algunos compromisos, y en el caso de que los socialistas catalanes tampoco les valga esa fórmula, ahí están, unas filas más arriba, los escaños del Grupo Mixto para tomar asiento. No es ninguna tragedia, hay tándem que funcionaron muchos años, Convergència i Unió, por ejemplo, y otros tienen plena vigencia, como CDU-CSU, en Alemania, donde los democristianos de Angela Merkel están aliados con los socialcristianos de Baviera; cada partido tiene sus matices pero unen fuerzas en el Parlamento.

Lo que no tiene ningún sentido es que Iceta pueda hacer alianzas dentro del PSOE, en función de los intereses de Cataluña, y el PSOE esté atado de pies y manos para intervenir en el PSC. Javier Fernández debe hacer una propuesta seria al Comité Federal donde quede recogida la autonomía de los dos partidos; y a votar. Cualquier otra salida sería vista como prueba de debilidad.

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