El Comercio
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DE LA CENSURA A LA TRAMPA
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Juan Neira | 10-06-2018 | 18:43| 0

De cuatro décadas de democracia, dos mociones de censura quedarán en la memoria colectiva: el fallido intento de Felipe González de desplazar a Adolfo Suárez y el éxito de Pedro Sánchez derribando a Rajoy. Los dos se guiaron por los mismos cánones.

A saber: el motivo de la censura se explicita y está en consonancia con la gravedad del cambio que se quiere propiciar (en 1980 el motivo de la censura era la división en UCD, la escalada terrorista y el ruido de sables; en 2018 fue la corrupción del ‘caso Gürtel’); la censura se plantea cuando falta mucho tiempo para las siguientes elecciones (en 1980 solo se llevaba un año de legislatura, y la censura de Rajoy se produce antes de llegar al ecuador del mandato); la censura la promueve el partido que lidera la oposición (PSOE); por último, la moción se anuncia con el nombre del próximo presidente, el protagonista de la censura es desde el primer momento el líder del partido mayoritario.

En el Ayuntamiento de Gijón se trata ahora de hacer un simulacro de moción de censura, degradando a la institución municipal y hurtando la decisión al personal que será convocado a las urnas dentro de once meses. Se parte de unas premisas que están en las antípodas de las manejadas por Felipe González y Pedro Sánchez para llevar adelante sus objetivos. Veamos.

Martín

La iniciativa nace del portavoz de IU, Aurelio Martín, que lidera un grupo de dos concejales: él y Castaño. El motivo de la censura es la brecha abierta por Pedro Sánchez con su iniciativa parlamentaria que sirvió para poner fin al mandato del PP. El Ayuntamiento de Gijón sería una mera réplica del seísmo vivido en el Congreso de los Diputados, aunque en Gijón no haya corrupción ni gangrena.

Aurelio Martin llama a imitar la hazaña de Sánchez y advierte de que «sería un grave error (dejar) que nuestra ciudad siga agonizando».

A partir de ahora agonía significa reducir el paro en 10.000 trabajadores en los últimos cinco años, aumentar la afiliación a la Seguridad Social un 4%, entre 2011 y 2017, mientras en Asturias se reducía un 3%, o aumentar el gasto en servicios sociales un 80%.

La censura en Gijón se lleva a cabo para que el nuevo alcalde y su equipo gobiernen durante nueve meses. La única gestión que podrán llevar a cabo será preparar la campaña electoral. Lo que más necesita el pueblo de Gijón.

Por último, la figura del nuevo alcalde es un misterio. Nadie suelta prenda. La izquierda gijonesa toma prestada la figura del ‘tapado’ de la política mexicana.

En definitiva, la moción se anuncia cuando está a punto de convocarse los electores a las urnas, la presenta un grupo que juega un papel marginal en el Ayuntamiento, sin otro argumento que subirse la ola generada por Pedro Sánchez y con un ‘tapado’ como alcalde.

¿Qué hay detrás de todo esto? Pues algo que tiene mucho que ver con el poder y nada con Gijón.

La moción se gesta el fin de semana pasado, con Aurelio Martín de cumpleaños por Madrid, al día siguiente de que Alberto Garzón y Pablo Iglesias, junto a Equo, sellaran el acuerdo para concurrir en una única lista a las elecciones autonómicas y municipales de 2019.

Para Gaspar Llamazares es una pésima noticia ya que lidera al sector de IU que quiere concurrir por su cuenta a las elecciones. Para el próximo día 22 hay convocado un referéndum en Asturias donde los afiliados de IU votarán sobre ir solos o no a las urnas. Una decisión de transcendentales consecuencias para el futuro de la organización asturiana. Con estas piezas se monta la censura en Gijón. Comprobémoslo.

El plan

Gaspar Llamazares y Aurelio Martín forman tándem en la dirección regional de IU, desde los años ochenta del siglo pasado. Siempre lideraron al sector de IU más propicio a pactar con el PSOE. Su apuesta estratégica es la contraria de Podemos que trata de ser alternativa al PSOE, a cualquier precio. Llamazares y Martín buscan mejorar el PSOE, complementarlo, no sustituirlo.

A partir de ahí, Martín redacta la carta a José María Pérez, ‘Josechu’, que publica EL COMERCIO, el pasado martes 5 de junio.

Un plan astuto. Aurelio Martín propone una moción de censura a PSOE y Xixón Sí Puede (marca de Podemos). Al empezar el mandato, XSP rechazó la posibilidad de hacer alcalde a José María Pérez porque recelaba de su gestión en el consejo de administración de El Musel.

Si XSP vuelve a vetar a ‘Josechu’, Llamazares tendrá el discurso servido: cómo vamos a ir a unas elecciones con un partido que no está por la unidad de las izquierdas. Con ese argumento ganará el referéndum del día 22 y podrá concurrir con IU como candidatura autónoma.

Si XSP se pliega a los deseos de IU estará firmando una enmienda a la totalidad de lo que ha sido su apuesta estratégica a lo largo del mandato.

La gente con más cabeza en XSP es consciente de que Aurelio Martín les ha tendido una trampa, pero de los círculos de Podemos sale cualquier cosa. En ningún sitio está escrito que los activistas sociales hagan lecturas políticas correctas.

Si a once meses de las elecciones, la moción de censura triunfa y el tapado socialista se hace con la Alcaldía, XSP habrá hecho el peor negocio de su corta vida: en las urnas se dejará la mitad de las concejalías.

Toda esta retorcida estrategia política de censura-trampa se compadece mal con los intereses generales de Gijón y su Ayuntamiento.

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ENERGÍA LIMPIA A CUALQUIER COSTE
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Juan Neira | 09-06-2018 | 15:14| 0

Javier Fernández confía en que el Ejecutivo no lleve adelante una descarbonización ‘exprés’. La patronal lamenta la falta de ministros asturianos en el Gobierno diseñado por Sánchez.  El presidente suprime los controles del 155 para generar confianza con Cataluña.  Las declaraciones de la ministra Teresa Ribera han dado en la diana asturiana: «El carbón tiene poco futuro, hay que pensar en alternativas atractivas para las comarcas con monocultivo, como pueden ser las minas o las centrales térmicas». Tratándose de la titular de un ministerio que se llama Transición Ecológica no pueden extrañar esas manifestaciones, ya que la nombraron para abandonar los combustibles fósiles y sacar toda la energía del viento, el sol, los saltos de agua, las olas, la biomasa, etcétera. Imagino que cuánto más rápido haga la transición, mejor nota sacará la ministra en la evaluación del Ejecutivo. Cuando del ministerio de turno desaparece la palabra energía y se sustituye por ecología, queda claro que las consecuencias industriales quedan relegadas a la consideración de daños colaterales. Seamos limpios aunque pobres.

La ministra dijo que el carbón tiene poco futuro, pero se le olvidó añadir que tiene mucho presente. Nunca se consumió tanto carbón en el mundo como ahora. Cada año se bate el récord de toneladas. La discusión no está en el modelo energético que habrá dentro de cien años, ya que todos estamos de acuerdo en que se basará en fuentes renovables. El asunto está en los plazos ¿Debe ir España por delante del resto de países en la transición ecológica? Sospecho que ese es el deseo del presidente del Gobierno, por algo habilitó una cartera para ese cometido.

En la Unión Europea, el ensayo más ambicioso para cambiar el mix energético provino de la Alemania de Ángela Merkel, cuando horrorizada por el accidente de Fukushima planteó un programa de cierre de todas sus centrales nucleares. Siete años más tarde, las renovables tienen un gran papel en Alemania, pero el principal input energético en ese país es el carbón. ¿No habrá nadie en el PSOE que le cuente estas cosas a Pedro Sánchez?

La extracción de carbón en España tiene una dimensión residual. La Comisión Europea marcó unas reglas para la viabilidad de las explotaciones. Espero que las minas que cumplan los requisitos no sean cerradas por razones ecológicas. Lo de las térmicas de carbón es más complejo, porque tiene que ver con el suministro industrial y el precio de la electricidad. La ministra evitará entrar en esas consideraciones. ¿Qué hace si descubre que la electricidad es más cara sin las térmicas? Llegamos al fondo del asunto ¿Cuánto coste y pérdida de competitividad estamos dispuestos a asumir para ganar la carrera de la transición ecológica?

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LA FICCIÓN DEL TÁNDEM
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Juan Neira | 08-06-2018 | 18:54| 0

Un asunto menor, de carácter laboral –el sueldo que se le paga a una asesora–, ha provocado un choque entre Cristina Coto y Álvarez-Cascos en Foro. Como el poder del partido está concentrado en estos dos dirigentes, presidenta y secretario general de la organización, respectivamente, y dado que nunca antes había trascendido ningún roce entre ambos, estamos ante una situación inédita que con toda seguridad pondrá punto final al supuesto tándem. Cristina Coto explicó la desigual percepción económica que recibían dos asesoras, realizando igual jornada laboral, y la negativa de Cascos a reparar esa situación. A partir de ahí realizó declaraciones políticas sobre la falta de autonomía que tenía como presidenta y lo caro que se paga en Foro actuar con criterio propio. Por si alguien se había anticipado a hacer una lectura inteligente del incidente, se apresuró a decir que su salida a la escena pública no tenía nada que ver con la petición de las bases de la organización a Carmen Moriyón para que se ponga al frente del partido.

Desde que se puso en marcha el movimiento –por supuesto, espontáneo– de adhesiones a la alcaldesa de Gijón, la situación de Coto al frente del partido es insostenible. La petición de los afiliados es una moción de censura implícita a Cristina Coto: no les gusta que dirija el partido y piden a otra persona que se presenta a las primarias y se haga con el control de la organización. Es una situación tan violenta, queda tan desairada, que mantenerse en el puesto no le reporta beneficio alguno.

Para hablar de Foro, de su forma de funcionamiento, no tiene sentido mantener la ficción. El jefe omnímodo del partido es Cascos. Él tuvo la idea, desarrolló el proyecto y alcanzó en las elecciones de 2011 un éxito espectacular, sin precedentes. Foro sin Cascos es como Ciudadanos sin Rivera: una peña de amigos. En un momento determinado Cascos prefirió dejar la Presidencia del partido para no tener que ocupar la cabecera del cartel electoral y puso una presidenta nominal, Cristina Coto. Nadie mejor que ella sabe que nunca mandó en Foro, que fue una mera ayudante de Cascos, ejecutora de sus órdenes. Tuvo tres años para romper con esa situación, si no le resultaba satisfactoria. Lo que no tiene mucho sentido es que organice ahora una mini-crisis política ante el posible relevo por Carmen Moriyón. Por difícil que sea la situación –los cambios de personal son muy delicados en todas las empresas– deberían hacer lo posible por guardar las formas.

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UN NOTABLE ACIERTO
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Juan Neira | 07-06-2018 | 21:40| 1

Pedro Sánchez completó la alineación del Gobierno socialista. Para valorarlo hay que tener en cuenta las difíciles circunstancias en que tuvo que hacer la tarea el presidente: en un tiempo muy reducido y sin poder ofrecer a los nuevos ministros un contrato que vaya poco más allá de un año. Aun así la composición es muy estimable con la incorporación de personas como Pedro Duque, José Borrell, Grande-Marlaska o Nadia Calviño. Es un gobierno de un razonable tono político, e imaginativo, apartándose de los estándares clásicos de los ministrables. Atrás quedan los ministros de Rajoy, escogidos por haber aprobado sesudas oposiciones a los cuerpos de elite de la Administración pública sin tener en cuenta las habilidades para la vida. Así el ministro de Interior era un horondo magistrado, desbordante de optimismo, que aseguró que no habría urnas el 1O, y al ver cómo aparecieron más de mil paralelepípedos de cristal sobre las mesas de los colegios electorales no consideró oportuno dimitir.

La mayoría de los ministros de Sánchez responden a un perfil más ligado a lo que es la sociedad actual, que no tiene reflejo en una élite estamental de altos funcionarios, como los que rodeaban a Rajoy. La incorporación de personas ajenas al PSOE permite abrir un canal de comunicación entre el partido en el Gobierno y la sociedad, algo muy de estimar en un partido que gobierna en precario y que está fuertemente cuestionado por sectores de la opinión pública. Desde que Pedro Sánchez emergió como una figura en la vida pública española, desde estas líneas hemos tenido ocasión de criticarlo decenas de veces, pero hay que ser objetivos y reconocer que la composición del Gobierno es un acierto. Dentro de un tiempo tendremos ocasión de comentar su funcionamiento.

El Principado ha dado un toque de atención sobre algunos asuntos, como la variante de Pajares, las centrales térmicas y la financiación autonómica. Le preocupa el futuro de las térmicas, con Teresa Ribera de ministra de la Transición Ecológica, por la aversión que tiene a la utilización del carbón, defensora a ultranza como es de la lucha contra el cambio climático. Al Gobierno regional le inquieta que la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, natural de Sevilla y ex consejera de la Junta de Andalucía, barra para casa y plantee un modelo de financiación que beneficie a su tierra, en contra de los intereses de las envejecidas regiones del norte. Ese tipo de decisiones deben pasar por el presidente.

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UNA DECISIÓN FORZADA
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Juan Neira | 06-06-2018 | 21:16| 1

Mariano Rajoy ha anunciado su retirada ante el Comité Ejecutivo Nacional del PP. El expresidente del Gobierno ha dicho que el partido necesita un nuevo liderazgo para seguir avanzando, lo que le induce a creer que dejar la presidencia del PP es lo mejor que puede hacer pensando en él y en su partido. Un político que se presentó cinco veces ante el electorado para optar al cargo de presidente del Gobierno de su país, perdiendo en las dos primeras ocasiones y ganando en las tres últimas, tiene ya su ciclo político finalizado. Más aún si fue desalojado del poder a través de una moción de censura centrada en la corrupción de su partido que le afecta como presidente del mismo. Nadie es imprescindible en política y mucho menos cuando concita las iras de casi toda la clase política. El PP no podría recuperarse si estuviese liderado por Rajoy. Decir adiós es una decisión forzada, que no tuvo otro remedio que adoptar el político gallego.

Mercedes Fernández conduce en política con luces largas, por eso dijo en la víspera de la reunión del Comité Ejecutivo nacional del PP que «Rajoy no tiene que dimitir como presidente». Una vez que le tocó presenciar las palabras de despedida de Rajoy, cogió fuerzas y manifestó que Rajoy ha sido «el mejor presidente de la democracia». Una valoración que no deja de ser un feo para José María Aznar, ya que el PP sólo tuvo dos presidentes y, de los dos, Aznar es el peor, según Cherines. Supongo que para la lideresa asturiana los presidentes socialistas están a un nivel inferior, por razón de su militancia. Ese tipo de visión la tienen todos los dirigentes políticos del país, porque el sectarismo es norma generalizada. En cualquier caso, Mercedes Fernández siempre guardó una fidelidad acrisolada a los líderes de su partido, así que la organización asturiana, mientras esté dirigida por ella, no formará parte de ningún sector crítico. Es un consuelo saberlo, ahora hace falta que ganen en algunas elecciones para sumarse a la recuperación del PP.

En un congreso se elegirá al sucesor de Rajoy. Lo mejor es optar por alguien que no haya formado parte de su entorno más cercano, bien sea en el partido o en el Gobierno. Alguien que se sienta muy libre, sin condicionamientos personales o políticos. Mientras el PP pasa por horas bajas, el PSOE atraviesa el momento más dulce de la última década. A Pedro Sánchez se le han perdonado todos los pecados. Cuánto glamour en los rostros de los ministros. Pablo Iglesias empieza a impacientarse.

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RONDA DE PORTAVOCES
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Juan Neira | 05-06-2018 | 18:57| 0

Los portavoces parlamentarios han vertido sus opiniones sobre los primeros pasos dados en la política nacional tras el cambio de gobierno. Mercedes Fernández asegura que Mariano Rajoy no debe dimitir como presidente del PP, porque ganó el congreso del partido por una mayoría apabullante. Cherines siempre fue una forofa de los líderes del PP, tanto de Aznar como de Rajoy; su comentario es el propio de una persona entregada al jefe de la tribu sin reparar en las circunstancias políticas de la nueva coyuntura. Pasar a la oposición supone un punto y aparte que obliga a reflexionar y tomar decisiones en función de la posición que ocupa ahora en el escenario político. La moción de censura fue contra Rajoy y, quizás, podría extenderse la misma consideración a una parte de la vieja guardia, pero no afecta a dirigentes como Núñez Feijóo o Sáenz de Santamaría, que no tuvieron nada que ver con Gürtel. El tiempo de Rajoy ya ha pasado; todavía puede imponerse al resto de dirigentes, pero cuanto más tarde en pasar a un segundo plano, más difícil le será al PP retornar al poder. Cherines debería pensar que ante un próximo resultado electoral semejante a los dos últimos celebrados en 2015 y 2016, a Rajoy le resultaría materialmente imposible encontrar aliados para ser investido presidente, pero Núñez Feijóo o a Sáenz de Santamaría, sí podrían concitar apoyos. Como los estatutos del PP no contemplan la bicefalia, Rajoy debe abandonar voluntariamente la presidencia del partido.

Marcelino Marcos Líndez (PSOE) estima que es poco coherente que el PP enmiende los Presupuestos Generales del Estado en el Senado, ya que fueron ellos los que los confeccionaron. No menos incoherente es que el mismo PSOE que demonizó las cuentas, ahora las asuma sin cambiar una cifra. Emilio León (Podemos) se refirió a la misma cuestión con una comparación expresiva: «el Gobierno del PP amenazó con el gobierno Frankenstein y ahora se disfraza de la niña del exorcista».

De tanto rebuscar en la cinemateca, uno no termina de saber si León es un político cinéfilo o si confunde el Parlamento con un plató. Ahora bien, la palma se la llevó Gaspar Llamazares al decir que con las enmiendas en el Senado el PP muestra su verdadera cara de partido antisistema. Hombre, don Gaspar, en Cuba, Vietnam o Corea del Norte, el PP sería antisistema, pero no en España porque hasta IU es del sistema. Cristina Coto, la más realista, mostró preocupación por el daño que podrían causar a Asturias los cambios en las cuentas.

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AJUSTE DE CUENTAS
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Juan Neira | 04-06-2018 | 20:48| 2

El PP piensa introducir enmiendas en el Senado a los Presupuestos Generales del Estado. En el punto de mira están las inversiones en el País Vasco impuestas por el PNV para dar su apoyo a las cuentas en el Congreso de los Diputados. El Gobierno del PP aceptó asignar 540 millones a esa comunidad autónoma, con la ‘Y’ vasca, como proyecto estrella. Se trata de la línea de alta velocidad que comunica las tres capitales vascas y enlaza con Francia.

Lo mínimo que puede hacer el PP si quiere que sus militantes y votantes empiecen a recuperar la autoestima es deshacer el pacto presupuestario con los nacionalistas vascos. En la moción de censura el PNV cambió de bando y con sus votos derribó a Rajoy y encumbró a Pedro Sánchez; ahora le toca al PP deshacer el acuerdo firmado valiéndose de la mayoría absoluta que tiene en el Senado. Las inversiones vascas se volverían a discutir en el Congreso de los Diputados y a ver qué pasa. Si Rajoy no se atreve a hacer una operación así por temor a las críticas de los nacionalistas demostrará que no está capacitado para liderar la oposición al ‘sanchismo’ y sus confluencias. La patología que existe en la política española con respecto al nacionalismo hace que no se le puedan formular críticas en las instituciones. El ejemplo más sangrante lo acabamos de tener en el debate sobre la moción de censura, en que el traicionado presidente Rajoy no se atrevió a nombrar, ni una sola vez, al PNV ante los 350 diputados. Mucha palabrearía sobre el PSOE, Podemos, Ciudadanos y compañía, pero a los nacionalistas vascos no se los toca.

La millonaria inversión en el País Vasco es un agravio comparativo al tratarse de un territorio con soberanía fiscal. Las instituciones vascas se quedan con el 100% de la recaudación fiscal. Para darnos una idea de la naturaleza del agravio basta decir que de los dos grandes impuestos del sistema fiscal, IRPF e IVA, los asturianos, como los andaluces, riojanos o madrileños, recibimos el 50% de lo recaudado, el resto lo gestiona el Gobierno central. Las instituciones vascas se conforman con pagar un cupo por los servicios que les presta el Estado. Dejando a un lado que el cálculo del cupo es una estafa, como dicen todos los profesores de Hacienda, hay que añadir que la inversión en la alta velocidad no computa por el hecho de ser una inversión, no un servicio que se presta. Lo tienen todo, el 100% de los impuestos, prioridad en la inversión del Estado y derecho a poner y quitar presidentes de Gobierno. A ver si reacciona el PP.

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EL EXPERIMENTO DE SÁNCHEZ
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Juan Neira | 03-06-2018 | 18:12| 1

Anteayer se cumplieron veinte meses de la famosa reunión del Comité Federal del PSOE que acabó con el abandono de Pedro Sánchez de la Secretaría General del partido.

Los barones autonómicos se habían rebelado contra el líder porque pretendía hacer un congreso exprés para mantenerse al frente del partido y a partir de ahí formar una mayoría alternativa al centroderecha (PP y Ciudadanos), aliándose con Podemos y con los grupos parlamentarios nacionalistas.

Una apuesta estratégica que rompía con la tradición de pactos del PSOE en la democracia. La rebelión de los barones impidió que Pedro Sánchez llevara a cabo su experimento.

El actual presidente del Gobierno guardó la fórmula mágica para alcanzar el poder sin pasar por las urnas y la puso en funcionamiento en cuanto los jueces le brindaron una oportunidad. La pócima acabó con Rajoy y sus ministros, sin necesidad de que el Parlamento mostrara entusiasmo alguno por Pedro Sánchez.

El líder

De lo sucedido se pueden extraer algunas conclusiones. El tiempo le ha dado la razón a Pedro Sánchez; en el Congreso de los Diputados, el PSOE podía encabezar una mayoría alternativa al PP, pese a sacar cincuenta escaños menos en las urnas. Los hechos son tozudos. En otoño de 2016, la política española no se reducía a la disyuntiva de dejar gobernar a Rajoy o convocar las terceras elecciones en un año, ya que en la Cámara se podía formar una alternativa en torno al líder del PSOE.

En el debate de la moción de censura, más de una vez se refirió Pedro Sánchez a la ocasión perdida en octubre de 2016: «la actual legislatura nació herida por un gobierno que venía herido». Más tarde, añadió: «dijimos no a una prórroga (denomina prórroga a la segunda legislatura de Rajoy) que hace mucho tiempo debíamos haber cerrado en esta Cámara».

La alternativa triunfante pasa por una coalición heteróclita de fuerzas que solo tienen un punto en común: la animadversión al PP. Es una mayoría parlamentaria capacitada para funcionar como ariete, pero dotada de escasos recursos para construir.

Antes de tomar posesión del cargo Pedro Sánchez, cinco partidos que votaron a favor de la moción de censura registraron en el Senado enmiendas a la totalidad del proyecto de Presupuestos Generales del Estado.

Basta que el presidente haya optado por mantener el proyecto de cuentas, tal como había quedado aprobado en el Congreso de los Diputados por el Gobierno de Rajoy y sus socios, para que los aliados le enmienden la plana con vetos parlamentarios.

La mayoría heterodoxa (la que Rubalcaba denominó hace un año como «gobierno Frankenstein») solo se alimenta del antagonismo externo. La moción de censura funcionó porque en la mente de todos estaba sacar del palacio de La Moncloa a Rajoy.

Rivera

Una vez visto el debate parlamentario no me cabe la menor duda de que la nueva figura demoníaca que va a reemplazar a Rajoy en el imaginario colectivo de izquierdistas y nacionalistas es la de Albert Rivera.

Pablo Iglesias, que tiene el monopolio en el Parlamento de poner etiquetas, dijo de Rivera que tenía un discurso «joseantoniano», propio de un «fascista». En dos jornadas de debate, Pedro Sánchez solo tuvo palabras agrias para Rivera, culpándole del choque territorial y de tener un discurso incendiario que polariza la política.

El actual presidente del Gobierno le acusó de «vivir bien a costa de la confrontación institucional». Como remate le anticipó que «enfrente va a tener al PSOE».

Ni una advertencia para Puigdemont, Quim Torra u Otegi; la verdadera amenaza para la convivencia de los españoles se llama Albert Rivera. Todo un cambio de coordenadas en el Parlamento español.

Del previsible juego de fuerzas en el seno de la nueva mayoría parlamentaria se pueden adivinar dos cosas: el argumento de la legislatura y la duración de la misma.

Agenda

De los siete partidos que mancomunaron esfuerzos para derribar a Rajoy, todos menos el PSOE están a favor del llamado derecho a decidir. Cuatro de ellos son independentistas –dos catalanes y dos vascos–, y necesitan aprovechar este corto mandato para encontrar una solución positiva para sus intereses, ya que disponen del escenario más favorable desde la Transición. El primer tema en la agenda política será la cuestión catalana.

Mientras los independentistas solo querrán «hablar de su libro», la autodeterminación catalana y el nuevo estatuto confederal del País Vasco, los dos principales partidos de la mayoría parlamentaria, PSOE y Podemos, dedicarán todos sus esfuerzos a llegar en las mejores condiciones posibles a la convocatoria electoral.

Pablo Iglesias va a decidir la duración de la legislatura. Si retira su apoyo cae el Gobierno. Mi apuesta es que va a combinar el palo y la zanahoria, y cuando el Gobierno esté suficientemente desgastado forzará la llamada a las urnas. Entre la lista de defectos de Iglesias no se encuentran la ingenuidad y el altruismo.

Recordemos finalmente que si llegamos a esta situación tan extraña es porque Pedro Sánchez quería hacer el original experimento de alcanzar el poder, por métodos democráticos, sin ganar las elecciones.

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EL SÚBITO CAMBIO
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Juan Neira | 02-06-2018 | 12:29| 3

Hay que perderse en la noche de los tiempos para encontrar un profundo cambio político en España en un espacio tan corto de tiempo. Mariano Rajoy pasó de gozar de larga vida política a hacer las maletas para marcharse del palacio sin que mediara un mínimo intervalo de adaptación. A lo largo de las últimas décadas hubo algunas noticias sorprendentes y transcendentes, como la dimisión de Adolfo Suárez, el 29 de enero de 1981, pero el vacío dejado por el artífice de la transición no fue ocupado hasta casi un mes más tarde por Leopoldo Calvo Sotelo. La salida de Rajoy fue de sopetón, por eso tuvo que aligerar la agenda parlamentaria del jueves, para irse a comer, merendar y cenar con unos amigos, como entrenamiento para su reintegro en la sociedad civil. En los vídeos, a la salida del céntrico restaurante, se le observa ligeramente desorientado, con los escoltas señalándole el camino hasta el coche oficial. Un cambio tan rápido y radical deja perplejo a cualquiera. A la cabeza me vino la tópica imagen de Manolo Escobar cantando ‘mi carro me lo robaron’.

Para añadir extrañeza a la situación creada, la causa del seísmo político provino de una sentencia judicial que no nombra al líder del PP. Sin embargo, ni en la esfera política ni en la sociedad hubo el más mínimo intento por defender a Rajoy. Seis años y medio al frente de España para que al final sólo sea apoyado por 137 diputados de su grupo parlamentario y afines. Si nos atenemos a las reacciones suscitadas causa más impacto en la sociedad y en las instituciones del Estado la sentencia de la Gürtel que la incorporación de Bildu o de los conmilitones de Puigdemont a la nueva mayoría parlamentaria de Gobierno.

Lo que ha sucedido sólo es posible por la concurrencia de dos circunstancias de distinta naturaleza. Desde la aparición de los papeles de Bárcenas la credibilidad ética de una parte de la cúpula del PP está bajo mínimos. Deben tener en cuenta esta premisa para los próximos cambios en el partido y en la representación institucional. La otra razón viene de lejos y aún es más desasosegante: el PP es un partido sin aliados que cuenta con el exclusivo capital de militantes y votantes. No tiene una red de complicidades y simpatías como le ocurre a las formaciones y a los dirigentes de izquierda. Desde que Adolfo Suárez y Fraga Iribarne desaparecieron de la escena pública, los líderes de la derecha pueden tener muchos votos, pero no despiertan afecto. Los votos duran una o dos legislaturas, el querer es otra cosa.

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LA MAYORÍA DE SÁNCHEZ
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Juan Neira | 01-06-2018 | 21:00| 0

En una semana, Rajoy pasó de asegurarse la estabilidad parlamentaria para el resto de legislatura, con la aprobación de los presupuestos, a ser desalojado de la Presidencia por una moción de censura que nadie fue capaz de predecir. Una lectura interesada de la sentencia del ‘caso Gürtel’ fue hábilmente aprovechada por Pedro Sánchez para armar la mayoría parlamentaria de la censura.

Hace veinte meses, en pleno bloqueo institucional tras dos elecciones generales, Pedro Sánchez negociaba discretamente una mayoría de investidura con grupos de izquierdas y nacionalistas. Los barones socialistas comprendieron que la ambición de Sánchez podía dañar al partido e impugnaron su liderazgo haciéndolo dimitir en una convulsa reunión del Comité Federal. Ahora, Sánchez desbanca a Rajoy del poder apoyado por los mismos partidos con los que negociaba hace más de año y medio. En esta ocasión no hubo un sector crítico en el PSOE dispuesto a confrontar con Sánchez y eso que los independentistas catalanes han abierto un gravísimo conflicto con el Estado democrático. ERC, PDeCAT, Bildu y PNV abren las puertas de La Moncloa a Pedro Sánchez, ayudados por Podemos.

La moción de censura ha marcado el techo de influencia del PNV. En siete días dio luz verde a las cuentas del Estado y ha derribado del poder al artífice de esas cuentas. La parte más humillante del debate parlamentario estuvo en la incapacidad de Rajoy para nombrar al PNV. Habrá a quien le haya resultado más rasposa la humildad de Pedro Sánchez con Joan Tardá (ERC), pero la entrega de Sánchez al nacionalismo es algo totalmente previsible desde que adoptó la vía Iceta. La piedra de toque va a estar en lo que haga con la Fiscalía General del Estado. Ahí puede estar el punto de inflexión en la relación con los independentistas.

Rajoy y Rivera vapulearon dialécticamente a Sánchez, pero el candidato a presidente no retrocedió en su optimismo. La primera intervención de Pablo Iglesias –dura, gritona, amenazante, brillante– sirvió para anticipar el futuro, al atacar a Pedro Sánchez por dejarse humillar por Rajoy y no presentar un programa de gobierno. El líder de Podemos llegó a decirle, «usted tiene que parecer presidenciable», y le recordó que «con 84 diputados no se puede gobernar». Iglesias escogerá la fecha de finalización de la legislatura. Entramos en zona de turbulencias.

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