El Comercio
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CONTRADICCIONES DEL PRESIDENTE
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Juan Neira | 07-09-2016 | 20:16| 1

Podemos e IU critican la postura de Javier Fernández al solicitar la unidad de las izquierdas en Asturias, a la vez que se muestra favorable a la continuidad de Rajoy en el Gobierno. Contradicciones las tenemos todos, políticos y no políticos. Probablemente se podría definir al hombre como animal contradictorio, algo que no ocurre con el resto de la fauna. En efecto, demandar la alianza de PSOE, Podemos e IU en nuestra región debería ir acompañado con un rotundo “no” a un gobierno nacional del PP. Una visión superficial de la política española y asturiana así lo indican. Sin embargo, si se analiza con algún detalle la situación se verá que estamos hablando de dos escenarios cualitativamente diferentes. En Asturias, la suma de los tres partidos supone contar con una mayoría absoluta de izquierdas muy holgada en la Junta General del Principado, mientras que en el Congreso de los Diputados los escaños de los tres grupos (156) quedan muy lejos de la mayoría absoluta (176). Es más, la alianza del centroderecha, PP y Ciudadanos, supera en trece diputados al tripartito de izquierdas. La única forma de presentar una alternativa al centroderecha es con el recurso de los grupos nacionalistas (ERC, PDC, PNV), lo que desvirtúa el sentido ideológico de la alianza y lleva aparejado la apertura de un grave problema político, al tener que negociar contrapartidas con grupos que exigen la autodeterminación para Cataluña. Cualquiera puede comprobar que a la izquierda no le salen los números para formar gobierno en España, a no ser que pacte con los que quieren convertir la nación española en dos Estados distintos e independientes. La otra vía sería ganarse el apoyo de Ciudadanos, aunque en ese caso no cabe hablar de una alianza de izquierdas, sino de centroizquierda, algo que no satisface a los portavoces de Podemos e IU.

Gaspar Llamazares considera que la política española no se degrada con una tercera convocatoria electoral (tres en un año), sino permitiendo la formación de un gobierno del PP. En política caben todas las opiniones, pero sólo hay que darse una vuelta por la calle para ver que a la inmensa mayoría de la población no le preocupa que siga Rajoy, aunque a la mitad de la gente no le guste nada, sino que se prolongue la situación de interinidad con elecciones en diciembre. Estoy convencido de que las combinaciones de escaños para hacer presidente a Pedro Sánchez causan más temor o desagrado que entusiasmo.

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LAS OPINIONES DE JAVIER FERNÁNDEZ
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Juan Neira | 06-09-2016 | 16:32| 1

En la inauguración de la Escuela de Verano de UGT, Javier Fernández aludió al bloqueo político que sufren las instituciones españolas con 300 días de Gobierno en funciones. El presidente del Principado considera que las maniobras dilatorias en el Congreso de los Diputados para elegir presidente son un juego peligroso que puede avocarnos a la tercera convocatoria electoral. El secretario general de la FSA considera descartada cualquier alianza del PSOE con las formaciones independentistas catalanas, como Esquerra Republicana de Cataluña (9 diputados) y Partido Demócrata Catalán (8 escaños). Javier Fernández criticó la moda política de proponer consultas populares para decidir sobre asuntos que les competen a los representantes del pueblo. Estima que no pasan de ser un subterfugio para ratificar posturas ya decididas por los órganos de gobierno.

Sobre el atasco institucional, las opiniones del presidente asturiano concuerdan con las que tiene la mayor parte de la población. Sólo los núcleos más ideologizados de la ciudadanía prefieren mantener el pulso partidario por el poder que llegar a una fórmula de entendimiento para recuperar la normalidad institucional. Para la mayor parte de la gente (¡sí, Pablo, la gente!) la prioridad es evitar la disolución de Las Cortes con las consiguientes elecciones a final de año. Hay un plazo de 55 días para llegar a un acuerdo y no puede frustrarse esta oportunidad. Tenía razón Rajoy cuando dijo el otro día en el Parlamento que la repetición electoral la pagaríamos muy caro los españoles. El verdadero obstáculo para retomar la normalidad estriba en que Pedro Sánchez tendría que pagar un alto precio por llegar a un acuerdo con el PP, ya que perdería la Secretaría General del PSOE. Las conveniencias del líder están por encima de los intereses de su partido y de los de España. Los que consideran que el PSOE sale ganando con unas terceras elecciones nos están diciendo algo tan extravagante como que los socialistas salen beneficiados con una subida de escaños del PP. No es una conjetura, es una realidad, ya hemos visto el pasado 26 de junio el efecto que tiene la repetición electoral.

Espero que Javier Fernández, a lo largo de este mes de septiembre, en el momento que considere más adecuado, hable alto y claro sobre la estrategia de Pedro Sánchez. A los 68 años, y con cuatro años al frente del Principado, está en condiciones de hablar con absoluta libertad.

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SORIA, EL ÚLTIMO ERROR
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Juan Neira | 05-09-2016 | 16:55| 1

El nombramiento de José Manuel Soria como director ejecutivo del Banco Mundial, a propuesta del Gobierno de España, es una torpeza de Mariano Rajoy sin paliativos. Cuando la política española está en unas semanas críticas, en las que se juega la investidura de un presidente (puesto al que opta Rajoy) o la nueva convocatoria de elecciones generales, conceder esa canonjía (226.000 euros netos al año) a un político que tuvo que renunciar a todos los cargos por tener una empresa familiar en un paraíso fiscal es un gesto retador que solivianta a toda la clase política y provoca el rechazo de la opinión pública.

No sé si Rajoy se habrá enterado, pero la lucha contra la corrupción es una asignatura pendiente del PP y de su Gobierno, así que el mensaje que se lanza poniendo en un puesto relevante a un amigo personal del presidente, que tuvo el cuajo de mentir a todos los españoles sobre las responsabilidades que había desempeñado en la empresa familiar, es desmoralizador. El aislamiento del PP y de Rajoy en el Parlamento tiene como causa fundamental los escándalos de corrupción que estallaron en el mandato, empezando por los papeles de Bárcenas. Objetivamente le interesaba a Rajoy actuar con toda pulcritud, algo que choca con la promoción de su amigo. Decir que el cargo tiene un perfil funcionarial, ajeno completamente a la política, es sencillamente ridículo. No hay nadie, salvo Rajoy y Luis de Guindos (el ministro que gestionó este asunto), que considere que ser director general del Banco Mundial es una cosa de escalafón, sin que medie la confianza política depositada por el Gobierno en la persona elegida. De no ser así, no se entendería el modo de proceder en el nombramiento: hicieron pública la decisión a las nueve de la noche del pasado viernes, una vez concluida la segunda votación del debate de investidura. Sabían perfectamente que el nombramiento iba a irritar a toda la clase política, incluidos amplios sectores del propio PP, pero siguieron adelante con su plan.

Desde el PP se insiste en que Rajoy no renuncia a nada; continúa dispuesto a seguir peleando por ganar la Presidencia del Gobierno en los dos meses escasos de tiempo útil que quedan para elegir un presidente, pero con actuaciones como la promoción de José Manuel Soria tira piedras contra su propio tejado. Un gobierno en funciones presidido por un político rechazado por la Cámara no está en condiciones de actuar con prepotencia.

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CONJETURAS DE SEPTIEMBRE
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Juan Neira | 04-09-2016 | 16:22| 0

La fracasada investidura de Rajoy abre un periodo en blanco, hábil para que los partidos revisen sus estrategias, sabedores de que el 31 de octubre termina el plazo para encontrar soluciones, pasándole el testigo al pueblo soberano.

La salida en falso del presidente en funciones ha puesto de manifiesto dos hechos inapelables: el bloqueo institucional se ha consolidado y pesa como una losa sobre la política y la sociedad española; la solución al bloqueo pasa por el PSOE, que es el único grupo que aparece en las dos caras de la moneda: absteniéndose permitiría un gobierno de centroderecha, y también puede optar a liderar una alternativa con todos los grupos que sienten aversión hacia Rajoy y el PP.

OTRAS ELECCIONES

La consolidación del bloqueo pone en primer plano la convocatoria electoral. La tercera cita consecutiva con las urnas es algo más que una hipótesis de trabajo. Si Pedro Sánchez no hace algo distinto a lo realizado hasta ahora la actual legislatura puede darse por liquidada, aunque nadie lo desee, empezando por los propios diputados que quedan en precario hasta que el voto les confirme en sus puestos, o no.

Ante este panorama, los comicios autonómicos en Galicia y País Vasco cobran una especial importancia al convertirse en un test para las elecciones generales. Los resultados que se obtengan serán objeto de extrapolación, dando lugar a valoraciones generales sobre el grado de aceptación de los partidos por parte de la sociedad.

Los comicios vascos y gallegos constituyen una oportunidad de oro para que Podemos y sus confluencias se resarzan del fracaso cosechado el 26 de junio, cuando iban a dar el “sorpasso” y perdieron un millón de votos con respecto a los comicios del 20 de diciembre. Pablo Iglesias y su “pandi” son unos aficionados que camina sin levantar cabeza desde la noche electoral.

En Galicia, si la suma de las confluencias de Podemos, nacionalistas y socialistas supera en escaños a la candidatura de Feijóo, será motivo suficiente para que Pablo Iglesias encabece una campaña, a lo largo del mes de octubre, en favor de que se forme en España un “gobierno a la gallega” (¿se acuerdan del “gobierno a la valenciana”?).

Galicia y País Vasco harán de banco de pruebas del proyecto socialista. Las dos veces que se presentó Pedro Sánchez como cartel electoral el PSOE obtuvo los peores resultados de su historia, primero rebajando en veinte escaños la marca que había dejado Rubalcaba y, seis meses más tarde, perdiendo otros cinco hasta dejar al PSOE con 85 escaños, menos del 25% de los diputados de la Cámara baja. Un mal resultado en Galicia y País Vasco haría disminuir, aún más, el ya menguado crédito que tiene Pedro Sánchez dentro de los dirigentes de su partido.

SÁNCHEZ

Todas las alternativas pasan por Pedro Sánchez que disputa la batalla en dos escenarios distintos, el Congreso de los Diputados y el seno de su partido. Sin entender que ambos están relacionados no se comprende la política que lleva a cabo.

Con un ejemplo se ve más claro. Si esta semana hubiera aceptado investir como presidente a Mariano Rajoy, en el congreso del partido que se desarrollaría en otoño quedaría descabalgado de la Secretaría General, pasando a ser un mero portavoz parlamentario. Los malos resultados electorales serían razón suficiente para proceder a un cambio en el liderazgo interno.

Para sobrevivir, a Pedro Sánchez sólo le vale convertirse en inquilino de la Moncloa, por eso rechaza la investidura de cualquier otro líder. De ahí su contumacia: “no es no”. Necesita tener abierta la batalla por el poder en el Estado, sabedor de que en esas condiciones quedará aplazado el congreso del PSOE.

Pedro Sánchez es consciente del papel de aguafiestas que ha jugado en el reciente debate de investidura, así que ahora toca lavar la imagen y ponerse al frente de una operación de consenso. En las continuas comparecencias que hará en el País Vasco y Galicia, durante las tres próximas semanas, lanzará el mensaje de la alternativa progresista, que incluye a Podemos y Ciudadanos. La misma operación que fracasó en marzo.

La diferencia entre antes y ahora estriba en el miedo a la convocatoria electoral. Tras lo sucedido en los comicios del 26 de junio –la pérdida del 20% de escaños de Ciudadanos y el millón de votos de Unidos Podemos que se volatizaron-, ambos grupos saben que están llamados a sufrir un recorte en su representación institucional en el caso de que haya unas terceras elecciones. Una secuencia electoral tan intensa favorece a los partidos establecidos, el bipartito (PP, PSOE) y las opciones nacionalistas, que tienen unas clientelas más estables.

¿El miedo a la pérdida de diputados será suficiente para armar una mayoría parlamentaria con PSOE-Podemos-Ciudadanos? Es muy dudoso, pero no es descartable. La otra alternativa pasa por un acuerdo entre PSOE, Podemos y nacionalistas. En este caso el problema vendría de los sectores que no estarían en la negociación: vieja guardia del PSOE y barones autonómicos.

De fracasar esas alianzas, sólo quedan elecciones anticipadas o abstención socialista para que gobierne el PP en minoría. Sánchez no dará el brazo a torcer e iremos por tercera vez a las urnas a no ser que Susana Díaz le doble la muñeca.

 

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RECHAZO EN FORMATO PEQUEÑO
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Juan Neira | 03-09-2016 | 12:25| 0

La segunda parte del debate de investidura, en formato reducido, ha dado paso al mismo resultado: 180 diputados dijeron “no” a Rajoy, frente a 170 que le apoyaron. Todo lo sucedido se sabía anticipadamente con detalle, no hubo ni un resquicio para la sorpresa. El Parlamento hizo de notario de la voluntad de los líderes políticos que manejan la voluntad de sus diputados con la misma libertad de disposición que mueve un niño los guerreros en una pantalla.

Las intervenciones fueron un resumen de los largos discursos del miércoles. Rajoy echó en cara a Pedro Sánchez que toda su perorata encubriera el deseo de ir a unas terceras elecciones, algo que tiene un elevado coste para los españoles. El presidente en funciones señaló que la única alternativa a su candidatura es un “frente heterogéneo, extremista y contradictorio”, en alusión a la suma de PSOE, Podemos, independistas catalanes y PNV. El líder socialista hizo responsable a Rajoy de propiciar una cuádruple fractura de España: política, social, económica y territorial, y acusó al candidato del PP de no tener otro plan que las terceras elecciones. Ya se sabe que la defensa de los que no tienen defensa es endosar los propios defectos a los demás. Como Sánchez sabe que su estrategia conduce a la convocatoria electoral, quiso al final hacer un llamamiento críptico a “las fuerzas del cambio” para formar una alternativa de poder. Lo que ya hemos dicho un montón de veces desde estas líneas: tras el fracaso de Rajoy vendrá el intento de Sánchez de unir a Podemos y nacionalistas en una mayoría de investidura. Para entendernos, el frente heterogéneo, extremista y contradictorio que anticipaba Rajoy.

Pablo Iglesias no aportó ninguna novedad. Volvió a tender su mano a los socialistas para llegar a un pacto, a ver si de dos enfermos se saca un sano. Me llamó la atención la intervención de Albert Rivera. Habló del fracaso de Rajoy y del anterior fracaso de Sánchez, como si a él no le correspondiera una parte, aunque sea mínima, de las dos investiduras fallidas. Pacta un programa, lo presenta orgulloso ante la Cámara, y cuando los diputados votan en contra se lava las manos. Qué forma más curiosa de entender la responsabilidad política. Más desconcierto me produjo su petición al PP de otro candidato, pero con la condición de que traiga los escaños necesarios debajo del brazo. Al final pidió perdón al pueblo. Conoce la moda: la próxima vez se emociona en la tribuna.

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LA PLURALIDAD SOCIALISTA
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Juan Neira | 02-09-2016 | 21:12| 0

La principal conclusión que nos ha dejado el debate de investidura, más allá de la obvia constatación del apoyo minoritario obtenido por Rajoy, es el enroque de Pedro Sánchez. La dirección socialista mantiene dos premisas que son irreconciliables: voto negativo a una alternativa del PP, con independencia de lo que propongan u ofrezcan, y rechazo a unas terceras elecciones. La única manera de salir de ese círculo vicioso es la presentación de una alternativa de izquierdas, con apoyo de los nacionalistas, opción que descarta el equipo de Pedro Sánchez. Ni come ni deja comer.

La segunda votación va a reproducir exactamente el resultado de la primera, con 180 diputados en contra del candidato del PP y 170 a favor. Las posiciones de los grupos parlamentarios son las mismas que mantenían hace ocho meses, con la única diferencia del posicionamiento de Ciudadanos, antes estaba con Pedro Sánchez y ahora apoya a Rajoy. Aunque exija un esfuerzo, se puede aceptar que las posturas de unos y otros se mantengan durante tanto tiempo sin alteración, pero lo que no es de recibo es que el inmovilismo haya ido acompañado de ausencia de diálogo. Las únicas negociaciones, dignas de tal nombre, fueron las entabladas entre PSOE y Ciudadanos, en febrero, y el PP y el partido de Albert Rivera, en agosto. Mantener un criterio rígido negándose a negociar, con un discurso político que gira en torno a un monosílabo (no), es la negación de la política. Las democracias parlamentarias que no se rigen por el sistema mayoritario de reparto de escaños estarían paralizadas con una estrategia como la que lidera Pedro Sánchez.

El ‘no’ socialista se verifica a través de los 85 escaños del grupo parlamentario. El margen de discrecionalidad de los diputados, en un asunto tan esencial, es inexistente. La disidencia arruina. Otra cosa es lo que piensen muchos militantes socialistas.

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EL VETO SOBRE RAJOY
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Juan Neira | 01-09-2016 | 18:58| 0

El protagonismo en el debate de investidura no cabe duda de que corresponde al candidato a presidente que interviene tantas veces como todos los demás oradores juntos. Sin embargo, en esta ocasión, la atención concentrada en Pedro Sánchez no era menor que la observada hacia Mariano Rajoy. El secretario general del PSOE abrió el turno de intervenciones, con tono grave y rictus de preocupación, descargando una catarata de descalificaciones sobre el candidato del PP. A los veinte segundos de empezar a hablar ya había dicho que él y su partido iban a votar no: por ideología, por coherencia con sus votantes, y por España. Me llegó al alma lo de rechazar a Rajoy por España, que viene a ser lo mismo que identificar los intereses generales del país con unas terceras elecciones el próximo invierno. La descripción que realizó el líder socialista del presidente en funciones fue pavorosa. Llegó a decir que Rajoy no había realizado los recortes de gasto público por la crisis sino por su ideología conservadora: para entendernos, en el ADN del candidato está la saña contra el pueblo. Los argumentos para rechazar su candidatura estuvieron, por su simplismo, al alcance de todos los públicos: «Nosotros no apoyamos a los que nos enfrentamos». A la hora de marcar las diferencias programáticas entre PP y PSOE, sacó a relucir su rechazo al ‘fracking’ y a la energía nuclear. El PSOE en manos de un progre con ambición.

Rajoy siguió la misma táctica con todos los portavoces parlamentarios: tono desdramatizador y toneladas de ironía: «Oiga, si yo todo lo hice mal, ¿cómo lo hizo usted que sacó 52 diputados menos? ¿Cuánto de malo es usted? ¿Pésimo?». Agradeció la cantidad de citas suyas aportadas por Sánchez, por haberle convertido en «un argumento de autoridad». Y desveló el sentido de la oposición de Sánchez: rechazar todo intento de acuerdo, aun a costa de incurrir en una espiral de elecciones, hasta que el resultado en los comicios sea satisfactorio para el líder socialista. Sólo elevó el tono de su voz para decirle a Sánchez que no le demandaba su confianza, que sólo le pedía que se abstuviera para que haya gobierno.

Pablo Iglesias, portavoz del tercer partido, estuvo en su línea: ‘la gente, la gente, la gente’, dentro de una intervención radical. Rajoy se recreó dando pinceladas al retrato narcisista de Iglesias. Albert Rivera defendió el programa acordado con el PP. Rajoy perdió la votación. Sánchez tiene la llave del veto.

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PURA ESTRATEGIA
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Juan Neira | 31-08-2016 | 21:27| 0

El formato elegido por Ana Pastor (es decir, por Mariano Rajoy) para el debate de investidura es inadecuado. El primer día el candidato a presidente lee su discurso y al día siguiente replican los portavoces. El mismo modelo que utilizó Pedro Sánchez el pasado mes de marzo. La razón de la elección es puramente mediática: se trata de monopolizar la atención de los medios el primer día y en el segundo compartir protagonismo con el líder del segundo partido. Como en el Parlamento la ingenuidad está proscrita, el plan de Rajoy quedó afectado por la rueda de prensa de los portavoces tras acabar la sesión. Los ataques fueron demoledores, sobre todo por parte de los grupos nacionalistas. Ningún portavoz respaldó al candidato, ni siquiera Albert Rivera.

Rajoy abordó el debate desde la premisa del rechazo parlamentario. No hizo esfuerzos por atraerse a los socialistas para evitar la frustración tras la segunda votación del viernes. El candidato habló ante el Pleno del Congreso de los Diputados como si estuviese dando el primer paso de una larga caminata que finalizará en octubre cuando vuelva a plantear su opción ante la Cámara y la única alternativa sea la convocatoria de las terceras elecciones. No fue vehemente en su exposición, en ningún momento planteó la clásica disyuntiva, yo o el caos, porque sabe que dentro de un mes podrá decirles: yo o las terceras elecciones. En los dos casos perderán sus competidores.

El candidato desgranó las razones por las que debe ser votado: España necesita un gobierno con urgencia; los votantes escogieron al PP; es preciso consolidar el crecimiento económico; y la alternativa a su opción es una mezcla de radicalismo y jaula de grillos. Todo muy conocido y mil veces expuesto, en todo tipo de escenarios, por los dirigentes del PP. A todo ello Rajoy añadió otro argumento: es preciso reforzar la unidad territorial ante el desafío del independentismo catalán. El candidato introdujo en el debate el mayor problema que tiene planteado España. Un desafío que no está en la agenda de ningún otro país avanzado. Lo natural sería hablar y discutir sobre ello todos los días, pero como los nacionalistas se han convertido en un poder fáctico en España no se alude a ello. El primero que se inhibe es Rajoy y esta vez no lo ha hecho porque le interesaba crear tensión con los nacionalistas catalanes, ya que la posibilidad de que Pedro Sánchez sea presidente pasa por esos partidos. Se abre el turno.

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VEINTE MINUTOS
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Juan Neira | 30-08-2016 | 20:07| 0

La esperada reunión entre Rajoy y Sánchez ha durado 20 minutos. Más o menos el tiempo que se destina a la charla con un amigo que te encuentres en una acera tras un año sin establecer contacto. El tiempo que necesita un médico para explorar un catarro y recetar expectorante. Los minutos que consume el jefe en la empresa para reñir a un empleado que hizo una pifia en la víspera. El tiempo que reserva un padre para dramatizar la lectura de un cuento infantil que induce al sueño. Los líderes de los dos partidos más votados del país hacen un hueco en sus agendas de veinte minutos para decirse todo lo que se tienen que decir en una coyuntura política marcada por 300 días de gobierno en funciones y sin mayoría parlamentaria a la vista que permita elegir presidente. Bochornoso.

Aunque uno tenga la tentación de repartir la responsabilidad a partes iguales, hay indicios más que razonables para pensar que la brevedad del encuentro fue por voluntad deliberada de Pedro Sánchez. Tras la entrevista, Rajoy dijo que intentaría seguir hablando con el secretario general del PSOE después del debate de investidura, mientras que Pedro Sánchez calificó de “prescindible” la reunión con Rajoy. Hay que estar muy sobrado para ufanarse de cometer tamaños excesos verbales. Un señor que acude a las más disparatadas citas, que está dispuesto a ejercer de alpinista o a presumir de bronceado playero junto al dos piezas de su señora, se permite calificar de pérdida de tiempo un encuentro con el ganador de las elecciones para negociar la elección del presidente. Comprendo que el cuerpo pida otras ocupaciones para un 29 de agosto de intenso azul, pero un servidor del Estado, y todos los líderes parlamentarios lo son, tiene que entregarse a sus obligaciones con independencia de la simpatía o antipatía que le susciten las personas con las que deba reunirse. Todo el país pendiente de la cita, y Sánchez echa por tierra la expectación levantada con una versión de trámite: intercambio de saludos con rictus circunspecto, breve diálogo a solas, y comparecencia ante la prensa para decir que el acuerdo con Ciudadanos “perpetúa las políticas lesivas del PP”.

Sánchez está en “modo rechazo”, sin desvelar las cartas que va a jugar en septiembre, cuando Podemos y los nacionalistas le animen para levantar una alternativa democrática, que pasa por subir los impuestos, trocear España y, por supuesto, derogar la reforma laboral. Pedazo de estadista.

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LITURGIA DE ESTADO PARA PACTO EFÍMERO
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Juan Neira | 29-08-2016 | 18:17| 1

Con hechuras de pacto de Estado se ha solemnizado el acuerdo del PP y Ciudadanos (C’s) por el que el partido de Rivera se compromete a apoyar la investidura de Rajoy. Una liturgia pomposa y artificial para engrandecer un contrato entre dos partidos que perderá vigencia al finalizar la semana, una vez que el candidato del PP haya sido rechazado por la Cámara. El Congreso de los Diputados ha abierto excepcionalmente sus puertas en domingo para dar más brillo al documento de los bellos deseos, y el próximo viernes quedará registrado en el diario de sesiones, como un hecho rutinario, la pérdida de eficacia del contrato.

El acuerdo recoge compromisos imposibles, porque hace falta la mayoría absoluta de la Cámara para alguna de las medidas que contiene, como la reforma del Consejo del Poder Judicial, con la elección de la mayoría de los vocales (12 de 20) por parte de jueces y magistrados. Hay algunas cuestiones surrealistas como la rectificación de la última amnistía fiscal, para forzar a que se rasquen los bolsillos los que se acogieron a ella (lo siento por José Ángel Fernández Villa). El documento está hecho a la medida de las necesidades de Albert Rivera, obsesionado con jugar el papel de gran reformador de la vida política española. Rivera, y por ende C’s, participan de ese gran camelo consistente en hacer creer a la gente que los partidos españoles se dividen en dos clases, vieja política y nueva política. Pues bien, Rivera para acabar con lo viejo ha redactado un documento lleno de buenos deseos sin punto de contacto con la realidad.

Particularmente irritante son algunas de las cosas que contiene relativas a Asturias. Resulta que Rivera y Rajoy se comprometen a que la variante de Pajares esté abierta el próximo año. Esto lo dicen cuando Adif Alta Velocidad, empresa pública que coordina los contratos de la variante, ha anulado, recientemente, cinco contratos destinados a dotar de elementos imprescindibles a la nueva infraestructura (barreras acústicas, ventiladores, montaje de la vía, etcétera), sin los cuales no se puede abrir la variante. Y esto lo firma un partido como C’s que no quería hacer la variante de Pajares por su alto coste. El acuerdo habla de reformar el sector eléctrico para rebajar los precios a empresas y familias. ¿Cómo se hace eso? ¿Con pozos mineros o con más parques eólicos? ¿Se desconectan las centrales de ciclo combinado o se reactivan? Los asturianos nos chupamos el dedo.

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