El Comercio
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VÍCTIMA DEL BIPARTIDISMO
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Juan Neira | 13-03-2008 | 08:14| 0

Ovidio Sánchez achacó al bipartidismo el fracaso de la candidatura de Gabino de Lorenzo. No recuerdo nunca haber oído quejas de dirigentes del PP o del PSOE hacia el bipartidismo. Se supone que los primeros beneficiados con la tendencia a polarizar el voto en dos partidos son los miembros de esos grupos. Se entiende que IU, UPyD, o partidos extraparlamentarios critiquen la primacía de las dos grandes formaciones, pero resulta incongruente que lo diga el dirigente de un partido que monopoliza electoralmente el espacio político o ideológico del centro-derecha.

Según Ovidio Sánchez la victoria del PSOE en Asturias se debe a haber captado el voto natural de IU. Una rápida mirada a los números permite comprobar que no cuadran las explicaciones de Ovidio. El PSOE ha ganado 5.000 votos sobre las elecciones del año 2004, mientras que IU perdió 10.000 sufragios. Sin embargo, la gran diferencia entre socialistas y populares descansa en la menguada votación alcanzada por la candidatura de Gabino de Lorenzo, que ha quedado más de 25.000 sufragios por debajo de los anteriores comicios, cuando la lista del PP estaba encabezada por Alicia Castro. El PSOE ha subido algo, pero el PP se ha hundido. La aritmética y el sentido común impiden relacionar el desplome del PP con el bipartidismo.

El presidente del PP reconoció que puede haber muchas razones concretas detrás del fracaso de la candidatura de su partido, pero aseguró que no las conocía, aunque aludió a la pérdida de población que podría sumarse al argumento del bipartidismo. La pérdida de población es un fenómeno antiguo, que lleva afectando a Asturias durante los últimos 25 años, un periodo que ha conocido victorias socialistas y del PP. No acierto a ver por qué el mayor número de defunciones que de nacimientos daña electoralmente a un partido político concreto. Si se refiere Ovidio Sánchez a la reducción de las actas de diputado que corresponden a Asturias, la gran perjudicada ha sido IU, que mantuvo su representación parlamentaria hasta que bajó de nueve a ocho el número de diputados. Además de lamentar el bipartidismo y la pérdida de población, Ovidio Sánchez aseguró que se presentará a la reelección como presidente del PP en el próximo congreso.

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DE LORENZO, EL LÍDER FALLIDO
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Juan Neira | 12-03-2008 | 08:09| 0

El fracaso electoral del PP estriba en que la complejidad de Asturias no cabe reducirla al monolitismo de Oviedo
Gabino de Lorenzo no se sentará en el escaño del Congreso de los Diputados al renunciar a recoger el acta. Los malos resultados cosechados por el PP en Asturias, al quedar por detrás de los socialistas, circunstancia que no se producía desde las elecciones generales del año 1993, han empujado al alcalde de Oviedo a poner fin a su intento de erguirse como gran líder de la derecha asturiana, una aventura política que apenas duró 50 días. La renuncia de Gabino coincide con el ofrecimiento de Rajoy para seguir al frente del partido y convertirse en candidato a presidente de Gobierno en las elecciones generales de 2012.

Desde estas líneas hemos mantenido repetidamente que en las elecciones generales entran en liza los líderes nacionales, aportando muy poco a la batalla de los votos la personalidad de los cabeza de lista de las distintas circunscripciones provinciales. El caso de Gabino de Lorenzo tiene una cierta singularidad, porque se autoproclamó como candidato, marcó criterios propios para elaborar la lista –que luego fueron corregidos por la dirección nacional- y realizó una campaña nítidamente personal, en la que no tuvieron cabida el resto de los candidatos, con la excepción de Pilar Fernández Pardo.

De Lorenzo no siguió el libro de estilo de campaña del PP, sino que apeló a una comunicación directa con los asturianos, con bromas y referencias cómicas sobre sus rivales directos, presentándose como el gran conseguidor de los intereses asturianos ante el futuro gobierno de Madrid. Más aún, De Lorenzo presentó su salto a la arena electoral como un trampolín para liderar el PP regional (“los toros de uno en uno”), y avisó a los socialistas que en las próximas elecciones autonómicas las cosas serían distintas…

El alcalde de Oviedo anunció que una nueva etapa empezaba en el PP. No andaba descaminado Gabino en su pronóstico, porque con la derrota en las urnas y su renuncia al escaño, el PP asturiano se ve abocado a abrir una nueva etapa que ya había quedado dibujada tras la derrota en las elecciones autonómicas del año pasado, en las que concursaba Ovidio Sánchez por tercera vez como candidato la presidencia del Principado.

Uno de los aspectos más dudosos de la campaña ha sido la ocurrencia de Gabino de abrir el debate sobre la oficialidad del asturiano, un asunto que chocaba con la línea estratégica de Rajoy y que no estaba en el programa del PP. Isidro Fernández Rozada y Pilar Fernández Pardo también insistieron en esa propuesta que pudo captar algún voto asturianista pero que colisionaba con los deseos del grueso del electorado conservador y liberal.

El mensaje expresado por Gabino de Lorenzo de que ante las urnas debían comparecer los mejores estaba basado en el supuesto atractivo de los candidatos para sacar votos. El gran activo de Gabino, tras veinte años en la vida política, no estriba en su aportación al debate sobre las ideas sino en su capacidad para lograr sufragios. Una bien ganada fama de alcalde ejecutor, capaz de remodelar su ciudad, le llevó al triunfo en cinco elecciones locales, las cuatro últimas por mayoría absoluta.

Para allanar los obstáculos hacia el triunfo electoral retiró el proyecto de las torres de Calatrava a la entrada de la capital, no fuera a ser que los planes del Ayuntamiento de Oviedo enturbiaran la proyección regional de su alcalde. Anunció una “victoria histórica”, que se saldó en las urnas con una derrota por 28.000 votos de diferencia con respecto al PSOE.

De Lorenzo se había marcado como objetivo electoral preferente las cuencas mineras, prometiendo el desbloqueo de los fondos mineros, sin embargo, al contar los votos, el PP perdió 4.500 sufragios sobre las elecciones de 2004 en los concejos carboneros.

El discurso localista de Gabino constituía un handicap para los intereses electorales del PP en Gijón y Avilés. De ahí que De Lorenzo tuviera mucho interés en ser escoltado en la lista por los principales líderes municipales de su partido. Intento vano porque el PP perdió más de 3.500 votos en Gijón y más de 2.000 en Avilés.

En el batacazo electoral del PP en Asturias (pérdida de 28.000 votos, cuando el PP a escala nacional ganó 400.000 sufragios) ha influido la confianza puesta en un candidato que despertaba gran recelo en varios de los municipios más poblados de la región. Pero por debajo de esa incapacidad para ver el sesgo localista que Gabino de Lorenzo iba a imprimir a la lista del PP está otra ceguera mayor: la supuesta homogeneidad del territorio regional. Asturias es demasiado plural como para reducirla políticamente a las claves de Oviedo.

En este punto es curiosa la asimetría de los dos grandes partidos. El PSOE está muy pegado al mapa regional, con sus variantes y contradicciones. Por eso logró en las elecciones municipales 54 alcaldías. La asignatura pendiente del PSOE es Oviedo. Al PP le ocurre el fenómeno inverso: observa Asturias desde Oviedo, y tiene una visión muy esquemática de las cuencas mineras, Gijón, Avilés, etcétera. Por eso sólo tiene 12 alcaldías, aunque en la Junta General del Principado sólo hay un escaño de diferencia entre los dos grandes partidos.

La continuidad de Rajoy aporta sosiego a toda la organización y permitirá encarar el próximo congreso regional del PP en mejores condiciones. Tras la derrota de Gabino de Lorenzo no resulta fácil encontrar un recambio para Ovidio Sánchez. El aparato del PP, que veía los planes del alcalde de Oviedo como una amenaza para sus intereses, tiene ahora un cierto margen de maniobra. En principio, la única persona que ya sabe lo que es ganar elecciones generales en Asturias y tiene una buena relación con Gabino de Lorenzo y Álvarez-Cascos es Alicia Castro. Pese a ello, dudo que sea del agrado de la actual dirección regional. Hasta el domingo pasado era posible pensar en una alternativa forjada por la alianza de las juntas locales de Oviedo y Gijón, pero ese tándem acaba de fracasar en las urnas. La renovación del PP es, aún, un objetivo sin rostro.

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INTERFERENCIAS TERRITORIALES
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Juan Neira | 11-03-2008 | 07:56| 0

De la lectura de los guarismos electorales se puede constatar que el triunfo del PSOE ha llegado con un gran respaldo popular, ya que sólo en la histórica victoria de Felipe González en 1982 obtuvieron los socialistas un porcentaje más alto de votos. El avance del PP, aunque ha estado lejos de lo que necesitaba este partido para gobernar, también es meritorio, y sirve para agrandar el principal rasgo del arco parlamentario español: el bipartidismo. ¿Qué van a hacer los dos partidos ahora?

Al igual que en la pasada legislatura, el PSOE tiene 16 escaños de ventaja sobre el PP. La diferencia estriba en que los socialistas cuentan con 169 diputados, así que necesitan buscar menos apoyos en el resto de grupos para gobernar. Zapatero puede optar por realizar una alianza con el PNV que incluya un plan para el País Vasco con la renuncia a la consulta popular, prevista por el lendakari, como moneda de cambio. También puede el presidente inclinarse por una alianza con los socios del tripartito catalán, ERC e IU, y el BNG, tres grupos de izquierda. O entenderse directamente con CiU. No se agotan en estas fórmulas las posibles alternativas de Zapatero para dar estabilidad parlamentaria a la acción de su futuro gobierno.

Sin embargo, creo que es poco realista prever los planes de Zapatero basándose únicamente en la identidad de sus socios parlamentarios. Lo que más va a marcar la orientación del nuevo Gobierno está en los propios datos electorales del PSOE. Los socialistas han ganado cinco escaños sobre el anterior mandato, cuatro de los cuales fueron obtenidos por el PSC, el partido de los socialistas catalanes. El PSC logró 25 escaños, una cantidad superior a todos los diputados de CiU, PNV, ERC, IU y BNG, juntos. Pese a los incumplimientos y trastornos provocados por la llegada del AVE a Barcelona, el voto catalán fue clave para el triunfo de Zapatero. El PP sacó dos escaños de ventaja al PSOE en el resto de España.

Nuevamente, como en el anterior mandato, España va a tener dos capitales, Madrid y Barcelona. La localización de las inversiones en infraestructuras, el nuevo sistema de financiación autonómica, el asentamiento del nuevo mapa energético o la procedencia de los ministros, no se podrá entender sin reparar en los 25 escaños del socialismo catalán. El discurso vagamente confederal de Zapatero fue siempre la expresión de la deuda electoral con el PSC y la Generalitat socialista.

En cuanto a los planes del principal partido de la oposición no caben las visiones lineales. Ganar cinco escaños es importante, pero lo determinante es la derrota. Más allá del morbo que tenga la permanencia o el relevo en la cúspide del partido, se impone un análisis sobre la estrategia que va a desarrollar.

Los dirigentes del PP ya saben ahora una cosa: con diez manifestaciones multitudinarias y campañas contra el presidente del Gobierno se alcanzan 153 escaños. La cuestión está en saber cómo se logran otra docena de escaños más. La estrategia de la confrontación tiene muchos seguidores pero también provoca recelo en la sociedad que se moviliza para votar contra el PP. Hace veinticinco años se hablaba del techo electoral de Fraga, ahora toca valorar el techo electoral de la estrategia de la confrontación. Un análisis difícil de realizar dado el “síndrome Madrid”, el territorio talismán, con 18 escaños para el PP, que Rajoy ha puesto como escaparate de las políticas de su partido en los debates televisados. Zapatero depende excesivamente de Cataluña y el PP es rehén del radicalismo madrileño.

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Avanza el bipartidismo
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Juan Neira | 10-03-2008 | 07:52| 0

Las encuestas esta vez acertaron y el PSOE ganó las elecciones, aunque el PP fue un derrotado atípico, ya que avanzó más escaños que los propios socialistas con respecto a los pasados comicios. Las elecciones se habían planteado como una lucha directa entre los dos grandes partidos, que al final avanzaron en diputados a costa de partidos nacionalistas, regionalistas e IU. Los dos grupos que sufrieron un severo varapalo en las urnas fueron ERC e IU, que cedieron cerca del 50% de su representación parlamentaria. Como se trata de los dos partidos que forman el tripartito con Montilla puede que la política catalana entre pronto en ebullición.

Zapatero tendrá una segunda legislatura, como la han podido disfrutar todos los presidentes de gobierno en España durante la democracia, con la excepción de Leopoldo Calvo Sotelo, aunque se trata de un caso muy particular porque llegó a ser presidente sin triunfar en las urnas. Zapatero soportó una crítica feroz, en los dos últimos años, cuando se concretó la reforma del ‘Estatut’ y tomó cuerpo la negociación con ETA. La oposición llegó a hacer una distinción entre los socialistas y Zapatero, como quedó claro en el primer ‘cara a cara’ entre Zapatero y Rajoy, cuando el líder del PP sacó a relucir opiniones de González, Almunia y Leguina contrarias al presidente. Tras el recuento de votos la consigna del ‘adioz’ quedó en ‘no te vayas’.

Mariano Rajoy ha fracasado en su intento de ganar las elecciones. Hace cuatro años contaba con el aval del Gobierno de Aznar y fue superado por Zapatero; en esta ocasión estaba respaldado por una movilización social sin precedentes, que sólo le ha valido para avanzar en escaños. ¿Tendrá una tercera oportunidad? Rubalcaba aseveraba que Rajoy sólo tenía una bala en la recámara, y ya la ha gastado. No obstante, los dirigentes del PP deberían meditar muy bien sus pasos antes de entregarse al juego de los movimientos internos. Superar la barrera de los 150 escaños es un resultado muy estimable.

Entre el PSOE y el PP tienen 322 escaños, confirmando el avance del bipartidismo, una fórmula que tiene muchos detractores pero que facilita la gobernación del país. El problema que presenta el bipartidismo, en la práctica, es que exige alguna capacidad de acuerdo entre los dos grandes grupos, una asignatura que ha quedado pendiente en la pasada legislatura.

Zapatero tiene más fácil completar las mayorías necesarias para aprobar leyes y presupuestos que en el anterior mandato. No le hará falta realizar negociaciones a múltiples bandas que incluían los componentes del grupo mixto. Debe escoger y marcarse un rumbo para toda la legislatura. Los acuerdos con socios minoritarios deben contemplar un margen para la interlocución y negociación con el PP.

En Asturias saltó la sorpresa al perder el PP las elecciones, una situación que no se daba desde las generales de 1993. El intento de hacer de Gabino de Lorenzo el gran líder de la derecha regional ha cosechado un estruendoso fracaso en las urnas. El voto de castigo recibido por el PP en Gijón y en Avilés deja a las claras que la gente ve en De Lorenzo, sobre todo, al alcalde de Oviedo, pero que no le ofrece ninguna garantía como representante de los intereses asturianos. Otra cosa sería si en vez de contabilizarse votos en las urnas se contaran chistes.

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EL LÍMITE DE LA VICTORIA
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Juan Neira | 09-03-2008 | 10:00| 0

Si el PSOE y el PP obtienen más de 150 escaños, hay que replantear el juego de gobierno y oposición
La jornada de reflexión se convirtió en un día de movilización. La agitación no se notó en la calle sino en Internet, que es el espacio dónde se puede tomar el pulso a la actualidad en tiempo real. Muy virtual y muy real. El esfuerzo por sacar ventajas electorales del asesinato de Isaías Carrasco no fue nada disimulado, discurriendo por esa vía, militantes de base y simpatizantes de partidos.

Afortunadamente, los dirigentes políticos se mantuvieron en un papel más contenido, sin entrar en una guerra de descalificaciones que hubiera degradado la jornada de reflexión y que se hubiera vuelto contra ellos porque el respeto a los muertos choca con la utilización partidista del asesinato. La autoría del atentado de Mondragón no ofrece dudas, así que fue puro voluntarismo tratar de recrear el ambiente de las horas previas a las elecciones de 2004, cuando se cruzaban unas informaciones que hablaban de ETA con otras que advertían del hallazgo de la cinta con versículos del Corán.

El nuevo atentado mortal de ETA en Mondragón tiene dos consecuencias inmediatas: mayor participación en la jornada electoral de hoy y una mayor tensión en el lazo que une a los partidos en la actividad política. Hay otras consecuencias pero son difíciles de adivinar, como el posible trasvase de votos de unas siglas a otras; especular con esta hipótesis antes de saber los resultados es muy arriesgado.

Aunque la frenética actividad de la jornada electoral impide a los líderes políticos reflexionar sobre el futuro, es bueno que los que no estamos en esa contienda tratemos de aportar algo de sensatez. Hay cosas que están ahí delante de nuestras narices y no cambian porque el próximo presidente se apellide Zapatero o Rajoy.

La primera de ellas tiene que ver con el escenario previsible al final de la jornada. Hay una manera inmediata de valorar las elecciones que consiste en dar por ganador al que cuente con más votos y por derrotado al líder del otro gran partido que quede en segundo lugar. Es normal que se entienda así. Sin embargo, las dinámicas políticas son muy complejas y hace falta conocer con más detalle los resultados para saber si estamos en condiciones de reconducir la dinámica de enfrentamiento político de la última legislatura, que en el próximo mandato tendrá un elemento nuevo de fricción derivado de la desaceleración económica.

Mi hipótesis es que si los dos grandes partidos sacan por encima de los 150 diputados, tal como anuncian la mayor parte de las encuestas, no se podrá encarar la próxima legislatura en términos de victoria y derrota. Por muy legítimos que sean los brindis con cava en la sede del partido más votado, y aunque resulten inevitables las “caras largas” en el cuartel general del otro gran partido, hay que convenir que las sensaciones de la noche electoral no ayudan a interpretar el futuro. La política no se puede reducir a un marcador como si fuese una competición deportiva.

Una mirada a lo que ocurrió en la pasada legislatura nos pone sobre la pista. Aunque entre el PSOE y el PP había 16 escaños de diferencia (164/148), la iniciativa política estuvo sólo a ratos en manos del Gobierno. En los asuntos importantes en que no hubo consenso (proceso de paz, Estatuto de Autonomía de Cataluña, Ley de Memoria Histórica), el coste de llevar adelante las propuestas fue cuando menos tan elevado como el beneficio. Sin embargo, la entente PSOE-PP quitó hierro a otros asuntos tan problemáticos como los primeros. El mejor ejemplo es el Estatuto de Autonomía de Andalucía que despertó recelos hasta en el gobierno socialista de Extremadura, pero que el acuerdo entre Chaves y Arenas lo hizo pasar por el Parlamento como si fuese una modesta reforma del Estatuto anterior.

Esta apreciación se puede extender a asuntos que sólo inciden tangencialmente en la esfera política, como los movimientos empresariales. La Opa de Gas Natural sobre Endesa, amparada por el tripartito catalán, chocó con la oposición del PP, organizándose una batalla de gran desgaste empresarial y político. Sin embargo, los actuales movimientos del gigante de la electricidad francesa, EdF, y de la constructora ACS para hacerse con el control de Iberdrola no tienen lectura política, ante el silencio compartido del Gobierno y del PP (Pizarro).

Como el ambiente político está muy encrespado, los seguidores de los dos grandes partidos esperan que de las urnas salga hoy una solución que pase por la deslegitimación clara de la estrategia del rival. Sin embargo, las urnas expresan correlaciones de fuerzas, no alumbran medidas taumatúrgicas. Si los dos grandes partidos sacan más de 150 diputados, el mandato de las urnas será el de entendimiento, más allá de la composición concreta del Gobierno. Las cosas no están maduras para formar una gran coalición, pero tampoco están tan sólidas como para reproducir una carrera de deslegitimaciones mutuas que alcanza de lleno a las instituciones.

No va ser fácil para Zapatero y Rajoy compaginar el rol del antagonismo con la comprensión o la divergencia atenuada, según los asuntos. Sólo cuentan con una fuente de sabiduría: la experiencia crítica del pasado mandato. En esa tarea les pueden echar una mano los pesos pesados del PSOE y del PP, confirmando en el liderazgo interno a ambos dirigentes. Dos partidos que representan el 90% de los escaños del Congreso de los Diputados tienen que hacer un esfuerzo por limitar la naturaleza de sus desacuerdos y la intensidad de sus discrepancias.

No quiero terminar sin comentar algunas curiosas manifestaciones de Zapatero y Rajoy que pudieran poner un epílogo polémico a los comicios. Zapatero afirma que renuncia a formar gobierno si tiene menos escaños y Rajoy valora la previsible abstención socialista ante una hipotética investidura presidencial del líder del PP.

Seamos serios y no propiciemos equívocos. La Constitución, en su artículo 99, fija el modo de obtener la investidura presidencial, que será por mayoría absoluta del Congreso de los Diputados, en primera votación, y mayoría simple en un segundo escrutinio. No entra a valorar si los apoyos proceden de los diputados de un grupo parlamentario o de varios grupos. No existen planteamientos a la carta, según qué líderes. Todo rigor es poco para evitar un inicio de legislatura con polémica.

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UN ATENTADO CON TRAMPA
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Juan Neira | 08-03-2008 | 11:39| 0

El asesinato del ex concejal socialista de Mondragón, Isaías Carrasco, a manos de ETA adquiere un significado especial al producirse cuando faltan menos de cuarenta y ocho horas para abrirse las urnas. El horror ante el atentado no difiere del que provoca cualquier otra acción sangrienta de la banda terrorista, pero su significación política es muy superior porque ocurre en el momento más sensible, con los ciudadanos dispuestos a votar tras una legislatura marcada por la controversia sobre la política antiterrorista.

En el imaginario colectivo el atentado de Mondragón recuerda la matanza del 11-M, porque aunque ambas acciones provengan de grupos terroristas distintos coinciden en estar planificadas para tener la mayor repercusión electoral. Como los partidos no tienen la facultad de escoger los escenarios sobre los que discurre la acción política, lo mejor es que asuman el delicado paralelismo que existe entre ambas coyunturas y actúen con gran responsabilidad, sin dejarse llevar por intereses electorales estrechos.

Hasta el momento, la actitud de los líderes políticos es muy sensata, dando por finalizada la campaña electoral al suspender los actos vespertinos de la última jornada, y formalizando un encuentro de todos los grupos en el Congreso de los Diputados para consensuar una declaración de rechazo a la violencia terrorista. Las principales organizaciones sindicales y empresariales se sumaron al comunicado.

El PP, por boca de Ignacio Astarloa, quiso introducir dos propuestas en el comunicado que fueron rechazadas. Una de ellas se refiere al compromiso de no negociar con ETA y la otra consiste en la revocación de la resolución parlamentaria del año 2005 que daba al Gobierno luz verde para negociar con la banda terrorista en caso de cese de la violencia. Era muy difícil que las demás fuerzas políticas le brindaran al PP la baza de rubricar unas propuestas que defendió este partido infructuosamente en la Cámara durante la pasada legislatura.

La contención y mesura de los partidos debe ser respaldada por la sociedad. El intento de lograr desde la calle (desde Internet) un clima de movilización que recuerde la tensa jornada de reflexión del 13 de marzo de 2004 es una inconsecuencia, entre otras razones porque en este caso no hay debate ni dudas sobre la autoría del atentado. La postura más firme ante el asesinato consiste en que cada uno mantenga su intención de voto, para demostrar a ETA que no cambia la voluntad de los españoles. Aunque puede parecer excesivo, los principales líderes políticos, como Zapatero y Rajoy, deberían hacer un llamamiento en ese sentido.

Es la segunda vez que en la recta final de la campaña electoral irrumpe el terrorismo para condicionar los comicios. La clase política y los sectores más conscientes de la ciudadanía no pueden soslayar el gran peligro que esta amenaza conlleva. El primero de todos es la potencial deslegitimación del resultado que salga de las urnas. Hace cuatro años, fue eso lo que ocurrió y la desconfianza sobre la limpieza de los comicios gravitó como una pesada carga durante toda la legislatura. La democracia funciona sobre una serie de consensos, y el más importante de ellos es la aceptación del resultado electoral. Iniciar otra legislatura especulando sobre el hipotético vuelco en las urnas ocasionado por el atentado de Mondragón tendría un coste elevadísimo. Sería una triste paradoja que los atentado de ETA o de otro grupo terrorista pudieran lastrar la limpieza del proceso electoral español. En la Unión Europea no se cuestionan los resultados de las elecciones, eso queda para países como Rusia o Egipto. Una cosa es la rivalidad electoral entre dos grandes partidos y otra la trampa.

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EL AVE DEL CANTÁBRICO
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Juan Neira | 07-03-2008 | 08:09| 0

Zapatero recuerda que el AVE del Cantábrico está incluido en el Plan Estratégico de Infraestructuras y Transporte (PEIT), y espera que en la próxima legislatura los ministerios de Fomento y Medio Ambiente acuerden un trazado que se pueda consensuar con las instituciones y los afectados por la infraestructura ferroviaria. Un mensaje cauto, que no contradice el planteamiento de los socialistas asturianos, aunque tampoco da pistas sobre lo que pueda acabar ocurriendo con esta línea de alta velocidad.

El Transcantábrico no estaba contemplado en los planes de infraestructuras del Gobierno de Aznar, sino que fue una medida improvisada fruto del desastre del Prestige. Para compensar por las pérdidas ocasionadas por el chapapote, el Gobierno del PP redactó el Plan Galicia, que tenía como medida estrella la construcción de una línea de alta velocidad a lo largo de toda la cornisa Cantábrica. Años más tarde, algunos de los gobiernos autonómicos afectados por esta infraestructura mostraron interés por la obra (caso del Gobierno de Cantabria) mientras que otros, como el asturiano, jamás la reclamaron.

El PP regional, con Ovidio Sánchez y Gabino de Lorenzo a la cabeza, reivindican el Ave del Cantábrico. El alcalde de Oviedo habla, incluso, de programar paradas en las alas de la región. Sin embargo, los socialistas sólo aceptan el Transcantábrico en determinadas condiciones. Ayer, en Canal 10, Álvaro Cuesta lo expresaba con mucha claridad: en caso de escoger entre salvar la costa o contar con la línea de alta velocidad, el candidato socialista se mostró partidario de salvar la costa. ¿Qué ocurrirá con esta línea de alta velocidad?

La primera consideración a realizar es de orden económico. Construir el Transcantábrico no costará menos de 10.000 millones de euros, así que en tiempos de desaceleración económica (o crisis) todos los trámites relacionados con esta infraestructura se van a ralentizar. Fijar un trazado consensuado por las cuatro comunidades autónomas (Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco), como preconiza Zapatero, llevará mucho tiempo. En Cantabria tienen muy claro las ventajas de la comunicación por alta velocidad con el País Vasco, y por ahí empezará la obra, probablemente. Poco a poco, tramo a tramo, según dicten los vaivenes económicos y las trifulcas políticas, se irá construyendo el Transcantábrico. En Asturias, lo ideal es que entre desde Galicia por el interior, y respete la rasa costera. En el trazado de la Asturias oriental, después de pasar Piloña y Parres, la línea debe avanzar con el recurso de los túneles, porque entre los Picos de Europa, la Sierra de Cuera y la costa, no hay sitio para una línea de alta velocidad.

Como todo queda tan diferido en el tiempo, lo que cabe establecer ahora son algunos principios. En contra de lo que piensan muchos socialistas asturianos, el AVE de la cornisa Cantábrica no es un lujo prescindible. Las líneas de alta velocidad, con el avión y el tráfico marítimo, son los grandes medios de comunicación de personas y mercancías del siglo XXI. Aunque la costa no se hubiera manchado nunca de chapapote, algún gobierno en algún momento planearía esa actuación. La cornisa Cantábrica está muy poblada, y dentro de 30 ó 40 años, con una sociedad volcada en los servicios, la posibilidad de viajar desde el centro de Asturias en una hora a San Sebastián y en poco más de hora y media a Burdeos será una necesidad. Casi toda la población estará concentrada en el centro de la región, así que las paradas en las alas no serán posibles ni necesarias. La protección del medioambiente exige un mayor coste en la construcción de infraestructuras pero no su renuncia.

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OFICIALIDAD SIN IMPOSICIONES
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Juan Neira | 06-03-2008 | 08:10| 0

La gran novedad de la campaña electoral en Asturias es el debate sobre la oficialidad de la llingua. IU llevaba bastantes años enarbolando la bandera de la oficialidad, acompañada de pequeños grupos políticos y asociaciones culturales. El PSOE y el PP mantenían hasta el momento una postura común, tendente a favorecer el desarrollo de la llingua pero sin franquear la frontera de la oficialidad. Bien es cierto que durante la negociación de la última reforma del Estatuto de Autonomía, allá por el año 1998, el PP propuso recoger en un artículo del Estatuto que la oficialidad se pudiera adoptar por ley ordinaria del Principado, para no tener que propiciar una reforma estatutaria específica si un día se quisiera dar ese paso, pero el PSOE no aceptó esa propuesta.

Así estaban las cosas, cuando De Lorenzo, de forma inesperada, comenzó a introducir la llingua en intervenciones jocosas sobre rivales o compañeros de partido (caso de Ovidio Sánchez), para plantear, posteriormente, la necesidad de cambiar el estatus de la llingua, dándole rango oficial. Pilar Fernández Pardo respaldó la postura de Gabino de Lorenzo y se declaró partidaria de la oficialidad. Se trata de un salto cualitativo, que de ser respaldado por la dirección regional del PP, creará una mayoría en la Junta General del Principado favorable a la oficialidad, dejando a los socialistas aislados en su postura de rechazo.

La oficialidad, en versión Gabino de Lorenzo-Pilar Fernández Pardo, llega envuelta en un mensaje: oficialidad sin imposiciones. Es una forma pausada de vender una propuesta que suscita división de opiniones entre la sociedad. Muchas de las cosas que están en el debate político y electoral son contempladas con clara indiferencia por los ciudadanos, sin embargo, no conozco a nadie que se encoja de hombros ante la oficialidad de la llingua. Para unos es motivo de júbilo, la mejor noticia que podían recibir de los políticos, y para otros es causa de disgusto y enfado.

¿Qué quiere decir la oficialidad de la llingua sin imposiciones? El artículo 3 de la Constitución dice que el castellano es la lengua oficial del Estado, y que todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla. Al más alto rango legal, el castellano está protegido frente a otras lenguas, aunque en las comunidades gobernadas largos años por los nacionalistas ocurren todo tipo de excesos contra el castellano, reduciendo sus horas de clase en los planes de estudio y forzando a niños y no tan niños a hablar en las lenguas específicas de esas comunidades. Un escenario así es impensable en Asturias, al menos por muchos años.

Ahora bien, si una lengua es oficial en un territorio tendrá que plasmarse de alguna manera en los planes de estudio y en las formas de relación de la Administración con los ciudadanos. No puede dejarse al albur de profesores y funcionarios. La oficialidad no significa que cada uno libremente pueda hablar en la lengua que le plazca por la calle, como se deduce de algunas de las manifestaciones de Gabino de Lorenzo, porque eso es simplemente lo que ocurre en un territorio dónde hay libertad. La oficialidad comporta un compromiso muy superior, porque conlleva la presentación de oficios bilingües por parte de la Administración y la contratación de traductores para respetar los derechos de los ciudadanos que quieran utilizar una determinada lengua.

La oficialidad de la llingua es perfectamente posible en Asturias. Lo que tienen que valorar De Lorenzo y Fernández Pardo es si esa medida conecta con los intereses de su electorado y con el discurso de Rajoy. En caso afirmativo, a por la victoria con la bandera del bilingüismo.

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CABOS SUELTOS
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Juan Neira | 05-03-2008 | 07:46| 0

Hay gente que se abstuvo de ver los debates televisados entre Zapatero y Rajoy. Otros muchos dicen que los siguieron un rato, pero que luego se fueron para la cama. Casi todos aseguran que se trataba de programas de televisión aburridos, que no hubo debates de verdad, que fueron una sucesión de monólogos con cifras intercaladas, etcétera. Sin embargo, pese a todo lo anterior, hay dos cosas claras: fueron los programas de televisión con más audiencia de los últimos años y sin esos debates las campañas electorales quedarían reducidas a un circo, en el que los candidatos podrían decir las cosas más fantásticas sin que nadie les llevara la contraria.
Visto en perspectiva, el armazón argumental de Rajoy en los dos debates se basó en cinco apoyaturas: la protesta contra carestía de la vida, las quejas hacia la saturación de servicios públicos por la llegada de inmigrantes, la denuncia contra las negociaciones del Gobierno con ETA, la desigualdad de derechos entre los ciudadanos dentro del mapa autonómico y la baja calidad de la enseñanza.
Zapatero realizó un discurso más difuso, con una raíz común: la extensión de los derechos y el reparto de los beneficios. Las alusiones a la Ley de Dependencia o las revalorizaciones del sueldo mínimo y las pensiones, así como las referencias a la igualdad de sexos, estaban envueltas en el discurso de la profundización de la democracia. Si Rajoy se quejaba de la dificultad de usar el castellano en Cataluña, Zapatero veía el mapa autonómico unido por múltiples líneas de ferrocarril y por nuevas autovías.
El discurso de Zapatero fue nítidamente optimista, porque hasta las cuentas del terrorismo le salían bien con la contabilidad comparada de los atentados mortales de las dos últimas legislaturas. El hilo argumental de Rajoy fue marcadamente pesimista, de ahí la imperiosa necesidad de rectificar, operación que pasaba por devolver el gobierno al PP.
Del cruce de ambos discursos se constatan insuficiencias y carencias. La primera insuficiencia consiste en analizar la economía por el prisma del precio del pan, el pollo y los huevos. Desde la época en que Fraga atacaba el debate sobre el estado de la nación con la tabla de precios de la tienda de la esquina en la mano nunca había caído tan bajo el debate económico. Una “perla” sobre el particular. Rajoy, ante un impotente (por ignorante) Zapatero, alardeó de la bajada de los precios de la electricidad durante los gobiernos de Aznar, cuando esa bajada fue una barbaridad que originó el actual déficit tarifario: las poderosas compañías eléctricas cobran del Estado lo que dejan de facturar a las familias y las empresas. Consecuencia: se consume más, cobran los operadores eléctricos más y lo pagamos todos por la vía de los impuestos. Aunque suene fuerte hay que decirlo: a Zapatero y a Rajoy les aburre la economía, prefieren tratar siempre sobre otras cosas, y si no queda otra posibilidad reducen el debate económico a las cuentas de la lechera.
Una carencia del debate fue la estrategia ante los nacionalistas. De ETA hablaron mucho, Zapatero y Rajoy, de los nacionalistas que llevan quince años teniendo la llave del poder en la mano (con la excepción del segundo mandato de Aznar) no dijeron nada. Los españoles quieren saber qué van a hacer Zapatero y Rajoy con los grupos nacionalistas si gobiernan sin mayoría absoluta. Rosa Díez dijo que no gobernaría con ellos, pero Zapatero y Rajoy guardaron silencio.
Por último, por extraño que parezca, la gran ausente del debate fue la Sanidad. Hablaron de inmigrantes o de la Ley de Dependencia, pero la Sanidad, el principal pilar del Estado del Bienestar, no mereció atención en el debate.

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EL LIBRO BLANCO DE ZAPATERO
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Juan Neira | 04-03-2008 | 07:30| 0

El segundo debate entre Zapatero y Rajoy se había presentado como la revancha del anterior, sin que estuviera claro quién había ganado el primer enfrentamiento. Ya sé que las encuestas dieron, la pasada semana, la victoria a Zapatero por unanimidad, pero la percepción de los candidatos probablemente era otra. Por ello, Zapatero introdujo más novedades en el segundo “cara a cara”, mientras que Rajoy reiteró los principales argumentos del primer enfrentamiento, haciendo quizás un uso abusivo del que podríamos denominar “discurso de la mentira”, consistente en repetir muchas veces que Zapatero mintió o miente en tal o cual asunto. Esto no quiere decir que Rajoy no aportara novedades, como hacer del tendero castellano-hablante multado el eje del discurso de la discriminación del socialismo catalán.

Pero las verdaderas y eficaces novedades las llevó al plató Zapatero. La primera la del truco del libro blanco, que ni era libro ni estaba en blanco, pero que rompió la atención de Rajoy y creó sobre la mesa un virtual “dos contra uno”, favorable a Zapatero. El discurso de Zapatero se apoyaba en la autoridad del libro blanco, una especie de memoria de la legislatura y de futuro programa. Cuando Rajoy replicaba sobre algo, Zapatero hacía un gesto poniendo la mano sobre el libro, como diciendo que las palabras o las cifras no las decía él, sino que constaban en el libro, así que se trataba de afirmaciones sólidas.

Luego vino el golpe de efecto de la primera intervención del debate sobre economía y empleo, demostrando Zapatero (con la ayuda del famoso libro blanco) que Rajoy había mentido en el anterior debate al decir que su primera intervención de la legislatura había estado dedicada a preguntar sobre precios y economía.

Hasta el descanso, la iniciativa en el debate la llevó Zapatero, aunque Rajoy forzó al límite al discutir sobre inmigración, afirmando que los españoles podían estar incómodos con los inmigrantes por los problemas de becas, plazas en comedores escolares, etcétera.

Durante todo el debate el rostro de Rajoy estaba más crispado que una semana atrás, porque las encuestas electorales suponían una presión añadida sobre el líder de la oposición. Zapatero controló su rostro y hasta en los momentos más comprometidos de la discusión evitó la sensación de desolación que en algunos momentos estuvo dibujada en su expresión siete días atrás. Este es un asunto mucho más importante que las fruslerías sobre el color de trajes y corbatas: en los planos cortos gana siempre Zapatero, porque en su rostro no hay tic ingobernables y está mejor preparado para resistir la prueba de la cámara.

A todo lo anterior hay que añadir un error de Rajoy, al empeñarse en debatir sobre una intervención del Gobierno de Zapatero en Naciones Unidas, lo que permitió prolongar el debate sobre Irak, terrorismo islamista, etcétera, en vez de hablar de ETA.

Al llegar al descanso, con tres bloques temáticos ya debatidos, la ventaja de Zapatero era clara, gracias a una táctica muy superior que se apoyaba en tres piezas básicas: a) el recurso del libro blanco b) interrumpir los parlamentos largos de Rajoy, cuando más luce la oratoria de líder del PP y c) esforzarse por dedicar unos minutos de cada tema a exponer proyectos para el futuro.

En el descanso, los españoles vimos anuncios, pero los asesores de Rajoy jugaron un papel fundamental al suministrarle otra versión sobre la famosa “mentira” del principio del debate (su primera pregunta de la legislatura). A partir de aquí Rajoy llevó la iniciativa, pero fue ya demasiado tarde. Mantengo la misma fórmula de siete días atrás, pero cambiando de protagonista: el debate se le dio mejor a Zapatero.

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