El Comercio
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AZNAR Y RAJOY
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Juan Neira | 22-06-2008 | 10:42| 0

El congreso nacional del PP, en Valencia, tendrá lugar sin sobresaltos, al estar su desarrollo encauzado desde que el sector crítico desistió de presentar una alternativa. La incertidumbre en los congresos tiene que ver con la elección de los dirigentes y en este caso no habrá dos candidaturas disputándose el voto de los delegados. En consecuencia, el congreso tiene dos posibles ganadores: Mariano o Rajoy.
Los tres meses que antecedieron a la cita de Valencia conocieron el debate más duro habido en el seno de la derecha, desde el año 1989. El intento de Mariano Rajoy de presentarse a la reelección como presidente del partido fue duramente contestado desde medios de comunicación afines al PP, que pusieron las derrotas de Rajoy en las dos últimas elecciones generales como impedimento para seguir ejerciendo el liderazgo en el partido. Rajoy debía de irse. Al sucederse una catarata de hechos, dimisiones, abandonos, declaraciones, etcétera, se olvida cómo empezó todo. Pues bien, recordémoslo: con el PP callado y un par de periodistas diciendo que Rajoy ya había traspasado la fecha de caducidad.
Sin perder nunca la dimensión personalista -la conveniencia del liderazgo de Rajoy-, el debate adquirió un mayor calado cuando el presidente del partido desgranó ante la Junta Directiva Nacional del PP el análisis de las elecciones, sugiriendo que la victoria socialista había sido facilitada por el rechazo que suscitaba el discurso del PP en algunas comunidades autónomas de fuerte impronta nacionalista. Rajoy puso el dedo en la llaga: los 25 diputados del socialismo en Cataluña se deben a votos prestados de otras formaciones que recalaron en el PSC por miedo al PP. A partir de este análisis, Rajoy ligó su futura candidatura a la Presidencia del Gobierno con una reorientación de la línea política del partido: la moderación centrista y la apertura al diálogo con los partidos nacionalistas de derechas (PNV y CiU).
En ese momento empezó la contestación de los dirigentes del partido, iniciada por Esperanza Aguirre con un brillante discurso en la sede del diario, ABC («no me resigno»), en el que pedía un rearme ideológico del PP. Se sumaron otras voces con más pretensión de dañar que de argumentar, tildando de «traición» el giro propuesto por Rajoy.
Situarse políticamente
Las tesis de Rajoy invitaban a un debate político de altura, que cada cierto tiempo reaparece en la derecha, al tener que posicionarse, simultáneamente, frente a la izquierda y al Estado de las Autonomías. Pero el sector crítico rehusó el debate para poner en práctica una estrategia de desestabilización, muy bien planificada, que consistía en tomar la iniciativa cada semana a partir de la sorpresa del lunes por la mañana: abandono de Zaplana, renuncia de María San Gil, carta de Elorriaga, abandono de Acebes, etcétera. Una operación de acoso y derribo diseñada para erosionar el ánimo de Rajoy. Fruto de todo ello tomó un protagonismo excesivo la organización del PP del País Vasco, y quedó en segundo término la esencia del debate: por qué se perdieron las elecciones, qué rumbo debe tomar el partido de la derecha.
El debate, en sus bases conceptuales, lo retomó ayer Aznar ante los delegados del congreso, con una intervención muy cuidada, que tuvo tanto de reivindicación del pasado como de guía hacia el futuro. El ex presidente del Gobierno citó a cinco militantes, entre vivos y muertos, del PP vasco, para subrayar el grado de identificación emocional que tiene con la lucha antiterrorista. Y a partir de aquí, expuso un discurso nítidamente político, en el que quiso deshacer el mito del centro político: «Sigo sin comprender el centro como final imposible de un viaje interminable. Estamos en el centro desde 1989». La supuesta intolerancia de los gobiernos del PP quedó rebatida por Aznar, al desgranar todos los acuerdos a los que había llegado cuando estaba en el poder. Sin nombrar a los nacionalismos, Aznar puso condiciones para entenderse con ellos: el reconocimiento de la nación y la igualdad de los ciudadanos. Frente a las alianzas del PSOE, afirmó que «nunca nos movimos en la periferia de la Constitución».
El alineamiento de los dirigentes del PP en dos bandos quedará sancionado cuando todos los nombres importantes de la vieja guardia, con la excepción de Javier Arenas, queden fuera del nuevo equipo de Rajoy. El último en rechazar la oferta fue Ignacio Astarloa. El congreso no deja margen para muchas sorpresas, pero el debate sobre la estrategia del PP está lejos de cerrarse: el centro y los nacionalismos volverán a salir a colación en cuanto el partido tenga dudas.
«Mito del centro»
Cuando gobernaba, Aznar no fue ajeno al «mito del centro», y en la primera legislatura emprendió un viaje a ese lugar imposible, al relevar a Miguel Ángel Rodríguez por Piqué, en el cargo de portavoz del Gobierno. En cuanto a los nacionalismos, también llegó a pactos y acuerdos, que no siempre fueron ajenos al terrorismo, como el acercamiento de presos al País Vasco. Ahora bien, Aznar hizo todo eso desde el poder, no lo anunció desde la oposición. En cuanto gozó de una situación más sólida (segundo mandato) dejó de hablar catalán en la intimidad y se acabaron los contactos con el nacionalismo vasco.
Aznar ganó las elecciones en el mes de marzo de 1996, sin hacer concesiones, a través de una oposición frontal contra el Gobierno de Felipe González. Y Rajoy propone un modelo de oposición más dúctil en las formas y poco conflictiva con los nacionalismos. Cuando tuvo que asegurar una mayoría parlamentaria para gobernar, Aznar se entendió con Pujol y sacrificó a Vidal-Quadras, la figura emergente del PP catalán. Una línea política de ese tipo insinúa Rajoy, pero tiene una legislatura por delante y aún no ha batido al socialismo en las urnas.
Es una cuestión de tiempo y expectativas. En el año 1993, tras perder las elecciones generales, Aznar tenía 39 años y Felipe González iniciaba su cuarta legislatura, erosionado por tantos años de estancia en la Moncloa. Hoy, Rajoy tiene 53 años y Zapatero está en el inicio del segundo mandato. Como el electorado le dio la espalda a Rajoy, el líder del PP está dispuesto a anticiparse y picar en la espalda al electorado.

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ENSEÑANZAS DE PRIMAVERA
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Juan Neira | 21-06-2008 | 10:34| 0

La resistencia mostrada por el presidente del Partido Popular Mariano Rajoy al intento de desestabilización protagonizado por un grupo de notables de su propio partido ha permitido llegar al congreso de Valencia sin incertidumbres. Como el Partido Socialista y el Partido Popular son elementos clave en el sistema político español es muy importante que gocen ambos partidos de estabilidad. Si en ocasiones se produce un vacío de poder, en alguno de ellos, tiene que ser por causas muy justificadas. Un ejemplo fue lo ocurrido en el PSOE, en el año 2000, cuando tras frustrarse la candidatura electoral de Josep Borrell, ganador en su día de las primarias, sufrió Joaquín Almunia un batacazo en las urnas, al sacar el PP una holgada mayoría absoluta (183 escaños). El PSOE se gobernó por una gestora, presidida por Manuel Chaves, hasta que Zapatero accedió a la Secretaría General de los socialistas. Lo ocurrido en el PP, el pasado mes de marzo, fue algo muy diferente, porque aunque perdió las elecciones aumentó en votos y en escaños.
Pedir la renuncia de Rajoy, en ese contexto, eran ganas de meter cizaña en la vida interna de la organización. La capacidad de Rajoy de aguantar los embates de los críticos ha servido para aportar estabilidad y dejar claras un par de enseñanzas.
A lo largo de la primavera, Mariano Rajoy ha demostrado que el Partido Popular no es una formación guiada por la organización madrileña, por muy buenos resultados electorales que saque el PP de la capital. La mayoría de las organizaciones regionales han dado su apoyo a Mariano Rajoy y en ellas se ha basado para renovar su candidatura a la Presidencia. El Partido Popular es algo más que los militantes de Madrid y determinados medios de comunicación afines.
La otra enseñanza de Mariano Rajoy tiene que ver con línea política propuesta para hacer oposición en esta legislatura. La lucha antiterrorista y el carácter integrador del Estado de las Autonomías son cuestiones muy importantes, pero no se puede agotar la política de un partido de gobierno en estas cuestiones. Y lo que es más relevante: no cabe hacer una política territorial quedándose aislado en el Parlamento. En el congreso se someterá a discusión el giro hacia la moderación propiciado por Mariano Rajoy, y es de esperar que las voces críticas oídas, en estos últimos meses, se vuelvan a escuchar desde la tribuna. De no ser así, habrá que pensar que luchaban por el sillón.

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LAS DOS NIÑAS DE RAJOY
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Juan Neira | 20-06-2008 | 08:05| 0

Veinticuatro horas antes de iniciarse el congreso nacional del PP, Mariano Rajoy ha desvelado los nombres de los militantes que constituirán su equipo para dirigir el partido. La nueva secretaria general será María Dolores de Cospedal, que contará con la colaboración de tres vicesecretarios, Ana Mato, Esteban González Pons y Javier Arenas. Una renovación en la cúpula de partido semejante a la llevada a cabo en la dirección del grupo parlamentario del PP. En tres meses, se ha producido un cambio radical de responsables, con la excepción del propio Rajoy que seguirá encabezando la oposición en el Congreso de los Diputados y dirigiendo el partido.

De la vieja guardia de Aznar sólo queda Javier Arenas, que sirve de nexo entre los viejos tiempos y los nuevos, un papel parecido al que desempeñó Rubalcaba en la primera comisión ejecutiva dirigida por Zapatero, tras ser elegido secretario general del PSOE en el XXXV Congreso. Al igual que ocurrió con Zapatero cuando se hizo cargo del PSOE, el cambio de Rajoy tiene un componente generacional, visible en la personalidad de sus dos principales colaboradores: Soraya Sáenz de Santamaría, en el Parlamento, y María Dolores de Cospedal en el partido. Ahora se entiende mejor las alusiones enigmáticas de Rajoy a “la niña”. A falta de una, son dos las niñas de Rajoy.

Las decisiones de Rajoy ante el Congreso están llenas de sentido común. Pese a los ataques del sector crítico, periodismo incluido, ha optado por una imagen de modernidad y moderación, para orientarse hacia el electorado de centro. Poner en los puestos principales a dos mujeres es un acierto porque ahora ya se sabe que la victoria de Zapatero en las elecciones se forjó entre el voto femenino. Con mucho tino ha hecho un guiño a Esperanza Aguirre, cabeza visible del sector crítico, para atraérsela, al nombrar a una ex consejera suya como secretaria general del partido y al dejar a Alberto Ruiz Gallardón fuera del equipo de dirección. En el congreso no deben suceder sorpresas y la lista de Rajoy será aprobada por una amplia mayoría. A partir de ahí empieza la normalización en el PP, tras una primavera sumamente agitada, que no se justifica por haber perdido las elecciones por quince diputados. El que resiste, gana.

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INTERESES ENFRENTADOS
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Juan Neira | 19-06-2008 | 08:03| 0

Los consejeros de Administración Pública de varias comunidades autónomas socialistas han reclamado, desde Andalucía, la aprobación de una nueva Ley de Régimen Local. En la reunión estaba Ana Rosa Migoya en representación del Principado.

Esta ley que demandan las comunidades estuvo a punto de aprobarse en el anterior mandato y cuando todo estaba preparado para pasar el trámite parlamentario quedó aparcada sin explicaciones. En la necesidad de contar con una nueva norma coinciden el Gobierno central, las comunidades autónomas y los ayuntamientos, pero cada uno por distintos motivos: el Gobierno quiere delimitar bien las competencias de cada Administración, los ayuntamientos buscan recibir más financiación y las comunidades autónomas reconocer por ley la jerarquía que mantienen con respecto a las corporaciones municipales. Como la elaboración de la norma estaba llena de tensiones quedó pospuesta su aprobación y ahora sigue todo como entonces, con el añadido de la mala situación económica que entorpece cualquier negociación. Pedir una nueva Ley de Régimen Local sin avanzar qué se pretende, no es decir mucho.

La agenda de Zapatero para esta legislatura sigue sin conocerse. En el primer mandato parecía tener prisa por hacer cosas, y ahora mantiene un papel pasivo, en espera de que sea el tiempo el que haga las cosas por él. Algunas actuaciones, como la devolución de los 400 euros, resultaban obligadas, y otras le vienen impuestas, como la negociación de la financiación autonómica, por la presión de la Generalitat. Entre obligaciones e imposiciones tiene el presidente capacidad para asumir iniciativas que no estaban en el programa como esa implicación internacional en la lucha contra la pena de muerte. En cuanto a la Ley de Régimen Local, el Gobierno central ha optado por hacer caso a los ayuntamientos y empezar por los problemas económicos. Cabe tomar unas medidas, en línea con lo apuntado por Solbes, de apoyo a los ayuntamientos o dejar que tengan las comunidades autónomas gran capacidad de disposición con respecto a los municipios. Lo único realmente negativo sería que el Gobierno central, por quedar bien con todos, asumiera las demandas con cargo a la Hacienda del Estado.

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LO QUE TOCA EN EL PP
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Juan Neira | 18-06-2008 | 08:08| 0

A tres días de empezar el congreso nacional del PP las aguas están mucho más tranquilas que unas semanas atrás. El sector crítico, formado por un conjunto de personalidades que ocuparon puestos relevantes en el Gobierno durante la época de Aznar, ha fracasado en su intento de doblar la muñeca a Mariano Rajoy antes de la realización del congreso y ahora se encuentra sin una estrategia definida. En esa situación se impone la consigna del “sálvese quien pueda”: María San Gil no acudirá a la cita valenciana, Francisco Granados –mano derecha de Esperanza Aguirre en Madrid- dice que votará a Rajoy y Juan Costa no será candidato a ningún cargo. Rajoy ultima los preparativos del cónclave y mantiene la incógnita sobre la personalidad del futuro secretario general del PP; desde los medios se especula con la posibilidad de que sea Pío García Escudero o Ana Mato. Jugar con nombres es muy periodístico, pero, en realidad, la figura del secretario general tiene una importancia relativa, al ser equivalente a la del secretario de organización en el Partido Socialista. No creo que Acebes o José Blanco hayan hecho nunca sombra a Aznar o a Zapatero.

Hasta que empiece a desarrollarse el congreso quedará abierta la incógnita sobre la integración de personalidades del sector crítico en la única candidatura que se va a presentar en el mismo, encabezada por Mariano Rajoy. Esperanza Aguirre ha declinado la invitación para formar parte de la lista. Que la presidenta del PP madrileño no haya aceptado la oferta no significa que otro dirigente crítico no vaya a hacerlo. Como ya hemos expuesto antes, se está en la fase del “sálvese quien pueda”, así que todavía tiene tiempo Rajoy para aumentar los apoyos.

Con un país sumido en una crisis repentina, que en un semestre se ha llevado por delante más de 250.000 empleos, le tocaba al congreso del PP ahondar sobre planes económicos para hacer frente a esa combinación de inflación, paro y déficit exterior que daña a nuestro tejido productivo. Sin embargo, la reunión congresual tendrá otras urgencias, que pasan por solucionar la división interna y proponer una reforma constitucional para poner diques contra el nacionalismo. Llevamos un lustro discutiendo de lo que no toca.

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CONTRA EL SENTIDO COMÚN
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Juan Neira | 17-06-2008 | 08:07| 0

Andan los grupos parlamentarios dando vueltas a la inclusión de la concertación social en el Estatuto de Autonomía. IU es ferviente partidaria de esa alternativa para que el pacto social no tenga vuelta atrás y, aunque gobierne la derecha más extrema, no tenga otro remedio que convocar a los agentes sociales y negociar un pacto de progreso. El PSOE y el PP tienen una postura más vacilante y reflexionan sobre la posibilidad de realizar en el Estatuto alguna alusión al tema, como recoger en el texto la conveniencia del pacto social. Puestos a quedarse con una de las dos propuestas, la del PSOE y del PP es menos mala que la de IU, aunque no tenga nada de buena.

En el último proceso de reformas estatutarias se ha optado por incluir en los textos variadas cuestiones que son ajenas al régimen autonómico. Algunas de ellas tienen cabida en las constituciones, como recoger un listado de derechos y deberes, mientras que otro grupo de propuestas descienden al detalle de un reglamento, así que no valdrían ni para una ley ordinaria.Las novedades incluidas en los estatutos de autonomía tienen un denominador común: convertir las cartas autonómicas en un arma para intervenir en la vida de los ciudadanos y en los usos institucionales y sociales. La inclusión del pacto social en el Estatuto de Autonomía de Asturias sigue esta senda.

La autonomía y el autogobierno no tienen nada que ver con el pacto social. Se puede tener un acendrado sentido de la autonomía y un nivel de autogobierno muy alto sin que haya concertación social. Y al revés: la concertación social más perfecta no aporta un gramo de autogobierno. El pacto social no es bueno ni malo, por si mismo, siendo conveniente en determinadas circunstancias y resultando una iniciativa hueca en otras. El intento de convertir la concertación social en un rasgo identitario de Asturias es una patochada. Lo único verdaderamente anómalo en Asturias es el exorbitante peso de los agentes sociales que negocian con el Principado los planes de infraestructuras y la gestión de los servicios públicos. En ningún territorio avanzado existe esa confusión entre fuerzas sociales y poder político, así que sería un error consagrar esa fórmula elevándola al rango de ley orgánica.

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INCÓGNITAS RESUELTAS
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Juan Neira | 16-06-2008 | 08:06| 0

Cuando falta una semana para la celebración del congreso nacional del PP las principales incógnitas ya están resueltas: la candidatura de Mariano Rajoy no tendrá competidoras y la estrategia del partido para los próximos años pasa por un giro hacia la moderación, renunciando a recuperar el Gobierno por la vía de crear dudas sobre los autores del 11-M. Rajoy se ha liberado de las tesis duras de Aznar, Mayor Oreja y Esperanza Aguirre e impondrá una línea política orientada a recuperar el electorado del centro, que ha sido siempre el gran objetivo de los partidos de la derecha en España (UCD, CDS, PP) para poder gobernar.

Al final, los sectores discrepantes con Rajoy no se han atrevido a presentar un candidato a la presidencia del partido, porque no era nada fácil obtener el número de firmas necesario para optar por el liderazgo. Esperanza Aguirre renunció a dar el paso y Juan Costa nunca fue un dirigente capaz de aglutinar al sector crítico, ya que le falta madera de líder. A Rajoy le apoyan la mayoría de las organizaciones regionales, aunque enfrente tiene a las personas más conocidas del PP, empezando por Aznar y siguiendo por Mayor Oreja, Rato, Zaplana, Acebes, Astarloa, Esperanza Aguirre, etcétera. En cualquier caso, lo peor para Rajoy ya ha pasado, porque la estrategia de los críticos, centrada en forzar la renuncia de Rajoy, se ha diluido.

El PP y el PSOE no son unos partidos políticos cualquiera. Tras 31 años de elecciones libres queda claro que son las dos únicas opciones reales de gobierno, así que es muy importante garantizar su solidez e independencia. Digo esto porque el rechazo a Rajoy no nació de ningún sector del PP sino desde algunos medios de comunicación, donde se ha seguido en los tres últimos meses una táctica sistemática de desgaste de la figura del presidente del PP. Medios etiquetados de derecha se han olvidado del principal dirigente de izquierdas (Zapatero) para atacar, día tras día, a Rajoy, por el sólo hecho de no plegarse a sus orientaciones. La influencia de los medios en la política es algo normal en todas las sociedades modernas, pero dirigir los partidos desde periódicos y radios es una aberración. La primera victoria de Rajoy será desprenderse de compañías peligrosas.

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El PACTO DE LA ENERGÍA
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Juan Neira | 15-06-2008 | 11:48| 0

Transportistas, pescadores, agricultores y taxistas convergen en sus protestas contra el Gobierno. Empresarios, trabajadores por cuenta ajena y autónomos practican el cierre patronal o la huelga para que el Ejecutivo atienda sus demandas. Colectivos numerosos exigen la solución al Gobierno de un problema que no ha contribuido a crear: el precio del gasoil.
Hace un año el barril de petróleo se vendía en los mercados internacionales a 70 dólares y ahora roza los 140. Los derivados del crudo han experimentado una subida similar a la del petróleo, complicando la existencia a los sectores laborales que hacen un uso intensivo de los hidrocarburos. Ante esta situación, los colectivos laborales no entran en litigio con sus proveedores o clientes, sino con el Gobierno. Todas las medidas que se barajan –petróleo profesional, tarifas mínimas de transporte, repercusión automática del precio de las subidas del gasoil en los contratos, aplazamiento del pago de las cuotas a la Seguridad Social, bonificaciones fiscales- tienen como destinatario al Gobierno, que debe echar mano de la caja del Estado para compensar la subida del petróleo o imponer cláusulas a las empresas que tienen relaciones comerciales con los sectores afectados directamente por la subida del crudo. Dicho de otra manera: unos españoles se unen para pedir al Gobierno que el resto de los españoles les dé más dinero. Esta es la ley oculta que rige en todo tipo de subvenciones públicas.
Coincidiendo en el calendario, el Ministerio de Industria revisa la cuantía del recibo de la luz, al aplicar una subida en la tarifa del cinco o el seis por ciento. Un incremento que se debe sumar al realizado al principio de año, así que en un semestre el recibo de la luz habrá conocido una subida cercana al ocho o al nueve por ciento.
Aunque la decisión del Gobierno viene endulzada con una promesa de tarifa social, practicable únicamente para los hogares con un equipamiento eléctrico propio de los tiempos de la autarquía, la respuesta del público es unánime: rechazo al incremento del precio de la electricidad. No le gusta la propuesta a las familias y tampoco a las empresas. El consenso es tan grande que logra lo más difícil, al estar en contra los operadores eléctricos, que pedían una subida del 20%, y los grandes consumidores de electricidad que quieren mantener las tarifas reducidas.
De todos los rechazos sociales, tanto los producidos en la calle, la carretera, el campo y el puerto, como los registrados en las encuestas, cabe colegir que el Gobierno de Zapatero va a sufrir un rápido desgaste en el primer año de legislatura. Como la crisis económica no va ser un breve paréntesis en nuestras vidas, el deterioro de la actividad económica dará paso a un malestar social creciente y a partir de ahí empezará la erosión del Gobierno. Aunque los grupos de oposición están muy debilitados, los ciudadanos se encargarán de hacer directamente de oposición.
Justo es reconocer que en su primera legislatura el presidente Zapatero no supo vender la bonanza de la economía española. Durante gran parte del mandato, el tiempo que va desde la gestación del “Estatut” (verano de 2005) hasta la ruptura definitiva de la tregua por parte de ETA (junio de 2007), el incremento del PIB y la creación de empleo estuvieron ausentes del discurso político, para recuperarlos en los nueve meses últimos de la legislatura, cuando se acercaban las elecciones. Al cambiar el ciclo, la única estrategia del Gobierno pasa por reivindicar el valor del eufemismo en la explicación de la coyuntura: desaceleración económica en vez de crisis. Si no fuera porque resulta muy ofensivo, diría que me recuerda la técnica de los partes de guerra alemanes ante la arrolladora progresión de los ejércitos aliados: “avances elásticos de la retaguardia”. Así se denominaba el repliegue sobre Berlín.

EL GOBIERNO VA A SUFRIR UN RÁPIDO DESGASTE EN EL PRIMER AÑO

En las dos últimas semanas ha faltado un portavoz del Gobierno capaz de llamar a las cosas por su nombre. No hubo ningún miembro ni miembra del Gobierno capaz de hacer pedagogía social, como la hacía, en televisión, el vicepresidente del Gobierno, Fuentes Quintana, preparando el camino para los Pactos de la Moncloa. Antes de que la vida nacional sea un guirigay, hace falta que alguien se ponga delante de un micrófono para decir que la crisis de la energía es un choque externo, imposible de solucionar intercambiando el dinero entre españoles. Disfrazar el brutal encarecimiento del crudo echando mano de la Hacienda del Estado sólo servirá para hundirnos más en la crisis.
El cambio de ciclo empezó con la contaminación del tejido financiero por el mal de las “hipotecas basura”, teniendo como resultado, en España, el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Pero ahora ha emergido con toda su crudeza las consecuencias de la escalada del precio del petróleo. Con la crisis energética nos hemos topado por tercera vez en 35 años, y eso no se soluciona con líneas especiales de crédito ni con regalos de 400 euros. Hay que tomar medidas a corto, medio y largo plazo, sin caer en los errores del pasado: en cuanto bajó el precio del crudo se aplicó la moratoria nuclear.
FIN DE LA MORATORIA
A corto plazo hay que ahorrar energía, y no hay mejor inhibidor del gasto que la aplicación de un precio real al consumo. Es bueno que la gente viaje menos en coche y en avión. Así, como suena. ¿Cómo puede ser que el precio del petróleo se haya duplicado en un año y el consumo de gasoil sólo haya descendido un 10%? Y si hay que dar ejemplo se reducen cargos públicos y se aligeran las flotas de flamantes berlinas de cinco metros de largo. Miguel Ángel Revilla no se deprime por usar un taxi convencional.
Es urgente revisar las previsiones energéticas para acelerar la extensión de las energías renovables y rebajar las aportaciones de combustibles fósiles, todos ellos marcados en los mercados por el curso que toma el precio del petróleo. Y hace falta terminar con la moratoria nuclear, la única manera de tener autonomía energética y de rebajar el CO2 que se expulsa a la atmósfera. Estas medidas precisan de un pacto PSOE-PP sobre la energía, tan necesario como lo es la renovación del Pacto de Toledo para la sostenibilidad financiera de las clases pasivas.
Hay que hacer política, señores del Gobierno, ya llegará el tiempo de introducir enmiendas “de género” en el diccionario de la RAE.

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GRACIAS AL PP
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Juan Neira | 14-06-2008 | 12:34| 0

El segundo crédito presupuestario, presentado por el Gobierno regional a la Junta General del Principado, fue aprobado con los votos del PSOE y del PP, optando IU por la abstención. Tras el visto bueno parlamentario, el Gobierno de Álvarez Areces ya tiene para invertir y gastar tantos recursos como los previstos en las cuentas rechazadas por el Parlamento, al final del pasado año. El Principado podrá contar con cerca de 250 millones de euros, que no estaban en la prórroga presupuestaria, gracias al apoyo del PP que ha respaldado todas las propuestas de inversión planteadas por el Gobierno regional. A falta de una estrategia definida, IU ha apoyado el primer crédito, para no enfrentarse a los sindicatos, y se ha abstenido en el segundo para distanciarse de los socialistas.

En el debate parlamentario, el portavoz socialista, Álvaro Álvarez, ha reconocido el proceder responsable del PP y les ha invitado a discutir las bases presupuestarias del año 2009, para no perder inversiones. Por su parte, Ovidio Sánchez ve difícil consensuar las futuras cuentas regionales, arguyendo las diferencias que hay entre los dos partidos en política económica.

El Gobierno socialista tiene que estar enormemente satisfecho del giro que ha dado el curso parlamentario. Ni en el más bello de los sueños podía imaginar que el grupo parlamentario del PP aprobara todas las propuestas de gasto presentadas en la Cámara. Si los ayuntamientos cuentan con apoyo financiero para desarrollar proyectos es gracias a la nueva estrategia del PP que ha comprendido que el favor de los ciudadanos no se consigue bloqueando el Parlamento sino respaldando lo que beneficia los intereses generales. Eso no quita para extremar el control sobre la acción del Gobierno, como lo demuestra al votar la creación de una comisión parlamentaria que estudiará los sobrecostes del nuevo Hospital Central. Lo que no pueden pretender los socialistas es que la actitud constructiva del PP se confunda con la política de un aliado del Gobierno. Me refiero a la propuesta para consensuar un nuevo presupuesto. Una cosa es ser bueno y otra renunciar a ser oposición. En ningún parlamento el PSOE y el PP votan juntos las cuentas anuales. Asturias no será una excepción.

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SOLBES, CON LOS ALCALDES
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Juan Neira | 13-06-2008 | 06:43| 0

Pedro Solbes ha asegurado que los problemas de la financiación municipal se pueden solucionar sin que los alcaldes tengan que subir los impuestos. El ministro de Economía afirmó que las llamadas “competencias impropias” (servicios que prestan los ayuntamientos sin ser de su competencia) son una responsabilidad de las comunidades autónomas, así que a ellas les toca financiarlas.

Es la primera vez en la democracia que todo un vicepresidente económico del Gobierno toma partido de una forma tan rotunda por la causa de los ayuntamientos. Los alcaldes acaban de escuchar de boca del Gobierno el mensaje que querían oír: las dificultades económicas que atraviesan los consistorios son responsabilidad de otras administraciones y la forma de enderezar las cuentas no tiene que ver con establecer nuevos tributos. Solbes no hace ninguna llamada a la responsabilidad de las corporaciones municipales sino que las deja en la menoría de edad, sin necesidad de obtener nuevos recursos y pasando la patata caliente a los gobiernos autonómicos. El presidente de la FEMP, Pedro Castro, había fijado la deuda municipal en 7.000 millones de euros, proponiendo pagarla a tercios entre las administraciones territoriales (Estado, comunidades autónomas y ayuntamientos). Tras las declaraciones de Solbes no creo que los alcaldes asuman los 2.333 millones de euros que les correspondían en la propuesta de Pedro Castro. Es mucho más ventajoso pasar la factura a las comunidades autónomas.

El Gobierno central iniciará, el próximo día 19, la negociación de la financiación municipal. Los alcaldes llegarán al primer encuentro con la moral muy alta, como corresponde a todo gobernante que tiene licencia para gastar con los tributos que recaudan otros. Como Solbes lleva muchos años en la vida pública es probable que su argumentación tenga como objeto poner en una tesitura incómoda a los gobiernos regionales con las que ha empezado a negociar, de forma bilateral, el nuevo modelo de financiación autonómica. Quizás el ministro de Economía quiera contar con los acaldes para dejar a los gobiernos autonómicos entre dos fuegos. Una táctica arriesgada, porque puede que, al final, le toque al propio Solbes apagar las dos hogueras.

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