El Comercio
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Títulos honoríficos
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Juan Neira | 17-03-2008 | 08:08| 0

La dirección regional del PP valora realizar alguna reasignación de funciones internas antes del próximo congreso regional del partido, que se celebrará en el último trimestre del año. Se trata de modestas iniciativas que, en algunos casos, como el de atribuir toda la responsabilidad parlamentaria a Joaquín Aréstegui, ya se venían produciendo. La actividad de un partido hay que interpretarla dentro de un marco general, así que una semana después del batacazo electoral que dejó al PP a casi 38.000 votos de distancia de la candidatura socialista hay que hacer algo para evitar que aumente el desánimo interno.

Siempre he pensado que los que dedican muchas energías a cuestiones orgánicas saben poco de política. Las respuestas orgánicas a problemas políticos (una derrota electoral es un problema político grave para cualquier partido) tienen que ver con el intento de eludir entrar en cuestiones de fondo (ideología, estrategia) o con el objeto de ganar tiempo. Es evidente que a Ovidio Sánchez le interesa ganar tiempo, para ver qué ocurre en el congreso nacional del PP, y sobre esa base encarar la preparación del congreso regional. La decisión de Rajoy de seguir al frente del PP ha sido una buena noticia para Ovidio Sánchez, aunque sólo sea por el mensaje implícito: las derrotas electorales repetidas no conllevan el relevo en el liderazgo interno. Sánchez perdió en tres elecciones autonómicas consecutivas y Mariano Rajoy resultó derrotado en dos elecciones generales. Es peor el expediente de Ovidio, pero el dirigente asturiano ya dijo que no prevé un cuarto intento, conformándose con la Presidencia del PP. Sin embargo, Rajoy se presentará a la reelección como líder del PP y quiere ser en el año 2012 su candidato para presidir el Gobierno.

Los organigramas de los partidos son una cosa anodina. Pero son algo. Digo esto porque en el último congreso del PP se crearon dos vicepresidencias, que ocuparon Gabino de Lorenzo y Pilar Fernández Pardo, y un adjunto a ambos, Juan Morales. A punto de cumplirse el mandato del congreso, no consta que los tres hayan tenido el menor protagonismo en la gestión diaria del partido a nivel regional. Simples títulos honoríficos

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PP, KILÓMETRO CERO
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Juan Neira | 16-03-2008 | 09:38| 0

La triple derrota en elecciones generales, autonómicas y municipales obliga a la derecha asturiana a una profunda revisión

El pasado año, por estas fechas, nos preparábamos para afrontar el nuevo ciclo electoral, un periodo de tiempo escaso, de ocho o diez meses, en el que se iba a renovar la composición de las corporaciones municipales, cámaras autonómicas y Cortes Generales. El proceso ha terminado, con un ganador, que en el caso de Asturias es el Partido Socialista, y con la derrota sin paliativos del Partido Popular, un grupo que se presentaba como alternativa de poder en todas las citas electorales.

El PP ha avanzado en las Cortes Generales, al tener seis diputados más que en anterior mandato y mayoría en el Senado. Las movilizaciones multitudinarias en la calle y las brillantes intervenciones parlamentarias de Rajoy (de todas ellas me quedo con el repaso que le dio a Ibarretxe cuando llegó a Madrid con su plan debajo del brazo) no han servido para evitar que Zapatero se quedara a seis escaños de la mayoría absoluta. Aún así, el PP tiene bases sólidas para afrontar la legislatura, aunque haya dudas sobre la estrategia a seguir. En su momento, Rajoy podría ser de nuevo candidato a presidente, pero lo más importante es que también tiene otros líderes muy bien situados, por nivel de popularidad y prestigio, para encarar el reto de recuperar el gobierno.

En Asturias, la situación es muy otra, porque el PP ha tocado fondo. El ciclo electoral se saldó con derrotas y los principales dirigentes han quedado amortizados o seriamente erosionado su prestigio. El presidente regional, Ovidio Sánchez, ha conocido la tercera derrota frente a Álvarez Areces, y no está en disposición de volver a encabezar la candidatura al Principado. La aureola victoriosa del alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo, forjada en cuatro mayorías absolutas consecutivas, se ha derrumbado al cosechar la más sonora derrota de un dirigente popular en las elecciones generales al quedar a casi 38.000 votos de diferencia de los socialistas. Desde el año 1989 no había tanta distancia entre los sufragios de la candidatura del PSOE y la del PP en Asturias. Alicia Castro ha abandonado la política activa. Dirigentes locales, como Pilar Fernández Pardo o Manuel Peña, que habían surgido con fuerza en el año 2004, se han visto debilitados por diferentes causas, en el caso de Peña porque el espacio de la derecha en Avilés se ha escindido, y en el de Fernández Pardo por sus errores en la política regional, al apuntarse incondicionalmente al bando de Gabino de Lorenzo.

Hay otra comunidad autónoma en la que el PP también ha tocado fondo: Cataluña. Y los males del PP en ambos territorios tienen un punto común: decisiones internas marcaron el inicio del declive. Para sacar adelante su primer mandato, Aznar aceptó la condición impuesta por Pujol: apartar de la escena catalana a Alejo Vidal- Quadras. En el caso de Asturias la deriva empezó el día que el aparato decidió acabar abruptamente con el único Gobierno regional que había tenido el PP, el presidido por Sergio Marqués. Del inicio de la crisis con Marqués se cumplen estos días diez años, cuando el aparato empezó a agitar el fantasma de la descoordinación, hasta llegar a aquel mitin de Avilés (6 de junio de 1998) en el que Cascos pronunció la célebre frase: prefiero partido sin gobierno, que gobierno sin partido. Un dilema engañoso, porque cargarse al gobierno es la mejor forma de debilitar el partido. Tras una década viajando, el PP asturiano se encuentra, de nuevo, en el kilómetro cero.

Que el PP no gobierna en Asturias es de sobra conocido. Lo que no es tan evidente es que la propia estructura orgánica se encuentra muy debilitada. La mejor forma de comprobarlo es el resultado de las elecciones municipales, donde el peso de las juntas locales tiene una mayor importancia en el resultado. De los últimos comicios locales han salido 54 alcaldes socialistas y 12 del PP. Una descompensación que demuestra que el poder territorial en Asturias está en manos de los socialistas.

Esa mala implantación territorial, fruto de las guerras internas y de los abandonos, lleva a que la gestión de la fuerza política se asiente en curiosos ejes de fuerza. En los últimos años, el poder del PP descansó en la alianza entre el aparato del partido (el grupo de Ovidio Sánchez) y el alcalde de Oviedo. Un tándem de conveniencia, como quedó demostrado en la precampaña con el ataque de Gabino de Lorenzo al presidente regional del PP, intolerable en otro partido. En esta última campaña también se ensayó otro eje de fuerza alternativo, a base de subordinar Gijón a Oviedo, con fracaso en las urnas.

En las últimas elecciones generales quedó agotado el recurso del liderazgo carismático. La autoproclamación como candidato de Gabino de Lorenzo fue recibida con júbilo por la base del PP, y el alcalde de Oviedo respondió a la expectación con el discurso político más ramplón que hemos visto en Asturias en treinta años de democracia. Se trataba, en versión de Gabino, de apostar “por los mejores”.

¿Y qué proponían los mejores? Retirada la hojarasca de la retórica, tres propuestas: oficialidad para la llingua, gestión prioritaria hacia los fondos mineros, y tres ramales de alta velocidad para comunicar Oviedo, Gijón y Avilés con el aeropuerto.

Hay que tener el norte muy perdido para disputar la hegemonía política en Asturias sobre el discurso de los fondos mineros, cuando hace un par de años, el entonces ministro de Industria, José Montilla, firmó el más fabuloso plan de fondos para Asturias, con una cobertura de 1.716 millones de euros, que vino acompañado de la dotación para prejubilaciones más generosa de la democracia: 600.000 euros por cada cuarentón liberado del tajo. Que con la llingua por bandera se puede ayudar a Rajoy a ganar elecciones es otra muestra de despiste supino. En cuanto a los trenes de alta velocidad hacia Ranón es la propuesta más original que quepa imaginar, ya que en ningún lugar del mundo se han trazado líneas de alta velocidad de 40 kilómetros.

En Asturias, no hay ya vetos ideológicos ni es una región de voto cautivo. La derecha puede ganar, siempre que cumpla con dos condiciones: hacer partido por la base y esbozar un discurso que no chirríe ideológicamente con su electorado. La llingua, la mina y los trenes lanzadera de alta velocidad pueden esperar.

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REALISMO Y VALENTÍA
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Juan Neira | 15-03-2008 | 08:43| 0

El Partido Comunista de Asturias ha expulsado de su organización a un grupo de dirigentes de IU que tenía carné comunista. A otra lista de cuadros de IU les ha aplicado la dirección del PCA una sanción más suave suspendiéndoles de militancia. Noemí Martín, diputada de IU y ex secretaria general del PCA, cree que estas medidas buscan desgastar a IU. ¿Qué decir de este esperpento?

El Partido Comunista hace mucho tiempo que dejó de ser un partido político normal, ya que la última vez que se presentó a unas elecciones generales fue en el año 1982. Desde entonces, los líderes comunistas pidieron el voto bajo el paraguas de IU, porque las viejas siglas del comunismo resultaban poco atractivas para el electorado. El grave error de las sucesivas direcciones de IU fue no romper con el comunismo, manteniendo la ficción de la doble militancia, mientras en todo el mundo se derrumbaban los regímenes comunistas y los que quedaban en pie, como China o Vietnam, adoptaban formas de capitalismo con partido único. Lo de Cuba lo dejó para otro día, porque se trata de un caso de ceguera especial que toca muy de cerca a tantos dirigentes de la izquierda asturiana. En resumen, que para IU fue un gran handicap disputar el voto en el campo de la izquierda democrática sin cortar amarras con una ideología que está asociada a dictaduras que dañaron al pueblo en nombre del pueblo.

Aquí y ahora, la cuestión para IU está en saber si con la exigua representación parlamentaria (dos diputados) que va a tener en esta legislatura puede remontar el vuelo, o debe pensar en una operación refundadora de la izquierda radical, como fue la propia IU en el año 1986. A mí entender las dos vías son muy dudosas, pero lo que no pueden hacer los dirigentes de IU es quedarse quietos viendo cómo el voto popular los deja fuera de las instituciones. La única baza que todavía no jugó IU es la del realismo valiente, cortando con la liturgia comunista, separándose tajantemente del supuesto “nacionalismo de izquierdas” del País Vasco y olvidando las antiguallas del republicanismo nostálgico que no da ni un voto. Lo que no tiene sentido es mirar para otro lado y echar la culpa de todos sus males a la ley electoral. Con esa misma ley, en marzo de 1996, IU tuvo 21 diputados.

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¿CAMBIO DE ESTRATEGIA?
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Juan Neira | 14-03-2008 | 08:00| 0

Eduardo Zaplana renuncia a seguir de portavoz del PP en la Cámara baja y comunica su decisión de convertirse en simple diputado. La intención de Rajoy de presentarse a la reelección en el Congreso del PP, con “su propio equipo”, se interpretó como un anuncio de cambio de los principales responsables institucionales y orgánicos, lo que ha provocado la decisión de Zaplana anticipándose al previsible relevo.

El cargo de portavoz en el Congreso de los Diputados es muy relevante en el esquema de poder de los partidos, pero no hasta el punto de punto de marcar toda la estrategia. Por ejemplo, si los socialistas relevan a Diego López Garrido, del puesto de portavoz, no significa que cambie la política del Gobierno de Zapatero. La decisión de Zaplana sólo sería realmente trascendente si preludiase un cambio en la estrategia del partido de la oposición. ¿Se dará este cambio?

Creo haber escrito alguna vez que la superación de la dialéctica de enfrentamiento entre el PSOE y el PP sólo llegaría de la mano de la mayoría absoluta de uno de los partidos y el hundimiento del otro. Ya ocurrió algo así en el año 2000, cuando el PP logró 183 diputados y el PSOE se quedó en 125. Aznar cortó de raíz su relación con los grupos nacionalistas, con los que había pactado la cesión de impuestos, la supresión de la mili obligatoria o la creación de los órganos portuarios gestionados por mayoría de las comunidades autónomas. Igualmente, los socialistas cambiaron de estrategia y la llegada de Zapatero significó durante dos años una dulcificación sin precedentes de la política de oposición. No estamos en esa situación. Zapatero ha tenido un triunfo muy importante, superior al que auguraban las encuestas, pero depende de los socialistas catalanes, en mayor medida que antes, y los socialistas vascos han ganado peso. El debate territorial seguirá gravitando durante todo el mandato. Mariano Rajoy ha sufrido una derrota clara, pero el PP tiene 154 diputados, un número de escaños del que nunca había gozado el partido de la oposición. Reconozco que no está el asunto del 11-M enturbiándolo todo, como hace cuatro años, pero me inclino a pensar que el mandato será un continuo toma y daca, con algunos acuerdos para maquillar el enfrentamiento.

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VÍCTIMA DEL BIPARTIDISMO
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Juan Neira | 13-03-2008 | 08:14| 0

Ovidio Sánchez achacó al bipartidismo el fracaso de la candidatura de Gabino de Lorenzo. No recuerdo nunca haber oído quejas de dirigentes del PP o del PSOE hacia el bipartidismo. Se supone que los primeros beneficiados con la tendencia a polarizar el voto en dos partidos son los miembros de esos grupos. Se entiende que IU, UPyD, o partidos extraparlamentarios critiquen la primacía de las dos grandes formaciones, pero resulta incongruente que lo diga el dirigente de un partido que monopoliza electoralmente el espacio político o ideológico del centro-derecha.

Según Ovidio Sánchez la victoria del PSOE en Asturias se debe a haber captado el voto natural de IU. Una rápida mirada a los números permite comprobar que no cuadran las explicaciones de Ovidio. El PSOE ha ganado 5.000 votos sobre las elecciones del año 2004, mientras que IU perdió 10.000 sufragios. Sin embargo, la gran diferencia entre socialistas y populares descansa en la menguada votación alcanzada por la candidatura de Gabino de Lorenzo, que ha quedado más de 25.000 sufragios por debajo de los anteriores comicios, cuando la lista del PP estaba encabezada por Alicia Castro. El PSOE ha subido algo, pero el PP se ha hundido. La aritmética y el sentido común impiden relacionar el desplome del PP con el bipartidismo.

El presidente del PP reconoció que puede haber muchas razones concretas detrás del fracaso de la candidatura de su partido, pero aseguró que no las conocía, aunque aludió a la pérdida de población que podría sumarse al argumento del bipartidismo. La pérdida de población es un fenómeno antiguo, que lleva afectando a Asturias durante los últimos 25 años, un periodo que ha conocido victorias socialistas y del PP. No acierto a ver por qué el mayor número de defunciones que de nacimientos daña electoralmente a un partido político concreto. Si se refiere Ovidio Sánchez a la reducción de las actas de diputado que corresponden a Asturias, la gran perjudicada ha sido IU, que mantuvo su representación parlamentaria hasta que bajó de nueve a ocho el número de diputados. Además de lamentar el bipartidismo y la pérdida de población, Ovidio Sánchez aseguró que se presentará a la reelección como presidente del PP en el próximo congreso.

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DE LORENZO, EL LÍDER FALLIDO
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Juan Neira | 12-03-2008 | 08:09| 0

El fracaso electoral del PP estriba en que la complejidad de Asturias no cabe reducirla al monolitismo de Oviedo
Gabino de Lorenzo no se sentará en el escaño del Congreso de los Diputados al renunciar a recoger el acta. Los malos resultados cosechados por el PP en Asturias, al quedar por detrás de los socialistas, circunstancia que no se producía desde las elecciones generales del año 1993, han empujado al alcalde de Oviedo a poner fin a su intento de erguirse como gran líder de la derecha asturiana, una aventura política que apenas duró 50 días. La renuncia de Gabino coincide con el ofrecimiento de Rajoy para seguir al frente del partido y convertirse en candidato a presidente de Gobierno en las elecciones generales de 2012.

Desde estas líneas hemos mantenido repetidamente que en las elecciones generales entran en liza los líderes nacionales, aportando muy poco a la batalla de los votos la personalidad de los cabeza de lista de las distintas circunscripciones provinciales. El caso de Gabino de Lorenzo tiene una cierta singularidad, porque se autoproclamó como candidato, marcó criterios propios para elaborar la lista –que luego fueron corregidos por la dirección nacional- y realizó una campaña nítidamente personal, en la que no tuvieron cabida el resto de los candidatos, con la excepción de Pilar Fernández Pardo.

De Lorenzo no siguió el libro de estilo de campaña del PP, sino que apeló a una comunicación directa con los asturianos, con bromas y referencias cómicas sobre sus rivales directos, presentándose como el gran conseguidor de los intereses asturianos ante el futuro gobierno de Madrid. Más aún, De Lorenzo presentó su salto a la arena electoral como un trampolín para liderar el PP regional (“los toros de uno en uno”), y avisó a los socialistas que en las próximas elecciones autonómicas las cosas serían distintas…

El alcalde de Oviedo anunció que una nueva etapa empezaba en el PP. No andaba descaminado Gabino en su pronóstico, porque con la derrota en las urnas y su renuncia al escaño, el PP asturiano se ve abocado a abrir una nueva etapa que ya había quedado dibujada tras la derrota en las elecciones autonómicas del año pasado, en las que concursaba Ovidio Sánchez por tercera vez como candidato la presidencia del Principado.

Uno de los aspectos más dudosos de la campaña ha sido la ocurrencia de Gabino de abrir el debate sobre la oficialidad del asturiano, un asunto que chocaba con la línea estratégica de Rajoy y que no estaba en el programa del PP. Isidro Fernández Rozada y Pilar Fernández Pardo también insistieron en esa propuesta que pudo captar algún voto asturianista pero que colisionaba con los deseos del grueso del electorado conservador y liberal.

El mensaje expresado por Gabino de Lorenzo de que ante las urnas debían comparecer los mejores estaba basado en el supuesto atractivo de los candidatos para sacar votos. El gran activo de Gabino, tras veinte años en la vida política, no estriba en su aportación al debate sobre las ideas sino en su capacidad para lograr sufragios. Una bien ganada fama de alcalde ejecutor, capaz de remodelar su ciudad, le llevó al triunfo en cinco elecciones locales, las cuatro últimas por mayoría absoluta.

Para allanar los obstáculos hacia el triunfo electoral retiró el proyecto de las torres de Calatrava a la entrada de la capital, no fuera a ser que los planes del Ayuntamiento de Oviedo enturbiaran la proyección regional de su alcalde. Anunció una “victoria histórica”, que se saldó en las urnas con una derrota por 28.000 votos de diferencia con respecto al PSOE.

De Lorenzo se había marcado como objetivo electoral preferente las cuencas mineras, prometiendo el desbloqueo de los fondos mineros, sin embargo, al contar los votos, el PP perdió 4.500 sufragios sobre las elecciones de 2004 en los concejos carboneros.

El discurso localista de Gabino constituía un handicap para los intereses electorales del PP en Gijón y Avilés. De ahí que De Lorenzo tuviera mucho interés en ser escoltado en la lista por los principales líderes municipales de su partido. Intento vano porque el PP perdió más de 3.500 votos en Gijón y más de 2.000 en Avilés.

En el batacazo electoral del PP en Asturias (pérdida de 28.000 votos, cuando el PP a escala nacional ganó 400.000 sufragios) ha influido la confianza puesta en un candidato que despertaba gran recelo en varios de los municipios más poblados de la región. Pero por debajo de esa incapacidad para ver el sesgo localista que Gabino de Lorenzo iba a imprimir a la lista del PP está otra ceguera mayor: la supuesta homogeneidad del territorio regional. Asturias es demasiado plural como para reducirla políticamente a las claves de Oviedo.

En este punto es curiosa la asimetría de los dos grandes partidos. El PSOE está muy pegado al mapa regional, con sus variantes y contradicciones. Por eso logró en las elecciones municipales 54 alcaldías. La asignatura pendiente del PSOE es Oviedo. Al PP le ocurre el fenómeno inverso: observa Asturias desde Oviedo, y tiene una visión muy esquemática de las cuencas mineras, Gijón, Avilés, etcétera. Por eso sólo tiene 12 alcaldías, aunque en la Junta General del Principado sólo hay un escaño de diferencia entre los dos grandes partidos.

La continuidad de Rajoy aporta sosiego a toda la organización y permitirá encarar el próximo congreso regional del PP en mejores condiciones. Tras la derrota de Gabino de Lorenzo no resulta fácil encontrar un recambio para Ovidio Sánchez. El aparato del PP, que veía los planes del alcalde de Oviedo como una amenaza para sus intereses, tiene ahora un cierto margen de maniobra. En principio, la única persona que ya sabe lo que es ganar elecciones generales en Asturias y tiene una buena relación con Gabino de Lorenzo y Álvarez-Cascos es Alicia Castro. Pese a ello, dudo que sea del agrado de la actual dirección regional. Hasta el domingo pasado era posible pensar en una alternativa forjada por la alianza de las juntas locales de Oviedo y Gijón, pero ese tándem acaba de fracasar en las urnas. La renovación del PP es, aún, un objetivo sin rostro.

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INTERFERENCIAS TERRITORIALES
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Juan Neira | 11-03-2008 | 07:56| 0

De la lectura de los guarismos electorales se puede constatar que el triunfo del PSOE ha llegado con un gran respaldo popular, ya que sólo en la histórica victoria de Felipe González en 1982 obtuvieron los socialistas un porcentaje más alto de votos. El avance del PP, aunque ha estado lejos de lo que necesitaba este partido para gobernar, también es meritorio, y sirve para agrandar el principal rasgo del arco parlamentario español: el bipartidismo. ¿Qué van a hacer los dos partidos ahora?

Al igual que en la pasada legislatura, el PSOE tiene 16 escaños de ventaja sobre el PP. La diferencia estriba en que los socialistas cuentan con 169 diputados, así que necesitan buscar menos apoyos en el resto de grupos para gobernar. Zapatero puede optar por realizar una alianza con el PNV que incluya un plan para el País Vasco con la renuncia a la consulta popular, prevista por el lendakari, como moneda de cambio. También puede el presidente inclinarse por una alianza con los socios del tripartito catalán, ERC e IU, y el BNG, tres grupos de izquierda. O entenderse directamente con CiU. No se agotan en estas fórmulas las posibles alternativas de Zapatero para dar estabilidad parlamentaria a la acción de su futuro gobierno.

Sin embargo, creo que es poco realista prever los planes de Zapatero basándose únicamente en la identidad de sus socios parlamentarios. Lo que más va a marcar la orientación del nuevo Gobierno está en los propios datos electorales del PSOE. Los socialistas han ganado cinco escaños sobre el anterior mandato, cuatro de los cuales fueron obtenidos por el PSC, el partido de los socialistas catalanes. El PSC logró 25 escaños, una cantidad superior a todos los diputados de CiU, PNV, ERC, IU y BNG, juntos. Pese a los incumplimientos y trastornos provocados por la llegada del AVE a Barcelona, el voto catalán fue clave para el triunfo de Zapatero. El PP sacó dos escaños de ventaja al PSOE en el resto de España.

Nuevamente, como en el anterior mandato, España va a tener dos capitales, Madrid y Barcelona. La localización de las inversiones en infraestructuras, el nuevo sistema de financiación autonómica, el asentamiento del nuevo mapa energético o la procedencia de los ministros, no se podrá entender sin reparar en los 25 escaños del socialismo catalán. El discurso vagamente confederal de Zapatero fue siempre la expresión de la deuda electoral con el PSC y la Generalitat socialista.

En cuanto a los planes del principal partido de la oposición no caben las visiones lineales. Ganar cinco escaños es importante, pero lo determinante es la derrota. Más allá del morbo que tenga la permanencia o el relevo en la cúspide del partido, se impone un análisis sobre la estrategia que va a desarrollar.

Los dirigentes del PP ya saben ahora una cosa: con diez manifestaciones multitudinarias y campañas contra el presidente del Gobierno se alcanzan 153 escaños. La cuestión está en saber cómo se logran otra docena de escaños más. La estrategia de la confrontación tiene muchos seguidores pero también provoca recelo en la sociedad que se moviliza para votar contra el PP. Hace veinticinco años se hablaba del techo electoral de Fraga, ahora toca valorar el techo electoral de la estrategia de la confrontación. Un análisis difícil de realizar dado el “síndrome Madrid”, el territorio talismán, con 18 escaños para el PP, que Rajoy ha puesto como escaparate de las políticas de su partido en los debates televisados. Zapatero depende excesivamente de Cataluña y el PP es rehén del radicalismo madrileño.

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Avanza el bipartidismo
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Juan Neira | 10-03-2008 | 07:52| 0

Las encuestas esta vez acertaron y el PSOE ganó las elecciones, aunque el PP fue un derrotado atípico, ya que avanzó más escaños que los propios socialistas con respecto a los pasados comicios. Las elecciones se habían planteado como una lucha directa entre los dos grandes partidos, que al final avanzaron en diputados a costa de partidos nacionalistas, regionalistas e IU. Los dos grupos que sufrieron un severo varapalo en las urnas fueron ERC e IU, que cedieron cerca del 50% de su representación parlamentaria. Como se trata de los dos partidos que forman el tripartito con Montilla puede que la política catalana entre pronto en ebullición.

Zapatero tendrá una segunda legislatura, como la han podido disfrutar todos los presidentes de gobierno en España durante la democracia, con la excepción de Leopoldo Calvo Sotelo, aunque se trata de un caso muy particular porque llegó a ser presidente sin triunfar en las urnas. Zapatero soportó una crítica feroz, en los dos últimos años, cuando se concretó la reforma del ‘Estatut’ y tomó cuerpo la negociación con ETA. La oposición llegó a hacer una distinción entre los socialistas y Zapatero, como quedó claro en el primer ‘cara a cara’ entre Zapatero y Rajoy, cuando el líder del PP sacó a relucir opiniones de González, Almunia y Leguina contrarias al presidente. Tras el recuento de votos la consigna del ‘adioz’ quedó en ‘no te vayas’.

Mariano Rajoy ha fracasado en su intento de ganar las elecciones. Hace cuatro años contaba con el aval del Gobierno de Aznar y fue superado por Zapatero; en esta ocasión estaba respaldado por una movilización social sin precedentes, que sólo le ha valido para avanzar en escaños. ¿Tendrá una tercera oportunidad? Rubalcaba aseveraba que Rajoy sólo tenía una bala en la recámara, y ya la ha gastado. No obstante, los dirigentes del PP deberían meditar muy bien sus pasos antes de entregarse al juego de los movimientos internos. Superar la barrera de los 150 escaños es un resultado muy estimable.

Entre el PSOE y el PP tienen 322 escaños, confirmando el avance del bipartidismo, una fórmula que tiene muchos detractores pero que facilita la gobernación del país. El problema que presenta el bipartidismo, en la práctica, es que exige alguna capacidad de acuerdo entre los dos grandes grupos, una asignatura que ha quedado pendiente en la pasada legislatura.

Zapatero tiene más fácil completar las mayorías necesarias para aprobar leyes y presupuestos que en el anterior mandato. No le hará falta realizar negociaciones a múltiples bandas que incluían los componentes del grupo mixto. Debe escoger y marcarse un rumbo para toda la legislatura. Los acuerdos con socios minoritarios deben contemplar un margen para la interlocución y negociación con el PP.

En Asturias saltó la sorpresa al perder el PP las elecciones, una situación que no se daba desde las generales de 1993. El intento de hacer de Gabino de Lorenzo el gran líder de la derecha regional ha cosechado un estruendoso fracaso en las urnas. El voto de castigo recibido por el PP en Gijón y en Avilés deja a las claras que la gente ve en De Lorenzo, sobre todo, al alcalde de Oviedo, pero que no le ofrece ninguna garantía como representante de los intereses asturianos. Otra cosa sería si en vez de contabilizarse votos en las urnas se contaran chistes.

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EL LÍMITE DE LA VICTORIA
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Juan Neira | 09-03-2008 | 10:00| 0

Si el PSOE y el PP obtienen más de 150 escaños, hay que replantear el juego de gobierno y oposición
La jornada de reflexión se convirtió en un día de movilización. La agitación no se notó en la calle sino en Internet, que es el espacio dónde se puede tomar el pulso a la actualidad en tiempo real. Muy virtual y muy real. El esfuerzo por sacar ventajas electorales del asesinato de Isaías Carrasco no fue nada disimulado, discurriendo por esa vía, militantes de base y simpatizantes de partidos.

Afortunadamente, los dirigentes políticos se mantuvieron en un papel más contenido, sin entrar en una guerra de descalificaciones que hubiera degradado la jornada de reflexión y que se hubiera vuelto contra ellos porque el respeto a los muertos choca con la utilización partidista del asesinato. La autoría del atentado de Mondragón no ofrece dudas, así que fue puro voluntarismo tratar de recrear el ambiente de las horas previas a las elecciones de 2004, cuando se cruzaban unas informaciones que hablaban de ETA con otras que advertían del hallazgo de la cinta con versículos del Corán.

El nuevo atentado mortal de ETA en Mondragón tiene dos consecuencias inmediatas: mayor participación en la jornada electoral de hoy y una mayor tensión en el lazo que une a los partidos en la actividad política. Hay otras consecuencias pero son difíciles de adivinar, como el posible trasvase de votos de unas siglas a otras; especular con esta hipótesis antes de saber los resultados es muy arriesgado.

Aunque la frenética actividad de la jornada electoral impide a los líderes políticos reflexionar sobre el futuro, es bueno que los que no estamos en esa contienda tratemos de aportar algo de sensatez. Hay cosas que están ahí delante de nuestras narices y no cambian porque el próximo presidente se apellide Zapatero o Rajoy.

La primera de ellas tiene que ver con el escenario previsible al final de la jornada. Hay una manera inmediata de valorar las elecciones que consiste en dar por ganador al que cuente con más votos y por derrotado al líder del otro gran partido que quede en segundo lugar. Es normal que se entienda así. Sin embargo, las dinámicas políticas son muy complejas y hace falta conocer con más detalle los resultados para saber si estamos en condiciones de reconducir la dinámica de enfrentamiento político de la última legislatura, que en el próximo mandato tendrá un elemento nuevo de fricción derivado de la desaceleración económica.

Mi hipótesis es que si los dos grandes partidos sacan por encima de los 150 diputados, tal como anuncian la mayor parte de las encuestas, no se podrá encarar la próxima legislatura en términos de victoria y derrota. Por muy legítimos que sean los brindis con cava en la sede del partido más votado, y aunque resulten inevitables las “caras largas” en el cuartel general del otro gran partido, hay que convenir que las sensaciones de la noche electoral no ayudan a interpretar el futuro. La política no se puede reducir a un marcador como si fuese una competición deportiva.

Una mirada a lo que ocurrió en la pasada legislatura nos pone sobre la pista. Aunque entre el PSOE y el PP había 16 escaños de diferencia (164/148), la iniciativa política estuvo sólo a ratos en manos del Gobierno. En los asuntos importantes en que no hubo consenso (proceso de paz, Estatuto de Autonomía de Cataluña, Ley de Memoria Histórica), el coste de llevar adelante las propuestas fue cuando menos tan elevado como el beneficio. Sin embargo, la entente PSOE-PP quitó hierro a otros asuntos tan problemáticos como los primeros. El mejor ejemplo es el Estatuto de Autonomía de Andalucía que despertó recelos hasta en el gobierno socialista de Extremadura, pero que el acuerdo entre Chaves y Arenas lo hizo pasar por el Parlamento como si fuese una modesta reforma del Estatuto anterior.

Esta apreciación se puede extender a asuntos que sólo inciden tangencialmente en la esfera política, como los movimientos empresariales. La Opa de Gas Natural sobre Endesa, amparada por el tripartito catalán, chocó con la oposición del PP, organizándose una batalla de gran desgaste empresarial y político. Sin embargo, los actuales movimientos del gigante de la electricidad francesa, EdF, y de la constructora ACS para hacerse con el control de Iberdrola no tienen lectura política, ante el silencio compartido del Gobierno y del PP (Pizarro).

Como el ambiente político está muy encrespado, los seguidores de los dos grandes partidos esperan que de las urnas salga hoy una solución que pase por la deslegitimación clara de la estrategia del rival. Sin embargo, las urnas expresan correlaciones de fuerzas, no alumbran medidas taumatúrgicas. Si los dos grandes partidos sacan más de 150 diputados, el mandato de las urnas será el de entendimiento, más allá de la composición concreta del Gobierno. Las cosas no están maduras para formar una gran coalición, pero tampoco están tan sólidas como para reproducir una carrera de deslegitimaciones mutuas que alcanza de lleno a las instituciones.

No va ser fácil para Zapatero y Rajoy compaginar el rol del antagonismo con la comprensión o la divergencia atenuada, según los asuntos. Sólo cuentan con una fuente de sabiduría: la experiencia crítica del pasado mandato. En esa tarea les pueden echar una mano los pesos pesados del PSOE y del PP, confirmando en el liderazgo interno a ambos dirigentes. Dos partidos que representan el 90% de los escaños del Congreso de los Diputados tienen que hacer un esfuerzo por limitar la naturaleza de sus desacuerdos y la intensidad de sus discrepancias.

No quiero terminar sin comentar algunas curiosas manifestaciones de Zapatero y Rajoy que pudieran poner un epílogo polémico a los comicios. Zapatero afirma que renuncia a formar gobierno si tiene menos escaños y Rajoy valora la previsible abstención socialista ante una hipotética investidura presidencial del líder del PP.

Seamos serios y no propiciemos equívocos. La Constitución, en su artículo 99, fija el modo de obtener la investidura presidencial, que será por mayoría absoluta del Congreso de los Diputados, en primera votación, y mayoría simple en un segundo escrutinio. No entra a valorar si los apoyos proceden de los diputados de un grupo parlamentario o de varios grupos. No existen planteamientos a la carta, según qué líderes. Todo rigor es poco para evitar un inicio de legislatura con polémica.

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UN ATENTADO CON TRAMPA
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Juan Neira | 08-03-2008 | 11:39| 0

El asesinato del ex concejal socialista de Mondragón, Isaías Carrasco, a manos de ETA adquiere un significado especial al producirse cuando faltan menos de cuarenta y ocho horas para abrirse las urnas. El horror ante el atentado no difiere del que provoca cualquier otra acción sangrienta de la banda terrorista, pero su significación política es muy superior porque ocurre en el momento más sensible, con los ciudadanos dispuestos a votar tras una legislatura marcada por la controversia sobre la política antiterrorista.

En el imaginario colectivo el atentado de Mondragón recuerda la matanza del 11-M, porque aunque ambas acciones provengan de grupos terroristas distintos coinciden en estar planificadas para tener la mayor repercusión electoral. Como los partidos no tienen la facultad de escoger los escenarios sobre los que discurre la acción política, lo mejor es que asuman el delicado paralelismo que existe entre ambas coyunturas y actúen con gran responsabilidad, sin dejarse llevar por intereses electorales estrechos.

Hasta el momento, la actitud de los líderes políticos es muy sensata, dando por finalizada la campaña electoral al suspender los actos vespertinos de la última jornada, y formalizando un encuentro de todos los grupos en el Congreso de los Diputados para consensuar una declaración de rechazo a la violencia terrorista. Las principales organizaciones sindicales y empresariales se sumaron al comunicado.

El PP, por boca de Ignacio Astarloa, quiso introducir dos propuestas en el comunicado que fueron rechazadas. Una de ellas se refiere al compromiso de no negociar con ETA y la otra consiste en la revocación de la resolución parlamentaria del año 2005 que daba al Gobierno luz verde para negociar con la banda terrorista en caso de cese de la violencia. Era muy difícil que las demás fuerzas políticas le brindaran al PP la baza de rubricar unas propuestas que defendió este partido infructuosamente en la Cámara durante la pasada legislatura.

La contención y mesura de los partidos debe ser respaldada por la sociedad. El intento de lograr desde la calle (desde Internet) un clima de movilización que recuerde la tensa jornada de reflexión del 13 de marzo de 2004 es una inconsecuencia, entre otras razones porque en este caso no hay debate ni dudas sobre la autoría del atentado. La postura más firme ante el asesinato consiste en que cada uno mantenga su intención de voto, para demostrar a ETA que no cambia la voluntad de los españoles. Aunque puede parecer excesivo, los principales líderes políticos, como Zapatero y Rajoy, deberían hacer un llamamiento en ese sentido.

Es la segunda vez que en la recta final de la campaña electoral irrumpe el terrorismo para condicionar los comicios. La clase política y los sectores más conscientes de la ciudadanía no pueden soslayar el gran peligro que esta amenaza conlleva. El primero de todos es la potencial deslegitimación del resultado que salga de las urnas. Hace cuatro años, fue eso lo que ocurrió y la desconfianza sobre la limpieza de los comicios gravitó como una pesada carga durante toda la legislatura. La democracia funciona sobre una serie de consensos, y el más importante de ellos es la aceptación del resultado electoral. Iniciar otra legislatura especulando sobre el hipotético vuelco en las urnas ocasionado por el atentado de Mondragón tendría un coste elevadísimo. Sería una triste paradoja que los atentado de ETA o de otro grupo terrorista pudieran lastrar la limpieza del proceso electoral español. En la Unión Europea no se cuestionan los resultados de las elecciones, eso queda para países como Rusia o Egipto. Una cosa es la rivalidad electoral entre dos grandes partidos y otra la trampa.

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