El Comercio
img
ASTURIAS ESTÁ COMO SIEMPRE
img
Juan Neira | 14-11-2017 | 17:01| 1

Se celebra el debate sobre el estado de la región empujado por la fuerza de la inercia. Si la rutina no marcara el calendario de la Junta General del Principado no se celebraría la sesión parlamentaria. No recuerdo un consumo tan alto de información política desde los momentos cumbres de la transición, pero todo el interés está volcado en la crisis catalana. La llamamos catalana, aunque la instabilidad nos afecta a todos. Si la política asturiana, particularmente la actividad parlamentaria, es anodina, ahora, con el seísmo catalán a su lado, pasa desapercibida. Las conversaciones sobre el presupuesto carecen de tensión porque en la mente de todos está que no habrá luz verde para el proyecto de cuentas de 2018. En el caso que se registren enmiendas a la totalidad, lo más probable es que el Ejecutivo de Javier Fernández retire el proyecto para evitar la imagen de soledad en la Cámara. Para el Gobierno socialista era necesario aprobar las cuentas de 2017 porque estar todo el mandato con el presupuesto prorrogado era indigerible, pero ahora ya está en condiciones de vivir de prórrogas y créditos extraordinarios los dieciocho meses que restan de legislatura.

Hay otro rasgo de la realidad, derivado del quietismo asturiano, que resta expectativa al debate: la región está como siempre. Si la economía española crece, la asturiana se despereza; si la economía española entra en recesión, la asturiana se encoge. Somos una caja de resonancia de lo que ocurre al otro lado del Pajares. Nuestros problemas estructurales no cambian un ápice: la escasísima población activa, el tamaño del sector público, la despoblación de las alas, el alto endeudamiento del Principado, la agonía del carbón, el cierre de las explotaciones ganaderas, el raquitismo del 95% de las empresas, las interminables colas de la sanidad, el desbordamiento de los servicios sociales, la cronificación del desempleo, la escasez de niños, el conformismo en la educación, el éxodo juvenil, la lentitud de la Administración, la alta presión fiscal, la endogamia universitaria, el localismo, el peso creciente de la tercera edad, la falta de inversión pública y un largo etcétera.

¿Cómo va a ser el debate sobre el estado de la región? Muy parecido al del pasado año, con el presidente vendiendo la mejoría de los principales indicadores socioeconómicos y con la mano tendida a la oposición por si aparecen socios generosos que le faciliten la gobernabilidad en lo que queda de mandato.

Ver Post >
LA COCINA CATALANA
img
Juan Neira | 13-11-2017 | 23:05| 0

El próximo viernes tienen que estar ya ultimadas las listas electorales en Cataluña. Los aparatos de los partidos no han tenido mucho tiempo para realizar sus retorcidas maniobras. No obstante, como se trata de Cataluña, la capacidad para organizar líos estaba asegurada. Jon Juaristi ha dicho más de una vez que en el primer tercio del siglo XX ninguna región creó más problemas ni fue más caótica que Cataluña. En el segundo tercio del siglo no merece la pena hacer comparaciones, porque la figura omnímoda de Franco impuso el uniformismo en todos los territorios y la política se redujo a la relación entre el dictador y los súbditos.

En el mundo independentista todos decían que había que presentar una lista única. Puigdemont era el más favorecido con esa propuesta porque se daba por descontado que sería el expresidente quien la encabezaría. Una especie de candidatura anti 155, con pretensiones de obtener una mayoría absoluta holgada. Junqueras repasó las encuestas antes de entrar en la cárcel y al comprobar que todos los sondeos daban como ganador a ERC dio la orden de ir con candidatura propia liderada por él mismo. Puigdemont intentó por todos los medios defender su alternativa de «lista de país» (la candidatura única con otro nombre), pero al final no le ha quedado otro remedio que negociar con su partido, el PDeCAT, la composición de una candidatura encabezada por él, con independientes y los restos del PDeCAT.

No habrá unidad electoral en el independentismo, sino listas distintas y enfrentadas. La comedia acaba de empezar y promete. Puigdemont y Junqueras tirándose los trastos a la cabeza, uno acusando al otro de no haber defendido la república y el segundo contestando al primero que está bueno para hablar siendo un desertor. En cualquier caso lo que está asegurado es que no habrá debate electoral en TV3, a no ser que recurran a las unidades móviles desplazadas a Bruselas y la cárcel madrileña. Demasiado sofisticado.

Para hacer más ruido, las bases de Ada Colau rompen el pacto municipal en Barcelona con los socialistas. La alcaldesa, con mayoría simple, estuvo a punto de no poder aprobar los presupuestos de Barcelona. Por fin encontró un socio en el PSC de Iceta, y ahora lo echa del equipo de gobierno por apoyar la aplicación del artículo 155. Colau añora los tiempos en que los socialistas eran de izquierdas y ahora pretende entenderse con el PDeCAT y ERC, que no son ni de izquierdas ni demócratas. Las salsas de la cocina catalana.

Ver Post >
LAS MALAS PRÁCTICAS
img
Juan Neira | 11-11-2017 | 17:14| 1

Carme Forcadell salió en su coche oficial de la cárcel de Alcalá Meco rumbo a la frustrada república catalana. Entró a la noche en prisión, en un modesto coche policial, y salió a lomos de una soberbia berlina alemana catorce horas más tarde. Dicen que pagó la fianza impuesta por el juez del Tribunal Supremo, pero en realidad ella no pagó nada: su abogado se limitó a recibir los 150.000 euros transferidos por la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y los depositó en el juzgado. El resto de diputados del PDeCAT, afectados por la querella del fiscal general del Estado, también van a recibir el dinero de ANC para depositar las correspondientes fianzas.

Artur Mas recibió por la misma vía 2,2 millones de euros para hacer frente a la factura que le giró el Tribunal Cuentas por haber gastado ese dinero en la preparación de la consulta popular del 9 de noviembre de 2014. El dinero se malversó sobre todo en ordenadores portátiles. Al modo de la gran Lola Flores, pide que todos los que participaron en aquella consulta (más de 2,3 millones de personas) le den unas monedas para zanjar definitivamente la reclamación. Es una deuda solidaria con otros nueve exaltos dirigentes de la Generalitat, de la que queda por abonar 2,8 millones. Si cada votante pone un euro, Mas y sus correligionarios aflojarán el resto. La media docena de ex miembros del Govern que están en las cárceles madrileñas pretenden que se traslade su querella de la Audiencia Nacional al Tribunal Supremo para obtener el mismo trato del juez instructor que Forcadell y el resto de diputados. Ninguno de ellos tendrá problemas para depositar el aval que le pidan.

La cuestión del dinero no es menor. El movimiento independentista está financiado por Asamblea Nacional Catalana y Ómnium Cultural, y estas dos organizaciones recibieron como compensación formar parte del grupo estratégico que toma las decisiones políticas. Los dos ‘jorges’ (Sánchez y Cuixart) tienen más peso que muchos consejeros del Govern. Forcadell, Puigdemont, Oriol Junqueras y compañía actuaron hasta ahora como si el procés fuera gratis, porque las dos organizaciones pagaban los gastos y aportaban los actores secundarios para las demostraciones de masas, como la que está convocada hoy en Barcelona: hay ya 500 autobuses gratis. Con las manifestaciones en la calle amenazaban a la oposición y se erigían como única autoridad en Cataluña. Encarcelados, huidos o sin pasaporte están tan desorientados como arrepentidos.

Ver Post >
LOS ARREPENTIDOS DEL ‘PROCÉS’
img
Juan Neira | 10-11-2017 | 19:31| 0

El juez instructor del Tribunal Supremo (TS), Pablo Llarena, ha dejado en libertad a Carmen Forcadell y los miembros de la Mesa del Parlament, incursos en la querella del fiscal general del Estado, con el único condicionante del depósito de fianzas. La presidenta de la Cámara deberá depositar 150.000 euros, mientras que Juan Corominas (PDeCAT), Ana Simó (ERC) y Luis Guinó (PDeCAT) tienen una semana de plazo para depositar 25.000 euros, cada uno. Como se puede ver, el juez instructor del TS tomó una decisión muy distinta a la de la magistrada instructora de la Audiencia Nacional (AN), Carmen Lamela, que ante las mismas imputaciones de la Fiscalía (sedición, rebelión, malversación de caudales, prevaricación y desobediencia) optó por mandar al ex vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, y a los ex consejeros del ‘Govern’, a la cárcel sin fianza. Ante la nueva petición de libertad condicional por parte de los citados, volvió a denegársela.

¿Dos varas de medir? Por más que todo el sistema judicial esté organizado desde la premisa de la objetividad, lo cierto es que hay un margen de valoración que depende de cada juez. ¿Cómo se calcula la probabilidad de evadirse de la Justicia de Carmen Forcadell o de Oriol Junqueras? No hay respuesta exacta. Actuando con rectitud, un juez puede pensar que les faltará tiempo para marcharse a Bruselas a reunirse con Puigdemont, y otro estará convencido de que el hecho de haberse presentado libremente en Madrid es suficientemente indicativo de su disposición a atender los requerimientos de la Justicia. Al factor subjetivo, imposible de eliminar, se añaden otras razones que pueden marcar la diferencia entre Forcadell y los diputados del ‘Parlament’, con Junqueras y sus colegas. Me refiero a la actitud en el juzgado. Los miembros del ‘Govern’ sólo contestaron a las preguntas de sus abogados, mientras que Forcadell y los parlamentarios aceptaron responder al fiscal. Aunque no se conoce con detalle las explicaciones dadas, parece que Carmen Forcadell, la ideóloga del ‘procés’ según el fiscal, quitó valor a la declaración de independencia, negó toda validez al referéndum del 1-0 y renunció a intentar otro camino hacia la independencia que no sea respetando la ley y por la vía del pacto con las autoridades del Estado. Nada de eso ocurrió con Junqueras. Cuando Italia vivió el proceso de ‘mani pulite’, a los que actuaban como Forcadell los llamaron ‘pentiti’. Presidenta arrepentida.

Ver Post >
EL FRACASO DE LA HUELGA
img
Juan Neira | 09-11-2017 | 23:03| 0

La huelga general apoyada por los partidos independentistas catalanes y por las organizaciones de masas que han llevado la iniciativa durante el “procés” ha sido un fracaso. La normalidad se ha alterado por la vía de cortar carreteras, pero en los centros de trabajo la actividad ha sido la propia de un día laboral. Como es habitual los protagonistas de la movilización, caso de la CUP o de ANC, se han congratulado del éxito para ocultar la frustración que les produce comprobar que fue un día de trabajo cualquiera. Una manera reciente de verificar el impacto de las huelgas generales reside en el consumo eléctrico, y en esta ocasión se ha comprobado que el consumo fue algo superior a los días previos a la convocatoria sindical. Los servicios mínimos funcionaron con entera normalidad. Si la movilización buscaba apoyar a los llamados presos políticos el resultado fue decepcionante. La concentración organizada para poner fin a la jornada de protesta sólo logró reunir a 25.000 personas en la plaza de la Catedral de Barcelona. Hay que hacer observar que el número de congregados fue facilitado por la Guardia Urbana de Ada Colau, que se caracteriza por inflar las cifras de los actos independentistas y por reducir a la tercera parte el número de participantes en las manifestaciones de los constitucionalistas. En resumen, muchas barricadas en autovías y carreteras, presencia normal de trabajadores en tajos y oficinas, y reducido seguimiento de las movilizaciones callejeras. Diría que el cuerpo social ha puesto las esperanzas en el papel taumatúrgico de las urnas para recuperar la normalidad y asume que la república fue el producto desdichado de una noche de otoño. Las urnas siempre significan el fin de un ciclo y el comienzo de otro, y en ese cambio de escenario muchos catalanes confían que se puedan restañar las heridas y que Gobierno sea generoso para poder pasar página.

La huelga general se queda en barricada parcial y Puigdemont volvió a conceder otra entrevista en Bruselas para degradar la causa que dice representar. En unos minutos dejó dos frases enjundiosas: “las 2.000 empresas se fueron por culpa de España”. Yo creía que las empresas trasladaban su sede social y fiscal fuera de Cataluña por la desconfianza que les generaban los independentistas. Y la segunda: “en el Parlament no se puede debatir porque lo cerró el Gobierno de España” Puigdemont sólo permitió dos sesiones parlamentarias entre el 7 se septiembre y el 27 de octubre.

Ver Post >
UN BUFÓN EN BRUSELAS
img
Juan Neira | 08-11-2017 | 21:30| 0

La imagen de Carlos Puigdemont, rodeado de los ex consejeros fugados, y escoltado por 170 alcaldes independentistas con sus varas de mando en alto, parece sacada de una obra teatral de Albert Boadella. No sé qué llama más la atención, si el histrionismo del ex “president” que va a Bruselas a internacionalizar el conflicto sin lograr una sola entrevista ni una foto ni un simple saludo con un dirigente comunitario, o la imagen rural, propia del festejo que acompaña a la buena cosecha, formada por los ediles separatistas que viajaron en vuelo chárter a la capital de la UE para hacer de teloneros del político más ridículo que dio España en cuarenta años.

Puigdemont se refirió, repetidamente, a España como “democracia fallida”. Está bueno para hablar de regímenes fallidos tras encabezar la república más efímera que conoció el planeta. Hace unas semanas hablé en estas líneas de “república por un día” y, posteriormente, pude comprobar que había sido excesivamente generoso, porque la república catalana, como en los dos intentonas anteriores (1931 y 1934), duró unas horas. Ahora queda ese fantasmal presidente en el exilio que recuerda a los rancios herederos de monarquías europeas abolidas hace muchos años dando la chapa desde enclaves turísticos sobre derechos dinásticos históricos e inalienables. Puigdemont dice que “la UE no puede tener un “govern” en la cárcel o en el exilio”, cuando lo que único que hay en Bruselas es un bufón rodeado de extras buscando hacerse un hueco en los telediarios.

Lo que no dice Puigdemont, aunque lo saben todos los gobiernos de la UE, es que lideró un plan para separarse de España, y lo intentó llevar a cabo saltándose todas las normas y riéndose de todas las instituciones –tribunales de Justicia incluidos-, sin reparar que en una democracia ese tipo de actuaciones salen muy caras. Se paga un precio muy alto en España y, también, en Francia, Suecia, EE.UU., o en cualquier otra democracia digna de tal nombre. Los dirigentes independentistas son tan inmaduros que pensaron quedar a salvo con una declaración unilateral de independencia, y que en caso de complicaciones estarían blindados por cientos de miles de manifestantes en la calle. Estoy convencido de que en este momento desde Puigdemont y Junqueras, hasta Romeva y Forcadell, están todos ellos arrepentidos. Darían cualquier cosa por rebobinar la cinta y volver al seis de septiembre, fecha en que iniciaron la voladura de las instituciones.

La imagen de Carlos Puigdemont, rodeado de los ex consejeros fugados, y escoltado por 170 alcaldes independentistas con sus varas de mando en alto, parece sacada de una obra teatral de Albert Boadella. No sé qué llama más la atención, si el histrionismo del ex “president” que va a Bruselas a internacionalizar el conflicto sin lograr una sola entrevista ni una foto ni un simple saludo con un dirigente comunitario, o la imagen rural, propia del festejo que acompaña a la buena cosecha, formada por los ediles separatistas que viajaron en vuelo chárter a la capital de la UE para hacer de teloneros del político más ridículo que dio España en cuarenta años.

Puigdemont se refirió, repetidamente, a España como “democracia fallida”. Está bueno para hablar de regímenes fallidos tras encabezar la república más efímera que conoció el planeta. Hace unas semanas hablé en estas líneas de “república por un día” y, posteriormente, pude comprobar que había sido excesivamente generoso, porque la república catalana, como en los dos intentonas anteriores (1931 y 1934), duró unas horas. Ahora queda ese fantasmal presidente en el exilio que recuerda a los rancios herederos de monarquías europeas abolidas hace muchos años dando la chapa desde enclaves turísticos sobre derechos dinásticos históricos e inalienables. Puigdemont dice que “la UE no puede tener un “govern” en la cárcel o en el exilio”, cuando lo que único que hay en Bruselas es un bufón rodeado de extras buscando hacerse un hueco en los telediarios.

Lo que no dice Puigdemont, aunque lo saben todos los gobiernos de la UE, es que lideró un plan para separarse de España, y lo intentó llevar a cabo saltándose todas las normas y riéndose de todas las instituciones –tribunales de Justicia incluidos-, sin reparar que en una democracia ese tipo de actuaciones salen muy caras. Se paga un precio muy alto en España y, también, en Francia, Suecia, EE.UU., o en cualquier otra democracia digna de tal nombre. Los dirigentes independentistas son tan inmaduros que pensaron quedar a salvo con una declaración unilateral de independencia, y que en caso de complicaciones estarían blindados por cientos de miles de manifestantes en la calle. Estoy convencido de que en este momento desde Puigdemont y Junqueras, hasta Romeva y Forcadell, están todos ellos arrepentidos. Darían cualquier cosa por rebobinar la cinta y volver al seis de septiembre, fecha en que iniciaron la voladura de las instituciones.

 

Ver Post >
MODELOS DE LISTA ELECTORAL
img
Juan Neira | 07-11-2017 | 16:59| 0

La crisis catalana se mueve en dos escenarios, judicial y electoral, que están conectados. Oriol Junqueras pide ser excarcelado para participar en la campaña de captación de voto, como si las medidas cautelares a las que está sometido se pudieran retirar por ser un potencial candidato en las urnas. Carlos Puigdemont manifiesta de palabra y por escrito su visión apocalíptica de la democracia española. Tantas veces en TV3 compararon a Rajoy con Franco que el ex “president” se creyó el disparate y se comporta como si fuera un gobernante en el exilio. Cuando se mira al espejo seguro que le viene la comparación con Tarradellas, con la ventaja a su favor de no padecer alopecia. Puigdemont teme la Justicia española, pero una parte de su cerebro se libera de las togas amenazantes y se ofrece para liderar una lista unitaria de las fuerzas independentistas.

Vamos de sorpresa en sorpresa, aunque hay acontecimientos que ya están señalados en el calendario, como la visita que girarán esta semana Carmen Forcadell y los miembros de la Mesa del “Parlament” al Tribunal Supremo. Para entonces, sus abogados ya habrán tenido tiempo de estudiar las acusaciones del Fiscal General del Estado. Visto lo sucedido en la Audiencia Nacional con sus colegas del “Govern”, no sería de extrañar que el juez los enviara a prisión sin fianza, lo que aumentaría la tensión entre independentistas y constitucionalistas.

El horizonte penal de los dirigentes independentistas complica la estrategia electoral. La primera decisión a tomar es si van unidos todos en una candidatura o comparecen separados. La experiencia de Juntos Por El Sí sirvió para dar el Gobierno a PDeCAT y ERC, pero ese experimento es difícil trasladarlo mecánicamente al presente ya que Esquerra es el partido favorito para ganar en las urnas y el partido de Arthur Mas cotiza a la baja en las encuestas. La propuesta de Puigdemont de repetir como candidato no deja de ser una trampa para ERC, ya que volverían a ceder la Presidencia al socio electoral, pese al descrédito social en que ha caído por los incontables casos de corrupción. Al margen de los cálculos partidistas, Puigdemont es un pésimo candidato. Un presidente que toman las decisiones por él, queda mudo en el Parlamento y huye cuando toca dar la cara. Vaya pedazo de estadista. En la galaxia independentista se alzan voces pidiendo una lista de nacionalistas encabezada por los dirigentes presos. Otro error que requiere comentario aparte.

Ver Post >
PUIGDEMONT, EN DOS ESCENARIOS
img
Juan Neira | 06-11-2017 | 22:54| 0

La entrega a la Policía belga de Puigdemont y los cuatro exconsejeros del Govern que lo acompañan tenía como misión evitar la detención, ya que en la imagen quedarían equiparadas las actuaciones policiales belgas y españolas. La idea que transmitió Puigdemont, en su primera rueda de prensa en Bruselas, de ser un ciudadano europeo que paseaba libremente por la capital de la UE se compadece mal con el arresto en la comisaría de Bruselas y su posterior traslado a la Fiscalía. No le pusieron las esposas, pero dejó de ser un ex presidente deambulando por la Grand Place. La estrategia de los políticos fugados se basa en distinguir entre la Justicia belga, imparcial y democrática, y la española, manipulada por el Gobierno del PP y autoritaria. La realidad que late en el fondo de la peripecia de los evadidos es bien distinta: huyeron de España para ganar tiempo en espera de que las elecciones del 21 de diciembre puedan dar paso a un escenario político distinto. La movilización de los independentistas, la posibilidad de formar una candidatura electoral unitaria y el sueño de una mayoría absoluta amplia podrían alterar su horizonte carcelario.

Los independentistas se creían blindados ante hipotéticas actuaciones judiciales porque pensaban que Rajoy maniataría al Fiscal General del Estado. No fue así. Rajoy confió plenamente en fiscales y jueces, pero tuvo muchas dudas sobre la eficacia de aplicar el artículo 155 de la Constitución, como lo demuestra el hecho de que su anuncio haya llegado acompañado de la llamada a las urnas. Una decisión que ha sido muy bien recibida por todo tipo de observadores, pero creo que contiene un riesgo mucho más elevado de lo que se reconoce. Lo ideal hubiera sido separar, nítidamente, las medidas extraordinarias derivadas del 155 de la convocatoria electoral. Primero se debería poner control en la desordenada y fraudulenta gestión de los independentistas y, luego, llamar a los electores. Sin embargo se ha optado por desalojar a los independentistas de las instituciones, pero sin dejar tiempo para hacer cambios de personas y métodos, de tal forma que tras un breve paréntesis de 50 días pueden volver los nacionalistas a hacer un uso torticero de las instituciones. Resultan patéticas las declaraciones de miembros del Gobierno diciendo que el funcionamiento de la Administración autonómica catalana es impecable. Mientras tanto, Puigdemont se postula como líder de una candidatura unitaria.

Ver Post >
ENSEÑANZAS DE LA REVUELTA
img
Juan Neira | 05-11-2017 | 22:38| 0

Aunque no se pueda dar por terminado -ni mucho menos- el pulso entre el Estado y las fuerzas independentistas catalanas, urge sacar algunas conclusiones de lo ocurrido hasta ahora, porque si  aplazamos la reflexión algunas fechas más nos encontraremos sumidos en la precampaña electoral y todo el mundo estará hablando de candidaturas, encuestas, porcentajes de voto, pactos y mayorías parlamentarias, sin haber extraído antes las oportunas enseñanzas.

EVIDENCIAS

Vamos a empezar por las evidencias. Los partidos nacionalistas catalanes –¿sólo ellos?- se han transformado en partidos independentistas. Su objetivo a corto, medio y largo plazo es constituir un estado soberano, que sólo esté vinculado a España por pactos internacionales. Hacerles rectificar y volver a la senda autonómica no es una tarea fácil y requerirá de un plan complejo que empiece por demostrarles lo inútil y gravoso que resultan las maniobras realizadas en los dos últimos meses.

Desde la Generalitat los grupos independentistas han logrado que su mensaje llegue a todos los rincones del mundo. De “Catalunya” se escribe y se habla en todos los continentes. La inutilidad del ministro de Asuntos Exteriores, y su equipo, hizo que un pueblo que goza de un amplísimo autogobierno se visualice maniatado por una mordaza.

El bloque constitucionalista se reduce a PP, PSOE y Ciudadanos. Quiero decir que el apoyo dado para aprobar la Constitución o los estatutos de autonomía no se trasladan a la hora de defender la ley de leyes. Además, en el caso del PSOE, su postura está condicionada por la política del PSC.

Para parar el golpe de los independentistas hubo que echar mano de recursos extraordinarios: la intervención valiente y arriesgada de Felipe VI y la aplicación del artículo 155 de la Constitución.

La pieza fundamental para disuadir al “Govern” y al “Parlament” de desarrollar el guión republicano fueron los tribunales. Desde el Tribunal Constitucional hasta el Tribunal de Cuentas, pasando por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, la Audiencia Nacional y  el Tribunal Supremo. Con otras palabras: la profesionalidad de los jueces, asumiendo costes y peligros, detuvo la rebelión. La política de Mariano Rajoy de no mover un dedo hasta el último momento, como si no pasara nada, fue profundamente equivocada.

CONSECUENCIAS

Los conflictos entre el Estado democrático y los movimientos independentistas van a repetirse. Antes o después, de una u otra manera, la tensión entre dos posturas irreconciliables, una basada en la ley y la otra espoleada por una reconstrucción mítica del pasado y la ilusión de un futuro feliz como país rico e independiente volverán a chocar.

La anunciada reforma constitucional y el nuevo modelo de financiación autonómica irán en la línea de acomodar el andamiaje legal a las necesidades del nacionalismo. No voy a entrar en esta cuestión, aunque creo que los objetivos del independentismo desbordan cuantas reformas se hagan en esas materias.

Sin embargo hay medidas más modestas que adoptar para evitar que la unidad de España dependa del discurso del Rey o de la decisión de un juez. En Cataluña hay, habitualmente, 2.800 policías nacionales y 1.900 guardias civiles. Para hacer frente al desafío independentistas del 1-O hubo que trasladar agentes de toda España y alquilar tres cruceros; una doble solución chapucera e inútil, como se pudo comprobar.

Lo más sensato sería contar con instalaciones estables y una fuerza pública mucho más numerosa. Un despliegue que estaría también justificado en las competencias de la lucha antiterrorista que deberían recaer exclusivamente en la Policía Nacional y la Guardia Civil. Las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado no pueden tener una presencia marginal en ningún lugar de la geografía española.

Otra medida a adoptar sería la transferencia de competencias sobre delitos de sedición y rebelión a la Audiencia Nacional. Aunque en esta ocasión el comportamiento de los jueces en Cataluña ha sido más que ejemplar, no se puede repetir el experimento de tener que decidir sobre asuntos muy espinosos con los manifestantes dando gritos a las puertas del Palacio de Justicia. Cuando un juez se quita la toga es un simple señor de clase media acomodada que no puede estar sometido a presiones intolerables.

Sea cual sea el tratamiento que reciba Cataluña en el nuevo modelo de financiación autonómica, no se debe importar el concierto económico vasco. Por dos razones. Es inasumible que haya zonas de España donde el Estado no recaude ni un euro. Un caso único en el mundo.

En segundo lugar, a la comunidad autónoma catalana se le puede transferir los recursos fiscales que se acuerden, pero el acto de recaudar debe ser una competencia estatal. A la vista de lo que ha sucedido estos meses, si hubiera habido una agencia tributaria catalana soberana la república no hubiese quedado frenada nada más declararla.

Por último, la Alta Inspección del Estado debe tener un papel activo para controlar la enseñanza que se imparte. Una labor a realizar en todas las comunidades autónomas y, en especial, en las que cuentan con un relato propio.

Ver Post >
CLASES DE DELITOS
img
Juan Neira | 04-11-2017 | 20:22| 1

Jorge Sánchez y Jorge Cuixart seguirán en prisión. La Audiencia Nacional ha ratificado la decisión tomada por la jueza Carmen Lamela sobre los líderes de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Ómnium Cultural. La misma magistrada redactó la orden de búsqueda y captura de Carlos Puigdemont. El expresidente de la Generalitat sigue destrozando su imagen con declaraciones patéticas, afirmando que no ha huido, que se ofrece a ser candidato desde el extranjero, que está dispuesto a entrevistarse con Rajoy en Bruselas, y otra serie de insensateces del mismo tenor.

En paralelo a la secuencia judicial el movimiento independentista sale del estupor en que se había sumido cuando medio gobierno huyó a Bélgica y el otro medio se confundió con los peatones que paseaban por las ramblas. El objetivo explícito es sacar de la cárcel a los exconsejeros y los dirigentes de la ANC y Ómnium. Las democracias no operan como las dictaduras, hay separación de poderes; la manifestación que preparan para el 12 de noviembre no va a influir en el régimen carcelario de los notables. A la jueza no le afecta que participe más o menos gente en la movilización. Las manifestaciones pueden presionar a Rajoy o tener influencia en las urnas, que es el objetivo real de los independentistas.

Los jueces tratan de hacer justicia, sin valorar las consecuencias políticas. En la cuestión que nos afecta hay una asimetría manifiesta entre la entidad de los delitos imputados (prevaricación, desobediencia, malversación de caudales públicos, sedición y rebelión) y la visión que tiene la gente de unos ex consejeros educados, serios, con el expediente penal en blanco. Aunque de forma más atenuada, ocurre algo parecido con los delitos de Hacienda. Si cualquiera de los deportistas de elite que defraudan a Hacienda robara la misma cantidad a un particular –persona o empresa– sería rechazado por la misma sociedad que le aplaude sin interrupción en los estadios. Observado con objetividad es mucho más dañino organizar una trama secreta para cambiar el sistema político saltándose las normas hasta romper el Estado, que cobrar una mordida, por elevada que sea, a un proveedor de la Administración. Sin embargo, un sector de la sociedad aplaude al primero por patriota y condena al segundo por chorizo. A la deformada sensibilidad social se suma la inmunidad que se conceden los políticos para tomar decisiones en nombre de su programa electoral. Hasta que se cruza un juez en su camino.

Ver Post >
Sobre el autor Juan Neira

Etiquetas

Otros Blogs de Autor