El Comercio
img
UN LÍDER DE PARTIDO
img
Juan Neira | 28-05-2017 | 15:00| 0

Nadie está libre de contradicciones. Javier Fernández, tampoco. Un hombre estudioso, dominador de diversas materias, como la energía, la industria o la financiación autonómica, y conocedor de otras, como la educación, la problemática agraria, la economía o los servicios sociales, tuvo su mejor registro político en el trabajo orgánico, en la dedicación al partido, integrando a tirios y troyanos.

En la política asturiana, Javier Fernández cobró protagonismo al ser elegido secretario general del PSOE; y en la vida nacional, tras cinco años de perfil bajo como presidente autonómico, concitó la atención de todos los medios a través de la presidencia de la comisión gestora, organismo montado para ocupar el vacío de poder dejado por la dimisión de Pedro Sánchez.

Dos trabajos de partido para los que no sirve de nada los conocimientos en energía, industria, financiación territorial o impuestos, pero que le han dado fama de político serio y riguroso. Un caso excepcional: la forja de un hombre de Estado a través de una tarea de partido.

El paso decisivo en su biografía política lo dio en el año 2000. La tensión entre las dos principales familias del PSOE, oficialistas (villistas) y renovadores (Gijón, Avilés, y poco más) llegó al punto más alto. El presidente Areces cometió un tremendo error estratégico al relevar a Manuel Menéndez de la presidencia de Cajastur a los cuatro días de abandonar Joaquín Almunia la secretaría general del PSOE.

Areces pensaba que los oficialistas estaban en un momento difícil por el batacazo llevado en las elecciones generales del 12 de marzo, sin reparar en que era él quien trabajaba sin red, porque había un vacío de poder que no lo suplía la comisión gestora (otra gestora) presidida por Manuel Chaves.

Fernando Lastra y compañía redactaron una Ley de Cajas contraria a los intereses del Gobierno socialista, que fue aprobada por todos los grupos en la Junta General del Principado. Luego, en una ronda de negociaciones nocturnas en un hotel de la capital, el Soma puso a Areces contra la pared: aceptas la entronización de Menéndez o dimites.

El día (2 de agosto) que Menéndez retornaba a la presidencia de Cajastur, Zapatero, recién llegado al cargo de secretario general, llamó a las ocho de la mañana a Areces pidiendo que se aviniera. En un pequeño cónclave celebrado por los renovadores en Presidencia, las opiniones estaban divididas, pero Areces no podía tirar la toalla a los 13 meses de haber ganado las elecciones por mayoría absoluta.

INTEGRADOR

En el congreso de otoño se dirimía el enfrentamiento interno, y entonces Villa se sacó de la chistera al candidato Javier Fernández, consejero de Industria en el Gobierno de Areces. Un dirigente con nula experiencia en la gestión del partido, dispuesto a hablar con entusiasmo del mini horno eléctrico alimentado por chatarra, que era el equipamiento estrella para la siderurgia (menos mal que esa joya quedó reservada para Vizcaya, y así le va a la acería vasca, con toda la plantilla regulada y la producción parada). Javier Fernández también le había echado el ojo a la regasificadora, pero Rodrigo Rato no estaba por la labor. Hubo que esperar a que Zapatero levantara el veto.

Javier Fernández no daba titulares, se mostraba como un señor discreto, sin ninguna concesión a la demagogia (ahora se dice populismo), preocupado por la política de las cosas, no por el poder interno en los partidos. Y, sin embargo, aceptó el encargo de lanzarse a la batalla contra los renovadores, pese a formar parte de un Gobierno presidido por el líder de los renovadores.

En el mejor discurso de su carrera política (este invierno, para el Comité Federal preparó una pieza de mérito, pero cometió la equivocación de recitarla de memoria, y el lenguaje hablado no tiene las mismas reglas que el escrito) puso a los delegados del congreso de pie en medio de una ovación atronadora y ganó el duelo.

Al empezar su discurso dijo, “no llevo publicidad en mi camiseta” El militante socialista más famoso de Oviedo comentó que la camiseta estaba en blanco, porque la publicidad la llevaba grabada en la piel (alusión al pacto de sangre con el Soma). Pero se equivocó.

Unos días más tarde, comiendo Fernández con un grupo de periodistas, al preguntarle cómo se podía mantener el Gobierno de Areces con todos los grupos parlamentarios en contra, incluyendo a la mayoría de los escaños socialistas, dijo que “la garantía para el Gobierno de Tini soy yo”. Y así fue.

Villa presionó al máximo, obligando a Areces a firmar el Plan Complementario para las Comarcas Mineras (156 millones de euros), en una época en que las cuencas recibían una riada de dinero que se iba por el sumidero de la incompetencia. El Gobierno regional salió del atolladero gracias al profundo sentido institucional de Javier Fernández.

JAVIERISMO

De una forma silenciosa y rápida, las principales agrupaciones del Nalón dejaron de estar comandadas por Villa para tomar a Javier Fernández como líder. La agrupación socialista de Gijón, bastión de los renovadores, también pasó a engrosar las filas de Fernández. Las etiquetas se diluyeron. Dejaron de existir los villistas, los renovadores y la tercera vía, para dar paso a una amplia corriente, el “javierismo”, que englobaba a cerca del 90% de la militancia.

Se acabó con el pernicioso juego de Villa, consistente en tener gobiernos débiles que manejaba el Soma a su antojo. Presidentes, como Pedro de Silva o Rodríguez Vigil, carecían de apoyo orgánico y gobernaban a los dictados del líder del Soma. Trevín salió respondón y le hicieron la vida imposible hasta caer derrotado en las urnas. Hasta que Javier Fernández llegó a la secretaría general de la FSA los presidentes gobernaban en libertad vigilada.

La facilidad de Fernández para hacerse con las riendas del PSOE es equiparable a su pragmatismo para llegar a acuerdo con sus rivales políticos. Cuando Álvarez-Cascos irrumpió en la escena política asturiana, tras seis años de alejamiento, Javier Fernández comprendió que la forma de derrotarlo no estaba en la unidad de la izquierda sino en la división de la derecha. Y se puso a ello.

Con el PP pactó la Mesa de la Junta General del Principado, y con el mismo partido maniató a Cascos aprobando en el Parlamento una insólita medida por la que se sustraía al Gobierno asturiano la gestión del sector público. Luego, PSOE y PP rechazaron los presupuestos. Izquierda y derecha unidas jamás serán vencidas. Con Javier Fernández en el poder, el PP aprobó por primera vez en toda la etapa autonómica las cuentas regionales de un Gobierno socialista.

La eficacia del líder socialista para unir a su partido no se ha traslado a su acción como presidente del Gobierno. Tras cinco años en el poder, el Ejecutivo socialista proyecta una pálida sombra que exige una explicación.

GOBERNANTE

A mi juicio hay tres razones que lo explican. Javier Fernández tiene fama de pesimista, pero lo cierto es que se siente incapaz de embellecer la coyuntura. Sabe que la solución a la mayoría de nuestros problemas reside en el exterior, en manos de Merkel, Draghi o Bruselas, y todo lo que se puede hacer desde Asturias le parece un placebo. No sabe vender motos.

En segundo lugar renuncia a cultivar la dimensión de mediática del gobernante, que es lo mismo que apostar por una imagen mate. Por último, fruto de una mentalidad analítica, las dudas contornean a las certezas, lo que le lleva a no tomar riesgos.

Un lustro más tarde, la región sigue sin reformar el sector público, las listas de espera crecen en la sanidad, nuestros bachilleres no aprueban el “first”, y la concertación social mantiene el decorado de cartón piedra.

Javier Fernández renuncia al liderazgo en el partido cuando ya hay un grupo, los “sanchistas”, dispuestos a tomar el poder con el apoyo de las bases del PSOE. Se avecinan dos años de convivencia complicada.

Está por ver que los nuevos amos del partido aplaudan los acuerdos presupuestarios de Javier Fernández con el PP, porque esa política puede ser beneficiosa para Asturias pero es contraria a los intereses de Pedro Sánchez. A lo mejor, espoleados por Podemos e IU, apuestan por una alianza tripartita de izquierdas, como la que gobierna en el Ayuntamiento de Oviedo. Una traslación difícil de realizar porque Javier Fernández no es Wenceslao López.

Si el año que viene el Principado prorroga los presupuestos es que funciona el doble veto: Javier Fernández rechaza a Podemos y los “sanchistas” al PP. Ambos podrán decir que no es no.

Por encima de los avatares de la coyuntura, dejar un partido profundamente dividido cuando se dedicaron las mejores energías a unirlo debe dejarle a Javier Fernández un poso de tristeza. Convertir el éxito de 16 años de trabajo en papel mojado por la dichosa abstención ante la investidura de Rajoy es un tanto injusto.

Esta reflexión se la hacía el otro día a un alto dirigente socialista y me interrumpió para decirme que la política imita a la vida y que lo que le ocurre al PSOE, le pasa a las empresas, a los sindicatos, a las organizaciones culturales o deportivas. Cierto: por eso el Sporting milita en Segunda.

Ver Post >
VÍA LIBRE PARA EL “SANCHISMO”
img
Juan Neira | 27-05-2017 | 21:57| 1

Javier Fernández ha querido acabar con las especulaciones declarando que no va a competir por la Secretaría General de la FSA en el congreso regional. Desde que se cerraron las urnas el pasado domingo alzándose Pedro Sánchez como triunfador de las primarias, el entorno del presidente del Principado le presionaba para que se presentara a la reelección. El cálculo que hacían no era muy alentador: “con Javier no es seguro que ganemos, pero sin él vamos a una derrota cierta”. Por su parte, los “sanchistas” dejaban caer que Fernández no se presentaría, porque había perdido frente a Sánchez. Una suma de opiniones interesadas.

Como era de prever, Javier Fernández declaró que su decisión no tenía nada que ver con el resultado de las primarias, que ya la había tomado previamente, y que deja a la organización a disposición de la nueva dirección que tendrá que afrontar la división interna. Es muy probable que dada su edad y a dos años de dejar la política (en 2015 manifestó que no volvería a votar como candidato en otras elecciones autonómicas), considerara que no tenía sentido iniciar otro mandato al frente de la FSA. Ahora bien, cualquier manifestación realizada a tan solo los cinco días de la consulta a la militancia está influida por el resultado de las urnas. Javier Fernández no se siente con ánimos para repetir los desencuentros con Pedro Sánchez (la última perla de Sánchez es la petición de reforma de la Constitución para reconocer el carácter plurinacional del Estado) ni para enfrentarse al conjunto abigarrado de “sanchistas” que son mayoritarios en el socialismo asturiano a partir de una heterogénea alianza en la que se dan la mano los genuinos “sanchistas”, el Soma, los despechados colaboradores de Javier Fernández en el Principado, los socios institucionales de Podemos, y el sindicalismo del “no”. El fracaso de la comisión gestora, y como tal hay que calificar una gestión que no logró ni apaciguar el partido ni librarlo del discurso populista que lo aleja de la senda socialdemócrata, deja sin fuerzas a Javier Fernández para dar una batalla en la que le tratarían de cobrar cuentas atrasadas. Desde su perspectiva de presidente, también es prudente su desistimiento a repetir mandato.

Los “sanchistas” tienen el campo despejado. En sus manos está hacerse cargo del partido. El problema está en que tras la victoria interna les queda la ardua tarea de convencer al 97% de votantes socialistas que no participó en las primarias.

Ver Post >
PATXI BLANCO, IDA Y VUELTA
img
Juan Neira | 26-05-2017 | 18:41| 0

Patxi Blanco ha anunciado su dimisión como consejero de Empleo, Industria y Turismo del Gobierno socialista. El verso suelto del Ejecutivo de Javier Fernández se va para casa. Dimitir a los cuatro días de la celebración de las elecciones primarias es un gesto con doble mensaje: golpe al presidente al perder un miembro de su equipo, y reubicación del dimisionario a la luz del resultado en las urnas.

El consejero quiso cortar las especulaciones con una declaración de manual: “deseo volver a la Universidad”. Debe ser un impulso repentino, porque a la vista de su desempeño en los últimos años, más parece que ha hecho todo lo posible por ganarse el pan alejado del alma mater.

Prometió el cargo para sustituir a un peso pesado de los gobiernos socialistas, Graciano Torre. En sus primeros contactos con el mundo de la empresa sorprendió por el escaso conocimiento que tenía de los expedientes industriales y de los capitanes de empresa. Necesitaba tiempo.

CHOQUES

En el Gobierno tuvo el dudoso acierto de chocar con Dolores Carcedo, una persona insustituible para Javier Fernández. En caso de conflicto, el presidente siempre daría la razón a Dolores frente a cualquier miembro del Ejecutivo. A Dolores Carcedo, como a todos los consejeros de Hacienda, le toca la desagradable obligación de poner corsé presupuestario a los imaginativos proyectos de sus compañeros de gabinete. Blanco sufrió ese control, que otros llaman recorte.

Las malas relaciones con Belén Fernández también son conocidas. Hace quince días, comprobamos cómo la consejera de Medio Ambiente tensaba las relaciones con ArcelorMittal por sus emisiones contaminantes en Avilés, mientras que Blanco juzgaba como “correctas” las medidas correctoras puestas por la factoría siderúrgica.

Otra fricción. Sogepsa vendió parcelas en el polígono de la Lloreda (Gijón) a varios empresarios; una vez construidas las naves se encontraron con que no tenían corriente eléctrica porque EdP no se fiaba de que le pagara la sociedad del suelo la subestación suministradora de energía (con un coste de 3 millones de euros, EdP pidió a Sogpesa que presentara una aval y el Principado no avaló); el consejero de Empleo comentó a alguno de sus colegas que vender parcelas sin posible toma de energía era “un fraude”.

La falta de conocimiento del sector y los choques con compañeros de Gobierno son peccata minuta comparado con la asimetría política que mostró con respecto a Javier Fernández.

En la mente de todos está su salida de pata de banco, cuando tras la dura reunión del Comité Federal del 1 de Octubre, se permitió la informalidad en las redes sociales de recomendar la lectura de “Julio César” de Shakespeare. El reparto de personajes no ofrece lugar a dudas: Pedro Sánchez, como nuevo Julio César, y Javier Fernández reencarnando el papel de Bruto. Después de esta increíble anécdota, Patxi Blanco podía ser destituido en cualquier momento.

El asunto venía de atrás, ya que cuando Pedro Sánchez alcanzó, por primera vez, la Secretaría General del PSOE, se supo que el consejero asturiano era amigo del nuevo líder del partido.

Ante las primarias, Blanco fue el único consejero del Gobierno asturiano que no apoyó a Susana Díaz, mostrando sus preferencias por Patxi López. Ahí demostró que tiene una mente preclara para avizorar el futuro.

Y ahora la dimisión. ¿Por qué se va del Gobierno a los cuatro días de la rotunda victoria de Sánchez sobre Susana Díaz?

EL APARATO

María Luisa Carcedo y Jesús Gutiérrez siempre fueron los dos ojeadores de la FSA. Javier Fernández no es un buen jefe de personal, porque eso implica verse con mucha gente y las relaciones sociales no son su fuerte.

María Luisa Carcedo descubrió nuevos valores, como por ejemplo, Belén Fernández, aunque con el paso de los años se vio que no fue un acierto. En sus planes para el futuro hizo de tutora de Adriana Lastra y Patxi Blanco. Dos jóvenes, aunque suficientemente preparados: Adiana para el partido y Patxi para el Gobierno. A través de la promoción de los jóvenes, María Luisa Carcedo aumentaba su influencia en el partido.

Ahora se empieza a hablar de vuelta a la bicefalia para que Fernández se refugie en el Gobierno y los “sanchistas” se hagan con la Secretaría General de la FSA. Con Adriana en Madrid, el plan más sencillo es Adrián Barbón (alcalde de Laviana) de líder del  partido y Patxi Blanco para el Gobierno.

María Luisa Carcedo siempre estuvo en todos los movimientos. En 2014, cuando Pedro Sánchez preparaba su candidatura, Adriana Lastra sentía simpatías por Eduardo Madina, pero la tutora la recondujo al camino correcto.

Ambas fueron la clave para la ruptura entre Sánchez y Fernández, cuando el líder madrileño las incluyó en su Ejecutiva (congreso de julio de 2014), y Javier Fernández comprobó que la aparente concesión a la delegación asturiana al congreso escondía en el fondo un cambio de fidelidades. El choque entre Sánchez y Fernández no fue por la presidencia del Comité Territorial, sino por María Luisa y Adriana.

Visto lo anterior, cuando Patxi Blanco formula su deseo de volver a la Universidad, a más de uno le da la risa en la agrupación socialista de Gijón.

Ver Post >
UN PLAN RECTILÍNEO
img
Juan Neira | 25-05-2017 | 21:33| 0

Pedro Sánchez ya ha aclarado que en la nueva Comisión Ejecutiva (el equipo de dirección del secretario general) no habrá ningún líder territorial. Gato escaldado huye del agua fría. El nuevo jefe del PSOE va a vigilar todos los movimientos que hagan los dirigentes autonómicos. Con los actuales barones regionales tendrá que convivir durante dos años hasta la celebración de las próximas elecciones autonómicas. No puede jugar a la desestabilización porque el fracaso de los gobiernos autonómicos sería el preludio del batacazo del PSOE en las urnas, y ya sufrió suficientes derrotas electorales como para fabricar otra con sus propias manos. Lo que sí va a hacer es encauzar la operación relevo, que pasa por elegir secretarios generales “sanchistas” en los congresos de todas las comunidades autónomas, con la excepción forzada de Andalucía. Los nuevos secretarios generales quedarán en la rampa de lanzamiento para ser candidatos en los comicios autonómicos de 2019.

El plan de Pedro Sánchez para su partido es rectilíneo porque goza de la mayoría absoluta que sacó en las primarias, que tendrá reflejo en el congreso federal de mediados de junio. No hay margen para la especulación. Me extraña que haya dirigentes en la Federación Socialista Asturiana (FSA) que no lo tengan claro. Las derrotas y las victorias rotundas no son flor de un día, sino que generan consecuencias a corto y medio plazo, cuando no más allá. La operación relevo es imparable. En el caso asturiano se entiende que tenga ribetes traumáticos, porque se pasa del periodo del “javierismo”, con un 90% de militantes apoyando al secretario general, a una ruptura de esa amplia mayoría en dos grupos que en esta hora son irreconciliables. Cuando la dirección de un partido lleva diecisiete años de apacible convivencia pierde la capacidad para captar el malestar que se incuba. Lo más normal es que el bando de los “sanchistas” registre nuevas adhesiones de afiliados que visten traje de corcho para flotar en todo tipo de mares. En el caso de que hubiera un enfrentamiento con dos listas y, máxime, si Javier Fernández encabezara una de ellas, sólo serviría para que Pedro Sánchez se desplazara a Asturias para recorrer la región llevando de la mano a su candidato. Pedir al presidente del Principado que derrote a los “sanchistas” es una misión imposible. El desgaste de haber presidido una comisión gestora, que pese a las buenas intenciones no sirvió para nada, es una carga muy pesada.

Ver Post >
LA SEGUNDA VUELTA
img
Juan Neira | 24-05-2017 | 18:02| 0

Una vez acabada la batalla de las primarias empiezan las maniobras para ganar los congresos. El próximo mes se celebrará el congreso federal, que se va a llevar de calle el nuevo secretario general porque el otro bando está descabezado. Se especula sobre el respaldo que tendrá la nueva Comisión Ejecutiva y sobre la composición del Comité Federal. Creo que es un debate viejo, que tenía sentido antes del recuento en las urnas, pero dada la mayoría absoluta que tuvo Sánchez el domingo, los máximos órganos del partido van a estar bajo control del secretario general. Hay que tener en cuenta que los dos bandos saben que el partido no puede someterse otra vez a las enormes tensiones de la campaña de las primarias. El PSOE no es un partido de escisiones y no repetirán en el congreso la imagen desgarradora del Comité Federal de octubre, porque no sólo perderían el edificio, sino que se quemaría el solar.

Otra cosa es lo que suceda en los congresos autonómicos de finales de verano o principios de otoño. Hay más tiempo para prepararlos e intereses contrapuestos. Por lógica, Pedro Sánchez querrá hacerse con las secretarías generales de las organizaciones territoriales y en la mayoría de los casos lo tiene a mano. El nuevo líder es consciente de que el movimiento de contestación que provocó su dimisión se gestó desde las baronías autonómicas y tratará, por todos los medios, de impedir que se alce otra estructura de poder paralela. En la cultura del PSOE, el papel de los secretarios generales en las regiones es clave. No ocurre como en el PP, que el peso está en los gobiernos. En el PP los gobiernos hacen el partido (el ejemplo más reciente está en las batallas territoriales que le gana Soraya Sáenz de Santamaría a Dolores de Cospedal), mientras que en el PSOE el partido hace los gobiernos. Sánchez puede estar dispuesto a respetar los ejecutivos autonómicos socialistas, pero bajo un esquema de bicefalia con sus hombres y mujeres ocupando las secretarías generales.

En Asturias, el bando de los “susanistas” quiere que Javier Fernández se presente a la reelección, como secretario general de la FSA. Es difícil que dé el paso. Si hay dos líderes que tiene en el entrecejo Pedro Sánchez, son la presidenta andaluza y el presidente de la gestora. El resto son figuras menores. Sánchez va a presentar candidato con absoluta seguridad. El grave problema para la FSA es que no prepararon un sucesor en tiempos de bonanza y ahora le piden a Fernández que vaya al sacrificio.

Ver Post >
LA REVOLUCIÓN DE LAS BASES
img
Juan Neira | 23-05-2017 | 21:56| 1

El desenlace de las primarias socialistas provoca tantas reflexiones como los resultados de las elecciones generales, autonómicas o municipales. Las consecuencias para la política española o asturiana no son menores. Las declaraciones de Adriana Lastra, una de las principales colaboradoras de Pedro Sánchez, han levantado una polvareda de comentarios por toda España. La diputada asturiana ha afirmado que los barones autonómicos deberían pedir perdón a las bases; se entiende que la razón de la petición de disculpas no es otra que haber tenido la osadía de proponer una candidata que no tuvo el apoyo de los militantes de sus organizaciones. Sin embargo, a mí me causó una mayor sorpresa que Adriana Lastra no sólo equiparara la valía de su voto con el de Felipe González –una afirmación acertada-, sino que dijera que su criterio valía tanto con el de González. Las palabras de la coordinadora de campaña de Pedro Sánchez muestran que estamos ante la revolución de las bases, que como toda revolución empieza por abolir las antiguas jerarquías. Ahora una diputada, con unos meses de experiencia, tiene un bagaje político semejante a un señor que fue durante 14 años presidente de Gobierno. La revolución francesa creó el calendario republicano, con semanas de diez días, días de diez horas, horas de cien minutos y minutos de cien segundos. Abajo el viejo orden. A lo mejor Felipe González necesita una cura de humildad y conviene mandarlo unos años a trabajar de guardabosques, como hicieron los rusos con Dubcek poniéndolo a trabajar a la sombra de los árboles de Bratislava. La dinámica es imparable y no está en manos de Adriana Lastra detenerla: el ajuste entre las familias socialistas es cosa de semanas o meses, para que se asiente el nuevo poder.

Los congresos en las federaciones regionales, que tendrán lugar en los meses de verano y otoño, serán la ocasión para el relevo de personal. En la FSA confían en convencer a Javier Fernández para que se presente a la reelección del cargo. Dicen que será muy difícil derrotar a los “sanchistas”, pero sin Javier Fernández lo consideran imposible. Me extrañaría mucho que el actual secretario general aceptara el envite de confrontar en las urnas con un dirigente “sanchista”. El domingo, el oficialismo quedó en Asturias a 900 votos de los “sanchistas”. Sería una apuesta de alto riesgo que comprometería los dos años de gobierno que le quedan hasta pasar a enrolarse en lo que llaman, clases pasivas.

Ver Post >
UN CAMBIO HISTÓRICO
img
Juan Neira | 22-05-2017 | 22:01| 0

Victoria clara de Pedro Sánchez en las primarias, con diez puntos de diferencia sobre Susana Díaz, mientras Patxi López sacaba un resultado testimonial. El triunfo de Pedro Sánchez abarca a todas las comunidades autónomas salvo las regiones de las que son originarios Susana Díaz y Patxi López.

El nuevo líder tuvo la iniciativa política durante la campaña electoral, donde remarcó la idea de que había un sector del partido identificado con los notables, que había pactado con el PP y llevaría al PSOE hacia la irrelevancia, como antesala de su desaparición. Frente a ellos estaba otro grupo, liderado por Sánchez, que no claudicaba ante Mariano Rajoy y pretendía llevar al PSOE hacia posturas nítidas de izquierda. Si Pablo Iglesias tiene como modelo a Alex Tsipras, Pedro Sánchez toma como gran referencia a Antonio Costa, presidente del Gobierno de Portugal y ex alcalde de Lisboa. Frente a ese discurso, Susana Díaz mantuvo el argumento de que el PSOE no debe moverse de sus posiciones, ni un paso a la izquierda ni a la derecha, y sólo necesitaba un candidato ganador en las urnas y levantar la moral de la tropa. La oficialidad, empezando por la comisión gestora, y siguiendo por la propia Susana Díaz, no supieron en ningún momento explicar lo que había sucedido el pasado 1 de Octubre en el Comité Federal, dejando que la militancia diera por buena la versión del golpe de Estado. Tampoco quisieron hurgar en temas delicados, como las maniobras realizadas por Pedro Sánchez para forjar una  alianza de partidos de izquierda y fuerzas nacionalistas, sin informar a los presidentes autonómicos y a la dirección del partido. En conclusión: ante la militancia comparecía un candidato con la etiqueta de bienhechor, que para colmo había quedado en el paro por defender la ética socialista, y en frente había un grupo de presidentes autonómicos, trufados de intereses, que habían pactado con Rajoy. Expuesta la disyuntiva, el resultado en las urnas fue una consecuencia lógica.

En Asturias, la victoria de los sanchistas es aún más rotunda. Un anticipo de ella había sido el test de los avales, donde los partidarios del nuevo secretario general habían ganado con mucha holgura. El papel de Javier Fernández, como presidente de la gestora, propició la movilización de los sanchistas asturianos. También los cinco años al frente del Gobierno asturiano pesaron en las urnas. El próximo congreso regional marcará el fin de una etapa de la FSA.

Ver Post >
LA OTAN Y LAS PRIMARIAS
img
Juan Neira | 21-05-2017 | 21:41| 0

Desde la recuperación de la democracia el PSOE pasó por situaciones delicadas que logró superar. La primera de ellas fue de carácter orgánico, cuando en mayo de 1979 los delegados del XXVIII Congreso rechazaron el abandono del marxismo, como seña ideológica.

Felipe González dimitió y quedó al frente del partido una gestora (hubo épocas en que los secretarios generales dimitían, sin alharacas, cuando quedaban en minoría). En un posterior congreso, de carácter extraordinario, se aceptó la renuncia al marxismo y el dirigente sevillano retornó a la Secretaría General.

La reforma de las pensiones, en 1985, (la base de cálculo se ampliaba de los dos años a los ocho) abrió la guerra entre la UGT y el PSOE, con duros ataques de Nicolás Redondo a Felipe González.

Dos años más tarde, Redondo y Saracíbar, los dos máximos dirigentes de la central sindical socialista, dejaron su escaño en el Congreso de los Diputados por desacuerdo con el proyecto de Presupuestos Generales del Estado. El 14 de diciembre de 1988, UGT convocó con CCOO una huelga general de 24 horas que paralizó toda España, dejando “en negro” las pantallas de televisión.

Entre las situaciones difíciles también cabe citar la debacle electoral del 12 de marzo de 2000, que llevó a Joaquín Almunia, máximo dirigente del PSOE, a presentar su dimisión en la noche electoral (hubo épocas en que los secretarios generales dimitían inmediatamente cuando fracasaban como candidatos electorales).

Se podría ampliar la relación de coyunturas delicadas. No obstante, quiero referirme a dos que sobresalen del resto porque tuvieron la particularidad de poner juego el poder dentro del PSOE y también la identidad del partido.

REFERÉNDUM

El referéndum de la OTAN fue una de ellas. Cuando el presidente, Leopoldo Calvo Sotelo, planteó la adhesión de España a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, en 1981, la izquierda española saltó como un resorte y acuñó el slogan: “OTAN, no; bases, fuera” (con el paso del tiempo la izquierda iría a peor: “no es no”). Recuerdo un mitin unitario en la ciudad universitaria de Madrid, en que Felipe González fue presentado como “el hombre que nos sacará de la OTAN”.

Cinco años más tarde España entró en la Comunidad Económica Europea; el primer mandato de Felipe González expiraba y convocó un referéndum sobre la OTAN para cumplir su promesa, pero en vez de apoyar la salida, pidió el voto para la permanencia.

Ahora que se habla tanto de militantes de base no recuerdo a ninguno en aquella época que estuviera a favor de seguir en la OTAN. Si hubiera ganado la opción de salir del Tratado hubiera sido un desastre para España, ya que los aliados no hubieran admitido que un país accediera por una puerta al mercado común, y a los tres meses saliera por otra para no participar en la defensa colectiva.

España hubiera pagado un precio muy alto por jugar la extravagante carta de la neutralidad. Y el PSOE habría sufrido una crisis interna con la desaparición de su líder y el auge de los demagogos que tratarían de llevar a España al grupo de los países no alineados. Estaríamos hablando de otro partido.

Hay cosas que tiene que valorar un dirigente, con un mayor nivel de información y reflexión, aunque se le escape a los afiliados del partido. Felipe González tuvo la inmensa suerte de que el referéndum estaba abierto a todos los españoles, no sólo a los miembros del PSOE, y pudo ganar el “sí” a la OTAN con el 52,5% de los sufragios, pese a la falta de sentido de Estado de Fraga Iribarne que pidió a los españoles que se abstuvieran ante las urnas.

A Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias les salvó su tierna edad de participar en aquella consulta. Nadie podrá afirmar que formaron parte del frente del no.

LAS BASES

La otra coyuntura en que se juega el poder en el partido y la identidad del PSOE, son las primarias que se celebran hoy. Una diferencia permanente que hay en los discursos de Susana Díaz y Pedro Sánchez, es que la primera reivindica el patrimonio político de los gobiernos socialistas, mientras Pedro Sánchez habla de romper con un partido de notables. Para guarecerse de las críticas, Pedro Sánchez dice que Felipe González haría lo mismo que él si fuera 35 años más joven. Bueno, hace 31 años, González pidió el voto afirmativo para la OTAN, pese al sentir de la militancia.

No es un problema de edad, es una cuestión de tener sentido de Estado, mirar para los intereses generales y rechazar la tentación de hacer girar la política del partido y del país en función del currículo personal.

38 años después de abandonar la ideología marxista, la arrumbada doctrina se pone de moda en el PSOE siguiendo la escuela de Groucho: “estos son mis principios; si no te gustan tengo otros”.

Quizás el drama para el PSOE es que sus militantes se han cansado. Desde el inicio de la transición siguieron a sus dirigentes que hacían una política para una mayoría del país, no para una parte. La crisis económica y los cantos de sirena de los demagogos les han hecho creer que ya es hora de hacer política para un sector y olvidarse del resto.

Tras 40 años de venerar la figura de Indalecio Prieto, las bases del PSOE están listas para vivir la arrebatada aventura de dejarse conducir por un sucedáneo de Largo Caballero.

Ver Post >
LAS OCUPACIONES DEL PRESIDENTE
img
Juan Neira | 20-05-2017 | 20:08| 0

La sesión de preguntas al presidente, en la Junta General del Principado, estuvo salpicada de continuas alusiones a las primarias socialistas. La política española gira en torno a la consulta a los afiliados del PSOE. Pablo Iglesias presenta la moción de censura entre la indiferencia general de los ciudadanos. A nadie interesa porque no levanta ninguna expectativa; todo el mundo sabe que sólo servirá para que el líder de Podemos ocupe la tribuna del Congreso de los Diputados durante dos o tres días, y luego siga el curso parlamentario como si nada hubiera ocurrido. La probabilidad de que la iniciativa de Iglesias sirva para censurar a Rajoy es cero. El mismo líder de Podemos es consciente, prueba de ello es que la registró en la Cámara sin haber logrado hablar con ningún grupo parlamentario. Va a quemar un cartucho que podía haber reservado para otro momento de la legislatura. Una pérdida de tiempo que contrasta con el interés de la gente por las primarias socialistas. De las urnas del domingo saldrá la respuesta a muchos de los interrogantes que pesan sobre la política española y sobre el PSOE. Detrás de los candidatos hay proyectos distintos de país, de ahí el interés por el resultado. Una consulta en el interior de un partido tiene mucha más importancia que la moción de censura a Rajoy. Alguien se ha equivocado. La buena y animosa gente de Podemos debería hacer un hueco para reflexionar entre tanta performance.

En la Junta General del Principado, tanto Mercedes Fernández como Emilio León, critican a Javier Fernández por dedicar sus mejores energías a la comisión gestora, en vez de atender a los problemas de los asturianos. Yo pienso justo lo contrario: hubiera sido más provechoso para todos que hubiera dedicado aún más tiempo a los asuntos de Madrid. De esa manera, a lo mejor, hubiera enmendado los dos garrafales errores de la comisión gestora: convocar las primarias cuando no está pacificado el partido y, sobre todo, dejar que el secretario general del PSOE lo elijan los miembros de un partido ajeno, como es el PSC, que desde el mandato de Maragall en la Generalitat ha cambiado de ideario al buscar la desigualdad entre los españoles en función del lugar que ocupan en el mapa. Desde la desafección hacia España, votarán todos a Pedro Sánchez. Un fraude. Javier Fernández lo sabe, pero se plegó a los deseos de Rubalcaba. Cherines y Emilio León están equivocados: no veo que Asturias esté gobernada de distinta forma a los pasados años.

Ver Post >
DISPARATES SIN RÉPLICA
img
Juan Neira | 19-05-2017 | 20:38| 0

El candidato que realiza una campaña electoral más activa es Pedro Sánchez, se ve por las declaraciones que realiza y por la rapidez con que trabaja el equipo que le rodea. Siempre hemos dicho que una virtud del exsecretario general es su capacidad de trabajo. A lo anterior hay que añadir una circunstancia muy curiosa: parece que Pedro Sánchez actúa en casa y los demás juegan de visitantes. Es una cuestión de orden moral o psicológico que está pesando en la campaña. El exsecretario general dice lo que le parece, carga contra Susana Díaz (lo último es tildarla de liberal ante la militancia: manda huevos, llamar liberal a la sultana de la economía subvencionada) y se refiere a Patxi López como si fuera un diletante que termina su carrera el día 21. Sin embargo, Susana Díaz y Patxi López no utilizan las mismas armas en la campaña. Veamos dos ejemplos.

En el debate ya lo dijo y, posteriormente, volvió a repetirlo: “estoy en paro por coherencia con mis ideas”. Pedro Sánchez se refería a que renunció a su escaño en el Congreso de los Diputados para no abstenerse en la investidura de Rajoy y se quedó sin empleo. Cuando en el año 2014 supo la opinión pública de la existencia de Pedro Sánchez, fue presentado como profesor universitario. La legislación española protege especialmente a las personas que se dedican a la actividad política, y cualquier diputado, como cualquier consejero, alcalde, concejal o ministro, al dejar el cargo público puede reintegrarse al día siguiente al trabajo que abandonó. En su caso pudo volver al desempeño profesoral, con independencia de que preste sus servicios en una universidad pública o privada. En conclusión: si no trabaja de profesor es porque ha considerado más interesante seguir en la batalla política. No es de recibo vestir de heroicidad lo que no pasa de ser un cálculo de oportunidad. Díaz y López, mutis

Vamos con el segundo ejemplo. En el debate de los tres candidatos, Pedro Sánchez soltó la bomba: mi primera decisión como secretario general será pedir la dimisión de Rajoy. Quedé de piedra. Hay que entender poco de política para pedir la dimisión de un presidente unos días antes de que obtenga los apoyos en el Parlamento para aprobar los presupuestos. La aprobación presupuestaria hace las veces de una segunda investidura, y el líder del principal partido de la oposición no se entera y sigue atado a su tema de Eurovisión: rechazo a Rajoy, con el pegadizo estribillo del “no es no”. Díaz y López, ni una palabra.

Ver Post >
Sobre el autor Juan Neira

Etiquetas

Otros Blogs de Autor