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Abelardo y la conciencia sportinguista
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Carlos Prieto | 05-12-2014 | 20:52| 1

En pleno proceso de venta del Sporting, con Fernández convertido en el gran subastador y unos opacos grupos financieros extranjeros luchando por hacerse con la entidad, al borde de la quiebra y bajo la amenaza de la desaparición por sus deudas con Hacienda, después de veinte años de calamitosa gestión, Abelardo ha vuelto a alzar la voz. “Quien venga al Sporting tiene que saber que Mareo es la ventana al futuro”, lanzó ayer el técnico durante la rueda de prensa al término del entrenamiento. Al entrenador gijonés no le preocupa si el futuro será inglés, suizo o americano. Lo único que le inquieta es que el comprador conozca y respete al club, su filosofía, su idiosincracia. A Abelardo no le tiembla nunca el pulso. Habla desde la atalaya que le da su experiencia en el fútbol, donde ha visto y vivido casi todo, pero, sobre todo, habla como sportinguista. Sus palabras las repetiríamos todos aquellos a los que nos preocupa más la dramática situación que atraviesa la sociedad y su incierto futuro, que quien se siente en el palco de El Molinón. Ante el silencio de unos dirigentes temerosos, mudos en este trascendental proceso, y que transmiten la sensación de haber abandonado ya el barco, el ‘Pitu’ se ha erigido una vez más en portavoz del sportinguismo. Su trabajo, su profesionalidad y el ‘milagro’ que ha obrado con un conjunto que cogió deshecho y ha devuelto la ilusión a los aficionados hacen que sus palabras tengan aún más valor. Porque no solo ha conseguido armar un equipo que no pudo reforzarse y que perdió además a sus dos goleadores de la pasada campaña, sino que también ha sido capaz de aislar de todo este farragoso proceso a unos jóvenes futbolistas que están haciendo historia a base de dejarse el alma en cada partido. Porque no hay que olvidar que si hay alguien que a estas alturas quiera invertir en el Sporting es porque cuenta con un equipo que sabe jugar al fútbol, que está encabeza de la tabla y que sale en los telediarios por batir récords de imbatibilidad. Parodiando las palabras de Winston Churchill para elogiar el esfuerzo y el valor de los pilotos británicos para frenar los ataques de los aviadores alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, ‘nunca tantos debieron tanto a tan pocos’.  Gracias una vez más Abelardo por tu trabajo, por tu sportinguismo y a por el Lugo. ¡Vamos Sporting!

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La encrucijada del Sporting (y III). En el pozo deportivo y económico
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Carlos Prieto | 22-09-2014 | 09:22| 4

El consejo del Sporting planificó la temporada 2012-2013 con el único objetivo de conseguir el retorno a Primera División. El club recibió del fondo de compensación de la Liga de Fútbol Profesional 7,5 millones de euros, con los que pudo mantener a la mayoría de los jugadores de la temporada anterior e incorporar a ocho futbolistas: Sergio Fernández, Mandi, Carmona, Hugo Vieira, David Rodríguez, Bernardo, Bustos y Casquero, que suplían las bajas de los traspasados Barral y Botía, por los que el club obtuvo cinco millones. Trejo, Bilic, De las Cuevas y Sangoy parecían dar consistencia a un equipo que partía como gran favorito para lograr el ascenso. Sin embargo, todo se torció desde el principio y Manolo, que debutaba como entrenador en Segunda División, no logró enderezar el rumbo de un conjunto que se colocó en las primeras jornadas en la cola de la tabla. Las dudas y el temor al fracaso se adueñaron del consejo, que optó por la solución más fácil, la de destituir al joven técnico. José Ramón Sandoval, un entrenador que había logrado el ascenso con el Rayo Vallecano y, posteriormente, mantenerlo en Primera, fue el elegido para pilotar la nave. Debutó en la décima jornada, con 32 partidos por delante, un margen más que de sobra para cumplir el objetivo del ascenso. Reaccionaron los rojiblancos, pero no llegaron nunca a los puestos de cabeza. El último tramo del campeonato fue impropio de un equipo de la entidad del Sporting, pese a lo cual el consejo de administración optó por la renovación del preparador madrileño. Al final de temporada, ante la extensión de las protestas de los aficionados y el malestar que rodeaba la vida del club, Alfredo García Amado compareció en rueda de prensa. Durante 90 minutos, el primer ejecutivo de la entidad, puesto que desempeña desde 1997, trató de explicar la situación deportiva y económica. Afirmó que no pensaba en dimitir, dijo que Vega-Arango debía seguir «hasta que él quiera» y desveló que el Sporting arrastraba una deuda de 31 millones, casi diez más de los que el consejo había admitido en enero del mismo año. Amado, pese a la crudeza de los números, sentenció que «la viabilidad del Sporting a corto y medio plazo está asegurada» y afirmó que la situación era «mejor que cuando se aprobó el concurso de acreedores. Ahora, la deuda está ordenada», aseveró, y finalizó diciendo que el club vivía una situación de «dificultad económica, que no es alarmante».
Veinte días después de esta sorprendente rueda de prensa, el Sporting volvió a convulsionarse, al anunciarse la marcha de Manuel Vega-Arango, el presidente más importante de la historia del club. El exfutbolista amateur, el dirigente que durante veinte años pilotó la entidad, anunciaba su marcha. Como siempre, sin una mala palabra, sin un mal gesto. Su amor por el club se lo impedía, pero su mirada no engañaba. Se marchaba triste, aunque quizás aliviado por el negro panorama que seguro que él, con su dilatada experiencia, ya presagiaba. Aún está pendiente un reconocimiento público por parte del club hacia un hombre que dedicó la mayor parte de su vida al Sporting.
El vicepresidente Antonio Veiga pasó entonces a presidir un consejo que a finales de 2012 se había renovado con la incorporación del hijo del máximo accionista, Javier Fernández, al que acompañó el hostelero Javier Martínez y, posteriormente, en calidad de asesores, el exfutbolista Iñaki Eraña y el abogado y experto en comunicación y márketing Fernando Losada. Abandonaron sus puestos, además de Vega-Arango, Amador Yenes y Mariano Fernández Prendes. La presencia del hijo de José Fernández, máximo accionista y hombre que controla el club desde hace casi veinte años, dio un halo de estabilidad y fue bien recibido por la mayor parte de los sportinguistas, que veían en su preparación y juventud la medicina que el Sporting necesitaba para superar el trance. Pese al varapalo económico que supuso el descenso, en la junta de accionistas volvieron a presentarse unas cuentas con superávit, de 120.000 euros. Parecía que la situación estaba controlada.
Sin embargo, el Sporting no carburaba y el nuevo esfuerzo de los dirigentes por complacer a Sandoval con los fichajes de Alberto, Bernardo, Bustos, Isma López, Hugo Fraile, Scepovic y Lekic resultó estéril. El técnico desesperaba a los aficionados, menos a los consejeros, que le mantuvieron a capa y espada, hasta que a falta de cinco jornadas la situación se volvió tan insostenible que no les quedó más remedio que destituirle y apostar por Abelardo. Se hace muy difícil comprender cómo desde el club se le dio tanto poder a un técnico que, al menos en Gijón, no demostró nada. Con dos delanteros de lujo para la Segunda División, que anotaron ellos solos 35 goles, el Sporting fue incapaz de lograr el ascenso, en la Liga menos competitiva que se recuerda. Se perdió una oportunidad única de ascender, lo que hubiera servido para controlar una economía a la deriva.
El pasado 22 de abril EL COMERCIO ya alertaba de la grave situación del club con un titular que no dejaba espacio a ninguna duda: ‘El Sporting, en situación límite’. El impacto de la información, en la que el periódico advertía de la falta de viabilidad del club si no lograba el ascenso, causó un enorme malestar entre los dirigentes, que una vez más optaron por lanzar cortinas de humo y desacreditar la información, censurándola por alarmista. Cinco meses después, el periódico desvela que el consejo gestiona a contrarreloj una reunión con la Agencia Tributaria para tratar de negociar un nuevo calendario de pagos por un deuda que asciende a 17 millones, de los que tiene que hacer frente a cuatro el próximo mes, otros nueve debe pagarlos en el cuatro trimestre de 2015 y los cuatro restantes en 2017.
En las últimas semanas el nerviosismo se ha adueñado de los dirigentes del Sporting. José Fernández vuelve a hablar de estar dispuesto a escuchar ofertas por sus acciones, vuelve a ponerse en entredicho el futuro de Alfredo García Amado, se anuncia una nueva renovación del consejo, pero lo único cierto es que seguimos sin saber cómo se ha podido llegar a este caos. Una situación increíble para un club que presentó a sus socios superávit en los siete últimos ejercicios, por valor de quince millones, y realizó traspasos por más de 21 millones desde que inició el proceso concursal: Javi Fuego, Míchel, José Ángel, Barral, Botía, De las Cuevas, Trejo, Borja y Scepovic.
El sportinguismo necesita todo tipo de explicaciones, que desde la entidad son incapaces de dar. Nadie en el club parece dispuesto a dar la cara por este Sporting, que el próximo año cumplirá 110 años de vida y no merece este oscurantismo informativo que solo da pie a todo tipo de conjeturas y sospechas que lo único que hacen es sembrar un negro futuro. El club, por mucho que nos duela escribirlo, está en situación crítica y el presidente y el director general están obligados a dar la cara ante los socios y abonados, que somos los auténticos dueños del Sporting, orgullosos herederos del espíritu de aquellos niños que jugaban al fútbol en la playa de San Lorenzo y soñaron con un equipo que con el paso de los años se convirtió en símbolo de la ciudad. Nuestro Sporting del alma no se merece esto. Ya no es tiempo de silencio. Es tiempo de dar explicaciones.

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La encrucijada del Sporting (II). Un sueño de solo cuatro años
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Carlos Prieto | 21-09-2014 | 17:01| 5

Manolo Preciado llegó a Gijón para firmar su contrato como nuevo entrenador del Sporting en una mañana gris y fría de junio, que no anticipaba que el verano estaba a la vuelta de la esquina. Acudió a un destartalado Molinón y quedó hechizado al pisar el césped. Recordó junto a Quini aquellos duelos entre el Racing y el Sporting y comenzó a soñar… «entre todos tenemos que levantar este club». Miraba a un lado y a otro y en vez de los desconchones y los óxidos que lucía el campo parecía que veía las caras de los aficionados: «Lo que falta aquí es alegría». Y se puso a trabajar desde el primer día, formando equipo junto a Emilio de Dios con el primer objetivo de volver a enganchar a los aficionados. Llegaron Diego Castro, Barral, Andreu, Congo y Samuel. Un nuevo Sporting estaba en formación. Dejaba muy buenos momentos, aunque también tenía grandes lagunas. Incluso pasó apuros para conservar la categoría. Pero se notaba un cambio. El cántabro removió todos los cimientos del club y el equipo conectó con el público. Ir a El Molinón había dejado de ser un suplicio. El equipo peleaba, tenía personalidad y contaba con jugadores jóvenes que marcaban diferencias. Pronto Diego Castro y Barral comenzaron a causar terror en las defensas rivales. Y surgió la ‘Mareona’ como respuesta a la entrega de los jugadores. Los desplazamientos se convirtieron en romerías. El Sporting había vuelto. Terminó la Liga de forma discreta, pero los aficionados ya deseaban que comenzase la próxima campaña. En el verano se incorporaron Sergio Sánchez, Gerard, Iván Hernández, Neru, Matabuena y Kike Mateo. La guinda la pusieron en el mercado invernal Bilic e Hidalgo. Se formó un equipo temible, que desde la primera jornada se colocó en los puestos de ascenso. El 15 de junio llegó el extasis con la victoria ante el Eibar. El Sporting había logrado el ascenso, después de diez temporadas en Segunda. Se había hecho lo más difícil, con una plantilla joven y con uno de los presupuestos más bajos de la categoría. Eran los sólidos cimientos de un nuevo Sporting. Parecía comenzar una nueva época.
A la estabilidad deportiva derivada del ascenso se unió la entrada de dinero procedente de los derechos de televisión, publicidad y del incremento del número de abonados y del precio de los recibos. El club iniciaba un periodo de tranquilidad desconocido desde la época dorada del final de los años 70. Cada ejercicio mejoraban los balances contables, alcanzándose superávit en las temporadas 2006-2007 (1,08 millones), 2007-2008 (3,26 millones), 2008-2009 (5,48 millones), 2009-2010 (3,72 millones), 2010-2011 (1,07 millones) y 2011-2012 (680.000 euros). Nadie hablaba ya de crisis. Antonio Veiga, entonces vicepresidente de la entidad, afirmaba en una entrevista en EL COMERCIO el 12 de octubre de 2008 que «en Primera División podemos liquidar la deuda en tres años. Los ingresos no se parecen en nada a los de la temporada pasada, se multiplican por diez» y añadía que «nuestra intención es recuperar la propiedad de Mareo». Sin embargo, el club dejó escapar la oportunidad de modernizarse, de transformarse en una empresa del siglo XXI. Con el objetivo de mantenerse en Primera a toda costa, se entró en una espiral de fichajes, muchos de los cuales no respondieron a la inversión realizada. Hasta 21 incorporaciones se hicieron en estos cuatro años: En la campaña 2008-2009, Cuéllar, Colin, Maldonado, Diego Camacho, Carmelo y Lafuente. En la 2009-2010, Juan Pablo, Botía, Gregory, Rivera, De las Cuevas y Smiljanic. En la 2010-2011, Eguren, Novo, Sangoy, Ayoze y André Castro y, en la campaña 2011-2012, Trejo, Damián Suárez, Ricardo y Adrián Colunga. El club también abordó la recompra de las marcas y asumió obras de mejora en El Molinón y en Mareo.
Todo parecía ir sobre ruedas. Todo parecía encauzado, pero llegó el descenso y el club se desmoronó como un castillo de naipes, tras una campaña plagada de errores, en la que hasta tres entrenadores se sentaron en el banquillo de El Molinón. Preciado, durante 19 jornadas, Tejada, dos partidos, y Javier Clemente,17 encuentros.
Del sueño de consolidarse en Primera y de acabar con la deuda a la pesadilla de un nuevo descenso. Igual que ocurrió en el de 1997-98, los dirigentes trataron de calmar a los aficionados presentando un club con una economía sólida, capaz de resistir el varapalo de la pérdida de ingresos y con el músculo necesario para regresar a la División de Honor por la vía rápida. Lo mismo que había dicho el entonces presidente Ángel García Flórez dieciéis años antes. Y al igual que entonces, la realidad era bien distinta a la que nos ofrecían en las bonitas carpetas de las juntas de accionistas. También se erró, como entonces, en la elección del entrenador. Si en el 98 el elegido fue Antonio López, que se mantuvo en su puesto solo seis jornadas, en el 2012 la responsabilidad recayó sobre el exfutbolista Manolo Sánchez Murias, un hombre de la casa al que le faltaba la experiencia necesaria para dirigir a una plantilla compleja en un ambiente cada vez más tenso. La confianza del consejo en él duró solo nueve semanas. En diciembre comenzaron las dudas. La deuda ya ascendía a 21,6 millones de euros y el ascenso volvía a presentarse como la única tabla de salvación. No había ni más recursos ni otra estrategia que fiarlo todo a un ascenso que no llegó.

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La encrucijada del Sporting (I). De la venta de Mareo al concurso de acreedores
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Carlos Prieto | 21-09-2014 | 09:53| 0

Una demanda de la empresa Coral Golf por un importe de 195.905,62 euros, presentada en el juzgado de lo Mercantil número 1 de Oviedo, sumió al Sporting, en el mes de junio de 2005, en un concurso de acreedores, por una deuda de 50,7 millones de euros. El juez Javier Antón Guijarro admitía a trámite la demanda interpuesta por la firma de jardinería gijonesa contra el club como entidad y, además, a título individual, contra Manuel Vega-Arango (presidente), Alfredo García Amado (director general), Antonio Veiga y Mariano Fernández Prendes (consejeros) y José Miguel Álvarez (auditor).
Tres interventores, el economista-auditor Celestino Suárez Viñuela, el abogado Antonio González-Busto Múgica y el inspector de Hacienda Juan Miguel González, pasaron a supervisar la actividad diaria del Sporting durante dos años, hasta que en marzo de 2007 el juez Alfonso Muñoz devolvía al consejo de administración el control del club, aunque con la obligación de rendir cuentas de forma periódica a la administración concursal durante un periodo de cinco años. En el informe definitivo, los administradores concluían que «no hay razones para considerar que el concurso pueda ser considerado culpable», exculpando al consejo de la insolvencia del club.
No obstante, en su escrito sobre las causas que habían llevado al Sporting a una situación de quiebra técnica, los auditores destacaban «una incorrecta gestión económica, la inadecuada capitalización de la sociedad, una exagerada y carísima estructura de personal y una insuficiente planificación deportiva». Fueron meses convulsos en los que el club, con 35 empleados, tuvo que acometer además una traumática regulación de empleo, que afectó a diez empleados. Tras la aprobación del convenio, el pasivo de la entidad pasó a ser de 29 millones de euros.
Solo habían pasado cuatro años desde que el Ayuntamiento de Gijón había salvado al Sporting, entonces presidido por Juan Manuel Pérez Arango, con la compra de la Escuela de Fútbol de Mareo y las marcas, y las cuentas del Sporting volvían a sonrojar a los gijoneses. Parecía increíble, pero en solo cuatro ejercicios contables el Sporting había vuelto a situarse en una situación caótica. Cabe recordar que en el mes de julio de 2001 el Ayuntamiento de Gijón había aprobado en el Pleno la compra de Mareo, libre de cargas, por 1.525 millones de pesetas para saldar una deuda del club con la Agencia Tributaria que ascendía a 1.400 millones de pesetas. Como la entidad también debía parte de las fichas a los jugadores y corría el riesgo de sufrir un descenso administrativo, la Corporación que presidía la socialista Paz Fernández Felgueroso aprobaba también la compra de las marcas de la entidad. Fue un esfuerzo inmenso para el Ayuntamiento gijonés, que con el paso de los años se vio que para el club solo sirvió para prolongar su agonía económica, aunque resultó muy beneficioso para los ciudadanos con la incorporación al patrimonio municipal de los terrenos de Mareo, preservándolos de embargos, recalificaciones y otras extrañas operaciones inmobiliarias que se pusieron encima de la mesa de juntas de la escuela de fútbol.


Comenzaba pues el Sporting en la temporada 2005-2006 una dura travesía por el desierto en la que sus dirigentes debían luchar por cuadrar los números con pelear por el ascenso a Primera División, que se vislumbraba como la única solución de futuro para la entidad. Fueron meses complicados, en los que el desánimo y la tristeza se adueñaron de la afición rojiblanca, que veía como el club languidecía y se sumía en la indiferencia.
En el aspecto deportivo, el exfutbolista Ciriaco Cano, el último técnico que había llevado al Sporting a jugar en Europa, tomaba el relevo de Marcelino García Toral en el banquillo en la campaña 2005-2006. Fue una temporada llena de adversidades, en la que el club se marcó como único objetivo sobrevivir. El equipo cerró la Liga en el puesto noveno, a dieciocho puntos de las posiciones de ascenso. El desencanto de la afición iba en aumento y el club decidió dar un giro en la dirección deportiva de la mano del secretario técnico Emilio de Dios para tratar de formar un conjunto más ambicioso y frenar la pérdida de abonados. Tras apostar inicialmente por la contratación del gijonés Josu Uribe, actual entrenador del Real Avilés, fue finalmente Manuel Preciado el hombre elegido para reflotar la nave rojiblanca. Un exfutbolista que había obrado el ‘milagro’ de subir al Levante y llegaba a Gijón con la misión de levantar al sportinguismo.
En la parcela económica, la situación de la entidad pasaba del caos a un cierto orden bajo la supervisión de los administradores concursales. En la temporada 2004-2005 se presentaba en la junta de accionistas un resultado negativo de -21,24 millones, que pasaba a ser de -2,46 millones en la 2005-2006. Lo peor parecía haber pasado. Las cuentas comenzaban a cuadrar, los aficionados respiraban y la suerte deportiva de la entidad quedaba en manos del nuevo Sporting que iba a liderar Manuel Preciado.

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Menos mal que llegaron los Slim
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Carlos Prieto | 13-08-2014 | 10:09| 6

Estábamos todos muy tranquilos, quizás demasiado, con esta anodina y extraña pretemporada del Sporting hasta que llegó la familia Slim a Oviedo y nos animó el verano. Menos mal, porque en Mareo solo se mueven las hojas caídas tras los últimos vientos de esta semana. Parece todo más parado que la Ciudad de Vacaciones de Perlora. Quién diría que la Liga comienza la próxima semana y que la temporada será decisiva para el futuro del club ante la amenaza de un millonario pago a Hacienda aún pendiente, en junio de 2015.

Arturo Elías, representante, apoderado, o dueño del Grupo mexicano Carso, pasa estos días revista a su inversión asturiana y debió parecerle que todo estaba muy quieto, alicaído, parado, lo que para un apasionado mexicano es inexplicable, y más si de fútbol estamos hablando. Y vaya si lo ha hecho. Primero animó a sus pupilos en el entrenamiento del lunes, el martes por la mañana se vistió de corto y participó en la sesión preparatoria del Carlos Tartiere como si de un profesional del balón se tratase, eso sí bajo la atenta mirada de su esposa Johanna Slim desde el banquillo, y a última hora de la tarde se dio un baño de multitudes y cariño en un encuentro con los peñistas azules. Allí, metido en el ambiente más azul del mundo, aseguró ver al Oviedo jugando la Champions y amenazó al Sporting con ficharle tres jugadores si desde la ciudad de enfrente le tocan la cantera azul.

Chapeau señor Arturo Elías. Con envidia sana reconozco lo bien que lo está haciendo en el Oviedo, al que ha revitalizado, no solo económicamente sino también, y lo considero igual de importante, anímicamente tras el destrozo sufrido en los últimos años por aquellos que se declaran ahora tan oviedistas y de tanto amor casi lo matan. Y como sportinguista, también le estoy agradecido de sus amenazas vespertinas de ayer. La impericia de los dirigentes de nuestro amado club rojiblanco, incapaces de aligerar plantilla y cerrar algún traspaso puede resolverla usted de un plumazo. Recomendaría a los responsables de la planta noble de Mareo el fichaje inmediato de al menos diez cadetes del Oviedo y luego sentarse a esperar pacientemente la reacción del bravo dirigente oviedista. Prometió fichar a tres del Sporting sin límite de presupuesto. Tres futbolistas, tres, sí sí. Seguro que Raúl Lozano le hace la lista y le regala otros tres en el lote con tal de cuadrar las cuentas. ¿Se imaginan a Scepovic, Cuéllar y Álex Barrera de azul? ¡Quién nos iba a decir que la salvación podría llegar desde las filas enemigas! Lo dicho, menos mal que llegaron los Slim porque nos estábamos comenzando a aburrir.

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Por qué perdimos en Las Palmas, por qué podemos pasar la eliminatoria
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Carlos Prieto | 16-06-2014 | 16:44| 0

Resumen del partido: “No hemos acertado ningún pase”. La frase lo dice todo. Explica el fracaso. Abelardo acabó el encuentro del Estadio de Gran Canaria desesperado, angustiado por lo mal que lo había pasado, aunque esperanzado porque al Sporting aún le queda una vida. Sabe que El Molinón es El Molinón y que pesará mucho en el devenir de la eliminatoria. Es uno de los clavos a los que se agarra para no perder la ilusión, su mejor aliado. Y seguro que también se agarra a las estadísticas, porque es imposible que un equipo haga un partido tan canalla y salga vivo en una eliminatoria. El 1-0 es, sin duda, un mal menor. Un halo la esperanza. Una botella medio llena.

En la rueda de prensa posterior al encuentro seguro que Abelardo tuvo que morderse la lengua en varias ocasiones. Sin embargo, defendió a los suyos, no buscó culpables, ni falsas excusas, ni vio fantasmas para justificar la derrota. Sobre el inaudito gol, se limitó a decir: “Ha sido una cadena de errores, una jugada desgraciada”. Elegante. Deportivo. En su sexto partido al frente del Sporting llegó la primera derrota. Comprensible, porque no íbamos a ser ahora infalibles, porque los milagros solo se producen en Fátima. Pero extraña en la forma. Resultó dolorosa. Al final del partido nos quedó a todos cara de tontos. Se puede perder porque el rival sea mejor, pero lo que no se puede es regalar medio partido en un ‘play off’ de ascenso.

 

En la previa comenté que la clave del primer partido estaría en no perder la concentración. Y el Sporting creo que la perdió en el propio vestuario. Saltó al campo sobrepasado por los acontecimientos. Tal vez las bajas a última hora de Álex Barrera y Jony provocasen temor entre sus compañeros. No lo sé; tal vez a algunos les pueda la responsabilidad. A otros la bisoñez, a otros la desgana. En la fotografía de la alineación puede apreciarse el desconcierto. Creo que en un partido de solteros contra casados los futbolistas posan con más orden. Coño, que somos el Sporting. El caos se traslado al inicio del match y los jugadores de Las Palmas, que están más viajados que el baúl de la Piquer, se dieron cuenta y tocaron a rebato. En el primer minuto, el primer susto, cinco después, el segundo y a los veinte, el regalo. Entonces temí lo peor. Valerón, Momo, Apoño y Nauzet parecían haber robado el DeLorean de Regreso al futuro y corrían como juveniles. Qué sufrimiento. Y luego hablan del Atlético de Madrid. El pitido del descanso me sonó a canto gregoriano. Había acabado el suplicio y confiaba en que Abelardo les ‘explicara’ a sus hombres que lo que habían echo era irrepetible. Me imagino que en el vestuario habría voces, porque el Sporting mejoró tras el descanso. No fue un equipo brillante, pero al menos compitió, que es lo mínimo, e hizo ver a los jugadores canarios que la eliminatoria va a ser muy muy larga. Los amarillos acabarion tiesos, llenos de calambres y perdiendo el tiempo. Lekic estuvo a punto de darnos la vida, pero no era el día. Sin acertar en el pase, sin bandas, sin ataque y regalando un gol, el 1-0 es un gran resultado, porque el Sporting, estoy seguro, es incapaz de repetir tan desabrida actuación.

 

Y este es el punto del que parto para considerar que el Sporting puede superar el ‘play off’. En El Molinón se verá a otro Sporting, sin duda. La afición sabe el papel que juega a estas alturas de la temporada, con un equipo con muchos jirones, cansado físicamente y con varios jugadores agotados mentalmente. Ahora más que nunca somos parte del equipo. Tenemos que empujarlo hacia la victoria, porque es posible. El Molinón será un infierno para Las Palmas. Una fiesta para los nuestros. Y nos gusta jugar ese papel, porque nos hace sentirnos aún más importantes. Porque el Sporting somos todos. Las Palmas es un buen equipo, que le gusta sobar el balón hasta marearlo. De un lado para otro, adelante, atrás, hasta encontrar el pase. Con Valerón de capitán general. Pero no es el Real Madrid, ni el Barcelona, ni el Sevilla…ni el Almería. Es un equipo que en 42 jornadas quedó por debajo del Sporting. Es lento, está lleno de vicios y con jugadores que tienen la luz reserva de la gasolina puesta desde hace varias jornadas. Si el Sporting sale concentrado, serio en defensa, sin concesiones ni asumiendo riesgos, y los centrocampistas se dedican a trabajar sin descanso, a los canarios el partido les va a resultar más largo que un maratón. Y ellos lo saben y ya le están dando vueltas a la cabeza sobre lo que les viene encima. Se les veía preocupados al final del partido, sabedores que habían dejado vivo a su rival, que habían perdido una oportunidad. Eso sí, para que el Sporting se imponga, Abelardo tiene que plantear un partido sin tregua, a un ritmo extenuante, desde el pitido inicial. Una guerra sin prisioneros. Espero el regreso de Canella, que Álex Barrera haga de Álex Barrera y de Nacho Cases, que Jony nos regale su alma, que Carmona saque más conejos de su chistera y Scepovic y Lekic hagan lo suyo. Con poco más, el Sporting se clasificará. Porque es mejor equipo que Las Palmas y porque juega en El Molinón. #VamosSporting

 

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El ‘Pitu’ contra el canario
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Carlos Prieto | 16-06-2014 | 16:42| 0

Quién me iba a decir que después de toda una infancia sufriendo con los avatares del pobre Piolín, iba a acabar alineándome con Silvestre, que a la fuerza de sumar fracasos y decepciones va a acabar hasta cayéndome simpático. Me explico. Desde el pasado domingo, y cuando abandonaba El Molinón con ronquera tras cantar tres goles como tres soles y me enteré de que nuestro rival en el primer duelo del ‘play off’ de ascenso era la Unión Deportiva Las Palmas, mi mente rojiblanca no cesa de imaginarse canarios. Veo a Piolín por todas partes, revoloteando y riéndose ante la sucesión de fracasos del inocente Silvestre. El pequeño canario ha pasado de arrancarme una sonrisa a convertirse en una pesadilla. El ‘pío-pío’ que canta la ejemplar afición canariona retumba en mis oídos, como los tambores de los indios seminolas de la película de Raoul Walsh.

 

Me imagino que también así de estresado estará nuestro estratega Abelardo, conocido como el ‘Pitu’, aunque cada día ye mas gallu, y que en las últimas horas no habrá dejado de dibujar esquemas en las gastadas pizarras de la Escuela de Mareo junto al bueno de Iñaki Tejada. En sus manos, en sus trazos, en sus mentes, está nuestro futuro más próximo.

 

El Sporting apura las horas para el primer duelo de la promoción en tierras canarias, encuentro que se presenta lleno de incógnitas por los cambios sufridos por ambos equipos en las últimas semanas. Los dos partidos disputados en Liga, y que se saldaron con sendos triunfos amarillos, no son referencia. Menos mal. Los escenarios de esta nueva guerra son los mismos, pero las batallas se presentará con tácticas muy diferentes, con distintos generales.

 

Creo que el primer encuentro de la eliminatoria resultará muy equilibrado y se resolverá por pequeños detalles. El miedo marcará los primeros movimientos. Los rojiblancos, porque no quieren que Las Palmas se adueñe del balón. Los canarios, por el temor a volver a perder un ascenso en el ‘play off’ por segundo año consecutivo. Ambos equipos son perros viejos. Y se temen. Se respetan.

 

Las virtudes del Sporting están muy bien definidas y tienen nombres serbios: Lekic y Scepovic. Parece que Abelardo volverá a confíar su suerte en ellos y en el equipo que ganó al Tenerife, con la duda de Jony, que tiene un tobillo muy tocado. El joven delantero de Cangas del Narcea sufre en sus carnes el precio de la fama de sus tremendas arrancadas por las bandas.

La efectividad de los delanteros rojiblancos, la solidez aérea de Bernardo y la solidaridad de los centrocampistas Sergio y Álex, que han dado un pasito atrás para ayudar a sus compañeros de retaguardia, me hace ser optimista, aunque la clave del éxito estará sin duda en no perder la concentración. Ni para posar en la foto de antes de iniciar el partido. Lo de Zaragoza, lo del Mirandés, lo que pasó en el Insular… se pagará esta vez con lágrimas.

Abelardo tiene experiencia más que sobrada en estas lides y supongo que a más de uno le habrá leído y releído la cartilla en el vestuario. Nos jugamos la vida y los errores se pagan demasiado caros. Esto es un duelo a muerte. Para mayores. Los niños y los cobardes que se queden en el vestuario por favor.

 

Las Palmas es un equipo ciclotímico, capaz de lo mejor y de lo peor. Lleva una temporada a empujones. De repente parece un candidato al ascenso directo con un fútbol de alta escuela que nos recuerda al equipo glorioso de los años 70 y en otros se muestra vulgar y muy vulnerable. Sin saber por qué, hay partidos en que sus líneas se descomponen y quedan desnudas todas sus debilidades.

Sus bandazos le costaron el puesto al técnico Sergio Lobera, un joven entrenador con mucho predicamento y recorrido. Le sustituyen dos ex, Josico y Guerrero. Y lo bueno es que parece que no han sabido enderezar una nave que sigue inestable y con problemas disciplinarios -cuatro futbolistas fueron sancionados por irse de discoteca tras la derrota en Mallorca-. Aunque en la promoción todo es distinto. Ya verán como corren todos.

A uno de sus mejores jugadores, Chrisantus, autor de los tres goles canarios en El Molinón, lo sentaron en el banquillo en febrero cuando se puso en duda su compromiso con el equipo. Es un delantero formidable, de 23 años, que procede del Hamburgo. Imponente en el físico y con una técnica de jugador de Primera. Ahora ha vuelto. Y con ganas. Por desgracia. El pasado domingo marcó un gol ante la Ponfe. Le acompaña en el ataque el eterno Aranda, impredecible, capaz de lo mejor y de lo peor. Siempre me recordó a Barral. En la eliminatoria no podrá jugar Masoud, delantero iraní que lo veremos en el Mundial. Es una baja muy importante. En el centro del campo nos encontramos con cuatro viejos conocidos: Momo, que en su día estuvo a punto de firmar por el Sporting, Nauzet Alemán, Apoño y Valerón. Cuatro jugadorazos, de los de verdad, pero que llegan cansados, con muy poca gasolina. Pero el que tuvo retuvo y si tienen un buen día pueden volvernos locos. La defensa es quizás su línea más discreta, y ahí están nuestras opciones y nuestras esperanzas. El portero Mariano Barbosa es capaz de lo mejor y de lo peor. Internacional con Argentina en las categorías inferiores, llegó a España para jugar en el Villarreal. Tras pasar por el Recre, regresó a su país y volvió a la Liga española hace cuatro años para fichar por Las Palmas. Le he visto paradas de gran portero y errores de juvenil.

En fin, como ven, el partido es de órdago a la grande. Una batalla de 180 minutos. Un duelo sin un claro favorito.

Pero aquí hemos llegado y queremos subir. Tal vez tengamos menos experiencia que ellos, menos toque, menos años…. Pero, además de la dinamita serbia, tenemos un arma secreta, que suele ser infalible en ocasiones como esta: el Sporting es un equipo en el que juegan once paisanos, pero con miles de corazones. El sportinguismo está preparado para una nueva batalla sin cesar. #VamosSporting

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“Mañana sale el sol” en El Molinón
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Carlos Prieto | 16-06-2014 | 16:41| 0

Hoy hace dos años que el corazón de Manolo Preciado se paró, a los 54 años, cuando las difíciles piezas que componían el puzle de su vida volvían a encajar. Feliz, con su mujer Arancha y con su hijo Manu, aguardaba en Mareny de Barraquetes, junto a la playa de Perelló, en el municipio valenciano de Sueca, la hora de rubricar su contrato como nuevo entrenador del Villarreal. Manolo era un hombre temperamental, de emociones, de sangre caliente. Por eso, cuando comenzó a encontrarse mal el día anterior atribuyó el malestar a una gastritis, al nerviosismo que suponía entrenar a un equipo como el Villarreal. Volver al banquillo tan pronto, y a un equipo del fuste del ‘submarino amarillo’, tras su triste salida del Sporting, era muy importante para él. Vivía aquellos días intensamente, como fue toda su vida. Su ilusión, su pasión, su implicación en el nuevo proyecto era tan grande, que incluso llegó a convencer a Gerardo Ruiz para que dejase Gijón y le acompañase a Castellón para hacerse cargo de la preparación física del equipo.

 

Pero su último sueño, como tantos otros en su vida, se quebró abruptamente. El destino, la mala suerte, la desgracia, o como quieran llamarle, volvió a cruzarse en su camino, como lo hizo cuando falleció su primera mujer, Puri, víctima del cáncer, o cuando su hijo Raúl murió tras un accidente de moto a los catorce años, o cuando su padre falleció atropellado cuando empujaba su propio vehículo.

 

“La vida me ha golpeado fuerte. Podía haberme hecho vulnerable y acabar pegándome un tiro o podía mirar al cielo y crecer. Elegí la segunda”. Por eso siempre admiré a Manolo, por su capacidad de superación, por la forma en que afrontaba la propia existencia, cada día, cada recuerdo, más que por sus innegables virtudes como entrenador.

 

“Tranquilo, mañana sale el sol”, repetía siempre a sus amigos cuando le contaban un problema, o a los aficionados después de una derrota. Siempre una palabra amable. Siempre apoyando a todo el mundo. Manolo se convirtió con el paso de los años en algo más que en un entrenador de fútbol, en un símbolo del sportinguismo, en un embajador de Gijón, ciudad que encajaba como ninguna otra en su personalidad y donde había comprado una casa en la que vivir cuando pusiera fin a su carrera de entrenador.

 

Le conocí el mismo día que llegó a Gijón para firmar su contrato como técnico del Sporting. Era un día triste de junio de hace ocho años, igual que el de hace dos cuando se murió, igual que cuando se inauguró la estatua que le recuerda junto a El Molinón el pasado año. No sé por qué, pero parece que Preciado llegó entre nubes y se fue entre nubes.

 

La Liga había terminado y los futboleros solo hablábamos del Mundial de Alemania, de las posibilidades de la nueva selección que estaba formando Luis Aragonés, hasta que llegó él. Acababa de visitar el entonces destartalado El Molinón y había quedado hechizado. Seguro que recordó sus duelos con Quini cuando defendía la camiseta de su Racing de Santander, la elegancia de Joaquín, la velocidad de Ferrero. “Entre todos tenemos que levantar este club” me dijo. Y volvió a sentenciar: “entre todos”.

 

El Sporting languidecía en pleno proceso concursal, la afición estaba hastiada de tanto despropósito y aún no se sabía si el equipo que tendríamos esa temporada sería para soñar, o para sufrir. Pero daba igual, Manolo nos convenció a todos de que ya había salido el sol. “Lo que falta aquí es alegría”. Le deseé suerte. Tus éxitos serán los nuestros, le dije. Y pensé para mis adentros: pobre, qué ilusión tiene, qué ganas de hacerlo bien y lo que le espera…

 

Desconocía que Manolo era un huracán, capaz de en tan solo seis años arrasar el viejo Sporting complaciente y sin rumbo y convertirlo en el equipo de moda, admirado en todos los campos de España. El equipo de la Mareona…Recordar el ascenso aún me emociona, el triunfo histórico ante el Real Madrid de Mourinho, el sufrimiento de Valladolid…tantos buenos recuerdos que ya casi no me acuerdo de las derrotas, que las hubo, y muchas, pero su recuerdo las borra.

 

Todos los días paso por delante de su estatua. Siempre la miro de reojo y no puedo evitar pensar en él, en su sonrisa soncarrona, en sus conversaciones de fútbol, en qué diría o qué se callaría de este Sporting al que tanto dio y al que tanto amó. “Seré del Sporting hasta que me muera. Ha sido una historia de amor de seis años con momentos muy felices. Voy a ser de este equipo toda mi vida”. Ni un reproche lanzó durante su rueda de prensa de despedida en El Molinón, ejemplo de amor a unos colores. “Jamás podré agradecer lo que toda la gente de aquí ha hecho por mí”.

Podría seguir recordándo sus frases, sus gestos, anécdotas de su vida y caer en un ejercicio de melancolía, pero hoy, al pasar por la estatua, he recordado al técnico caliente, enérgico y me imagino que me diría “déjate ya de hostias y de hablar de mí y hazlo del partido del Tenerife, que es lo único importante para el Sporting”.

Y creo sinceramente que es la mejor forma de homenajearle. La vida, las casualidades, las eternas estadísticas y coincidencias del fútbol, han querido que el aniversario de su fallecimiento coincida con el partido ante el Tenerife en el que nos jugamos la clasificación para el ‘play off’. Es el partido del año, por lo menos hasta el próximo. Muchas cosas se han hecho mal esta temporada, pero el Sporting tiene aún la posibilidad de dar el último zarpazo y cumplir unos objetivos que estaban a su alcance y dilapidó. Llega a la recta de meta cansado, pero con el ánimo renovado por la presencia de Abelardo en el banquillo. Casi sin fuerzas, después de tanto remar contracorriente, pero con la ilusión y el empuje de su afición intactas. Estos próximos partidos los vamos a jugar todos, como los de la temporada del ascenso o los del tramo final de la primera campaña en Primera. Ya tenemos la camiseta puesta, el cuchillo entre los dientes, dispuestos al asalto final de una temporada que puede llevar al Sporting a reverdecer viejos laureles. Hoy el recuerdo de Manolo Preciado está más vivo que nunca. Hoy vuelve a salir el sol. ¡Vamos Sporting!

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Al Sporting no le basta con la magia serbia
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Carlos Prieto | 16-06-2014 | 16:40| 0


osé Ramón Sandoval, en el entrenamiento de esta mañana en Mareo. / Fotografía: Joaquín Bilbao

 

José Ramón Sandoval llegó a Gijón dispuesto a comerse el mundo. El Sporting había destituido a Manolo cuando sólo se habían disputado nueve jornadas y el técnico madrileño se mostraba convencido de que era posible reconducir el rumbo. Quedaba un mundo por delante y la plantilla le ofrecía garantías para luchar por el ascenso. “Hay que pegar un golpe en la mesa de los jugadores. A este equipo le falta alma”. Fueron sus primeras palabras en la sala de prensa de Mareo, al tiempo que desgranaba su filosofía futbolística: «Hay que dar un pasito adelante y arriesgar. Hay que meterse el pitón en la boca e intentar cortar las dos orejas. La puerta grande o la enfermería».
Y el Sporting reaccionó, con la vieja pócima que convierte a los equipos en invencibles cuando cambian de entrenador. En su debut, los rojiblancos superaron al Almería. Era la décima jornada. Quedaban 32 y salían las cuentas. Eran tiempos para el optimismo y Sandoval se mostraba cada vez más populista: “’El templo’ rugirá este año”. “Con este público nadie va a poder competir con nosotros”. Pero el efecto Sandoval se diluyó con el paso de las jornadas, a pesar de lo cual llegó su anticipada renovación y el Sporting cerró el campeonato con un discreto décimo puesto, a diez puntos de los puestos de la promoción.
En su segunda campaña Sandoval diseñó un equipo a su medida. Pocos técnicos han tenido tanto poder en el club en los últimos años. Casi todas sus peticiones fueron atendidas, como realizar una pretemporada en Segovia. Nadie le puso límites. El Sporting reforzó la portería (Alberto) el centro del campo (López Garai, Hugo Fraile e Isma López) y la delantera (Lekic y Scepovic). Sin embargo, se descuidó la defensa, a pesar de que ya en la pretemporada la zaga mostraba graves carencias. Pero se renunció a reforzarla y la solución que se encontró fue reconvertir a Mandi en central, con lo que se perdió un buen centrocampista y se ganó un discreto zaguero.
En la peor Segunda que se recuerda, el Sporting se situó desde el inicio en los puestos de cabeza. Sin un fútbol brillante, solo los goles de Scepovic y Lekic tapaban las carencias. Sin embargo, con la magia  serbia no basta. Y ahora, en el momento de la verdad, el equipo se descompone. Sólo la incapacidad de todos sus rivales hace que mantenga intactas sus opciones. El Sporting llega perdido a la recta de meta, con solo tres victorias en los últimos doce partidos. La distancia con la cabeza se acrecienta y con los perseguidores se acorta. Ni siquiera está asegurada una plaza entre los seis primeros.
Quedan doce jornadas para el final y el ascenso se decidirá como siempre en las diez últimas jornadas. Y el Sporting estará en la lucha, si el técnico del templo pasa a ser el del temple. Cambiar de sistema de juego y de alineación en cada partido no sirve de nada, más que para desquiciar a los jugadores. Hay quienes han pasado de la titularidad al ostracismo sin explicación, como López Garai o Isma López; algunos aparecen y desaparecen de las alineaciones, como Fraile o Carmona, y otros han jugado extrañas posiciones, como Lekic e incluso Scepovic. Acertó sin embargo con Sergio, al que descartó en verano y ahora ha convertido en insustituible. Y lo peor es que los nervios se trasladan a otros estamentos del club, arrastrado a algunas excentricidades, como obligar a que cada uno de los periodistas que acuden todos los días a Mareo tengan que identificarse en las ruedas de prensa y se limiten a dos las preguntas que se le pueden hacer.
Y mientras, las oportunidades pasan y el técnico habla  de “gatillazo” en Eibar y “ridículo” en Jaén. El Sporting tiene que dar un giro de 180 grados y si Sandoval no es capaz de darlo la responsabilidad corresponde al consejo de administración. No basta con pedir calma y tocar el violín, como hacía la orquesta del Titanic como bálsamo ante la inevitable tragedia.
Es tiempo de reflexión, de decisiones y de unidad. El domingo visita El Molinón el colista y toca llamada a rebato y apelar a la última estrofa de nuestro himno, “revive tus laureles y siempre hacia adelante, tu fe nunca decaiga, no debes desmayar, Sporting a la lucha, batalla sin cesar, aúpa Real Sporting, de ti esperamos más”

 

Sandoval, a la llegada su primer entrenamiento en el Sporting.

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Los sueños rotos de Eibar
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Carlos Prieto | 16-06-2014 | 16:30| 0

Aquel domingo 23 de mayo, una gran fotografía de los Príncipes de Asturias llenaba la primera página del periódico. Era un día distinto. Al fin se había casado el Príncipe y, además, lo había hecho con una periodista asturiana, a la que todos conocíamos ya que su rostro iluminaba el Telediario. En contraste con el intenso aguacero que acompañaba a los novios reales por las calles de Madrid, en Gijón aquellos días hacía sol y la temperatura nos avanzaba que el verano estaba ya a la vuelta de la esquina. Así que la mañana fue de vermut al sol y de cotilleo, de mucho cotilleo. Los invitados a la boda, los vestidos, los peinados, el menú….relegaron durante unas horas al partido del Sporting en Eibar y a las noticias sobre la llegada de Paul McCartney a Gijón para dar un concierte.

La Liga se acababa y el Sporting trataba de mantener el ritmo en su carrera hacia al ascenso. Sin embargo, cada semana el trazado de la competición se ponía más cuesta arriba para los gijoneses. Durante el verano, se había marchado Villa al Zaragoza y el club había apostado por un joven entrenador, Marcelino García Toral, que debutaba en Segunda División.

Todo salió a la perfección desde el primer día de la pretemporada. El equipo funcionaba como un reloj. Había sido revelación de la primera fase del campeonato, en la que apabulló a todos sus rivales y se proclamó campeón de invierno. Tal era su superioridad, que todos dimos el ascenso por conseguido en marzo. Pero aquel Ferrari construido a base de ingenio y muchas horas de trabajo en Mareo había llegado cansado al tramo final de Liga. En el momento decisivo, estaba justo de fuerzas, con  varios jugadores tocados por las lesiones y otros a los que apenas les quedaba gasolina. Y lo peor es que no había recambios para un once exprimido después de tanto esfuerzo.

Por su parte, el Levante, el Getafe, el Numancia y el Alavés eran sólidos rivales en la recta de meta y, además, parecían infalibles. Todos los domingos sumaban de tres en tres, mientras que al Sporting le costaba mucho sacar los partidos adelante.

Cuando llegamos a Eibar solo quedaban cinco partidos para el final de Liga, de los que tres iban a jugarse en casa. El duelo de Ipurúa era por tanto decisivo. Más de 3.500 seguidores rojiblancos llenaron el singular campo guipuzcoano, transformado en un pequeño El Molinón.

El Sporting saltó al campo de blanco inmaculado, con una alineación formada por Roberto; Sastre, Cristian, Yago, Dorado; Ismael, Borreguero, Samuel, Bauzá; Miguel y Bilic.

La tensión, los nervios, la responsabilidad del momento, pudieron a los futbolistas gijoneses durante el primer tiempo, que acabó sin goles. Un empate que no servía. Había que ganar. Así se lo dijo Marcelino a sus hombres en el vestuario. Había que ir a por la victoria. Pensar que está en juego toda la temporada se oyó decir. Los jugadores volvieron a saltar al campo conjurados en busca del objetivo.

Y todo se fue al traste en solo dos minutos. Los que tardó el árbitro balear Ángel Rodado Rodríguez en señalar un inexistente penalti de Yago sobre Brit que transformó en gol el delantero vasco.

Un minuto después, Dani Borreguero empató el partido con un tiro ajustado a un poste y renació la esperanza. Vuelta a empezar. El Sporting se adueñó por completo del partido. Marcelino removió la táctica en busca de mayor profundidad y dio entrada al campo a Rubén, Juan y Segovia. El ataque gijonés se convirtió en una pesadilla para la defensa eibarresa. Era un dominio era abrumador. El gol era solo cuestión de tiempo.

Pero Rodado volvió a tomar del papel de protagonista de una película en la que no se conformó con el actor secundario y volvió a armarla, al señalar otro penalti inexistente a favor del Eibar, en uno de los pocos ataques de conjunto armero. El equipo guipuzcoano volvía a mandar en el marcador y el Sporting sufría además  la expulsión de Yago. Minutos después, la desafinada sinfonía de viento del árbitro balear costó las expulsiones de Bauzá y Cristian. Quedaba el Sporting con el marcador en contra y con tres hombres menos. Una misión imposible.

Lo que sucedía en el terreno de juego no tenía explicación. Ni los propios jugadores del Eibar comprendían lo que pasaba. Los veintidós futbolistas estaban desconcertados. El partido se convirtió entonces en una carrera por la supervivencia. Había jugadores a los que en los últimos minutos se les saltaban las lágrimas de desesperación. La situación superaba a todos. El ascenso se esfumaba por minutos. En la última jugada, Rubén logró el empate. Canté el gol con toda mi fuerza y toda mi rabia. Era el  tanto del orgullo de un equipo que se resistía a morir en la orilla.  Y así acabó el partido y les confieso que a mí también se me escapó alguna lágrima. De impotencia, de rabia contenida y de pena.

El sueño del ascenso se quebró aquella tarde soleada de mayo en Eibar. Aquel equipo salió de Ipurúa roto. Y el Comité de Competición se encargó de sentenciarlo. Marcelino fue suspendido por tres partidos, Cristian por dos y Yago, Borreguero y Bauzá por uno. El club protestó ante todos los organismos posibles y hasta el presidente Manuel Vega-Arango estalló contra Rodado Rodríguez. “Me meto con un impresentable, con un tío indigno para arbitrar”, denunció el presidente del Sporting.

Pero como siempre, las protestas no sirvieron para nada. El ascenso tardó cuatro años en llegar, curiosamente de la mano de Manuel Preciado, el técnico que aquella temporada fatídica hizo campeón al Levante.

Y desde aquella tarde del 23 de mayo, cuando en el fondo Sur de El Molinón se canta “porque este año subimos a Primera y pobre del que quiera robarnos la ilusión”, me acuerdo de Eibar, de los desmanes de Rodado Rodríguez,  pero también de los arbitrajes de Borras del Barrio y García Carrión, cuando cuando en 1979 frenaron a un Sporting portentoso que iba a ganar la Liga.

El domingo el Sporting regresa diez años después al lugar del crimen en otra carrera por el ascenso; al campo donde quedaron rotos muchos sueños. Espero que recordar la historia nos ayude a que no se repita.

 

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