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Abelardo y la conciencia sportinguista
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Carlos Prieto | 05-12-2014 | 9:52| 0

En pleno proceso de venta del Sporting, con Fernández convertido en el gran subastador y unos opacos grupos financieros extranjeros luchando por hacerse con la entidad, al borde de la quiebra y bajo la amenaza de la desaparición por sus deudas con Hacienda, después de veinte años de calamitosa gestión, Abelardo ha vuelto a alzar la voz. “Quien venga al Sporting tiene que saber que Mareo es la ventana al futuro”, lanzó ayer el técnico durante la rueda de prensa al término del entrenamiento. Al entrenador gijonés no le preocupa si el futuro será inglés, suizo o americano. Lo único que le inquieta es que el comprador conozca y respete al club, su filosofía, su idiosincracia. A Abelardo no le tiembla nunca el pulso. Habla desde la atalaya que le da su experiencia en el fútbol, donde ha visto y vivido casi todo, pero, sobre todo, habla como sportinguista. Sus palabras las repetiríamos todos aquellos a los que nos preocupa más la dramática situación que atraviesa la sociedad y su incierto futuro, que quien se siente en el palco de El Molinón. Ante el silencio de unos dirigentes temerosos, mudos en este trascendental proceso, y que transmiten la sensación de haber abandonado ya el barco, el ‘Pitu’ se ha erigido una vez más en portavoz del sportinguismo. Su trabajo, su profesionalidad y el ‘milagro’ que ha obrado con un conjunto que cogió deshecho y ha devuelto la ilusión a los aficionados hacen que sus palabras tengan aún más valor. Porque no solo ha conseguido armar un equipo que no pudo reforzarse y que perdió además a sus dos goleadores de la pasada campaña, sino que también ha sido capaz de aislar de todo este farragoso proceso a unos jóvenes futbolistas que están haciendo historia a base de dejarse el alma en cada partido. Porque no hay que olvidar que si hay alguien que a estas alturas quiera invertir en el Sporting es porque cuenta con un equipo que sabe jugar al fútbol, que está encabeza de la tabla y que sale en los telediarios por batir récords de imbatibilidad. Parodiando las palabras de Winston Churchill para elogiar el esfuerzo y el valor de los pilotos británicos para frenar los ataques de los aviadores alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, ‘nunca tantos debieron tanto a tan pocos’.  Gracias una vez más Abelardo por tu trabajo, por tu sportinguismo y a por el Lugo. ¡Vamos Sporting!

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La encrucijada del Sporting (y III). En el pozo deportivo y económico
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Carlos Prieto | 22-09-2014 | 11:22| 0

El consejo del Sporting planificó la temporada 2012-2013 con el único objetivo de conseguir el retorno a Primera División. El club recibió del fondo de compensación de la Liga de Fútbol Profesional 7,5 millones de euros, con los que pudo mantener a la mayoría de los jugadores de la temporada anterior e incorporar a ocho futbolistas: Sergio Fernández, Mandi, Carmona, Hugo Vieira, David Rodríguez, Bernardo, Bustos y Casquero, que suplían las bajas de los traspasados Barral y Botía, por los que el club obtuvo cinco millones. Trejo, Bilic, De las Cuevas y Sangoy parecían dar consistencia a un equipo que partía como gran favorito para lograr el ascenso. Sin embargo, todo se torció desde el principio y Manolo, que debutaba como entrenador en Segunda División, no logró enderezar el rumbo de un conjunto que se colocó en las primeras jornadas en la cola de la tabla. Las dudas y el temor al fracaso se adueñaron del consejo, que optó por la solución más fácil, la de destituir al joven técnico. José Ramón Sandoval, un entrenador que había logrado el ascenso con el Rayo Vallecano y, posteriormente, mantenerlo en Primera, fue el elegido para pilotar la nave. Debutó en la décima jornada, con 32 partidos por delante, un margen más que de sobra para cumplir el objetivo del ascenso. Reaccionaron los rojiblancos, pero no llegaron nunca a los puestos de cabeza. El último tramo del campeonato fue impropio de un equipo de la entidad del Sporting, pese a lo cual el consejo de administración optó por la renovación del preparador madrileño. Al final de temporada, ante la extensión de las protestas de los aficionados y el malestar que rodeaba la vida del club, Alfredo García Amado compareció en rueda de prensa. Durante 90 minutos, el primer ejecutivo de la entidad, puesto que desempeña desde 1997, trató de explicar la situación deportiva y económica. Afirmó que no pensaba en dimitir, dijo que Vega-Arango debía seguir «hasta que él quiera» y desveló que el Sporting arrastraba una deuda de 31 millones, casi diez más de los que el consejo había admitido en enero del mismo año. Amado, pese a la crudeza de los números, sentenció que «la viabilidad del Sporting a corto y medio plazo está asegurada» y afirmó que la situación era «mejor que cuando se aprobó el concurso de acreedores. Ahora, la deuda está ordenada», aseveró, y finalizó diciendo que el club vivía una situación de «dificultad económica, que no es alarmante».
Veinte días después de esta sorprendente rueda de prensa, el Sporting volvió a convulsionarse, al anunciarse la marcha de Manuel Vega-Arango, el presidente más importante de la historia del club. El exfutbolista amateur, el dirigente que durante veinte años pilotó la entidad, anunciaba su marcha. Como siempre, sin una mala palabra, sin un mal gesto. Su amor por el club se lo impedía, pero su mirada no engañaba. Se marchaba triste, aunque quizás aliviado por el negro panorama que seguro que él, con su dilatada experiencia, ya presagiaba. Aún está pendiente un reconocimiento público por parte del club hacia un hombre que dedicó la mayor parte de su vida al Sporting.
El vicepresidente Antonio Veiga pasó entonces a presidir un consejo que a finales de 2012 se había renovado con la incorporación del hijo del máximo accionista, Javier Fernández, al que acompañó el hostelero Javier Martínez y, posteriormente, en calidad de asesores, el exfutbolista Iñaki Eraña y el abogado y experto en comunicación y márketing Fernando Losada. Abandonaron sus puestos, además de Vega-Arango, Amador Yenes y Mariano Fernández Prendes. La presencia del hijo de José Fernández, máximo accionista y hombre que controla el club desde hace casi veinte años, dio un halo de estabilidad y fue bien recibido por la mayor parte de los sportinguistas, que veían en su preparación y juventud la medicina que el Sporting necesitaba para superar el trance. Pese al varapalo económico que supuso el descenso, en la junta de accionistas volvieron a presentarse unas cuentas con superávit, de 120.000 euros. Parecía que la situación estaba controlada.
Sin embargo, el Sporting no carburaba y el nuevo esfuerzo de los dirigentes por complacer a Sandoval con los fichajes de Alberto, Bernardo, Bustos, Isma López, Hugo Fraile, Scepovic y Lekic resultó estéril. El técnico desesperaba a los aficionados, menos a los consejeros, que le mantuvieron a capa y espada, hasta que a falta de cinco jornadas la situación se volvió tan insostenible que no les quedó más remedio que destituirle y apostar por Abelardo. Se hace muy difícil comprender cómo desde el club se le dio tanto poder a un técnico que, al menos en Gijón, no demostró nada. Con dos delanteros de lujo para la Segunda División, que anotaron ellos solos 35 goles, el Sporting fue incapaz de lograr el ascenso, en la Liga menos competitiva que se recuerda. Se perdió una oportunidad única de ascender, lo que hubiera servido para controlar una economía a la deriva.
El pasado 22 de abril EL COMERCIO ya alertaba de la grave situación del club con un titular que no dejaba espacio a ninguna duda: ‘El Sporting, en situación límite’. El impacto de la información, en la que el periódico advertía de la falta de viabilidad del club si no lograba el ascenso, causó un enorme malestar entre los dirigentes, que una vez más optaron por lanzar cortinas de humo y desacreditar la información, censurándola por alarmista. Cinco meses después, el periódico desvela que el consejo gestiona a contrarreloj una reunión con la Agencia Tributaria para tratar de negociar un nuevo calendario de pagos por un deuda que asciende a 17 millones, de los que tiene que hacer frente a cuatro el próximo mes, otros nueve debe pagarlos en el cuatro trimestre de 2015 y los cuatro restantes en 2017.
En las últimas semanas el nerviosismo se ha adueñado de los dirigentes del Sporting. José Fernández vuelve a hablar de estar dispuesto a escuchar ofertas por sus acciones, vuelve a ponerse en entredicho el futuro de Alfredo García Amado, se anuncia una nueva renovación del consejo, pero lo único cierto es que seguimos sin saber cómo se ha podido llegar a este caos. Una situación increíble para un club que presentó a sus socios superávit en los siete últimos ejercicios, por valor de quince millones, y realizó traspasos por más de 21 millones desde que inició el proceso concursal: Javi Fuego, Míchel, José Ángel, Barral, Botía, De las Cuevas, Trejo, Borja y Scepovic.
El sportinguismo necesita todo tipo de explicaciones, que desde la entidad son incapaces de dar. Nadie en el club parece dispuesto a dar la cara por este Sporting, que el próximo año cumplirá 110 años de vida y no merece este oscurantismo informativo que solo da pie a todo tipo de conjeturas y sospechas que lo único que hacen es sembrar un negro futuro. El club, por mucho que nos duela escribirlo, está en situación crítica y el presidente y el director general están obligados a dar la cara ante los socios y abonados, que somos los auténticos dueños del Sporting, orgullosos herederos del espíritu de aquellos niños que jugaban al fútbol en la playa de San Lorenzo y soñaron con un equipo que con el paso de los años se convirtió en símbolo de la ciudad. Nuestro Sporting del alma no se merece esto. Ya no es tiempo de silencio. Es tiempo de dar explicaciones.

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La encrucijada del Sporting (II). Un sueño de solo cuatro años
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Carlos Prieto | 21-09-2014 | 6:58| 0

Manolo Preciado llegó a Gijón para firmar su contrato como nuevo entrenador del Sporting en una mañana gris y fría de junio, que no anticipaba que el verano estaba a la vuelta de la esquina. Acudió a un destartalado Molinón y quedó hechizado al pisar el césped. Recordó junto a Quini aquellos duelos entre el Racing y el Sporting y comenzó a soñar… «entre todos tenemos que levantar este club». Miraba a un lado y a otro y en vez de los desconchones y los óxidos que lucía el campo parecía que veía las caras de los aficionados: «Lo que falta aquí es alegría». Y se puso a trabajar desde el primer día, formando equipo junto a Emilio de Dios con el primer objetivo de volver a enganchar a los aficionados. Llegaron Diego Castro, Barral, Andreu, Congo y Samuel. Un nuevo Sporting estaba en formación. Dejaba muy buenos momentos, aunque también tenía grandes lagunas. Incluso pasó apuros para conservar la categoría. Pero se notaba un cambio. El cántabro removió todos los cimientos del club y el equipo conectó con el público. Ir a El Molinón había dejado de ser un suplicio. El equipo peleaba, tenía personalidad y contaba con jugadores jóvenes que marcaban diferencias. Pronto Diego Castro y Barral comenzaron a causar terror en las defensas rivales. Y surgió la ‘Mareona’ como respuesta a la entrega de los jugadores. Los desplazamientos se convirtieron en romerías. El Sporting había vuelto. Terminó la Liga de forma discreta, pero los aficionados ya deseaban que comenzase la próxima campaña. En el verano se incorporaron Sergio Sánchez, Gerard, Iván Hernández, Neru, Matabuena y Kike Mateo. La guinda la pusieron en el mercado invernal Bilic e Hidalgo. Se formó un equipo temible, que desde la primera jornada se colocó en los puestos de ascenso. El 15 de junio llegó el extasis con la victoria ante el Eibar. El Sporting había logrado el ascenso, después de diez temporadas en Segunda. Se había hecho lo más difícil, con una plantilla joven y con uno de los presupuestos más bajos de la categoría. Eran los sólidos cimientos de un nuevo Sporting. Parecía comenzar una nueva época.
A la estabilidad deportiva derivada del ascenso se unió la entrada de dinero procedente de los derechos de televisión, publicidad y del incremento del número de abonados y del precio de los recibos. El club iniciaba un periodo de tranquilidad desconocido desde la época dorada del final de los años 70. Cada ejercicio mejoraban los balances contables, alcanzándose superávit en las temporadas 2006-2007 (1,08 millones), 2007-2008 (3,26 millones), 2008-2009 (5,48 millones), 2009-2010 (3,72 millones), 2010-2011 (1,07 millones) y 2011-2012 (680.000 euros). Nadie hablaba ya de crisis. Antonio Veiga, entonces vicepresidente de la entidad, afirmaba en una entrevista en EL COMERCIO el 12 de octubre de 2008 que «en Primera División podemos liquidar la deuda en tres años. Los ingresos no se parecen en nada a los de la temporada pasada, se multiplican por diez» y añadía que «nuestra intención es recuperar la propiedad de Mareo». Sin embargo, el club dejó escapar la oportunidad de modernizarse, de transformarse en una empresa del siglo XXI. Con el objetivo de mantenerse en Primera a toda costa, se entró en una espiral de fichajes, muchos de los cuales no respondieron a la inversión realizada. Hasta 21 incorporaciones se hicieron en estos cuatro años: En la campaña 2008-2009, Cuéllar, Colin, Maldonado, Diego Camacho, Carmelo y Lafuente. En la 2009-2010, Juan Pablo, Botía, Gregory, Rivera, De las Cuevas y Smiljanic. En la 2010-2011, Eguren, Novo, Sangoy, Ayoze y André Castro y, en la campaña 2011-2012, Trejo, Damián Suárez, Ricardo y Adrián Colunga. El club también abordó la recompra de las marcas y asumió obras de mejora en El Molinón y en Mareo.
Todo parecía ir sobre ruedas. Todo parecía encauzado, pero llegó el descenso y el club se desmoronó como un castillo de naipes, tras una campaña plagada de errores, en la que hasta tres entrenadores se sentaron en el banquillo de El Molinón. Preciado, durante 19 jornadas, Tejada, dos partidos, y Javier Clemente,17 encuentros.
Del sueño de consolidarse en Primera y de acabar con la deuda a la pesadilla de un nuevo descenso. Igual que ocurrió en el de 1997-98, los dirigentes trataron de calmar a los aficionados presentando un club con una economía sólida, capaz de resistir el varapalo de la pérdida de ingresos y con el músculo necesario para regresar a la División de Honor por la vía rápida. Lo mismo que había dicho el entonces presidente Ángel García Flórez dieciéis años antes. Y al igual que entonces, la realidad era bien distinta a la que nos ofrecían en las bonitas carpetas de las juntas de accionistas. También se erró, como entonces, en la elección del entrenador. Si en el 98 el elegido fue Antonio López, que se mantuvo en su puesto solo seis jornadas, en el 2012 la responsabilidad recayó sobre el exfutbolista Manolo Sánchez Murias, un hombre de la casa al que le faltaba la experiencia necesaria para dirigir a una plantilla compleja en un ambiente cada vez más tenso. La confianza del consejo en él duró solo nueve semanas. En diciembre comenzaron las dudas. La deuda ya ascendía a 21,6 millones de euros y el ascenso volvía a presentarse como la única tabla de salvación. No había ni más recursos ni otra estrategia que fiarlo todo a un ascenso que no llegó.

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La encrucijada del Sporting (I). De la venta de Mareo al concurso de acreedores
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Carlos Prieto | 20-09-2014 | 6:39| 0

Una demanda de la empresa Coral Golf por un importe de 195.905,62 euros, presentada en el juzgado de lo Mercantil número 1 de Oviedo, sumió al Sporting, en el mes de junio de 2005, en un concurso de acreedores, por una deuda de 50,7 millones de euros. El juez Javier Antón Guijarro admitía a trámite la demanda interpuesta por la firma de jardinería gijonesa contra el club como entidad y, además, a título individual, contra Manuel Vega-Arango (presidente), Alfredo García Amado (director general), Antonio Veiga y Mariano Fernández Prendes (consejeros) y José Miguel Álvarez (auditor).
Tres interventores, el economista-auditor Celestino Suárez Viñuela, el abogado Antonio González-Busto Múgica y el inspector de Hacienda Juan Miguel González, pasaron a supervisar la actividad diaria del Sporting durante dos años, hasta que en marzo de 2007 el juez Alfonso Muñoz devolvía al consejo de administración el control del club, aunque con la obligación de rendir cuentas de forma periódica a la administración concursal durante un periodo de cinco años. En el informe definitivo, los administradores concluían que «no hay razones para considerar que el concurso pueda ser considerado culpable», exculpando al consejo de la insolvencia del club.
No obstante, en su escrito sobre las causas que habían llevado al Sporting a una situación de quiebra técnica, los auditores destacaban «una incorrecta gestión económica, la inadecuada capitalización de la sociedad, una exagerada y carísima estructura de personal y una insuficiente planificación deportiva». Fueron meses convulsos en los que el club, con 35 empleados, tuvo que acometer además una traumática regulación de empleo, que afectó a diez empleados. Tras la aprobación del convenio, el pasivo de la entidad pasó a ser de 29 millones de euros.
Solo habían pasado cuatro años desde que el Ayuntamiento de Gijón había salvado al Sporting, entonces presidido por Juan Manuel Pérez Arango, con la compra de la Escuela de Fútbol de Mareo y las marcas, y las cuentas del Sporting volvían a sonrojar a los gijoneses. Parecía increíble, pero en solo cuatro ejercicios contables el Sporting había vuelto a situarse en una situación caótica. Cabe recordar que en el mes de julio de 2001 el Ayuntamiento de Gijón había aprobado en el Pleno la compra de Mareo, libre de cargas, por 1.525 millones de pesetas para saldar una deuda del club con la Agencia Tributaria que ascendía a 1.400 millones de pesetas. Como la entidad también debía parte de las fichas a los jugadores y corría el riesgo de sufrir un descenso administrativo, la Corporación que presidía la socialista Paz Fernández Felgueroso aprobaba también la compra de las marcas de la entidad. Fue un esfuerzo inmenso para el Ayuntamiento gijonés, que con el paso de los años se vio que para el club solo sirvió para prolongar su agonía económica, aunque resultó muy beneficioso para los ciudadanos con la incorporación al patrimonio municipal de los terrenos de Mareo, preservándolos de embargos, recalificaciones y otras extrañas operaciones inmobiliarias que se pusieron encima de la mesa de juntas de la escuela de fútbol.


Comenzaba pues el Sporting en la temporada 2005-2006 una dura travesía por el desierto en la que sus dirigentes debían luchar por cuadrar los números con pelear por el ascenso a Primera División, que se vislumbraba como la única solución de futuro para la entidad. Fueron meses complicados, en los que el desánimo y la tristeza se adueñaron de la afición rojiblanca, que veía como el club languidecía y se sumía en la indiferencia.
En el aspecto deportivo, el exfutbolista Ciriaco Cano, el último técnico que había llevado al Sporting a jugar en Europa, tomaba el relevo de Marcelino García Toral en el banquillo en la campaña 2005-2006. Fue una temporada llena de adversidades, en la que el club se marcó como único objetivo sobrevivir. El equipo cerró la Liga en el puesto noveno, a dieciocho puntos de las posiciones de ascenso. El desencanto de la afición iba en aumento y el club decidió dar un giro en la dirección deportiva de la mano del secretario técnico Emilio de Dios para tratar de formar un conjunto más ambicioso y frenar la pérdida de abonados. Tras apostar inicialmente por la contratación del gijonés Josu Uribe, actual entrenador del Real Avilés, fue finalmente Manuel Preciado el hombre elegido para reflotar la nave rojiblanca. Un exfutbolista que había obrado el ‘milagro’ de subir al Levante y llegaba a Gijón con la misión de levantar al sportinguismo.
En la parcela económica, la situación de la entidad pasaba del caos a un cierto orden bajo la supervisión de los administradores concursales. En la temporada 2004-2005 se presentaba en la junta de accionistas un resultado negativo de -21,24 millones, que pasaba a ser de -2,46 millones en la 2005-2006. Lo peor parecía haber pasado. Las cuentas comenzaban a cuadrar, los aficionados respiraban y la suerte deportiva de la entidad quedaba en manos del nuevo Sporting que iba a liderar Manuel Preciado.

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Menos mal que llegaron los Slim
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Carlos Prieto | 13-08-2014 | 12:00| 0

Estábamos todos muy tranquilos, quizás demasiado, con esta anodina y extraña pretemporada del Sporting hasta que llegó la familia Slim a Oviedo y nos animó el verano. Menos mal, porque en Mareo solo se mueven las hojas caídas tras los últimos vientos de esta semana. Parece todo más parado que la Ciudad de Vacaciones de Perlora. Quién diría que la Liga comienza la próxima semana y que la temporada será decisiva para el futuro del club ante la amenaza de un millonario pago a Hacienda aún pendiente, en junio de 2015.

Arturo Elías, representante, apoderado, o dueño del Grupo mexicano Carso, pasa estos días revista a su inversión asturiana y debió parecerle que todo estaba muy quieto, alicaído, parado, lo que para un apasionado mexicano es inexplicable, y más si de fútbol estamos hablando. Y vaya si lo ha hecho. Primero animó a sus pupilos en el entrenamiento del lunes, el martes por la mañana se vistió de corto y participó en la sesión preparatoria del Carlos Tartiere como si de un profesional del balón se tratase, eso sí bajo la atenta mirada de su esposa Johanna Slim desde el banquillo, y a última hora de la tarde se dio un baño de multitudes y cariño en un encuentro con los peñistas azules. Allí, metido en el ambiente más azul del mundo, aseguró ver al Oviedo jugando la Champions y amenazó al Sporting con ficharle tres jugadores si desde la ciudad de enfrente le tocan la cantera azul.

Chapeau señor Arturo Elías. Con envidia sana reconozco lo bien que lo está haciendo en el Oviedo, al que ha revitalizado, no solo económicamente sino también, y lo considero igual de importante, anímicamente tras el destrozo sufrido en los últimos años por aquellos que se declaran ahora tan oviedistas y de tanto amor casi lo matan. Y como sportinguista, también le estoy agradecido de sus amenazas vespertinas de ayer. La impericia de los dirigentes de nuestro amado club rojiblanco, incapaces de aligerar plantilla y cerrar algún traspaso puede resolverla usted de un plumazo. Recomendaría a los responsables de la planta noble de Mareo el fichaje inmediato de al menos diez cadetes del Oviedo y luego sentarse a esperar pacientemente la reacción del bravo dirigente oviedista. Prometió fichar a tres del Sporting sin límite de presupuesto. Tres futbolistas, tres, sí sí. Seguro que Raúl Lozano le hace la lista y le regala otros tres en el lote con tal de cuadrar las cuentas. ¿Se imaginan a Scepovic, Cuéllar y Álex Barrera de azul? ¡Quién nos iba a decir que la salvación podría llegar desde las filas enemigas! Lo dicho, menos mal que llegaron los Slim porque nos estábamos comenzando a aburrir.

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