El Comercio
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Fecha: noviembre, 2015
Recuerdos de Oviedo: “Trivagando” en Pick-Up
Luis Arias Argüelles-Meres 29-11-2015 | 1:38 | 0

(A Carlos de Castro y  a Manuel Gª Peliz, por su amistad y lucidez)

Precisamente porque la tiranía de la opinión es tal que hace de la excentricidad un reproche, es deseable, a fin de quebrar esa tiranía, que haya gente excéntrica. La excentricidad ha abundado siempre cuando y donde ha abundado la fuerza de carácter; y la suma de excentricidad en una sociedad ha sido generalmente proporcional a la suma de genio, vigor mental y valentía moral que ella contiene”. (Stuart Mill).

La duda tiene que mantener siempre las dos posibilidades en la indiferencia y la indecisión; entre ellas va y viene el diálogo, hasta que de él brote la chispa del pensamiento, como en la frotación de las piedras para encender fuego en Platón”. (Hannah Arendt).

 

“Vosotros no divagáis, “trivagáis”. Semejante perla nos la espetó un ciudadano, mostrando así su perplejidad a resultas de haber escuchado la conversación surrealista que estábamos manteniendo acerca de lo que Hegel podría haber dicho  a propósito de los agujeros negros, en el caso de que hubiese podido conocer la referida teoría.  El susodicho ciudadano llevaba un buen rato prestándonos más atención a nosotros que a los contertulios que lo acompañaban. Aquello sucedió una noche en Pick-Up, que era el pub que solíamos frecuentar las madrugadas de los viernes a principios de los años 80. Años, sin duda, jóvenes y divertidos. Años desenfadados. Años en los que casi todo el mundo de la farándula participaba del rojerío, algunos ya con cierto escepticismo muy próximo al cinismo del desengaño; otros, resistiéndose a aceptar que las decepciones y el desencanto ya habían iniciado un largo e irreversible camino. Pero, en todo caso, con mayor o menor dosis de ingenuidad, lo cierto es que en la década de los ochenta se respiraba una atmósfera de libertad que se fue ahogando con el paso del tiempo.

“Trivagando” en  Pick-Up. ¿Cómo no recordar aquel mural de Vivancos en el que se daban cita personajes omnipresentes de la vida cultural vetustense, personajes que, en aquel momento, nos parecían no sólo desenfadados y lúcidos, sino también en muchos casos entrañables? (Las rebajas al respecto llegarían con el paso de  los años, salvo excepciones, no muchas). Y es que, a decir verdad, nos sentíamos cómplices de todos aquellos que representaban el mundo de la cultura. ¿Cómo no recordar, en efecto, aquellas conversaciones interminables que eran un continuo salto entre asuntos que iban de los libros a la música, del cine a todas las manifestaciones artísticas, del pensamiento con recorrido histórico y del que entonces considerábamos más actual?

“Trivagando” en  Pick-Up. Vetusta, la eterna Vetusta, con sus noches de niebla, con su movida, con sus libertades, con sus debates, con sus polémicas. Vetusta, la eterna Vetusta que estaba a punto de celebrar el centenario de la novela que la inmortalizó, a cuyo autor sentíamos tan cercano y omnipresente. Durante años nos tropezábamos a diario con su réplica artística   en las escaleras de la Facultad. Y, por otro lado, eran muchos los que se apuntaban al boom clariniano, viendo en el autor de “La Regenta” al literato que había sido implacable contra un reaccionarismo casposo que a todos nos había tocado de cerca. Aún no había llegado el momento en el que nos acabaríamos percatando de que muchos de quienes se reclamaban clarinianos de pro eran en el fondo no menos regentianos que los personajes más arquetípicos de la mencionada novela.

Tiempos desenfadados, digo, en los que ni los más  perspicaces del lugar avistaban lo que estaba por venir, que, en este caso, y al contrario de lo que decía Ángel González en uno de sus poemas más memorables, sí que llegaría. ¿Quién veía entonces que al llamado “socialismo real” le quedaban sólo unos cuantos años? Porque se seguía insistiendo en el tópico de que las dictaduras de extrema derecha eran, salvo la excepción que habíamos padecido en España, mucho menos duraderas? ¿Quién nos iba a decir que aquel Papa tan viajero de entonces iba a contribuir a cambiar el mundo? ¿Quién nos iba a decir entonces que aquel conservadurismo férreo que representaban Margaret Thatcher y Ronald Reagan iba a tener tantas consecuencias no sólo en los países donde gobernaban? ¿Quién nos iba a decir que el desencanto iba a aguar la fiesta que se había iniciado en nuestro país tras haber dejado felizmente atrás aquella intentona golpista del 81 que parecía una escenificación carpetovetónica y decimonónica?

“Trivagando” en  Pick-Up. Se reconstruía (¿o se deconstruía?) el relato clariniano. Los acordes de la llamada movida madrileña nos llegaban. La semiología y el  estructuralismo iban en el cartapacio de la torrentera conceptual que se manejaba en la Facultad en disciplinas diversas y, a veces, dispersas. Y, sobre todo y ante todo, las benditas libertades, recién recuperadas, que nos daban fuerza y oxígeno para todo. No había aún temores resultantes de incurrir en lo políticamente incorrecto. No había otro hilo conductor a seguir que no fuese el que dictase lo que podía bullir en el pensar y en el sentir. Éramos nosotros y nuestras libertades, y, en aquel entonces, las decepciones no rompían las costuras de nuestras mochilas. De hecho, no habían hecho más que empezar, y preferíamos darles tiempo antes de ponernos estupendos.

“Trivagando” en  Pick-Up. Atrás se había quedado ya “la libertad sin ira” como el himno de la primera transición. Pues se trataba de divagar sin mirar relojes, de divagar sin más nubarrones en el horizonte que todas aquellas cosas que se resistían a una comprensión más o menos clara de lo abordado. Pero la complejidad no era un pretexto aún para explicar lo inexplicable, para justificar lo injustitificable.

“Trivagando” en  Pick-Up. Como mucho, primeros balbuceos de inconsistencias y bandazos. Nunca daré sus nombres, nunca los daremos. Pero, ya en aquellos primeros años de la década de los ochenta, algunos rojos de pro habían comenzado a modificar muy seriamente su discurso. Tanto fue así que, ante el mural de Vivancos, en Pick-Up, fui consciente de excesos de realismo provenientes de personajes que, muy pocos años antes, no sin cierto reproche, más o menos cariñoso, me manifestaban que mis planteamientos políticos, en la línea del azañismo, no dejaban de ser burgueses y conservadores. Pero en 1983, en Pick-Up, muchos de aquellos que habían iniciado su trayectoria política en partidos a la izquierda del PCE, estaban ya muy cerca del PSOE, del felipismo, y su marxismo ortodoxo parecía no haber ido más allá de un sarampión tardío en la adolescencia.

“Trivagando” en  Pick-Up. Siempre nos quedará la música. Siempre nos acompañarán las risas y las libertades. Siempre estarán con nosotros los sueños, sedosos y sedantes, que se expandían y se desplegaban en aquella bendita niebla de tantas y tantas madrugadas a la salida de aquel pub en el que tanto nos divertimos.
¿Aprendiendo?

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Panorama vetustense: Un paseo por Oviedo
Luis Arias Argüelles-Meres 27-11-2015 | 7:29 | 0

“Se puede desposeer al hombre, se le puede quitar todo y se las arreglará de algún modo u otro. Sin embargo, una sola cosa no hay que tocar, pues, si se lo priva de ella, estará perdido sin remedio: la voluptuosidad de quejarse”. (Cioran).

 

Aunque estemos en otoño, la mañana se vistió de invierno en Asturias, con su viento desapacible y su orbayu, con su baja temperatura, con sus calles mojadas, con sus inveterados atascos cada vez que llueve, con su no sé qué de tristeza en las nubes, con las primeras nieves en el Aramo, con esa atmósfera desangelada que invita a ponerse a cubierto.

Llueve en Oviedo. Se apuran los cigarrillos que toca fumar al aire libre. Los paraguas abiertos por las aceras se convierten en una especie de hongos que parecen haber crecido a resultas del continuo goteo. Son los sombreros que usa la ciudadanía en días como éstos, sombreros funcionales de los que, de entrada, no se espera la elegancia.

Llueve en Oviedo. Gotas que se van deslizando por las innumerables estatuas que se instalaron en la ciudad en las dos últimas décadas. En la Plaza de España, a pesar de la parálisis a la que invitan el frío y la lluvia, el movimiento que genera la burocracia no hace mudanza en su costumbre, no puede hacerla.

Llueve en Oviedo. Cerca de los edificios de los juzgados, en las pequeñas zonas verdes que hay, algunos perros corretean y juegan ajenos a las inclemencias del clima. Tal vez se trata de la estampa más alegre y confiada que se dejó mostrar esta mañana. Además de alegre y confiada, enternecedora.

Llueve en Oviedo. La ciudad, políticamente hablando, sufre días convulsos. En lo que a esto toca, sí que se pueden predecir mudanzas, puesto que, salvo sorpresas, todo parece indicar que, políticamente hablando, el que fuera candidato más votado en las últimas elecciones municipales no parece contar con mucho futuro por delante en lo que respecta a su presencia en la vida pública. Se diría que los principales dirigentes de su partido no apuestan gran cosa por él. Se diría que, pase lo que pase con la imputación que tiene sobre sí, no cuenta con circunstancias muy favorables para hacer planes políticos ni siquiera a corto plazo.

Insisto, a este propósito, en algo que tengo escrito muchas veces. Los linchamientos me resultan abominables, máxime cuando van acompañados de muchas actitudes cínicas que aparentan escandalizarse ante algo que, de no haberse hecho del dominio público, no sólo no condenarían en su intimidad, sino que es más que probable que aplaudiesen. Dicho lo cual, parece innegable la gravedad de lo acontecido y, a consecuencia de ello, se está haciendo esperar una dimisión que tendría que haberse escenificado ya, al menos hasta que la situación se aclarase favorablemente para el afectado, cosa que, en el mejor de los casos, parece altamente improbable.

Pero, en todo caso, cabe aventurar que nos espera un largo proceso al que asistir. Una vez que se produzca la defenestración política de Caunedo, con independencia de que decida o no dimitir, tendrá que abrirse un proceso para que alguien se ponga al frente del PP de Oviedo, carrera que, aunque no conste oficialmente, ha empezado ya. Y está por ver si, una vez más, decidirá el dedazo de turno, o si se permitirá que la militancia tenga voz y voto. Más bien, está visto ya.

Al final de la mañana, se informa en los medios que Caunedo y la lideresa conservadora siguen teniendo una conversación pendiente.

En algún momento que otro, el orbayu se detiene

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Recuerdos de Oviedo: La muerte de Franco
Luis Arias Argüelles-Meres 22-11-2015 | 1:08 | 0

“A quien vive de combatir a un enemigo, le interesa que éste siga en vida”. (Nietzsche).

“En un Burgos salmantino de tedio y plateresco, en una Salamanca burgalesa de plata fría, Francisco Franco Bahamonde, dictador de mesa camilla, merienda chocolate con soconusco y firma sentencias de muerte”. (Francisco Umbral).

 

A primera hora de la mañana, nos enteramos de la noticia. Franco, tras tantos partes del llamado “equipo médico habitual”, se había muerto. Y la comparecencia de Arias Navarro, dando lectura entre sollozos al testamento político del dictador, puso fin, oficialmente, a una era.

Larga y paralizada mañana, aparentemente paralizada, porque la inquietud, en Oviedo y en el resto del país, era grande, tenía que serlo. Había que esperar a que la prensa plasmase en todas sus portadas aquella muerte. Había que escuchar las emisoras de radio clandestinas para saber lo que se decía en el extranjero acerca de aquella España que, irremisiblemente, empezaría una nuevo ciclo histórico.

Si la agonía del dictador fue larga y duradera, también los fueron las exequias fúnebres hasta el momento mismo en el que su sucesor asumió la Jefatura del Estado. Exequias fúnebres en las que Imelda Marcos y Pinochet visitaron nuestro país, en la que se informaba oficialmente de los telegramas que llegaban de afuera, algunos exóticos y pintorescos como el del dictador de Uganda.

¿Cómo no imaginarse las portadas de los periódicos? ¿Cómo no reparar en algunos artículos que se atrevían a hacer insinuaciones críticas acerca del protagonista de un periodo histórico que acababa de concluir?

¿Cómo no sentir una curiosidad ilimitada al saber que aquel día no había conversación familiar o social en la que no se hablase de la noticia de la muerte del dictador?

En aquella España y en aquel Oviedo, había iglesias en las que se rezó durante aquellos días por la recuperación de la salud de Franco y había iglesias también en las que se encerraban obreros para hacer públicas sus protestas sin correr el riesgo de ser disueltos por las fuerzas del orden. Y es que, también en las iglesias se daban cita las dos Españas.

Por otra parte, el anuncio de la muerte de Franco llegó acompañado de la noticia de la suspensión de las clases, lo que nos dejaba sin un enclave donde reunirnos para tomar el pulso a la situación hablando en voz baja y con reservas.

Calles de Oviedo. No llovía. Aquel día de otoño, si la memoria no me falla, llegaba con una temperatura suave para las fechas en las que nos encontrábamos. Y, en las calles, todo el mundo se detenía a hablar. Era, como dije más arriba, una parálisis angustiosa, aquella que anticipa acción y cambios, aquella que tiene la incertidumbre en el horizonte más próximo. ¿Qué pasaría? ¿Qué nos iba a pasar?

La televisión pública fue un continuo NO-DO. Franco, salvador de la patria, militar victorioso, hombre elegido por la Providencia para hacer frente al comunismo, a los enemigos de Dios y de España. Imágenes de un duelo interminable que comenzaron con Arias Navarro y que continuaron con todo un coro de plañideros y plañideras oficiales.

¿Y Oviedo? Claro, se recordaban oficialmente sus vínculos con la ciudad. Su boda en San Juan el Real. Su esposa carbayona. El cariño, con el que según algunos,  se le había conocido en su momento como “el comandantín”. Eso era no pequeña parte del relato oficial. Frente a ello, lo doloroso y escalofriante. Frente a ello, el asesinato del Rector Alas al que Franco no tuvo a bien indultar. Frente a ello, las décadas de represión y silencio. Frente a ello, el recordatorio de aquellos que tuvieron que abandonar nuestro país. Frente a ello, el miedo y las delaciones. Frente a ello, las ansias de libertad que no se dejaban adormecer.

¿Cómo no recordar las portadas de los periódicos y de los semanarios dando noticia de aquella muerte? Lo cierto es que logro rescatar la imagen de la revista “Cambio 16”. Con ella, entré al Teatro Campoamor, a ver no recuerdo bien qué película. Y no se me irá nunca de la memoria el clamor de un texto publicado en aquella revista en la que preguntaba por qué no se podía hablar de dictadura en lugar de democracia orgánica o régimen.

Toda España fue una esquela mortuoria.  Todas las portadas de la prensa tenían ese formato. En Oviedo, como en el resto del país, la gente iba y venía por las calles con periódicos y revistas. En Oviedo, como en el resto del país, todo eran dudas, en una dialéctica de esperanzas y miedos.

Cuando se cumplen ya cuarenta años de aquel deceso. Cuando el actual sistema político tiene ya más recorrido en el tiempo que el de la propia dictadura en sus distintas fases, Franco y su etapa están históricamente hablando demasiado próximos y están existencialmente abismalmente alejados de nuestros afanes y desvelos.

Pero, en todo caso, hablamos de un día que puso fin a un proceso histórico con el que no se rompió como cabía esperar, sino que se habilitó una salida a un régimen anacrónico en la Europa de entonces, salida que provocó estancamiento y amnesia de la memoria colectiva.

¿Qué cosa había sido el exilio, todos los exilios, también el interior? ¿Qué podían estar sintiendo y pensando todos aquellos que se encontraban en las cárceles y en los países que los habían acogido en su peregrinaje para salvar sus vidas?

Más allá de las voces oficiales en los medios públicos, oímos aquellas otras que expresaban sus clamores y temores a través de emisoras clandestinas. Más allá de la vida cotidiana de cada cual, lo que había era preguntas que buscaban asideros.

Oviedo fue también una esquela. Oviedo fue también un hervidero de conversaciones en voz baja. El Oviedo oficial no desentonó del resto, no podía ser de otro modo. Pero aquel Oviedo, que conservaba entre temblores y temores su memoria, bullía lo suyo.

¿Cómo no detenerse un momento frente a los muros del edificio de la Universidad y evocar a Clarín y a su hijo? ¿Cómo no detenerse un instante frente al Teatro Campoamor invocando para nuestros adentros al Clarín más angustiado que describió Fernando Vela en un texto memorable? ¿Cómo no homenajear en silencio clamoroso al mejor Oviedo intelectualmente hablando? ¿Cómo no desear recuperar la voz y el voto?

La hojarasca del Campo de San Francisco con sus ayes fue nuestro coro bajo un cielo gris, en medio de un empapelado de esquelas mortuorias, copias de una esquela muy grande que acaparaba todos los titulares.

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¿Y si pedimos juego limpio?
Luis Arias Argüelles-Meres 20-11-2015 | 10:21 | 0

Las mentiras resultan a veces mucho más plausibles, mucho más atractivas a la razón, que la realidad, dado que el que miente tiene la gran ventaja de conocer de antemano lo que su audiencia desea o espera oír”. (Hannah Arendt).

 

Estoy seguro que, sin tardar mucho, no pasará desapercibido el afán, cítrico más que crítico, que hay contra el Equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Oviedo desde el momento mismo de empezar su andadura. Y es que –perdón por la obviedad- sin que estén exentos de descoordinaciones y errores, que, desde luego, no deben pasar inadvertidos, se diría que, pase lo que pase, de lo que se trata, para determinados ámbitos mediáticos y políticos, es de seleccionar la noticia de turno del modo que pueda resultar más lesivo para quienes gobiernan el Consistorio carbayón, sin que les importe lo más mínimo a estos detractores de oficio incurrir en aquella doble mentira que, según escribió Machado, es la media verdad, sesgada y prendida con alfileres.

 

¿Y si jugamos limpio? Se les criticó muy duramente por el hecho de que abogaron por no tener determinados servicios privatizados, como es el caso de la recaudación. Se habló de inquina y de afanes crueles de dejar a gente en el paro, cuando la realidad es que, llegado el momento, a nadie se le impide optar a ser funcionario municipal cuando haya la convocatoria correspondiente y se cumplan los requisitos que se fijen.

Pero es que ahora resulta que hay quienes hablan de que tanto el Alcalde como los ediles de Somos pretenden despedir a funcionarios y contratar a gentes cercanas a ellos, sin reparar, claro está, en que no es lo mismo ser funcionario de carrera habiendo aprobado la oposición correspondiente que tener un cargo de confianza a dedo, cargos, por cierto, generosamente retribuidos.

Por favor, jueguen limpio y no incurran en falacias tan enormes. Tanto en el ámbito autonómico como en el municipal, sólo Podemos y Somos han puesto reparos a los llamados cargos de confianza o ayudantes que, a resultas del dedo de turno, cobran sueldos del erario público. Bueno sería que poner fin a todo tipo de nepotismos, bueno y necesario desde la óptica de una regeneración de la vida pública que tanto necesitamos y que todos los partidos, al menos en teoría, reivindican. Distinta cosa es ser consecuentes con esa prédica, algo que, salvo las excepciones nombradas, no se plasma en la realidad.

Quienes permanecieron ciegos, mudos y sordos ante despilfarros continuos y nepotismos por doquier tienen ahora la desfachatez de recriminar al Gobierno municipal que se cuestione la idoneidad y pertinencia de que se sigan manteniendo ciertos nombramientos de quienes les precedieron en sus tareas.

Por favor, critiquen las incoherencias y errores que vean, que, sin duda, existen, pero jueguen limpio y abandonen las medias verdades que parecen ir en busca de pesebres.

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Viga azul: Ganas y clase
Luis Arias Argüelles-Meres 16-11-2015 | 10:45 | 0

Una conjunción perfecta la del partido de hoy en el Carlos Tartiere, entre las ganas, muchas, que puso Koné, y la maestría en el lanzamiento de falta que demostró una vez más la asombrosa clase que atesora Susaeta.

En cuanto a Koné, no sólo consiguió el tanto que abrió el marcador para el Oviedo, sino que además batalló de principio a fin, arrebatando balones, inventando jugadas, superando en velocidad a los defensas adversarios. Un jugador con peligro, con garra y con voluntad. Un jugador incisivo que abre brechas en la defensa contraria, tanto para colarse él, como para habilitar al compañero mejor situado. Sin duda, estamos hablando de un jugador que nos dará muchas alegrías.

¿Y qué decir del gol de Susaeta? Mandó el balón allí donde el portero contrario no podía atraparlo, desde el poste se introdujo en la red con la mansedumbre de la precisión más certera. Hay lances en los que el jugador de vasco del Oviedo entronca con lo mejor del oviedismo, esto es,, con la elegancia, con la clase, con el señorío a la hora de  culminar un lanzamiento que quiere y consigue ser decisivo.

Es de justicia, asimismo, consignar lo inspirado que estuvo Erice, cuya autoridad en el juego azul es cada vez más indiscutible.

Por lo demás, también hay que valorar la lucha de Linares y Borja Valle, lucha sin la eficacia deseada en las jugadas que tuvieron el gol muy cerca. Dicho ello, resulta obligado elogiar la entrega de ambos y, particularmente, la tenacidad del berciano tras salir de otra larga lesión, tenacidad por partida doble en el sentido de que no sólo peleó de principio a fin hasta que fue sustituido, sino que además es un futbolista que no se esconde y que se arriesga no sólo en jugadas de choque, sino también en busca del gol al que no renuncia.

Por otro lado, sin lanzar las campanas al vuelo, toca preguntarse si el encuentro de hoy podrá marcar un antes y un después en lo que se refiere a si el Oviedo encontró un esquema de juego que, de una parte, le permita ser fiel a  sí mismo y que, de otra parte, sirva para alcanzar la solidez defensiva que, hasta el momento, no hemos tenido.

Ciertamente, no hay que engañarse, pues el Nástic tuvo ocasiones de gol muy claras. En una de ellas, Esteban estuvo providencial desbaratándola con una salida certera; en otro lance, el travesaño se puso de nuestro lado. Y, además de las susodichas ocasiones, cierto es que también se cometieron fallos defensivos que esta vez no fueron decisivos en nuestra contra. Es decir, resulta necesario mejorar atrás.

Y tal necesidad se puso de manifiesto, incluso en un partido en el que parecía claro que el dominio del encuentro le correspondía, esta vez sí, al Real Oviedo.  Lo dicho: sería erróneo incurrir en euforias injustificadas, pero tampoco es del caso situarse en un pesimismo derrotista.

Nos cuesta, sí, hacernos con un esquema de juego que garantice la solidez del equipo. Creo que hoy se avanzó en ese sentido, lo cual no significa que se hayan conjurado las debilidades y los flancos débiles.

Y, en todo caso, toca confirmar esa mejoría, que, por fortuna, pudimos constatar en un Carlos Tartiere, metido en niebla en la segunda parte, en una tarde en la que la reciente tragedia que se sufrió en París no dejó de conmocionarnos.

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