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Rector Alas
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Luis Arias Argüelles-Meres | 24-02-2017 | 08:39

Resultado de imagen de Leopoldo Alas García argüelles, el comercio

“La lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido.” (Milan Kundera).

Hubo que esperar 75 años tras su muerte para que el Rector Alas fuese nombrado hijo predilecto de Oviedo. Hubo que esperar 80 años tras su asesinato para que el último representante del llamado ‘grupo de Oviedo’ fuese homenajeado conjuntamente por la Universidad a la que perteneció y por el Ayuntamiento de esta ciudad. En esos mismos muros en los que se ejecutó la infamia que supuso su fusilamiento, se oyeron, por fin, clamores de libertad. En esos mismos muros en los que se cumplió la voluntad de los miembros de un consejo de guerra que pisoteó las formas y traicionó a la justicia, voces que clamaban y reclamaban la dignidad y la memoria se hicieron oír, incluso para quienes no pudimos estar presentes y, sin embargo, nos sentíamos parte de aquel ceremonial, y quisimos ser coro, desgañitándonos, sin necesidad de estridencias.

¿Cómo no emocionarse al recordar la trayectoria del rector Alas? Su vida fue el estudio, su vida fue el aula, dentro de los mismos muros en los que enseñó su padre, en los que enseñó un intelectual que, desde Oviedo, fue el faro no sólo de Asturias, sino también de la España de su tiempo.

¿Cómo no estremecerse al recordar el drama que tuvo que suponer para el rector Alas ver los destrozos sufridos por la Universidad en 1934, por aquella misma Universidad que había salido de sus muros en el loable empeño de transmitir el saber fuera del ámbito universitario? ¡Qué tremenda y cruel paradoja recordar la emoción con la que su padre había escrito y descrito la avidez de aquellos obreros por saber, convencidos de que el conocimiento los emancipaba y los haría libres!

Rector Alas, un servidor de la Universidad y, con ello, de su país, un ciudadano comprometido con la República, un heredero y a la vez representante de la mejor Asturias y de la mejor España.

Rector Alas, víctima no sólo de su rectitud y coherencia, sino también del odio a Clarín por parte de aquellos que nunca le perdonaron al autor de ‘La Regenta’ su retrato de una ciudad anquilosada y casposa, su demoledora crítica al caciquismo de aquella primera Restauración borbónica que imperaba en la Asturias de aquel tiempo. (De éste, mejor no hablar ahora).

Rector Alas, el abrigo, la estilográfica y su último suspiro antes de ser acribillado a balazos dando vivas a la libertad.

Rector Alas, fusilándolo, también mataron a Clarín, esto es, a la inteligencia, a la altura de miras, a la ironía, al saber. Pero no sólo a Clarín, también al mejor Oviedo, a la mejor Asturias, a la mejor España.

Toda la razón del mundo asistió al Rector de la Universidad de Oviedo cuando hablaba de notables –e inexplicables– ausencias en el acto del pasado lunes. Toda la razón poética se encuentra en el contenido del artículo que publicó el nieto del rector Alas en EL COMERCIO.

¿Dónde estaba la Asturias oficial, o parte importante de ella el pasado 20 de febrero?

¿Hasta cuándo y hasta dónde piensa esperar esa misma Asturias oficial para colocar en la actual sede del Parlamento llariego una placa con los nombres de las personas que fueron víctimas de Consejos de Guerra infames en ese mismo edificio, tal y como planteó Leopoldo Tolivar en este mismo periódico? ¿Qué les impide hacerlo, don Javier?

Rector Alas. Le dieron muerte tras un consejo de guerra. El crimen fue también en Oviedo. Y a ese execrable y ruin crimen le dieron liturgia en el mencionado consejo de guerra. No fue obra de unos incontrolados. Piensen, pensemos en esto último. Y aquí no hay venganza ni resentimiento, hay memoria, la ciega abeja de amargura de la que habló el poeta.