El Comercio
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Fecha: mayo, 2017
Recuerdos de Oviedo: Tensi, el gran capitán
Luis Arias Argüelles-Meres 28-05-2017 | 1:23 | 0

“He amado a las estrellas con demasiado cariño como para tener miedo de la noche”. (Galileo).

El barro, en la mayoría de los partidos que se disputaban en el Tartiere, tenía su protagonismo, sobre todo, su movilidad, era saltarín. Y son muchas las imágenes que se me agolpan al recordar a Tensi, siempre en su sitio, y, en no pocas ocasiones, con el barro que le saltaba al pantalón, a la camiseta y hasta en el rostro, barro que acompañaba a las botas y al balón en múltiples jugadas.
Tensi, el gran capitán del Real Oviedo, que jugó 13 temporadas como titular del primer equipo desde 1966 hasta la temporada 77-78, cuando colgó las botas como futbolista.
Recuerdo haber escrito en su momento que fue injusto que en toda su trayectoria futbolística no hubiera sido internacional. Y no afirmo esto porque la pasión me ciegue, sino porque, como defensa central, atesoró una calidad indiscutible.
Pero, ante todo y sobre todo, más allá de un defensa solvente, seguro y de calidad, Tensi fue el gran capitán del Real Oviedo. Respetado, salvo excepciones, por los árbitros, con predicamento entre sus compañeros y admirado por la afición. Al bravo jugador de Sama jamás se le discutió en el ámbito del oviedismo, nunca se cuestionó nadie su calidad, ni tampoco su carisma como futbolista en el vestuario y en el campo.
El gran capitán, digo, en aquel Real Oviedo de mi infancia, adolescencia y primera juventud. No sabría precisar desde qué temporada se puso el brazalete, se diría que lo llevó siempre, casi siempre.
A Tensi le tocó vivir una etapa en la que el Oviedo parecía eternizarse en segunda división, hasta que vino el ansiado ascenso en 1972. Pues bien, en aquella larga travesía, con más sinsabores que alegrías, siempre cumplió dignamente con su cometido. Y, cuando llegó la hora del regreso a la llamada división de honor, aquello, ni mucho menos, le vino grande, seguía siendo un referente de seguridad en el juego y de serenidad en el campo.
En una ocasión, recuerdo haber leído en un diario madrileño que tuvo un enfrentamiento con un árbitro que pasó a la historia del Oviedo por haber regalado injustamente un triunfo al Madrid en el Carlos Tartiere. El colegiado de marras era Orellana, cuyo arbitraje en el Carlos Tartiere fue verdaderamente escandaloso. Aquel encuentro se disputó el 1 de abril de 1973, y, si la memoria no me traiciona, hubo, al menos, un penalti de libro que el árbitro no tuvo a bien señalar, al tiempo que la dureza de algún defensa del Madrid resultó tremebunda. El caso es que el tal Orellana fue recusado y que acaso encabece la historia del mayor agravio arbitral sufrido por nuestro equipo.
Pues bien, andando el tiempo, el colegiado de marras volvería a arbitrar al Real Oviedo en un partido a domicilio en el que, según leí en su momento, Tensi le increpó verbalmente. Lo que no recuerdo es la sanción que aquello le pudo acarrear al defensa azul.
Años, reitero, de infancia y adolescencia, en aquellas edades en las que un futbolista profesional nos parecía mayor, años en los que, salvo excepciones, nuestro Real Oviedo no terminaba de recuperar sus glorias; años en los que “el jorobu” no solía producirse en el Tartiere; años, en general, de estancamiento del equipo, desde aquel descenso a segunda que se produjo en la temporada posterior a los traspasos de Paquito y Sánchez Lage al Valencia.
Lo cierto es que el oviedismo tenía asumido que aquella larga etapa en segunda era el castigo que se sufría por aquellos traspasos de dos jugadores que no sólo atesoraban una calidad futbolística innegable, sino que además hacían equipo.
Pero, volviendo a Tensi, más que un mito, más que un ídolo, fue un referente de honestidad, de lucha y de oviedismo. Fue, para todos, uno de los nuestros, fue el Oviedo.
¿Cómo no recordar que Tensi, además de su seguridad como defensa, fue también el jugador que se encargaba de transformar los penaltis en sus últimas temporadas en el Real Oviedo? Rara vez se tuvo esto presente, lo que me parece completamente injusto.
Años de segunda división, barro en el césped del Tartiere, a veces, no pocas, charcos alrededor de las porterías. Aquella imagen en la grada de general protagonizada por un sinfín de paraguas, por cierto, en su inmensa mayoría, de color negro, en consonancia con aquellos años de la tele en blanco y negro, de una época oscura del Oviedo, de una época muy oscura en el conjunto del país.
En todo caso, allí estaba Tensi, frente a la delantera rival, frente al barro, frente a las adversidades futbolísticas de aquella época del Real Oviedo.
Y, como escribí más arriba, a Tensi jamás se le discutió, sobre todo, porque jamás dio motivos para ello.
Pasó el tiempo, una vez que había colgado las botas y teníamos constancia de que seguía muy vinculado al club.
Estamos hablando de una gloria del oviedismo, que tiene el mérito añadido de haber sido futbolista en una época en la que nuestro equipo cosechó más sombras que luces.
Ciertamente, no es poco.

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El Calatrava a la vista
Luis Arias Argüelles-Meres 26-05-2017 | 9:06 | 0

«El punto de vista crea el panorama». (Ortega y Gasset).

No  deja de ser paradójico que, en un acto de inauguración de un congreso de oftalmólogos en el Calatrava, Gabino de Lorenzo y Ana Taboada hayan protagonizado un rifirrafe en torno al enclave donde va a celebrarse esa convención.

De entrada, aunque el ex regidor de Oviedo estaba presente en el acto como delegado del Gobierno, se diría que compareció en ese acto para reivindicar una de sus actuaciones más polémicas como alcalde carbayón, pues no sólo estamos hablando de una construcción que, estéticamente hablando, permite, como mínimo, plantear no pocos reparos, sino que además se trata de un proyecto que supuso un fuerte desembolso de las arcas públicas, perjudicando no sólo las cuentas, puesto que aquello implicó además permutas que fueron lesivas para la empresa pública Sedes, operación en la que, por cierto, no sólo participó el Ayuntamiento de Oviedo en los días de vino y rosas del ‘gabinismo’, sino también la Administración autonómica en la que había un Gobierno de coalición entre el PSOE e IU. ¡Ay!

Pero vayamos a los hechos. Gabino planteó en el mencionado acto que esa construcción, que ya fue bautizada desde un principio por la socarronería carbayona como ‘el centollu’, da prestigio a la ciudad por llevar la firma de un arquitecto que –eso sí– es muy conocido.

Por su parte, la vicealcaldesa Taboada manifestó algo innegable, esto es, el despilfarro que aquello supuso para los dineros públicos.

O sea, que, mientras Gabino ve en el Calatrava una obra que da prestigio y esplendor a la ciudad, al tiempo que obvia no sólo los dineros que costó, sino también lo ruinoso que resultó para quienes se implicaron en semejante apuesta, la vicealcaldesa se limitó a poner sobre la mesa una realidad muy reciente de un tiempo en el que hubo quienes, acaso sin saberlo, pretendieron convertir Oviedo en una especie de Camelot al gusto de nuevos ricos.

El Calatrava a la vista de Gabino, el Calatrava a la vista de Taboada, todo ello en los preliminares protocolarios de una convención de oftalmólogos. La cosa tiene su gracia, más bien, su guasa.

En efecto, tal y como escribió el joven Ortega en sus balbuceos del perspectivismo, ‘el punto de vista crea el panorama’.

Se diría que Gabino ve una firma, para él, prestigiosa. Taboada ve la realidad política de los últimos años.

La pregunta del millón es cómo habrán visto y cómo seguirán viendo los oftalmólogos el espectáculo político que se les brindó y el enclave en que se encuentran.

Sería apasionante llegar a saberlo. ¿O no?

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Viga Azul: A Contratiempo
Luis Arias Argüelles-Meres 22-05-2017 | 3:37 | 0

No se puede poner en duda que el equipo de Fernando Hierro lo intentó, que los jugadores azules no escatimaron esfuerzos para conseguir la victoria, incluso que, contra lo que vino su costumbre, que el entrenador sacó al campo un once con vocación ofensiva. También es tan innegable como obvio que todo eso no fue suficiente para conseguir los tres puntos ante un rival que, desde luego, no hizo en el Carlos Tartiere una exhibición de buen fútbol.

Falló, en efecto, la inspiración ante el gol, incluso a un delantero como Toché que no suele defraudar las expectativas en ese sentido.

No obstante, la pregunta que hay que hacerse, teniendo en cuenta las declaraciones de Fernando Hierro y los titulares de prensa, si en el partido frente al Zaragoza lo decisivo fue la mala suerte. ¿Sólo la mala suerte? Desde luego, la duda cabe, hay lugar para ella.

La mala suerte estuvo presente en la noche del sábado en el Tartiere, de acuerdo, así como la gran actuación del portero visitante que salvó goles cantados. Hubo jugadas de estrategia que llevaban el marchamo del gol, gracias a la precisión de Susaeta. Hubo remates cuyo destino era el fondo de la red, hubo empuje y ganas en el equipo azul. Pero la mala racha que parece perseguirnos desde el partido frente al Huesca siguió estando omnipresente en el partido frente al equipo maño.

Se diría que hay algo que se resiente de lo que vino siendo la trayectoria del equipo a lo largo de casi toda la temporada: la ausencia de un esquema de juego que permitiera al once carbayón sentirse seguro haciendo su fútbol, así como la falta de continuidad en las tácticas y en el juego del equipo. Ante el Zaragoza fue uno de esos partidos en los que se veía que el balón no iba a entrar

Desde luego, máxime viendo los resultados que se produjeron este fin de semana en Segunda División, no nos queda otra que el resultadismo, propio y ajeno, en las jornadas que restan de aquí al final del campeonato, resultadismo que podría llevarnos a terminar la temporada en la zona de ‘play off ’

Lo que se repitió en el partido frente al Zaragoza fueron jugadas de ataque en las que faltó esa última precisión, ese último desmarque, esa creencia en una táctica ganadora para el equipo que tenemos.

No sólo no pudo ser, sino que además el del sábado fue uno de esos encuentros en los que se intuía que el balón no iba a entrar, como, en efecto, así fue. Por mucho empeño que pusieran.

Se diría que en ningún momento se conjuraron los temores y los fantasmas que llevamos sufriendo desde que empezó la liga. Y, al no conjurarse, nos temíamos que no íbamos a llegar a tiempo para algo tan decisivo como es el gol.

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Recuerdos de Oviedo: Sorpresa en la Plaza de Pedro Miñor
Luis Arias Argüelles-Meres 21-05-2017 | 7:55 | 0

“Tan gloriosa es una bella retirada como una gallarda acometida”. (Gracián).

Con las obras de construcción del parking de la plaza de la Escandalera, su fuente nada pretenciosa, pero muy nuestra, dejó de estar en su sitio, la misma fuente con la que nos encontrábamos todos los días a la ida y a la vuelta del colegio en la etapa en la que vivíamos en la plaza del Carbayón. Y, a decir verdad, cuando dejamos de verla, yo no sabía si había desaparecido para siempre, o si volvería a su sitio cuando finalizasen las obras.
Y el hecho fue que, sin poder precisar la fecha concreta, una tarde en los años setenta, inesperadamente, volví a verla en la plaza de Pedro Miñor. Y allí sigue.
Recuerdo que me acerqué a ella deteniéndome allí unos minutos, para cerciorarme de que, en efecto, era la misma fuente que había estado en la Plaza de la Escandalera. Y, a decir verdad, no encajaba mal en su nueva ubicación, al tiempo que le daba su no sé qué de prestancia a la plaza donde había sido trasladada.
Además, aquel encuentro –o reencuentro- fue en los setenta, o sea, en plena adolescencia. Y, miren ustedes por dónde, quizás haya sido una de mis primeras vivencias en las que saboreé lo agridulce de recuerdos gratos de un tiempo, aunque cercano, irrecuperable. Quiere decirse que hay momentos en la adolescencia en los que se echa de menos la infancia, aunque es más frecuente que, en esa etapa de la vida, se sueñe con momentos delirantes en un futuro más o menos próximo, más o menos perfecto.
Lo primero que me pregunté en aquella tarde fue si la presencia de esa fuente, entre otras cosas, significaba que el centro de la ciudad se iba desplazando hacia arriba, porque, bien pensado, el hecho de que, para llegar a la plaza de Pedro Miñor, uno de sus accesos más cómodos fuese recorrer antes la calle Valentín Masip significaba, o podría significar que la ciudad también crecía, al igual que el adolescente que rescato en esta historia.
Acaso me influyó mucho ver de nuevo la fuente de forma inesperada, pero lo cierto es que tuve sentimientos encontrados. Por un lado, su nueva ubicación incrementaba el atractivo de aquel rincón de Oviedo al final de la calle Valentín Masip. Por otra parte, confieso que no me hubiese disgustado que, tras las referidas obras, hubiese vuelto a su sitio de siempre. Pero había que asumir la realidad, esto es, el crecimiento.
Plaza de Pedro Miñor, años 70. Había algo del centro de Oviedo que se desplazaba hacia un enclave más alto de la ciudad, enclave que, como escribí más arriba, estaba muy cerca de una calle que estrenaba mucha actividad comercial.
Plaza de Pedro Miñor. No sólo llevaba un nombre muy notable en la ciudad, sino que además se “amueblaba” con algo que había formado parte del centro mismo de Oviedo. La suma de ambas cosas le daba a aquello una raigambre innegable.

Transcurrieron muchos años antes de que la plaza de Pedro Miñor se convirtiese en un lugar de paso camino del nuevo Tartiere, en una referencia de esa ruta gloriosa que, para muchos de nosotros, representa el oviedismo.
Y no sólo estamos hablando de un lugar de paso en el que el oviedismo es protagonista, sino también de una plaza acogedora y agradable, en la que a su alrededor hay establecimientos con mucho tirón, tanto en su interior como en las terrazas que despliegan por casi todas las esquina de la plaza.
Plaza de Pedro Miñor, desembocadura de una calle muy comercial y muy viva, lugar de paso al nuevo Tartiere, atractiva cita para disfrutar en cualquiera de sus terrazas, Y, por si todo ello fuera poco, no sólo lleva incorporado un nombre ilustre en la historia de Oviedo, sino que además cuenta con la fuente de la que venimos hablando como una incorporación de un Oviedo céntrico y tradicional.
Plaza de Pedro Miñor, a la entrada y a la salida de los encuentros que se juegan en el Carlos Tartiere, es un hervidero de oviedismo. Por las tardes, en los días más tranquilos de la semana, es frecuente ver a niños jugando. Y, además de todo eso, los establecimientos hosteleros que hay a su alrededor cumplen sus deberes de calidad y elegancia.

Pero regresemos a aquella tarde del reencuentro. Recuerdo que llovía, es posible que fuese miércoles. La sensación me resultó agradable; tanto fue así que, a pesar de la lluvia, allí permanecí unos minutos, como conté más arriba.
Luego, sin tenerlo previsto, bajé a la plaza de la Escandalera, conservando en la retina el reencuentro que acababa de vivir.
Tomé aquella decisión sobre la marcha, no para comparar ambas fuentes y dirimir cuál de ellas podía agradarme más estéticamente. No, no se trataba de eso, sino de tener ambas imágenes muy cercanas en el tiempo, en un margen no superior a los 15 minutos.
Y, al llegar a la Escandalera, tuve muy claro que la fuente que había sido desplazada a la plaza de Pedro Miñor, aunque más pequeña, no había estado fuera de sitio en su ubicación anterior, ni tampoco desentonaba en su nuevo emplazamiento. Oviedo crecía, así lo pensé, con incorporaciones, sin desgarros, del mismo modo que el adolescente que era yo crecía y quería crecer.
Confieso que tal convencimiento, más bien tal vivencia, me emocionó y me produjo serenidad y bienestar. Lo esencial no era que las cosas y las personas permaneciesen o no en el mismo sitio, sino que, en el caso de que cambiasen, lo hiciesen sin desarraigos.
Plaza de Pedro Miñor, primeros años setenta. El reencuentro con la antigua fuente de la Escandalera fue todo un símbolo del sosiego, de “la casa sosegada”.

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Cuando la política pasa por los juzgados
Luis Arias Argüelles-Meres 19-05-2017 | 3:25 | 0

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Si nos circunscribimos a Oviedo, aunque, por desgracia, la cosa sería extrapolable al resto de la vida pública del país en su conjunto, resulta que no pequeña parte de la política pasa, o anuncian que va a pasar, por los juzgados. Por ejemplo, ahí está Gabino de Lorenzo anunciando acciones legales contra el alcalde de Oviedo a resultas, según leo en EL COMERCIO, del expediente de responsabilidad patrimonial por la expropiación de Villa Magdalena, incoado a instancias del regidor Wenceslao López.

Así las cosas, el actual delegado del Gobierno de todas las Españas considera que se han vulnerado sus derechos, dado que no se le concedió la oportunidad de presentar las alegaciones pertinentes.

Desde luego, no seré yo quien se ponga a hacer digresiones leguleyas al respecto. Expertos hay en la materia entre los que no me encuentro.

Dicho esto, resulta, como mínimo, inquietante que el actual responsable de la seguridad en Asturias, cuestiones legales al margen, no haya tenido a bien manifestar su malestar por las consecuencias de la expropiación de un palacete, que serán muy lesivas para la ciudadanía ovetense. Porque aquí no estamos hablando de una decisión política con la que se puede estar o no de acuerdo, sino con una apuesta personal sangrante en lo económico para los contribuyentes. ¿Tan difícil es reconocer errores?

¿No cabría esperar la misma locuacidad del exalcalde carbayón para dirigirse a los ciudadanos que, según parece, tendrán que cargar con los costes de una determinación personal que la ciudad no necesitaba?

Cuando la política pasa por los juzgados. También leo en el diario EL COMERCIO que el juez encargado del caso deniega paralizar los cambios de nombre en el callejero de Oviedo decididos por el equipo de gobierno en aplicación de la ley de memoria histórica.

Sobre este tema, ya escribí más de una vez. Y me parece difícilmente refutable que se legisle para que el callejero de una ciudad perteneciente a un país democrático no rinda homenaje a personas vinculadas con una dictadura que ahogó derechos y libertades. Y no se puede negar que el franquismo fue una dictadura. Lo triste del caso es que tenga que ser un juez el que recuerde tal cosa en una sentencia, porque algo así debería establecerse en el debate ciudadano.

Así las cosas, Gabino de Lorenzo muestra energía y voluntad para emprender acciones legales, a las que tiene todo el derecho, pero, no obstante, no se toma la molestia de manifestarse apesadumbrado por las consecuencias de una expropiación que resulta ruinosa para la ciudad y sus contribuyentes.

Y, por otra parte, hay que reconocer que los cambios en el callejero de Oviedo tendrían que haberse llevado a cabo hace ya muchos años, sin que un debate de esta índole acabase dirimiéndose en el ámbito judicial.

El ser o no ser de una sociedad que se reclama democrática también se manifiesta en su callejero. No olvidemos esto, por favor.

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