El Comercio
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Viga Azul: Ceremonial de decepción
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Luis Arias Argüelles-Meres | 06-06-2017 | 15:46

La entrada más raquítica de la temporada y, al mismo tiempo, la jornada donde las mayores protestas se escenificaron. El problema no fue haber perdido casi todas las opciones de terminar el campeonato entre los seis primeros, sino que la historia se repitió, sobre todo en los últimos encuentros, a la hora de echar por la borda las posibilidades que se nos brindaron.

Demasiado tiempo –algo así como toda la temporada- sin superar la asignatura pendiente, no ya de vencer a domicilio, sino de no hacer el ridículo lejos del Tartiere. Demasiado tiempo a la espera de que el entrenador apostase por un sistema de juego que se mostrase eficaz a la hora de los resultados. Demasiado tiempo a la espera de que se hiciese buen fútbol, o, al menos, de que se viese profundidad por las bandas y solidez en la defensa. Demasiado tiempo a la espera de alguna que otra victoria contundente sin tener que sufrir, como sucedió también ayer, angustia en los minutos finales.

Nadie podrá negar que, una vez más, el oviedismo demostró tener paciencia, con el equipo y con un entrenador al que no se le hicieron grandes críticas, por mucho que ni el juego ni los resultados fueran satisfactorios, con un entrenador que no sólo no encontró, como escribí más arriba, un sistema de juego válido para el equipo, sino que además no supo imprimir carácter ni personalidad a su plantilla.

Desde luego, no es suficiente con tener un nombre muy destacado en la historia más reciente del fútbol, si los hechos se empeñan en poner de manifiesto carencias y errores.

Sé que aún se podría dar el milagro de que el Oviedo venciese al Elche y de que las restantes carambolas se cumpliesen, carambolas que nos lo fían muy largo. Pero es que, aun en ese supuesto, el equipo se encargó de que las ilusiones y el entusiasmo de la afición estén ajadas y exangües.

Confieso que me duele que se le pite a un jugador convirtiéndolo en el muñeco de pimpampum. Aquí no hay un único responsable de esta agonía, y además, con mayor o menor acierto, si un futbolista lucha de principio a fin, no se merece cargar con las iras y frustraciones de casi todos.

Ceremonial de la decepción, digo. No hay ni tiene por qué haber una ansiedad excesiva a la hora de aspirar al ascenso, tras haber estado tanto tiempo sin salir del pozo, pero la historia no puede seguir repitiéndose en el sentido de echar por la borda las posibilidades que se nos presentan. Así llevamos dos años. Esperemos que no haya un tercero.

Y, sobre todo, llegó la hora de que los hechos demuestren que aquí hay un proyecto y un compromiso que tienen que ir más allá de fichar nombres conocidos. Un compromiso y un proyecto que el oviedismo ansía abrazar y apoyar, insisto, más allá de los nombres.

¡Hala, Oviedo!