El Comercio
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Alberto Mortera
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Luis Arias Argüelles-Meres | 07-07-2017 | 01:48

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“El camino a todas las cosas grandes pasa por el silencio”. (Nietzsche).

En el reportaje que firma Gonzalo Díaz-Rubín el día 4 de julio en EL COMERCIO acerca del expediente sobre Villa Magdalena, no tienen desperdicio las perlas que suelta don Alberto Mortera, que hasta hace muy poco fue el hombre de confianza de Gabino de Lorenzo en la Delegación del Gobierno. Estamos hablando de un concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Oviedo que, tras ser suspendido de militancia por su partido, no sólo continuó como edil, sino que además el entonces Alcalde vestustense puso a su disposición un despacho para que la ciudadanía de Oviedo pudiese salir beneficiada de su gestión. Y, tras aquella legislatura, figuró en las candidaturas que encabezó Gabino hasta 2011. Ante todo, la vocación de servicio público.

Por eso, no deja de ser llamativo que, tras ser cesado  en el Delegación del Gobierno, recobre la memoria y apunte cosas que son, como mínimo, muy delicadas. Habla don Alberto, en el citado reportaje, de las obras del nuevo Carlos Tartiere, presupuestadas en principio en 24 millones de euros, y que al final fueron 48 millones, o sea, el doble del primer cálculo, así como del aparcamiento de Vallobín.

Desde luego, todos somos dueños de nuestros silencios. Sin embargo, cuesta entender no sólo que haya tardado tanto don Alberto en plantear estas cosas, sino que además lo haga meses después de haber perdido la confianza de su valedor, esto es, de haber sido cesado.

No seré yo quien niegue ni ponga en tela de juicio la veracidad de estas acusaciones, y, desde luego, sería muy saludable que se investigase a fondo y se descubriese la verdad.

Ahora bien, lo que queda en entredicho no es sólo la gestión que se hizo en aquellas obras a las que hace mención el ex edil de dos partidos políticos, sino también la catadura moral del personaje que aquí nos trae.

No estamos hablando de un político que lleva años fuera de la actividad pública y que en su momento decide denunciar asuntos que resultaron muy lesivos para los dineros públicos, sino de alguien que, según parece, recupera su memoria tras ser defenestrado políticamente por su último valedor.

Y es que no sólo estamos ante un episodio más de despilfarros imperdonables que alguien decide denunciar, sino que nos encontramos también con un personaje que representa, diría que en estado puro, lo que es la vieja política, esto es, una currículum sin otra actividad conocida que no sea la política, esto es, el político profesional que, según parece, administra sus silencios en función del cargo que ocupe o que haya dejado de ocupar.

En definitiva, todo un profesional de la política, con un amplio recorrido, que pasó, entre otras cosas, por cambios de militancia.

¿Algún día se respirará un aire saludable en la vida pública de Vetusta?