El Comercio
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EL MURAL DE CLARÍN
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Luis Arias Argüelles-Meres | 21-07-2017 | 15:00

Aspecto actual del mural de 'Clarín' en Santa Clara.

Leo en EL COMERCIO que el mural de Clarín va a ser retirado como consecuencia del deterioro que sufre. Ante ello, resulta inevitable preguntarse si el referido deterioro no pudo ser combatido antes de llegar a la situación actual. Y también resulta inevitable que la nostalgia nos invada por partida doble.

¿Por qué por partida doble? En primer término, por el contexto histórico en el que este mural fue creado, o sea, en los años ochenta. Hay que recordar que en aquella década, por una parte, “La Regenta” cumplió cien años, y, por otro lado, aquellos años ochenta fueron mucho más vitales y febriles que las décadas que vinieron a continuación. Hablamos de una época en la que no se había renunciado a lo irrenunciable, en la que los derechos y libertades se sentían en carne viva, en la que los sueños colectivos no se habían malbaratado ni traicionado.

Pero vayamos al mural y a Clarín. De entrada, no voy a negar que me encanta su ubicación actual, tan  cerca del Oviedo de mi infancia, del Oviedo que más frecuento. Y, en otro orden de cosas, por lo que leo en EL COMERCIO, se convocará un concurso para una obra que se ubicará en el mismo lugar. La obra debe recoger, como el mural anterior, momentos de la vida cotidiana de Clarín.

Clarín, sus trabajos y sus días en Oviedo, en la Vetusta que literariamente eternizó. Me atrevo a sugerir a los artistas que decidan participar en el concurso que convocará la Concejalía de Cultura que se lean un texto memorable de Fernando Vela que tiene como título “Un día en la vida de Clarín”, así como los escritos que, en su día, le dedicó Azorín a Leopoldo Alas en los que también habla de su vida cotidiana.

Un mural que recoja el día a día de un catedrático de Universidad y escritor que – por mucho que se pretenda afirmar lo contrario- no fue tratado en vida como realmente se merecía, y que, pasado el tiempo, los odios de los que fue objeto siguieron ahí y explican en parte trágicos sucesos.

¿Cuántos ovetenses saben dónde se escribió “La Regenta”? ¿Cuántos ovetenses conocen el día a día del profesor universitario y ciudadano a lo largo de su corta y, al mismo tiempo, fecunda vida? ¿Cuántos ovetenses se leyeron el texto que escribió Juan Antonio Cabezas inspirado en el aula donde el maestro dada sus clases? ¿Cuántos ovetenses recorrieron las páginas en las que  Pérez de Ayala cuenta cómo eran sus clases, entre otras anécdotas, citando a Renan?

Pues bien, estoy seguro de que un mural de estas características contribuiría no poco a acercar la vida y la obra de Clarín a la ciudadanía ovetense de este momento.