El Comercio
img
La recuperación del Naranco
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 01-09-2017 | 13:40

Resultado de imagen de Recuperación del Naranco, el comercio

“No sabemos a dónde vamos. Pero esa no es razón para no ir”. (Marguerite Duras).

Leo en EL COMERCIO la noticia de que el Equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Oviedo  tiene un “plan” de recuperación del Naranco. Sobra decir que todo lo que sea cuidar el pulmón de nuestra capital, recuperando sendas peatonales, habilitando rutas y espacio para las bicicletas y protegiendo el entorno de los monumentos prerrománicos, es acertado y merece el apoyo de toda la ciudadanía.

Y, más allá de lo que es la mencionada recuperación que ojalá se lleve a buen término, lo cierto es que, como ya escribí más de una vez, los vínculos entre el Naranco y la ciudad son no sólo estrechos sino esenciales.

Hablamos, por un lado, de lo que es la mejor atalaya para disfrutar de la contemplación de Oviedo y, por otra parte, las joyas del Prerrománico que se ubican en el Naranco constituyen, sin duda, uno de los principales orgullos no sólo para los habitantes de la ciudad, sino también para toda Asturias.

Y, por otra parte, rara vez se piensa en la enorme diversidad de atractivos que tiene el Naranco para la ciudadanía de Oviedo. Por ejemplo, la diversión que está garantizada en las sidrerías y mesones. Por ejemplo, en lo agradable que resulta pasear por este pulmón de Oviedo al ritmo que cada cual se marque o pueda marcarse. Por ejemplo, en la magia que tienen los monumentos del Prerrománico, también a su alrededor, sin necesidad de adentrarse en ellos.

¿Cómo no tener en cuenta, por otro lado, el arsenal de recuerdos que posee el Naranco para la mayoría de personas que hicieron y hacen su vida en Oviedo? Sin entrar en intimidades de las generaciones más veteranas, hay que tener en cuenta los centros docentes, algunos con mucho tiempo que se ubican en el Naranco y que remiten a esos años de infancia y adolescencia, inolvidables por definición.

Tampoco se pueden pasar por alto, excursiones y paseos que, en mayor o menor medida, todo el mundo en Oviedo hizo y hace por el Naranco.

Y, en otro orden de cosas, también podemos considerar que se trata también de la metáfora más completa de Oviedo, ya que plasma no sólo la orografía de la ciudad, sino que también atesora el arte más universal que aquí se dio cita y, con ello, la historia, la más legendaria y la más reciente.

Lo que ocurre es que no sólo se trata de ver Oviedo desde el Naranco, placer irrenunciable, sin duda, sino que también toca que Oviedo mire al Naranco.

Y lo mime.