El Comercio
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Fecha: septiembre 4, 2017
Viga Azul: Alegría
Luis Arias Argüelles-Meres 04-09-2017 | 1:59 | 0

Los futbolistas celebran el tercer tanto obra de Rocha tras un lanzamiento de falta que acabó en la escuadra.

Como en el poema de José Hierro, la alegría que se vivió ayer en el Carlos Tartiere fue la consecuencia esperada y anhelada tras mucha paciencia y mucho dolor, esa alegría balsámica que llega después de congojas y sufrimientos, esa alegría más honda y ansiada, esa alegría por la que hemos estado aguardando desesperadamente.

Alegría que llegó a partir del soberbio gol de Toché, de chilena, alegría que se confirmó con el segundo tanto, obra también del delantero murciano a los dos minutos de la segunda parte. Con ese gol, se consolidó el triunfo, tan necesario como anhelado.

Por otra parte, conviene no confundirse en el sentido de que el Reus empezó el partido combinando muy bien y controlando el encuentro, sin dar facilidades al Oviedo, si bien es cierto que el cuadro carbayón se asentó en el partido tras marcar el primer gol, y, lo que es mucho más importante desde mi punto de vista, se conjuraron fantasmas.

Hablo de los fantasmas que reaparecieron en el partido frente al Rayo Vallecano con las pájaras defensivas que nos costaron goles. Hablo de la inquietud que flotaba en el ambiente en cuanto a la tardanza de Toché en meter goles. Y hablo, sobre todo, de lo que supuso el tercer gol de Rocha en lo que a conjurar fantasmas se refiere.

¿Cómo no recordar el partido de la temporada pasada en el Tartiere frente al Reus, partido en el que el Oviedo salió derrotado por un gol del equipo visitante en el minuto noventa? ¿A alguien le vino a la mente que en aquel encuentro, cuando el empate parecía que iba a ser el resultado final, fue el propio Rocha quien estrelló un balón en el larguero?

¿Cómo no confrontar aquel balón al palo con el gol de Rocha, por cierto, impecablemente, en el lanzamiento de una falta? ¡Eso sí que es conjurar fantasmas! Se diría que la suerte que faltó en otras ocasiones hoy nos acompañó. Se diría que, con este tanto, el centrocampista que hizo una campaña decepcionante la temporada anterior, se reivindica con este gol, y con toda justicia. Esperemos que sea un punto de inflexión en su rendimiento en el Oviedo.

Alegría, la que llega tras el dolor, según consignó, como dije, el extraordinario poeta en un poemario excelente. Alegría, no sólo por la victoria, sino también porque llegó en el momento necesario, tras dos partidos en los que el Oviedo no había conseguido ganar.

Alegría, que supondrá, quiero creer, una importante inyección moral para el derbi de la semana próxima. Un Oviedo que venció y convenció.

Un Oviedo que, ante todo y sobre todo, conjuró fantasmas.

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