El Comercio
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Chupinazo mateíno
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Luis Arias Argüelles-Meres | 15-09-2017 | 05:20

«La vida sin la música es sencillamente un error, una fatiga, un exilio». (Nietzsche).

Aquí no hay chupinazo como en San Fermín, pero se intuye desde el momento mismo en que se declara inaugurado el pantano, es decir, en el momento mismo en que se proclama, oficial y solemnemente, el inicio de las fiestas mateínas. Y, además, esto que digo viene reforzado en el momento presente por el desacuerdo que parece anunciarse entre el Ministerio de Defensa y el Consistorio carbayón a la hora de dirimirse el futuro de la fábrica de La Vega y sus aledaños. Se diría que la cosa está próxima a explotar.

Chupinazo mateíno. A decir verdad, no puede ser casual que el día grande de los fastos de Oviedo coincida con el inicio del otoño, al menos estacionalmente, pues nuestra seronda es algo que define no sólo a la capital, sino también a Asturias en su totalidad.

Una fiesta que no sólo se hace en honor del santo, sino también del otoño. Por un lado, es la mejor forma de despedir al verano que está a punto de irse y, por otra parte, adentrarse en la seronda es lo más adecuado para zambullirse en lo más distintivo del paisaje astur.

La seronda es nuestro esplendor paisajístico. Y, por otro lado, nuestro monumento literario es por definición ‘La Regenta’, cuyo punto de partida es el viento sur del otoño en una ciudad en declive, agridulce a todas luces.

Chupinazo mateíno, el de unas fiestas, con su polémica que va en el guion, con su música, con sus riadas de gente, con sus chiringuitos, con su bendita y sublime nocturnidad, entre piedras nobles, calles estrechas, escenarios clarinianos y ayalinos. Con sus copas, sus tertulias, sus conciertos.

Todo sin prisa, con la calma horaria a la que la noche obliga. Pero también con ese continuo ritual, una noche y otra, de despedida del verano, de los adioses a las vacaciones, de apuesta por la vida y las risas.

Chupinazo mateíno. Una despedida, como escribió Salinas, larga y clara, un ritual festivo que se prolonga cada noche y que se anuncia cada día.

A veces, las nubes viajeras que anuncian el viento sur o la lluvia; a veces, el rocío de la noche sobre el asfalto y las aceras; a veces, la música que se cuela y que va retumbando de calle en calle. A veces, encuentros con la risa y la amistad.

Chupinazo mateíno. Ante todo, alegría. Ante todo, adiós a la prisa. Ante todo, vacaciones al reloj.

Ante todo, Oviedo, siempre Oviedo.