El Comercio
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LA AMSO Y LA FSA
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Luis Arias Argüelles-Meres | 22-09-2017 | 05:22

Resultado de imagen de Wenceslao lopez y Javier Fernández

Que la AMSO no haya mostrado una entusiasta loa a la gestión de la FSA merece mucho interés político, pero, desde luego, no supone ninguna sorpresa. Pues una de las asignaturas pendientes del socialismo astur es prestar atención a Oviedo, considerando prioritario que el partido tenga en nuestra capital un peso específico al que, incomprensiblemente, se viene renunciando desde hace décadas.

No hace falta recordar que, en su momento, Wenceslao López se hizo con el poder en la agrupación de Oviedo sin que la FSA mostrase una gran euforia por ello. Y, más tarde, se ganó a pulso las primarias para encabezar la candidatura del PSOE a la Alcaldía vetustense, estando muy claro que no era el candidato oficial.

Por si todo esto fuese poco, tras las elecciones de 2015, en las que la candidatura de izquierdas más votada fue la de Somos, a resultas de lo que había sucedido en Gijón, los ediles recién elegidos del PSOE tenían la clara consigna de la FSA de no votar a Ana Taboada como Alcaldesa, facilitando con ello la continuidad del gabinismo.

O sea, la ciudadanía de Oviedo parecía estar sentenciada a que Caunedo gobernase la ciudad como consecuencia de la falta de entendimiento en Gijón entre el PSOE y la marca de Podemos en la ciudad de Jovellanos. Fue la generosidad de Taboada, votando a Wenceslao López como Alcalde, la que impidió que se cumpliese el guion que parecía estar escrito.

Con estos antecedentes, por no hablar también de lo que le tocó padecer en su momento a Leopoldo Tolivar no sólo por parte del gabinismo y sus corifeos mediáticos, sino también por mezquindades del propio partido, no es de extrañar que, llegado el momento, el malestar de la AMSO con la FSA se haga visible.

En la FSA, llegará el momento en que se tenga que considerar que Oviedo es un objetivo prioritario para que el PSOE esté al frente de la Alcaldía, puesto que Wenceslao es el primer edil a pesar de su partido y no gracias a él, algo tan extraño como cierto.

En la FSA, tendrá que llegar el momento en el que se recupere el criterio de que el mejor Oviedo, el más ilustrado y democrático, tiene que ser mimado y requerido por un partido político que fue concebido como un instrumento de cambio, progreso y cultura.

Y cabe esperar y desear que, cuando se forme una nueva ejecutiva de la FSA, se afronte, más allá de la retórica, que Oviedo tiene que dejar de ser una asignatura pendiente para este partido.

Veremos.