El Comercio
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Fecha: octubre, 2017
Nebot
Luis Arias Argüelles-Meres 27-10-2017 | 9:48 | 0

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Son contadísimas las personas que se ganan el respeto de los demás sin necesidad de proponérselo; lo logran sólo con darse a conocer, sin necesidad de alardes ni fingimientos, sin necesidad de sobreactuación alguna, sin necesidad de poderío de ningún tipo. Y estoy por asegurar que Nebot era uno de esos pocos ciudadanos que se podrían poner como ejemplo de esto que acabo de afirmar.

Nunca olvidaré una tarde-noche en la que acudí a una especie de tertulia que formaban una serie de personas que abordaban temas de actualidad relacionados con Asturias. Aquello fue a finales de los noventa. Allí estaba Nebot.

Me llamó poderosamente la atención su tono, sin estridencia, su escrupuloso respeto a la hora de respetar los turnos de palabra, la atención que ponía escuchando a cada interlocutor. Me di cuenta de que tenía la suerte de estar ante alguien que se hacía querer y respetar por su categoría humana. Nada menos que por eso.

Por otra parte, estamos hablando de una persona que, a resultas de sus quehaceres, estuvo presente en momentos decisivos de muchos ciudadanos de Asturias. Le tocó ser el artífice de imágenes que plasmaron momentos inolvidables de muchos de nosotros, momentos familiares, momentos muy significativos de nuestras vidas. Profesionalmente hablando, Nebot se ganó el mismo respeto del que venimos hablando.

En un mundo como éste, donde es poco menos que imposible encontrar una trayectoria pública marcada por la coherencia, sin renuncias ni renuncios, sin bandazos, a veces interesados, a veces, desconcertantes, la figura de Nebot cobra unas dimensiones admirables por su integridad y por la lealtad más importante de todas, que, sin duda alguna, empieza por uno mismo.

En unos tiempos en los que los egos en muchos casos alcanzan unas pretensiones que están muy por encima de las capacidades del individuo en cuestión, Nebot es, debería ser, todo un ejemplo a seguir. No creo en la humildad mal entendida, pero sí en la grandiosa sencillez de quien sabe que no tiene nada que demostrar, porque se tiene a sí mismo ante todo y sobre todo.

Su fallecimiento supone una pérdida enorme, por atesorar estas cualidades en lo privado y en lo público, a las que me vengo refiriendo.

Profesional de prestigio y, ante todo y sobre todo, ciudadano ejemplar, que luchó por un mundo mejor y más justo, que se esforzó por hacer la vida de todos mejor.

Todo un referente de dignidad representará para siempre Nebot, a quien, al recordar momentos de nosotros mismos, lo recordaremos siempre con respeto y gratitud.

Nunca podremos olvidarlo.

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Viga Azul: Nerviosismo
Luis Arias Argüelles-Meres 23-10-2017 | 11:36 | 0

Juan Carlos nos dio un tremendo susto en el primer tiempo que parecía plasmar el desquiciamiento del equipo tras la mala racha de cinco partidos sin ganar. A ello hay que añadir que el conjunto carbayón no parecía capaz de crear peligro a un Córdoba que, al margen de su complicada situación en la tabla, estaba bien situado en el campo y conseguía no dejar resquicios al Oviedo para elaborar jugadas de ataque que pudieran desequilibrar el marcador.

Una primera parte anodina de un Oviedo sin firmeza, sin convicción y agarrotado. Lo único positivo de los primeros 45 minutos fue que el Córdoba, aun reconociéndolo el mérito de saber frenarnos bien, no parecía un equipo eficaz ofensivamente hablando, algo que se confirmó en el segundo periodo.

Lo más positivo del Oviedo en el partido de ayer fue, a mi juicio, la presencia de Mariga. Suyos fueron el control y el pase que habilitaron a Diegui para marcar su gol, el primero que logra, si la memoria no me falla, como jugador azul. Un gol en el descuento que no sólo sentenció el partido, sino que además terminó con el maleficio de no ser capaces de mantener un resultado favorable cuando nos ponemos por delante en el marcador.

Una mañana que empezó fría, como el partido, pero que, al fin, sirvió para el ansiado reencuentro con la victoria. No obstante, hay muchas cosas que no podemos pasar por alto. Aparte de lo apuntado con respecto a Juan Carlos, que se complicó la vida hasta el extremo de que aquello pudo costarnos un serio disgusto, también hay que decir que Cotugno no tuvo el domingo su día a la hora de defender con garantías su zona. Que Aarón no fue el jugador decisivo de otros partidos. Y, sobre todo, que nos sigue faltando ese director de orquesta que habilite el juego ofensivo desde el centro del campo.

Cierto es que, como dije, fue esperanzadora la aportación de Mariga: tiene clase y visión del juego, pero, a la hora de crear, o bien estuvo muy solo, o bien falta tiempo para que haya un entendimiento entre los jugadores, entendimiento que, esperemos, no tarde demasiado en llegar. Pero hay que ser positivos: el Oviedo que se enfrentó al Córdoba era un equipo en crisis y, aun así, salió airoso del envite. La crisis se vence con la confianza que dan las victorias y las rachas positivas, justo lo que toca a partir de ahora, lo que está por venir con la recuperación de jugadores hasta el momento lesionados que, como hicieron Mariga y Diegui el domingo, están llamados a hacer importantes aportaciones al conjunto carbayón.

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Recuerdos de Oviedo: Toni Cuervo: De capitán a entrenador
Luis Arias Argüelles-Meres 22-10-2017 | 5:53 | 0

“Vale más equivocarse con alma que acertar sin ella”. (Unamuno).

Tengo un recuerdo muy lejano y borroso de Toni Cuervo vestido con la camiseta azul, con el dorsal número 2. Pero no sabría decir contra quién jugaba el Oviedo aquel partido. Su presencia daba solidez a la banda que defendía. Y la gente que se sentaba cerca de nosotros comentaba con mi padre que el legendario defensa carbayón era un excelente ‘secante’ que apenas le daba opciones al extremo contrario al que le tocaba marcar. Conviene no olvidar que le tocó el marcaje de extremos izquierdos de la categoría de Gento y Collar, entre otros.

Pero, ya digo, es un recuerdo muy incompleto, sólo de una fase del partido, cuando el Oviedo defendía la portería que estaba delante de la grada de general. Y allí estaba Toni, cumpliendo con el pundonor y la solvencia que le caracterizaba. En la grada, no se le discutía, no sólo era uno de los nuestros, sino que además tenía ganado el respeto de toda la afición.

Pasaron los años de infancia en los que mi padre me llevaba al Tartiere. Y llegó la temporada 76-77, momento histórico decisivo, de esperanzas y miedos. El Oviedo se quedó a dos puestos del ascenso a primera división.

Temporada amarga en lo que se refiere al resultado final. Toni Cuervo era el entrenador. Ya tenía el pelo encanecido. Cuando se ponía de pie, en las inmediaciones del banquillo, se veía que lo suyo era mucho más que el desempeño de su profesión. Se diría que le daban ganas de salir al campo y empujar al equipo. Incluso, cuando no se desgañitaba, cuando permanecía en silencio, sus gestos eran enormemente expresivos. Vivía los partidos con la misma intensidad que en su etapa de jugador. Lo suyo no era estridencia ni pose.

¿Cómo no recordar el penúltimo encuentro de aquella temporada contra el Sporting? No sólo se perdió el derbi, sino que además aquel resultado nos dejó prácticamente sin opciones de ascenso.

Si no recuerdo mal, el referido encuentro se jugó el último domingo de mayo del 77. Y, a la salida, viví, acaso con mayor intensidad que nunca, esa melancolía tan propia del oviedismo, que siempre se suscita cuando, estando cerca de alcanzar un sueño, en este caso, el ascenso a Primera, todo se va al traste, prácticamente en el último suspiro.

Melancolía por partida doble. De un lado, la que es propia de una tarde de domingo en la que se nos viene encima que muy pronto será lunes. Por otra parte, el lamento generalizado, expresado con palabras y gestos, por haberse malogrado una oportunidad que daría paso a la euforia.

La gente abandonaba el Tartiere con infinita tristeza. Eran pocos los que escuchaban la radio camino de casa, algo que se hacía masivamente cuando se lograba la victoria. No llovía en Oviedo, pero las calles cercanas al estadio de Buenavista sólo eran en aquel momento lugares de paso para olvidar lo más pronto posible lo ocurrido.

A la desolación por aquel resultado que nos alejaba casi definitivamente del objetivo del ascenso, habría que sumar, al menos en mi caso, la contagiosa tristeza de un entrenador como Toni Cuervo que sentía al Oviedo como algo profundamente suyo.

Hubiera sido todo un ritual de justicia poética que se hubiese conseguido el ascenso, sobre todo, por aquel entrenador que llevaba al equipo azul en vena.

De noche, en casa, si la memoria no me falla, en el programa ‘Estudio Estadio’ compareció un defensa del Oviedo, Francisco Galán. No era canterano y aquella era su primera temporada en el conjunto carbayón. Sin embargo, en su semblante se plasmaba una infinita tristeza.

Toni Cuervo, entrenador del Oviedo. Como futbolista, lo dio todo por el equipo y su balance fue extraordinario. Como míster, dejando al margen el mayor o menor grado de consecución de los objetivos marcados, se ganó el mismo respeto que había obtenido como defensa lateral derecho y capitán. Al año siguiente, salvo que los datos me fallen, se fue a entrenar al Celta de Vigo.

Pasaron los años, y era muy frecuente verlo pasear por Oviedo. Su pelo blanco, su bonhomía que reflejaba en el rostro. Fue la más viva representación de un oviedismo que conservó siempre, a pesar de los sufrimientos y fracasos, de una gloria que nunca nadie nos podrá quitar.

Cuando se reunían los veteranos del equipo, siempre estaba allí. Podría decirse que fue hasta su último suspiro el capitán del oviedismo.

La última vez que lo vi por Oviedo fue en la terraza de la Mallorquina, donde se acercó a saludar a unos amigos. Ya habíamos salido del pozo y del infierno. Ya estábamos de nuevo en el fútbol profesional.

Estoy totalmente convencido de que Toni Cuervo hubiera sobrellevado muy mal despedirse de la vida con el Oviedo en el pozo o con el equipo de sus amores desaparecido.

Toni, cuervo, toda una viga, poderosa y firme, del oviedismo.

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Panorama Vetustense: Recuperar la Vega
Luis Arias Argüelles-Meres 20-10-2017 | 11:41 | 0

“¡Qué época tan terrible ésta en que unos idiotas gobiernan a unos ciegos!”. (William Shakespeare).

 

Leo en EL COMERCIO las preguntas que Daniel Lumbreras les hace a Ana Taboada y a ‘Rivi’ sobre el pulso que sostiene el Ayuntamiento de Oviedo con el Ministerio de Defensa acerca no sólo del uso y disfrute de los terrenos de La Vega por parte de la ciudadanía carbayona, sino también sobre su propiedad.

A este respecto, no me cansaré de insistir en que, por diversas circunstancias sobrevenidas, al actual equipo de gobierno le toca, mal que les pese a unos cuantos, sentar las bases del Oviedo del futuro, Oviedo del futuro que pasa por lo que se haga con los terrenos del viejo hospital, con la antigua fábrica de gas y con los espacios de lo que fue la fábrica de armas de La Vega.

Desde luego, no tendrá tiempo el gobierno municipal que preside Wenceslao López ni tampoco medios para llevar a cabo los proyectos que todo ello requiere, pero le toca esbozarlos y plantearlos con propuestas serias y viables.

Y, con respecto a los terrenos de La Vega, lo que no sería de recibo que el Ministerio de Defensa bloquease cualquier iniciativa del Ayuntamiento y se limitase a un abandono que, al final, supondría ruina, una ruina más, consecuencia de las privatizaciones que se vienen haciendo desde hace décadas en España.

En cuanto al Ayuntamiento, además de generalidades en las que todos podemos estar de acuerdo, lo que le toca es concretar sus proyectos lo más posible con la complicidad y el apoyo de la ciudadanía, nunca de espaldas a ella.

Ciertamente, la potencialidad de esos terrenos es grande, el atractivo de las naves en las que ahora no se desarrolla actividad alguna resulta innegable. Estamos hablando, entre otras cosas, de algo que está llamado a ser una herramienta imprescindible para el crecimiento de la ciudad, crecimiento cuantitativo y cualitativo. Estamos hablando de unos terrenos que no pueden convertirse en ruina y abandono.

Al Ayuntamiento le toca hacer las propuestas a ello encaminadas. Y, por su parte, el Ministerio de Defensa no puede bloquear las iniciativas cabales que se pongan sobre la mesa.

¿Cuántos ovetenses han tenido ocasión hasta el momento de visitar los terrenos de la fábrica de La Vega? ¿Cuántas asociaciones vecinales, que no necesariamente próximas en la distancia, podrían estar interesadas en hacer propuestas que revitalizasen este entorno?

Habrá que estar atentos a dos cosas. Primero, al desbloqueo por parte del Ministerio de Defensa. Segundo, a la solvencia y sostenibilidad de unas propuestas que tienen que ir mucho más allá de los topicazos y que deben estar inmunizadas contra la posibilidad de chiringuitos para amiguetes.

Veremos.

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ANATOMÍAS DEL ANTIGUO
Luis Arias Argüelles-Meres 16-10-2017 | 10:43 | 0

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“Usted puede ser tan pesimista, o en su defecto tan existencialista como quiera. Sin embargo también se ha enamorado. Como cualquier idiota.” (Cioran). 

Podría asegurarse que Oviedo, al igual que su correlato literario, es decir, la heroica Vetusta, sigue durmiendo la siesta. Pero a renglón seguido habría que añadir que, desde hace décadas, la noche de nuestra muy novelada ciudad, está muy viva en el Antiguo, tanto que, dejando al margen vivencias y batallas personales, estos parajes de la capital carbayona inspiran no poca literatura en cantidad, así como logrados textos narrativos y poéticos que llegan hasta el momento presente. Una prueba irrefutable de esto que digo es el libro ‘Anatomías del Antiguo’, obra colectiva que alterna relatos y poemas, en la que participan nada menos que 32 autores.

Dado el amplio número de autores, resultaría poco menos que imposible analizar todos los textos en el reducido espacio de una columna de opinión. Pero, de entrada, debo decir que el libro que nos ocupa alcanza una calidad literaria nada desdeñable, al tiempo que su interés sociológico es grande para quienes estén interesados en la vida nocturna vetustense.

Predominan los textos narrativos sobre los poemas. Y, en la mayor parte de los casos, se plasman vivencias que tuvieron lugar en los establecimientos más conocidos del Oviedo Antiguo. Entre estos establecimientos, destacan el Diario Roma, Las Mestas, y también hay recordatorios para locales que en su momento estuvieron llenos de vida como El Ñeru, el Tigre Juan y otros referentes de la noche ovetense.

El Antiguo, sus calles estrechas y húmedas, sus establecimientos nocturnos, referente de primer orden en la educación sentimental de varias generaciones de ovetenses, continuación de la vida universitaria, parada y fonda de tertulias hasta el alba, lugar de encuentro de vivencias imborrables: sexo, amor, conversaciones inolvidables, con la compañía de la música ambiente, de copas, cervezas y vinos, de tabaco, cuando se permitía fumar.

Adentro, en los locales en los que se ubican la mayoría de los textos, la música, las réplicas, las miradas entre desconocidos que pronto dejarían de serlo, los recuerdos a veces mágicos, a veces increíblemente ciertos.

El libro se abre con un texto de Josefina Velasco que, en una admirable síntesis, cuenta lo más esencial de la historia de la ciudad y se cierra con un poema de Laura Manzano en el que se plasma el sentir y el pensar en un regreso a casa dentro de la noche vetustense en el Antiguo.

También es un acierto que, entre los 32 autores, tengan voz distintas generaciones que transitaron el Antiguo. Y, por otra parte, se amplían horizontes al tener cabida en este libro textos pertenecientes a personas que, por muy diversos motivos y procedencias, recalaron en su momento en la noche ovetense.

Estoy seguro de que, leyendo este libro, el público lector hará suyas muchas de las vivencias que aquí se cuentan en prosa o en verso.

Oviedo, la muy novelada ciudad que sestea, es también la ciudad que, desde hace más de tres décadas, trasladó su noche al Antiguo, en rincones y parajes cerca de una vieja muralla de la que se conservan restos de un pasado que, andando el tiempo, iremos descubriendo más. Con el libro del que venimos hablando, la noche del Antiguo se confirma también como territorio literario.

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