El Comercio
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Nebot
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Luis Arias Argüelles-Meres | 27-10-2017 | 07:50

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Son contadísimas las personas que se ganan el respeto de los demás sin necesidad de proponérselo; lo logran sólo con darse a conocer, sin necesidad de alardes ni fingimientos, sin necesidad de sobreactuación alguna, sin necesidad de poderío de ningún tipo. Y estoy por asegurar que Nebot era uno de esos pocos ciudadanos que se podrían poner como ejemplo de esto que acabo de afirmar.

Nunca olvidaré una tarde-noche en la que acudí a una especie de tertulia que formaban una serie de personas que abordaban temas de actualidad relacionados con Asturias. Aquello fue a finales de los noventa. Allí estaba Nebot.

Me llamó poderosamente la atención su tono, sin estridencia, su escrupuloso respeto a la hora de respetar los turnos de palabra, la atención que ponía escuchando a cada interlocutor. Me di cuenta de que tenía la suerte de estar ante alguien que se hacía querer y respetar por su categoría humana. Nada menos que por eso.

Por otra parte, estamos hablando de una persona que, a resultas de sus quehaceres, estuvo presente en momentos decisivos de muchos ciudadanos de Asturias. Le tocó ser el artífice de imágenes que plasmaron momentos inolvidables de muchos de nosotros, momentos familiares, momentos muy significativos de nuestras vidas. Profesionalmente hablando, Nebot se ganó el mismo respeto del que venimos hablando.

En un mundo como éste, donde es poco menos que imposible encontrar una trayectoria pública marcada por la coherencia, sin renuncias ni renuncios, sin bandazos, a veces interesados, a veces, desconcertantes, la figura de Nebot cobra unas dimensiones admirables por su integridad y por la lealtad más importante de todas, que, sin duda alguna, empieza por uno mismo.

En unos tiempos en los que los egos en muchos casos alcanzan unas pretensiones que están muy por encima de las capacidades del individuo en cuestión, Nebot es, debería ser, todo un ejemplo a seguir. No creo en la humildad mal entendida, pero sí en la grandiosa sencillez de quien sabe que no tiene nada que demostrar, porque se tiene a sí mismo ante todo y sobre todo.

Su fallecimiento supone una pérdida enorme, por atesorar estas cualidades en lo privado y en lo público, a las que me vengo refiriendo.

Profesional de prestigio y, ante todo y sobre todo, ciudadano ejemplar, que luchó por un mundo mejor y más justo, que se esforzó por hacer la vida de todos mejor.

Todo un referente de dignidad representará para siempre Nebot, a quien, al recordar momentos de nosotros mismos, lo recordaremos siempre con respeto y gratitud.

Nunca podremos olvidarlo.