El Comercio
img
De Pleno en pleno: ¿Pasa algo en Oviedo?
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 09-11-2017 | 15:31

«La mediocridad, posiblemente, consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta» (Chesterton).

La tarde el Pleno no pudo ser más regentiana, lluviosa y otoñal. El orden del día estaba plagado de asuntos que no eran, sensu stricto, del ámbito ovetense. Se ve que las inquietudes de los grupos municipales exceden lo local y se ocupan y preocupan de importantes cuestiones de Estado. Vamos bien.

En primer término, por parte de Iglesias Caunedo se presentó una moción para que el Pleno apoyase el importante papel de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. En los turnos de palabra, todo el mundo reconoció la labor de estos funcionarios públicos. Los matices vinieron dados por el momento en que esto se planteaba tras el 1-O en Cataluña, y también se habló de la necesidad de que se equiparasen los sueldos de estas personas, así como de la falta de medios que padecen. Nada nuevo. No hubo, pues, lugar para las sorpresas.

Un asunto exótico: la plaga del llamado plumero de la Pampa que también afecta al municipio de Oviedo y la manera de combatirlo. A priori, me esperaba que el acuerdo fuese total. Pero no. Todo matices, pues habría que dejar claro de dónde saldrá el dinero para actuar en ese sentido, si sería de Europa, o de la Administración estatal, o vaya usted a saber. Laberíntico y enigmático asunto.

Llegó el momento de abordar otra moción relacionada con el pacto estatal contra la violencia machista. La concejala Marisa Ponga abogó por su cumplimiento y planteó también que los ayuntamientos deberían tener competencias para luchar contra esta horrenda lacra. Ana Taboada planteó con dramatismo las cifras que se conocen sobre este mal endémico. Coincidió con Cristina Pontón a la hora de considerar insuficiente ese pacto. Y, por su lado, la concejala Belén Fernández del PP arremetió contra el PSOE, ese partido descarriado que, incluso llegando a pactos con el PP, tiene siempre una tendencia hacia el radicalismo y el rojerío. ¡Qué peligro!

Y los asuntos propiamente vetustenses llegaron en las proposiciones de urgencia, casi sin tiempo al final de un Pleno largo y en no pocos momentos tedioso.

Así las cosas, me vino a la mente la conversación que sostuvieron a principios del siglo XX en el paseo de los Álamos Azorín y Melquíades Álvarez, cuando el escritor alicantino le preguntó al tribuno si pasaba algo en esta ciudad, a lo que el líder del reformismo y sucesor de Clarín en la Cátedra respondió que nada sucedía en Vetusta. Pérez de Ayala los acompañaba en la peripatética tertulia.

Sin embargo, el descontento tuvo presencia entre el público. Se mostraron carteles contra Caunedo y hubo presencia de taxistas.

A la salida, seguía lloviendo. Entre chubascada y chubascada, mi primer Pleno. Imagino que, en el próximo, los ediles, conscientes de sus responsabilidades, dejen sus inquietudes de estadistas y se ocupen de lo que pasa en Vetusta.