El Comercio
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Fecha: diciembre 7, 2017
De Pleno en Pleno: Responsabilidades políticas
Luis Arias Argüelles-Meres 07-12-2017 | 10:11 | 0

“Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia”. (Aldous Huxley).

Tarde luminosa y fría, que estaba a la espera de una luna espectacular. El Pleno, con el dictamen del caso Aquagest, en el orden del día, se presumía bronco, como, en efecto, así fue. Cuando Ana Taboada arrancó su intervención, anunciando que contaría una historia, todo el mundo conocía el relato que se iba a escuchar, relato en el que el mayor protagonismo lo tienen los viajes del señor Caunedo, esos viajes que estaban en los llamados ‘apuntes contables’ del muy honorable ciudadano Joaquín Fernández, en los que se habla, entre otras lindezas, de ‘putas y varios”’ Esos viajes y toda su historia que llevaron al actual líder del PP vetustense a ser investigado en un juzgado de Lugo.

En cuanto al planteamiento del señor Pacho, edil de Ciudadanos, en el sentido de que le tocaba al ámbito judicial dirimir el asunto, la distinción entre responsabilidades políticas y responsabilidades penales, presuntas todas ellas, es importante. Y, por lo que parece, el criterio del concejal del partido naranja es que no se derivan responsabilidades políticas del dictamen presentado por la señora Taboada, dictamen con el que mostró un total desacuerdo, cuestiones de forma incluidas.

Por otro lado, Caunedo no intervino, pues fue el señor Antuña quien lo hizo. Arremetió, como era de esperar, contra el dictamen de la señora Taboada, calificando de cacería lo que se estaba haciendo contra el portavoz del grupo popular en el Ayuntamiento de Oviedo. Fue también incisivo a la hora de contestar al edil socialista Ricardo Fernández en lo referente a cuestiones de forma.

Por su lado, Cristina Pontón, edil de IU, planteó la incomodidad que supone la presencia de Caunedo en el Ayuntamiento en tanto está imputado.

Fue un Pleno bronco. Y, al margen de los mayores o menores desacuerdos que cada cual pudiese tener con el dictamen de Taboada, no se resolverán las responsabilidades políticas mientras don Agustín no decida dimitir y defenderse desde afuera.

No puedo dejar de preguntarme no sólo por qué no dimitió Caunedo, sino también por qué no se querelló contra la persona que hizo esos ‘apuntes contables’, bochornosos a más no poder. Y no puedo dejar de preguntármelo desde el momento mismo en que el líder del PP ovetense los negó rotundamente.

Como escribí más de una vez, detesto los linchamientos y las estridencias. Y, en el caso que nos ocupa, ambas cosas también se evitarían con la dimisión del señor Caunedo hasta que la Justicia se pronunciase.

Como coda, no dejó de ser llamativo que el PSOE e IU no hubiesen utilizado los dos turnos de palabra de los que, si no me equivoco, disponían.

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