El Comercio
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Viga Azul: El Tartiere fue una fiesta
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Luis Arias Argüelles-Meres | 24-12-2017 | 15:04

Por fin, el Tartiere fue una fiesta. Tanto por la intensidad en el juego del equipo carbayón, como por el entusiasmo que se manifestó, más que nunca en lo que va de temporada, en las gradas, con bufandas y luces de celebración.

Se sabía que el partido no iba a ser fácil, sobre todo porque el rival hace buen fútbol y no había cosechado hasta el momento muchas derrotas. Pero el Real Oviedo sigue en racha, imparable buscando el triunfo. Y, así, cuando sólo habían transcurrido diez minutos de juego, vino el primer gol, tras una excelente internada de Diegui en la que el balón terminó en los pies de Aarón Ñiguez, que, con la clase que viene atesorando, tuvo la suficiente serenidad y vista para marcar el primer gol de la tarde.

Fue una pena que Diegui no hubiese aprovechado la ocasión que tuvo cuando se quedó solo ante el portero rival. Aun así, cuajó un gran partido.

La Cultural Leonesa no se amilanó y puso en el campo su técnica y su juego en busca del empate. Pero, en la segunda parte, cuando Carlos Hernández marcó el segundo tanto del partido, el choque parecía sentenciarse como, en efecto, así fue. Sobre este segundo gol hay que anotar que, una vez más, se puso en marcha la magia de Berjón a la hora de dar pases a balón parado. Preciso el lanzamiento del canterano y perfecto el cabezazo de nuestro defensa central, que lleva unos cuantos goles en su haber.

Puede decirse que, a partir del segundo gol, la alegría y el ambiente festivo se apoderaron del Carlos Tartiere. La posesión la tenía la Cultural, pero se estrellaba contra una defensa oviedista muy segura. Y entonces llegaría el tercer gol, obra de Cotugno que fue toda una apoteosis de alegría.

Una defensa segura y concentrada. Un centro del campo batallador e incisivo. Y una delantera con ambición y lucha. A resultas de todo ello, la victoria de ayer en el Tartiere no fue agónica. No se miraban los relojes con ansiedad esperando que llegase el final del encuentro.

No, no fue así, se ganó con autoridad a un equipo que –insistohace buen fútbol, a un rival cuyos aficionados que se desplazaron al Tartiere se comportaron con una elegancia admirable, animando a los suyos, pero sin ningún comportamiento bronco.

Fiesta en el Tartiere, digo, para cerrar el año en nuestro estadio, para demostrar que una buena racha se sigue manteniendo y que este equipo lucha, empuja, brega y, además, ofrece destellos de calidad.

Con toda la prudencia que es siempre obligada, ante la Cultural se consolidó el sentimiento de que hay motivos para la esperanza.