El Comercio
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En la muerte de Joaquín Varela Suanzes-Carpegna
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Luis Arias Argüelles-Meres | 02-02-2018 | 19:04

Cuando escribo estas líneas acabo de tener noticia del fallecimiento de Joaquín Varela, catedrático de Derecho Constitucional de nuestra Universidad. Lo cierto es que, por mucho que sepamos que una persona está gravemente enferma, nos negamos a creer que se trate de algo irreversible y no por ello deja de ser un mazazo, cuando se trata de alguien con quien hemos compartido momentos inolvidables que nos sirvieron para comprobar la calidad humana y la enorme valía intelectual que atesoraba.

Conocí a Joaquín Varela en el Ateneo Jovellanos de Gijón cuando presentó su  libro sobre Álvaro Flórez Estrada. Y, años más tarde, tuve la fortuna de compartir con él en el Ateneo Republicano de Galicia el acto de presentación de su biografía sobre el Conde de Toreno.

Sin duda, la pérdida es grande, porque no sólo hablamos de un catedrático entregado a sus investigaciones y a sus clases, sino también de un intelectual que transmitió su saber más allá de las aulas con libros que serán siempre una referencia ineludible sobre los personajes y épocas que abordó.

A Joaquín Varela se le debe, entre otras muchas cosas, que haya salido del olvido una figura de la talla de Flórez Estrada, todo un adelantado a su tiempo, con planteamientos que asombrarían por su actualidad.

Lo mismo se puede decir de la figura del conde de Toreno, tan rompedor en su juventud, tan hombre de orden en su madurez, que llegó a despertar el odio de Espronceda y que le jugó a Clarín una mala pasada imperdonable.

La obra de Joaquín Varela es enormemente valiosa no sólo por su rigor académico, sino también por haber puesto en su lugar a personajes históricos que fueron determinantes no sólo en su época, sino que además influyeron de forma notoria en la posteridad.

Recibo la noticia de la muerte de Joaquín Varela como un auténtico mazazo. Y es que hay personas que, pesar de haber compartido poco tiempo con nosotros, tienen la capacidad de dejar una huella indeleble no sólo por su categoría intelectual, sino también por su equidad y  por su grandeza humana.

Descanse en paz.