El Comercio
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TOPONIMIA Y PEAJE
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Luis Arias Argüelles-Meres | 05-04-2018 | 09:22

El Pleno comenzó con la protesta de los bomberos que manifestaban su malestar por la situación en la que queda la familia de Eloy Palacio tras la última sentencia judicial. Alguien que perdió su vida, estando libre de servicio, por colaborar en la extinción de un fuego, alguien que mostró una vocación de servicio público admirable. Por ello, entendimos perfectamente la manifestación de sus compañeros reclamando solidaridad y reconocimiento.

Con todo, en el Pleno se siguió, como era de esperar, el orden del día. Y, cuando tocó hablar de la nueva toponimia del concejo, confieso que el señor Antuña llegó a asombrarme en su intervención. Según el edil popular, nadie en Oviedo dice cai en lugar de calle. Claro, en el Oviedo capitalino y señorial no se emplean palabras que sólo se pueden oír en las aldeas. No hay, a juicio del político popular, en ningún ovetense ese «fondo rural que perdura» en cada asturiano, según escribió Ortega y Gasset cuando visitó nuestra tierra en 1914. Los argumentos que esgrimió el concejal conservador contra la nueva toponimia para el municipio son en verdad sorprendentes.

No se trataba, para el señor Antuña, de discutir el mayor o menor rigor académico de esa nueva toponimia, sino de arremeter contra el hecho de que la toponimia sea en asturiano. ¿Tendrá conocimiento el edil popular de un hermoso texto que escribió Pérez de Ayala sobre sus recuerdos de estudiante universitario cuando los catedráticos de Derecho dejaban las madreñas antes de entrar en el aula? ¿De verdad puede creerse este señor que en Oviedo nadie usa palabras en asturiano?

Y, además de la manifestación en memoria de Eloy Palacio y de esta discusión sobre la nueva toponimia, para no perder la costumbre, se plantearon en el Pleno asuntos que van más allá del ámbito municipal, aunque, eso sí, nos afectan de lleno, como al resto del país.

Entre esas cuestiones, estaba la brecha salarial entre hombre y mujer y se abordó también la necesidad de terminar con el peaje del Huerna. Ambos asuntos son, de entrada, indiscutibles, lo que no impide que, aun así, entre la lucha partidista. Desde luego, la postura de Rajoy, que pasó de no querer pronunciarse sobre la brecha salarial en una entrevista radiofónica, a ponerse el lazo correspondiente tras las masivas manifestaciones del 8 de marzo, fue, como poco, desafortunada.

Y, en cuanto al peaje del Huerna, estando de acuerdo en lo fundamental, es decir, en luchar por eliminarlo, cierto es que Cascos, siendo ministro de Fomento aumentó el periodo de peaje hasta 2050 y cierto es también que Zapatero prometió eliminarlo y aquello se quedó en nada, o, según se mire, en una auténtica tomadura de pelo.

Lo que tocaba era plantear la cuestión desde el momento presente, en lugar de incurrir en maniqueísmos que exculpan de todo al partido propio y achacan todos los males a la formación política rival. Así, el PP y el PSOE: Capuletos y Montescos, Montescos y Capuletos. Por mucho que agonice el bipartidismo, esa dialéctica sin matices perdura.

Al final, de regreso a casa por las calles de Oviedo, pensé en la lección de dignidad que dieron quienes se manifestaron a favor de Eloy Palacio y seguí preguntándome hasta cuándo, hasta dónde y hasta qué extremo tendremos que seguir soportando la diglosia y los complejos con respecto a la Llingua asturiana. ¿Cómo es posible que muchas personas se sigan avergonzando de que algunos de sus antepasados calzasen madreñas y calasen la boina? ¿Cómo es posible que se tenga a menos decir cai en lugar de calle o panoya en lugar de mazorca?

¿Estamos ante una necesidad sociológica de diván?