El Comercio
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Fecha: abril 6, 2018
LA MADREÑA
Luis Arias Argüelles-Meres 06-04-2018 | 11:59 | 0

Yo, en mi juventud, me creí con fuerzas bastantes para seguir el abrupto sendero de los que se apartan de la limitación”. (Pío Baroja).

 

Toca hablar de un tiempo y de un país en el que la indignación tuvo voz y eco. Toca hablar de un tiempo y un país en el que el bipartidismo parecía entrar en una fase verdaderamente agónica. Toca hablar de una Asturias que estaba empezando a despertarse tras los despilfarros que nos habían llevado a los recortes y la ruina.

Fue entonces cuando se supo que en lo que había sido la antigua Consejería de Sanidad, sita en la calle General Elorza de Oviedo, se desarrollaban actividades, se debatía sobre el momento presente y se intentaba dar cauce a un discurso disconforme con la situación que se vivía.

Llegó un momento en el que muchas gentes se acercaron a lo que se llamó La Madreña, denominación llariega del emplazamiento de un discurso que iba mucho más allá de nuestro ámbito autonómico, si bien se hacía desde aquí y enfocado a lo más cercano y a los más cercanos.

No voy a entrar en digresiones legales, pero sí que toca hablar del asunto en términos sociológicos. Miren, cuando se escriba la historia de la vida pública asturiana de los últimos años, no hay ninguna duda de que La Madreña será una de las referencias imprescindibles para explicar y explicarnos qué pasó aquí y qué nos pasó.

Y hubo un momento en el que algunos de aquellos jóvenes que hablaban y debatían en La Madreña dieron el paso a la política, militando en el partido que en su momento quiso hacerse eco de la indignación que recorría Europa y España.

Pero lo más significativo y paradójico de esta historia es que estamos hablando de un edificio oficial que no tenía ninguna actividad, a resultas, entre otras cosas, de determinadas políticas que se llevaron a cabo tanto en el ámbito municipal como en el autonómico.

En La Madreña nadie hizo negocio, nadie fue a vivir allí, nadie especuló con lo que no tenía. En La Madreña se debatía y no se impidió que las instancias oficiales desarrollasen actividad alguna, pues habían abandonado aquel edificio.

Ahora resulta que hay ciudadanos que están en el banquillo de los acusados por haber organizado actividades allí, o por haber pasado por allí. Y, sin embargo, hasta el momento, no hay encausados por canjes ni despilfarros, que nos costaron un dineral a todos.

¿El mundo está bien hecho?

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