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Luis Arias Argüelles-Meres

Panorama Vetustense

Recuerdos de Oviedo: La Escuela de Magisterio

«La poesía ocurre como un accidente, un atropello, un enamoramiento, un crimen; ocurre diariamente, a solas, cuando el corazón del hombre se pone a pensar en la vida». (Jaime Sabines). 

Llevaba toda la vida oyendo hablar de ‘La Normal’, es decir, de la Escuela de Magisterio. Y, cuando estuve en su interior por vez primera, me alivió saber que el edificio donde había estudiado mi padre su carrera de maestro no era aquél. Y no es que encontrase el lugar especialmente inhóspito o desagradable a la vista, sino que siempre me había imaginado otros pasillos, otras paredes, otras aulas, sobre todo, otra atmósfera.

Recuerdo que había alguna que otra pintada, así como bastante movimiento por los pasillos y me llamó la atención ver a algunos estudiantes ensayando con una flauta. Por lo visto, no era fácil superar la asignatura de música, o eso se comentaba.

Era un día de octubre a última hora de la mañana. Había subido desde Filología en la plaza Feijoo, pues aquel martes había terminado antes las clases. Y acompañé a un compañero que estaba haciendo el curso puente tras haber cursado magisterio.

No recuerdo bien a quién tenía que ver, o qué gestión iba a hacer mi compañero Alberto. El día estaba espléndido y luminoso, de esas mañanas de principios de octubre cuando el verano no decidió irse del todo y cuando el otoño muestra su mejor cara, intentando dar esplendor a las horas de luz cada vez más menguantes.

En uno de los pasillos, me divirtió ver la fotocopia de un artículo de periódico donde destacaba una caricatura muy divertida del entonces ministro de Educación, Íñigo Cavero. Me acerqué a leer aquel artículo en el que se hablaba de los necesarios y urgentes cambios que tocaba hacer en la política educativa, haciendo hincapié en los aspectos didácticos que el autor del texto consideraba desatendidos.

Visto aquello, decidí salir a esperar a mi amigo, que tardó un buen rato en aparecer, pues no lo pudieron atender de inmediato.

De hecho, salió unos minutos después sin haber podido resolver su trámite. De modo y manera que fuimos a una cafetería cercana a tomarnos un vino. Nunca olvidaré aquel momento por el hecho de lo que suponía estar rodeados de centros docentes en todos sus niveles, desde lo que entonces se llamaba EGB hasta los estudios universitarios.

Mi amigo tenía que esperar un buen rato a que llegase la persona que le podía hacer la certificación que necesitaba. Mientras tanto, hablamos de los exámenes de las oposiciones de Magisterio, que eran, nada menos, que tres ejercicios.

A decir verdad, yo estaba bastante familiarizado con ellos, pues unos años antes, mi padre había sido nombrado miembro de un tribunal de oposiciones de Magisterio. Y Alberto recordaba de memoria el texto que le había tocado analizar sintácticamente, que presentaba como mayor dificultad una oración de infinitivo que despistaba un poco, sobre todo, por el orden del periodo sintáctico. Y me comentó que, en los últimos tiempos, el latín le ayudaba mucho a dominar mejor los análisis sintácticos.

Por fin, volvió a entrar en busca de su certificación. Yo lo esperé en la cafetería leyendo el periódico, al tiempo en el que pensaba en lo que me había dicho acerca de las ventajas de tener unas mínimas nociones de latín para conocer mejor la sintaxis.

Recordé, a resultas de aquel comentario, que eso mismo pensaba mi padre, pues muchas veces le había oído decir que la gramática española, incluso en los niveles más elementales, se podía explicar mejor sabiendo latín, pues aquello ampliaba los recursos didácticos del docente.

Total, que, tontamente, me quedé pensando en el acusativo de duración, en el acusativo de dirección y en el doble acusativo. Total que en ésas estaba cuando llegó mi amigo con la certificación en la mano.

Salimos de allí y pasamos por delante de lo que entonces era la Escuela de Empresariales y que ahora forma parte de la Facultad de Formación del Profesorado y Educación. Confieso que aquellas escaleras, enormemente grises y sombrías, me parecieron tristes.

Acompañé a mi amigo hasta la parada de autobuses que tenían Mieres como destino. Allí estuvimos fumando un pitillo hasta que llegó el autocar. Quedaba por delante un curso académico casi entero, especialmente intenso para Alberto que también preparaba las oposiciones de Magisterio.

Camino de casa, me vino la imagen de los volúmenes de Pedagogía de la editorial Labor que mi padre consultaba con mucha frecuencia. Y es que tenía la sensación de que a una carrera como la nuestra, que –velis nolis– estaba enfocada a la enseñanza, le faltaba el refuerzo de la pedagogía y la didáctica.

Eran tiempos muy anteriores a la LOGSE y a los sucesivos sistemas educativos que me tocarían a lo largo de mi trayectoria docente. Y, en todo caso, la pedagogía era algo muy distinto a las consignas hueras, a la palabrería y a las frasecitas más milagreras que milagrosas.

Camino de casa, recordé que Alberto me había comentado que era muy alto el porcentaje del profesorado en la Escuela de Magisterio que procedía de órdenes religiosas. Y, claro, aquello no me encajaba con los postulados de los volúmenes pedagógicos de la editorial Labor, y mucho menos con el republicanismo de la mayor parte de los maestros de la quinta de mi padre.

Al año siguiente, tras haber aprobado las oposiciones, Alberto fue a dar clase a un pueblo de Llanes. De vez en cuando, nos escribíamos y nos llamábamos por teléfono. Alberto superaría el curso puente y, andando el tiempo, obtendría por oposición una cátedra de Instituto.

A veces me pregunto de qué iba aquella certificación que le acompañé a buscar, porque lo cierto es que nunca hablamos de ella.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/

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