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Autor: luisariasarguellesmeres_72
Viga Azul: Presencias y ausencias
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Luis Arias Argüelles-Meres | 10-04-2017 | 8:19| 0

Ante todo, se ganó. Ante todo, aunque hubo alguna que otra pájara y no pocas descoordinaciones entre el centro del campo y la delantera, al rival apenas se le permitió esa última jugada lanzando a puerta. Ante todo, tal como vi el encuentro, hubo dos jugadores que destacaron especialmente: Costas y Erice, por este orden. Y, por otro lado, los destellos de Berjón electrizaron un partido bastante gris.

Empecemos por esas grandes presencias. Debo decir que Costas hizo un magnífico partido, pues no sólo defendió y acudió a los remates en las jugadas a balón parado, sino que además regateó, salió en muchas ocasiones con el balón controlado y dio al equipo una seguridad enorme. También Erice hizo un gran partido deteniendo los avances del equipo visitante y colocando a sus compañeros cuando tocaba defender.

Y, por otro lado, hablemos de una ausencia que me cuesta entender, la de Diegui en el lateral derecho. Cierto es que Fernández no hizo un mal partido, que se mostró contundente atrás y que luchó de principio a fin. Sin embargo, tengo para mí que, en un encuentro como el de hoy, la profundidad del canterano prodigándose en avances por la banda hubiera sido una aportación importante al juego del Oviedo.

En cuanto a Berjón, cada vez se confirma más su calidad en el regate y en determinados pases, sus destellos, como digo, se agradecen, destellos que en cualquier momento pueden ser letales para el contrario. Empero, da la impresión de que no acaba de conseguir una forma física óptima que, en momentos determinados, podía ser decisiva a la hora de desnivelar a nuestro favor cualquier resultado.

Por otra parte, hay que decir que, aunque no se sentenció el partido hasta el descuento, cuando Borja Domínguez marcó el segundo gol, el Oviedo, sin dejar de perder de vista esa descoordinación a la que me referí antes, se mostró solvente y seguro, y no le puso el partido cómodo a los murcianos en ningún momento.

Acaso haya que conformarse con la victoria y con la solvencia a la hora de parar al rival. Pero lo cierto es que el equipo puede dar aún más de sí, con lo que la confianza en sí mismo iría en aumento, acaso también para los encuentros que se juegan a domicilio que, excepciones aparte, sigue siendo la asignatura pendiente de esta temporada.

¿Y qué decir de los cambios que hizo Hierro, aparte del que se efectuó a resultas de la lesión de Christian Fernández? Desde luego, Borja Domínguez aporta al equipo, y no sólo por el gol que transformó, sino también porque puede darnos ese plus que supondría la coordinación entre líneas que habilite a nuestros delanteros que, sin duda, tienen pegada. En cuanto a Michu, fue una pena que no aprovechase la ocasión que tuvo, porque, de haber sido así, la fiesta en el Tartiere, hubiera sido aún mayor.

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¿Qué fue del cerco a Oviedo?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 10-04-2017 | 11:06| 0

Resultado de imagen de Gabino de Lorenzo, el Comercio

En los días de vino y rosas del ‘gabinismo’, se hablaba mucho del ‘cerco a Oviedo’, por parte de los gobiernos socialistas de Madrid y de Asturias. Claro, los rojos eran enemigos de nuestra ciudad, la orillaban y la cercaban. Pero, a pesar de eso, Gabino el magnífico se las apañaba para hacer de la capital carbayona un modelo a envidiar, una población que asombraba a los visitantes, una maravilla.

Y, en el momento presente, cuando los números ponen claramente de manifiesto que, en los Presupuestos Generales del Estado, lo que se destina a Oviedo es una cantidad exigua y está por debajo de lo hasta ahora asignado históricamente, hay silencios que constituyen una escandalosa muestra de hipocresía.

Pues bien, ahora resulta que, según leo en EL COMERCIO, todos los grupos políticos con representación en el Ayuntamiento de Oviedo, excepto el PP, claro está, manifiestan su decepción y rechazo. Y, miren ustedes por dónde, los tenores del ‘cerco a Oviedo’ y sus herederos son los que guardan silencio. ¡Hay que ver!

¿Se atreverán a decir que la culpa la tiene el tripartito, que es tan poco fiable que no se merece que le lleguen muchos fondos estatales, puesto que harían con ello auténticos estropicios?

Cuando escribo estas líneas, no tengo constancia de que Gabino de Lorenzo se haya pronunciado al respecto. Sería interesante oírlo, pues va en su cargo defender las decisiones que se tomen en la capital del reino, con independencia de que sean o no lesivas para los intereses de Oviedo.

¿Qué fue y qué se hizo del ‘cerco a Oviedo’? ¿Acaso no existe el mentado cerco en los presupuestos que el Gobierno de Rajoy intentará sacar adelante en el Parlamento español?

‘Cerco a Oviedo’. Aquello, lo supieran o no, sí que era un mensaje ‘guerra-civilista’, pues parafraseaba el título de una novela de García Pavón, concretamente, ‘Cerca de Oviedo’.

Pero, en todo caso, quienes enarbolaban un discurso victimista tendrían ahora una oportunidad pintiparada para demostrar su amor por la ciudad, amor que estaría por encima de intereses partidistas y personales.

¿Qué se hizo del ‘cerco a Oviedo’? Tras los mazazos por Villa Magdalena y el Calatrava, viene el recorte presupuestario. ¿No hay nada que decir?

Estoy por asegurar que, con respecto a los brutales recortes presupuestarios de Rajoy, la consigna es el silencio, que la consigna es considerar al tripartito como el mayor mal que pudo recaer sobre la ciudad. O sea, ahora no hay ‘cerco a Oviedo’. Por supuesto que no.

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Recuerdos de Oviedo: Y entonces llegó Gabino
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Luis Arias Argüelles-Meres | 09-04-2017 | 2:21| 0

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“Me duelen la cabeza y el universo”. (Pessoa)

Último domingo de mayo de 1991, elecciones autonómicas y municipales. En Asturias, el PSOE, tras la retirada de Pedro de Silva, presentó como candidato al Gobierno llariego a Rodríguez Vigil. Y en Oviedo, Masip, después de dos legislaturas como regidor carbayón, perdió la Alcaldía, que iría a parar a manos de Gabino de Lorenzo, si bien, al no disponer de mayoría absoluta, contando con 13 concejales, tuvo que entenderse con los dos ediles del CDS. Por su parte, Masip obtuvo 10 ediles e IU, 2.

Y entonces llegó Gabino. En sus comparecencias públicas, se reclamaba un hombre pragmático que no estaba por la labor de malgastar su tiempo en divagaciones políticas. Se trataba, según decía, de ir a lo práctico, de hacer obras. Y además tuvo la suerte de contar con no poco dinero en la caja municipal. Obra tras obra, acera tras acera. Inauguraciones sin cesar. El primer edil de Oviedo sentaba las bases en su primera legislatura para conseguir mayorías absolutas abultadas. Menos palabrería y más obras, parecía ser su lema. Desde luego, como orador, no era precisamente un Castelar. Sin embargo, al decir de muchas personas, era simpático, incluso gracioso.
Pero lo sorprendente del caso fue que, en una ciudad tan cuidadosa de las formas como Oviedo, aquel primer edil se comportaba con una chabacanería excesiva. Desde luego, lo versallesco no estuvo en su manera de actuar. Aun así, el conservadurismo vetustense lo aceptó y lo amparó. Aun así, se ganó la simpatía y los votos de no pequeña parte del pueblo llano.
Por otra parte, Masip parecía batirse en retirada. Y Gabino iba a lo suyo: a hacer obras. Cierto es que, con la peatonalización de muchas calles, consiguió que Oviedo fuese una ciudad cómoda para pasear. Distinta cosa es que su estética, tan abigarrada y chillona, dejase bastante que desear. Ahora bien, resulta innegable que la estética gabiniana no sólo se impuso en Oviedo, sino que además acabaría extendiéndose al resto de Asturias.

Y entonces llegó Gabino con su estado de obras a lo Fernández de la Mora, con su populismo, con su aparente espontaneidad tan del gusto de mucha gente, con sus apoyos mediáticos, con su casticismo, con sus chistes fáciles y – por qué no decirlo- con su brocha gorda.
1991. El PSOE estaba en su apogeo en España en vísperas de los grandes fastos del 92. La guerra fría había terminado y todo parecía llevar el camino conducente al llamado pensamiento único. Mientras tanto, Oviedo era una de las pocas capitales de provincia españolas con un Alcalde del PP. Y, en lo que se refiere a Asturias, nuestra capital era una isla del partido conservador, con Alcaldes socialistas en las ciudades más pobladas.
Algún día se contará con detalle la intrahistoria de la derecha carbayona que eligió a Gabino de Lorenzo como líder, un Gabino de Lorenzo cuyo estilo – insisto- compaginaba muy poco con el conservadurismo tradicional ovetense.
Nadie podría imaginarse entonces que estaría tanto tiempo al frente del Consistorio carbayón. Y lo más paradójico de todo fue que le hizo perder la mayoría absoluta un ex correligionario suyo en el mismo partido, un político que también basaba parte importante de su discurso en las obras.
El PSOE nunca desbancó a Gabino, sólo Tolivar podría haberlo hecho, si no fuese por el juego sucio que se hizo en su contra y también por determinadas trapacerías de las que fue objeto y que se urdieron desde su propio partido.

Pero ahora toca hablar del momento en que Gabino se hizo con la Alcaldía de Oviedo. Tan pronto tomó el mando, empezaron las obras continuas, entre ellas, la peatonalización. Lo llamó “plan de choque”, todo un reclamo publicitario que, a decir verdad, no era demasiado original.
Por otra parte, no hay que perder de vista que su largo periodo con mayorías absolutas se fraguó en aquellos primeros cuatro años en los que, estado de obras aparte, demostró que sabía muy bien cómo ganarse adhesiones inquebrantables, no sólo mediáticas aunque también.
Y entonces llegó Gabino. No mandó parar, sino todo lo contrario. Y aquello le funcionó; tanto fue así que, andando el tiempo, sobreviviría electoralmente al “catastrazo” que llevó a cabo cuando obtuvo su primera mayoría absoluta. Tanto fue así que sus ausencias tan repetidas en los Plenos no le pasaron factura electoral hasta 2011.
Y entonces llegó Gabino. Lo dicho: sorprendía que la derecha vetustense tuviese como líder a un personaje cuya estética estaba más cerca de la ramplonería que de la elegancia. Sorprendía también su alto grado de entendimiento con personajes como Villa.
Más de una vez me pregunté si el conservadurismo vetustense veía en Gabino a una especie de centurión al servicio de sus intereses. Probablemente, algo de eso hubo, más bien, mucho.
Camisas de color salmón. Locuacidad incesante. Y, al final de su primera Legislatura, se encontraría con dos grandes regalos en el 95. A saber, la mayoría absoluta, así como con don Álvaro Cuesta de principal opositor.
Rodeado, por lo común, de un pequeño grupo de aduladores, en su primera legislatura, fue más peripatético que nunca. Había que andar, había que ejercer el control sobre tantas y tantas obras. Y dejarse ver, al tiempo que el apoyo mediático no le faltaba.
Aun así, no se contaba con que su ciclo político durase tanto. En todo caso, no se lo pusieron difícil para sentar las bases de una mayoría absoluta abrumadora.
Entonces llegó Gabino y convirtió Oviedo en su feudo político hasta que Cascos irrumpió en la vida pública asturiana con un nuevo partido político tan personalista como efímero, que provocó, no obstante, la caída de nuestro personaje, que se encontró con el paracaídas de la Delegación del Gobierno. Desde su cargo, no habla de cerco a Oviedo, no puede hablar de ello, y nos regala perogrulladas en los actos oficiales.
Historia e intrahistoria de Oviedo en la que Gabino de Lorenzo ocupa mucho espacio en las dos últimas décadas.

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Recuerdos de Oviedo: Casa Conrado
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Luis Arias Argüelles-Meres | 02-04-2017 | 1:25| 0

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“Soy el centro de las cosas y cada una me procura sensaciones y sentimientos magníficos o melancólicos, que disfruto”. (Proust).

“La palabra es el único pájaro/ que puede ser igual a su ausencia”. (Juarroz)

Éramos muy poca cosa académicamente hablando, a qué negarlo. O así nos sentíamos aquel martes de 1980 en el que fuimos a comer, por vez primera, a Casa Conrado. Acabábamos de cobrar nuestros primeros dineros como profesores particulares. Aún no habíamos terminado la carrera. Y decidimos que aquello había que celebrarlo. Por un lado, con mucha humildad. Por otra parte, con su no sé qué de solemne. Y, para ello, nada mejor que disfrutar de mesa y mantel en un establecimiento donde las vacas sagradas de nuestra Facultad tenían, por así decirlo, omnipresencia. Era algo así como su segunda casa. De hecho, en la Carta figuraba algo que había escrito Alarcos acerca de las maravillas culinarias del lugar.
Casa Conrado. Sabíamos que allí era frecuente que almorzasen los miembros de los tribunales de las tesis doctorales. Conocíamos anécdotas muy divertidas de comensales muy habituales que eran o habían sido profesores nuestros.
Es decir, de algún modo, aquello vendría a ser una especie de apéndice de la Facultad, que, se caracterizaba además por el hecho de que allí las estancias eran largas, incluían sobremesas.
Casa Conrado. No tardé en saber la procedencia del dueño de la empresa, un tinetense. Por cierto, en algún momento, debería estudiarse a fondo la enorme cantidad de establecimientos de hostelería en Oviedo que fueron fundados por gente del occidente de Asturias, sobre todo, de Salas y Tineo.
Pero volvamos a la comida de aquel martes de febrero de 1980. Aún no habían llegado los tiempos de la pedantería en materia gastronómica a la que me referí hace poco en esta misma página. Y no falto a la verdad si confieso que no recuerdo lo que elegimos. Lo esencial, para nosotros, no era eso, sino el hecho mismo de poder pagarnos un almuerzo en un restaurante con las primeras pesetas que habíamos ganado en el escalafón más bajo de la docencia, el de profesores particulares. O sea, fue una forma de celebrar nuestra puesta de largo como docentes. ¿Y qué mejor sitio para susodicha celebración que un restaurante en el que eran clientes habituales conocidos profesores de la Facultad?
Nuestro estreno en las clases particulares fueron el latín y la lengua española, de segundo y primero de BUP respectivamente. Mire usted por dónde, explicar las declinaciones y dar claves para traducir frases de la lengua de Virgilio servía para ganarse unas pesetillas con las que poder comer (un día) en casa Conrado. Y con esto no quiere decirse que los precios fuesen muy caros, sino que aquellas clases a domicilio en horas vespertinas se pagaban muy poco.
No se hablaba entonces de la relación calidad- precio con respecto a cuestiones gastronómicas. (Lo de no confundir valor y precio era mucho más sublime, mucho más poético, mucho más machadiano).
Bueno, pasaron los años, y, como es de suponer, nunca me planteé la posibilidad de que Casa Conrado llegase a cerrar, pues no había bajado su prestigio y, desde luego, seguía contando con clientela.
Por eso, cuando noticia de su cierre leyendo EL COMERCIO, confieso que lo lamenté. Pues Oviedo sufre una pérdida nada baladí. En Casa Conrado, tuvo lugar no pequeña parte de la intrahistoria de la Facultad de Filosofía y Letras de nuestra Alma Máter, es decir, de su vida universitaria, aunque, por supuesto, su clientela abarcó mucho más.
Casa Conrado, siempre tan cerca, siempre de camino a la Facultad, siempre tan céntrica, siempre tan llena de anécdotas.
Hablar en este momento de un tiempo en el que no había teléfonos móviles, en el que se fumaba en las sobremesas tras una buena pitanza, en el que no solía haber prisa a la hora de marchar, en el que la mayor parte de la clientela habitual era conocida y reconocida, lleva, indefectiblemente, a la nostalgia, no porque consideremos que el pasado fue mejor, sino porque se terminó una forma de vida que se cobijaba, entre otros lugares, en establecimientos como Casa Conrado.
Y, sin embargo, hasta hace muy pocos días, allí seguía, atestiguando un tiempo pasado y, también, incorporándose a ese presente continuo cada vez más efímero.
Como consigné más arriba, no recuerdo lo que comimos, pero sí tengo la imagen del vino que tomamos, una conocida marca de Rioja, y jamás olvidaré lo grato que nos resultó tener en nuestras manos la Carta, con sus textos y pretextos, además de las informaciones sobre lo que allí podía degustarse y beberse.
La sintaxis latina más elemental y las figuras literarias de lengua española nos habían servido para ganar nuestra primera mensualidad como docentes, primera mensualidad que nos llevó a Casa Conrado.
Llegó la tarde en la que volvimos a nuestras clases, llegó la noche en la Estación de la Renfe donde nos despedimos hasta la mañana siguiente.
Aquel martes de febrero de 1980, mientras comíamos, fantaseamos sobre las comidas que allí se celebrarían tras nuestras respectivas tesis, que versarían sobre la literatura de las primeras décadas del siglo XX y sobre lexicografía respectivamente. Aquello fue muy divertido.
Aquel martes de febrero de 1980 el café nos supo a gloria, y, en este caso, no se trataba de un sabor literal, sino literario.
Aquel martes de febrero de 1980, intenté comprar el libro que me faltaba de todos los títulos de Unamuno publicados en la bendita Colección Austral. Se trataba del volumen “De esto y de aquello”. “Contra esto y aquello” era un clásico de don Miguel que en su momento había adquirido mi padre. Pero el volumen de marras tardé tiempo en conseguirlo.
Casa Conrado. Con su adiós, Oviedo pierde todo un clásico.

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No sólo “La Regenta”
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Luis Arias Argüelles-Meres | 01-04-2017 | 11:17| 0

Resultado de imagen de Alas Clarín

Cuando leí en EL COMERCIO los datos crecientes sobre la afluencia turística en la ciudad, así como las propuestas que se manejan para que continúe esa dinámica positiva, entre ellas, el turismo cultural con propuestas como la ruta de ‘La Regenta’ y el Oviedo novelado, pensé, una vez más, en la necesidad que existe, por justicia poética, de recuperar por y para siempre a Clarín en la ciudad donde transcurrieron sus trabajos y sus días.

¿Recuperar a Clarín? Por supuesto que sí, no sólo al autor de la que es probablemente la mejor novela de nuestra literatura en el siglo XIX, sino también al intelectual que, desde aquel Oviedo aislado que sesteaba, supo captar lo más avanzado del pensamiento europeo en su época.

¿Recuperar a Clarín? Sin ningún género de dudas, no sólo al crítico literario más temido de su tiempo, sino también al intelectual que tuvo una especial sensibilidad para captar los cambios que se avecinaban en el mundo desde aquel Oviedo ajeno en gran parte a la dinámica de los tiempos. ¿Y cómo recuperarlo? Por ejemplo, creando un prestigioso premio de periodismo que llevase su nombre y que reconociese el talento del texto periodístico que dé respuesta a las mayores incógnitas de nuestro tiempo.

¿Y cómo recuperarlo? Por ejemplo, creando una ruta clariniana, ruta que tuviese como referencia

el excelente texto de Fernando Vela que hablaba del día a día de nuestro autor en Oviedo.

¿Y cómo recuperarlo? Por ejemplo, haciendo hincapié en que la existencia del Teatro Campoamor es la consecuencia de una de las mayores apuestas de Clarín para nuestra ciudad.

¿Y cómo recuperarlo? Por ejemplo, incluyendo en esa ruta clariniana una visita al llamado Edificio Histórico de nuestra Universidad, concretamente al aula donde daba sus clases, tan maravillosamente contadas por Pérez de Ayala, sin perder de vista tampoco el memorable y emotivo texto que escribió Cabezas visitando la referida aula. Cabezas es uno de sus mejores biógrafos de Clarín, pero, inexplicablemente, aún no cuenta con una calle en Oviedo.

Cuando se habla de turismo cultural o, si se prefiere, de turismo literario, Clarín es omnipresente, pero –insisto- no sólo por “La Regenta”, sino también por su dimensión como un intelectual de primera línea en la España de su tiempo.

¿Qué mejor manera de celebrar el 125º aniversario del teatro Campoamor que convertirlo en el escenario donde se hiciese entrega de un premio de periodismo que llevase su nombre, recordando, así, que el mejor periodismo de la última mitad del siglo XIX se hizo y se escribió en Oviedo?

Por favor, tomen nota.

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