El Comercio
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Autor: luisariasarguellesmeres_72
De pleno en pleno: bajo mínimos
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Luis Arias Argüelles-Meres | 08-02-2018 | 8:58| 0

Mucho público y, sin embargo, el clima político, como el meteorológico, estaba casi bajo mínimos. Tensión en el tripartito a resultas de la llamada “Ronda Norte”, tensión que, en las intervenciones de los portavoces, se plasmó pasando como sobre ascuas. Todos están de acuerdo en la necesidad de proteger el Prerrománico y en causar el menor trastorno posible a los vecinos que pudieran verse afectados. Ahora bien, queda claro para Somos esa Ronda Norte no debe llevarse a cabo y, por su parte, la portavoz del PSOE no negó la mayor. También fue muy clara en sus planteamientos Cristina Pontón, que hizo de portavoz de IU.

Pero, al final, dos cuestiones muy claras. Primero, no se sabe si el Alcalde planteará una postura común de los tres partidos que configuran el Gobierno municipal. Segundo, como otras muchas cuestiones, en esta Legislatura es imposible que se resuelvan los grandes desafíos que tiene este municipio para los próximos años, pero lo que toca es sentar las bases. Y, en este asunto, no parece fácil un acuerdo sin fisuras ni matices.

Desde luego, el futuro no pasa por aglomeraciones de tráfico en las ciudades, sino todo lo contrario. Y, en cuanto a la llamada “Ronda Norte”, las cosas cambiaron mucho desde su proyecto original y queda una eternidad de tiempo por delante para ver cómo se afronta finalmente la circunvalación de Oviedo por el oeste y por el norte.

Por otra parte, resultó muy reconfortante que hubiese unanimidad a la hora de apoyar a los vecinos que se oponen al proyecto de la planta de asfaltos cerca de Las Caldas que sería una agresión medioambiental de las muchas que esta tierra está sufriendo.

Y, como era de esperar, tras el episodio del pateo que tuvo lugar en el Teatro Campoamor, la oficialidá del asturiano también estuvo en el orden del día. A mi juicio, no estuvo muy afortunado el portavoz de Ciudadanos cuando puso de manifiesto que aquel pateo en la patio de butacas que se produjo a resultas de que se oyese una recomendación al respetable en asturiano era “libertad de expresión”. Nadie se la cuestiona, pero –perdón por la perogrullada- hay formas de expresarse muy poco educadas tal y como sucedió en el caso que nos ocupa.

Y, en fin, el PP recordó que la actual legislación sobre el asturiano se aprobó en la única Legislatura en la que gobernó Asturias su partido. Es media verdad, porque aquel Gobierno estaba en minoría y ese avance lo arrancó el PAS. Y también parecen olvidarse de que Gabino de Lorenzo, siendo Alcalde de Oviedo y candidato al Congreso, muy a su modo y manera, eso sí, lanzó continuos guiños a que el asturiano tuviese mayor protección normativa.

A la salida, la incógnita: ¿Qué le planteará el Alcalde Wenceslao López al ministro de Fomento con respecto a la llamada “Ronda Norte”? Estaría por apostar que la cosa quedará en “veremos”.

O sea, un Pleno bajo mínimos.

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VIGA AZUL: TOCABA GANAR
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Luis Arias Argüelles-Meres | 05-02-2018 | 4:55| 0

Barba despeja una acción de estrategia del Oviedo, entre Forlín y Christian, que van a buscar el remate, con Álex Pérez en la acción, y Sergio Álvarez y Miguel Linares observando la jugada en los extremos de la imagen./PABLO LORENZANA

Invernada, aguaceros, granizo. Tarde gélida en un estadio que acusa más de lo debido  el frío y el agua. Aun así, el césped no presentaba un estado tan impracticable como se podía temer. Aun así, el partido arrancó con una intensidad electrizante, cumpliendo el guion de que se trataba de un encuentro de emociones fuertes.

Todos sabíamos que en un derbi no cuenta la trayectoria de los últimos choques ni tampoco resulta decisivo llegar en mejor momento al encuentro. La incertidumbre, con un grado de emoción no pequeño, estaba presente en ambas aficiones.

Pero, más allá de lo que fue el juego durante los 93 minutos jugados, lo esencial, a mi juicio, era que le tocaba ganar al Oviedo, haciendo justicia poética a esa abnegada afición que no abandonó al equipo ni siquiera cuando, desde determinadas instancias, se apostaba por hacerlo desaparecer. A todas esas personas que siguieron apoyando al Oviedo de su vida en campos de Tercera división y de Segunda B, sufriendo derrotas humillantes , tenía que llegarles el desquite de poder presenciar que su Real Oviedo del alma volvía al fútbol profesional y se metía en una dinámica en el que el sueño de regresar a la División de Honor no es, por fin,  una quimera. La inyección moral de ganar un derbi que se hizo esperar el tiempo que marca una generación, casi 15 años, es prodigiosa. También el recuerdo para todos aquellos seguidores azules que, por desgracia, no pudieron estar presentes para disfrutar del partido de hoy.

Partido intenso, como digo, en el que el Sporting consiguió adelantarse. Pero, una vez más, el Oviedo no se vino abajo y demostró, que iba a por el partido.  Ahí estuvo el empate de Mossa, jugador hoy providencial que, nada más comenzar el segundo tiempo, marcó un auténtico golazo que sería el definitivo y que daría esta victoria al Oviedo que, insisto, es justicia poética, pensando en esa sufrida afición que en todo momento se agarró a las glorias de este club, convencidos de que, en algún momento, se saldría del pozo.

Frente al estado del terreno de juego, frente a un Sporting que no nos lo puso nada fácil, frente a todas las adversidades, se consiguió la victoria más anhelada desde que se produjo el hundimiento del Oviedo.

No estaba el terreno de juego para hacer florituras, para exhibiciones técnicas de las que son capaces jugadores como Saúl y Aarón, pero, a pesar de todo ello, se vio el mejor fútbol que los elementos permitían llevar a cabo.

Tocaba ganar, con sufrimiento, con incertidumbre, ante un Sporting que se mostró ambicioso y que luchó también de principio a fin.

Jonny dio la talla y creo quebraderos de cabeza a la defensa oviedista, una defensa en la que Forlín es toda una garantía.

También tocaba disfrutar el estreno de Fabrinni  en un partido oficial, que a punto estuvo de marcar un gol en la última jugada del encuentro.

Lo dicho: por justicia poética, tocaba ganar.

Y que el próximo derbi sea en Primera división.

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Recuerdos de Oviedo: Cafetería Jena
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Luis Arias Argüelles-Meres | 04-02-2018 | 12:30| 0

 

“Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú. Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú. Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú. Sé tú el que aparta la piedra del camino.” (Gabriela Mistral).

Fue en el verano de 1970. Era una tarde especialmente calurosa. Recuerdo que resultaba sofocante adentrarse en los probadores de las tiendas. La gente decía que aquello acabaría en tormenta como, en efecto, así fue. Pero esperó lo suficiente para que pudiésemos hacer nuestras compras y dejar las bolsas en casa, sin exponerlas a la lluvia, a los relámpagos y a los truenos.

La tormenta tuvo el detalle de no desatarse hasta bien entrada la tarde, después de las 7 y media, cuando ya estábamos a cubierto en el cine Principado. A la salida, la calle estaba mojada y la sensación de frescor fue toda una liberación.

Hacia las diez de la noche, después de salir del cine, en los coches que estaban aparcados aún se veían algunas piedras de granizo que se resistían a desintegrarse. Pero, con todo, las calles no estaban desapacibles, si bien había refrescado mucho.

Fuimos a cenar a la cafetería Jena. Mi hermana me sugirió que pidiese un plato combinado, algo que fue para mí toda una novedad. Lo cierto es que no recuerdo qué película habíamos visto, pero se me quedó grabado en la memoria el hecho de que fue en la cafetería Jena donde degusté por vez primera en mi vida un plato combinado. Toda una novedad, muy agradable, por cierto.

Muy lejos estábamos entonces de las pedanterías del actual lenguaje gastronómico. A nadie se le hubiera ocurrido decir que un plato combinado era también “una sinfonía de sabores” construida o “deconstruida” en el caso que nos ocupa por medallones de merluza y una guarnición muy variada. Lo mejor de todo no eran los sabores, que no estaban nada mal, sino la variedad.

Así pues, lo memorable fue que la merluza estaba muy bien acompañada en aquel plato combinado. Y, por otro lado, la atmósfera que allí se respiraba era muy agradable, la de una noche verano tranquila, sin esclavitudes horarias, sin que la mayoría de los que allí estábamos tuviésemos que pensar en el madrugón siempre odioso. A la mañana siguiente, volveríamos a Lanio. Estábamos de paso en Oviedo, pues habíamos aprovechado la tarde para comprar ropa.

Pasaron los años y, con relativa frecuencia, iba por Jena a comer, a veces, el plato del día que no estaba nada mal, a veces, como en la ocasión referida, un plato combinado.

En algún momento, me hablaron de que los pinchos de tortilla que se servían en Jena eran deliciosos, lo que tuve la fortuna de comprobar con no poco disfrute. Y recuerdo, no sin cierta nostalgia que, muchos años después, para ser precisos, en noviembre de 2010, cuando se celebraron en el llamado Edificio Histórico de nuestra Universidad las jornadas sobre la figura de Fernando Vela, en algún hueco entre ponencia y ponencia, fuimos a Jena a tomar el café con el correspondiente pincho de tortilla, que –insisto- era toda una delicia. Y es que en las referidas jornadas Jena se convirtió en una cita obligada.

Aquellas jornadas universitarias en torno a Fernando Vela fueron, climatológicamente hablando, muy regentianas, llovió copiosamente en Oviedo, pero, con todo, valía la pena desplazarse desde el edificio histórico hasta Jena no sólo por el pincho de tortilla y el café, sino también por lo agradable que resultaba la estancia de unos minutos en una cafetería de referencia en muchos sentidos.

Desconozco la fecha exacta en la que se produjo el cierre de Jena, pero he de confesar que aquello me produjo tristeza. Sin duda, era un establecimiento clásico de Oviedo, que siempre relacionaré con mi adolescencia y juventud.

Ahora, cada vez que paso por delante de la cafetería Jena, hay un detalle muy entrañable, diría que incluso poético, que me llama mucho la atención. En su exterior, ya no están las letras que durante tantos años dieron nombre al establecimiento, pero, como si de una sombra indestructible se tratase, quedan las huellas de esas letras incrustadas en la pared, la marca que dejaron unos rótulos que, en realidad, no hacía falta leer, porque, salvo excepciones, todo el mundo que la frecuentaba sabía muy bien cuál era el nombre del establecimiento.

Una tarde de invierno –creo que fue en diciembre de 2012- recuerdo haber tomado allí mi último café. Sin embargo, es posible que se hubiese producido ya un cambio de titularidad que, en todo caso, no duró mucho.

Aquella tarde de diciembre de 2012 era atípicamente calurosa para encontrarnos en el mes de diciembre.

Y, a veces, cuando paso por delante de lo que fue la cafetería Jena, me gusta pensar que lo cálido y apacible de aquella tarde de diciembre de 2012 fue una suerte de justicia poética, una manifestación de calidez, de esa calidez que siempre comparece en las despedidas memorables.

Además, fue una despedida piadosa. Yo no sabía que era mi último encuentro con ella. Pero el viento sur de aquella tarde seguramente estaba bien informado y quiso contribuir a ello.

Una gozada.

La imagen puede contener: una persona, exterior

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En la muerte de Joaquín Varela Suanzes-Carpegna
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Luis Arias Argüelles-Meres | 02-02-2018 | 8:04| 0

Cuando escribo estas líneas acabo de tener noticia del fallecimiento de Joaquín Varela, catedrático de Derecho Constitucional de nuestra Universidad. Lo cierto es que, por mucho que sepamos que una persona está gravemente enferma, nos negamos a creer que se trate de algo irreversible y no por ello deja de ser un mazazo, cuando se trata de alguien con quien hemos compartido momentos inolvidables que nos sirvieron para comprobar la calidad humana y la enorme valía intelectual que atesoraba.

Conocí a Joaquín Varela en el Ateneo Jovellanos de Gijón cuando presentó su  libro sobre Álvaro Flórez Estrada. Y, años más tarde, tuve la fortuna de compartir con él en el Ateneo Republicano de Galicia el acto de presentación de su biografía sobre el Conde de Toreno.

Sin duda, la pérdida es grande, porque no sólo hablamos de un catedrático entregado a sus investigaciones y a sus clases, sino también de un intelectual que transmitió su saber más allá de las aulas con libros que serán siempre una referencia ineludible sobre los personajes y épocas que abordó.

A Joaquín Varela se le debe, entre otras muchas cosas, que haya salido del olvido una figura de la talla de Flórez Estrada, todo un adelantado a su tiempo, con planteamientos que asombrarían por su actualidad.

Lo mismo se puede decir de la figura del conde de Toreno, tan rompedor en su juventud, tan hombre de orden en su madurez, que llegó a despertar el odio de Espronceda y que le jugó a Clarín una mala pasada imperdonable.

La obra de Joaquín Varela es enormemente valiosa no sólo por su rigor académico, sino también por haber puesto en su lugar a personajes históricos que fueron determinantes no sólo en su época, sino que además influyeron de forma notoria en la posteridad.

Recibo la noticia de la muerte de Joaquín Varela como un auténtico mazazo. Y es que hay personas que, pesar de haber compartido poco tiempo con nosotros, tienen la capacidad de dejar una huella indeleble no sólo por su categoría intelectual, sino también por su equidad y  por su grandeza humana.

Descanse en paz.

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Viga Azul: Sufrido empate
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Luis Arias Argüelles-Meres | 29-01-2018 | 12:05| 0

La racha continúa, no hay que olvidarlo y, además, defensivamente hablando, a no ser por un par de sustos en la primera parte, no hubo esas pájaras que cuestan derrotas. Y, sobre todo en el segundo tiempo, se demostró claramente que el Oviedo no se conformaba con el empate, que no se limitaba a defenderse atrás desesperadamente.

En ese sentido, le faltó precisión a Linares que, por otra parte y como acostumbra a hacer, luchó sin desmayo todo el tiempo que estuvo sobre el césped. Y, a propósito del delantero azul,  me atrevo a asegurar que no estaba falto de razón cuando reclamó un penalti que no se señaló por parte del árbitro.

Frente al Reus –hay que reconocerlo- faltaron cosas muy básicas. Por ejemplo, no se prodigaron esas asistencias de Berjón que tan eficaces están resultando en lo que va de campeonato. Por ejemplo, no se vio precisión en la mayoría de los lanzamientos a puerta; de hecho hubo varios disparos que salieron muy desviados, que fueron muy imprecisos.

Podría hablarse de flojera con respecto a anteriores partidos en lo que respecta a la sincronía del equipo en jugadas de ataque que en otros choques acabaron siendo letales para el adversario. A ello habría que añadir que hubo jugadores que no estuvieron todo lo afortunados que sería de desear, como fue el caso de Yeboah, que, desde luego, se quedó muy lejos de su anterior versión en los partidos previos a la expulsión de la que fue objeto en Sevilla.

Faltó precisión, en efecto. Sin embargo, hubo intensidad y lucha, que fueron suficientes para dejar la portería a cero y también para continuar la excelente racha que llevamos de partidos sin perder.

Ante todo y sobre todo, se cumplió el guion de Anquela en el sentido de que costó mucho el empate, no fue fácil no salir derrotados del campo del Reus, pues el equipo local también luchó de principio a fin. Se ve que en este campeonato ningún partido es un paseo.

Tengo para mí que el partido ante el Reus fue un trámite que se cumplió, aunque ello no redundase en una victoria. Cumplido el trámite, viene la cuenta atrás del esperado derbi que lleva 15 años sin disputarse en el Carlos Tartiere.

Primer empate sin goles, víspera de un derbi que será todo un acontecimiento.

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