El Comercio
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Autor: luisariasarguellesmeres_72
LA MADREÑA
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Luis Arias Argüelles-Meres | 06-04-2018 | 11:59| 0

Yo, en mi juventud, me creí con fuerzas bastantes para seguir el abrupto sendero de los que se apartan de la limitación”. (Pío Baroja).

 

Toca hablar de un tiempo y de un país en el que la indignación tuvo voz y eco. Toca hablar de un tiempo y un país en el que el bipartidismo parecía entrar en una fase verdaderamente agónica. Toca hablar de una Asturias que estaba empezando a despertarse tras los despilfarros que nos habían llevado a los recortes y la ruina.

Fue entonces cuando se supo que en lo que había sido la antigua Consejería de Sanidad, sita en la calle General Elorza de Oviedo, se desarrollaban actividades, se debatía sobre el momento presente y se intentaba dar cauce a un discurso disconforme con la situación que se vivía.

Llegó un momento en el que muchas gentes se acercaron a lo que se llamó La Madreña, denominación llariega del emplazamiento de un discurso que iba mucho más allá de nuestro ámbito autonómico, si bien se hacía desde aquí y enfocado a lo más cercano y a los más cercanos.

No voy a entrar en digresiones legales, pero sí que toca hablar del asunto en términos sociológicos. Miren, cuando se escriba la historia de la vida pública asturiana de los últimos años, no hay ninguna duda de que La Madreña será una de las referencias imprescindibles para explicar y explicarnos qué pasó aquí y qué nos pasó.

Y hubo un momento en el que algunos de aquellos jóvenes que hablaban y debatían en La Madreña dieron el paso a la política, militando en el partido que en su momento quiso hacerse eco de la indignación que recorría Europa y España.

Pero lo más significativo y paradójico de esta historia es que estamos hablando de un edificio oficial que no tenía ninguna actividad, a resultas, entre otras cosas, de determinadas políticas que se llevaron a cabo tanto en el ámbito municipal como en el autonómico.

En La Madreña nadie hizo negocio, nadie fue a vivir allí, nadie especuló con lo que no tenía. En La Madreña se debatía y no se impidió que las instancias oficiales desarrollasen actividad alguna, pues habían abandonado aquel edificio.

Ahora resulta que hay ciudadanos que están en el banquillo de los acusados por haber organizado actividades allí, o por haber pasado por allí. Y, sin embargo, hasta el momento, no hay encausados por canjes ni despilfarros, que nos costaron un dineral a todos.

¿El mundo está bien hecho?

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TOPONIMIA Y PEAJE
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Luis Arias Argüelles-Meres | 05-04-2018 | 11:22| 0

El Pleno comenzó con la protesta de los bomberos que manifestaban su malestar por la situación en la que queda la familia de Eloy Palacio tras la última sentencia judicial. Alguien que perdió su vida, estando libre de servicio, por colaborar en la extinción de un fuego, alguien que mostró una vocación de servicio público admirable. Por ello, entendimos perfectamente la manifestación de sus compañeros reclamando solidaridad y reconocimiento.

Con todo, en el Pleno se siguió, como era de esperar, el orden del día. Y, cuando tocó hablar de la nueva toponimia del concejo, confieso que el señor Antuña llegó a asombrarme en su intervención. Según el edil popular, nadie en Oviedo dice cai en lugar de calle. Claro, en el Oviedo capitalino y señorial no se emplean palabras que sólo se pueden oír en las aldeas. No hay, a juicio del político popular, en ningún ovetense ese «fondo rural que perdura» en cada asturiano, según escribió Ortega y Gasset cuando visitó nuestra tierra en 1914. Los argumentos que esgrimió el concejal conservador contra la nueva toponimia para el municipio son en verdad sorprendentes.

No se trataba, para el señor Antuña, de discutir el mayor o menor rigor académico de esa nueva toponimia, sino de arremeter contra el hecho de que la toponimia sea en asturiano. ¿Tendrá conocimiento el edil popular de un hermoso texto que escribió Pérez de Ayala sobre sus recuerdos de estudiante universitario cuando los catedráticos de Derecho dejaban las madreñas antes de entrar en el aula? ¿De verdad puede creerse este señor que en Oviedo nadie usa palabras en asturiano?

Y, además de la manifestación en memoria de Eloy Palacio y de esta discusión sobre la nueva toponimia, para no perder la costumbre, se plantearon en el Pleno asuntos que van más allá del ámbito municipal, aunque, eso sí, nos afectan de lleno, como al resto del país.

Entre esas cuestiones, estaba la brecha salarial entre hombre y mujer y se abordó también la necesidad de terminar con el peaje del Huerna. Ambos asuntos son, de entrada, indiscutibles, lo que no impide que, aun así, entre la lucha partidista. Desde luego, la postura de Rajoy, que pasó de no querer pronunciarse sobre la brecha salarial en una entrevista radiofónica, a ponerse el lazo correspondiente tras las masivas manifestaciones del 8 de marzo, fue, como poco, desafortunada.

Y, en cuanto al peaje del Huerna, estando de acuerdo en lo fundamental, es decir, en luchar por eliminarlo, cierto es que Cascos, siendo ministro de Fomento aumentó el periodo de peaje hasta 2050 y cierto es también que Zapatero prometió eliminarlo y aquello se quedó en nada, o, según se mire, en una auténtica tomadura de pelo.

Lo que tocaba era plantear la cuestión desde el momento presente, en lugar de incurrir en maniqueísmos que exculpan de todo al partido propio y achacan todos los males a la formación política rival. Así, el PP y el PSOE: Capuletos y Montescos, Montescos y Capuletos. Por mucho que agonice el bipartidismo, esa dialéctica sin matices perdura.

Al final, de regreso a casa por las calles de Oviedo, pensé en la lección de dignidad que dieron quienes se manifestaron a favor de Eloy Palacio y seguí preguntándome hasta cuándo, hasta dónde y hasta qué extremo tendremos que seguir soportando la diglosia y los complejos con respecto a la Llingua asturiana. ¿Cómo es posible que muchas personas se sigan avergonzando de que algunos de sus antepasados calzasen madreñas y calasen la boina? ¿Cómo es posible que se tenga a menos decir cai en lugar de calle o panoya en lugar de mazorca?

¿Estamos ante una necesidad sociológica de diván?

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VIGA AZUL: SIN VENENO
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Luis Arias Argüelles-Meres | 01-04-2018 | 3:42| 0

Ese veneno de las buenas rachas de esta temporada, que estaba en las botas de Berjón, bien sacando faltas, bien dando pases mortíferos, no lo tuvimos frente al Alcorcón, sobre todo, en el primer tiempo; ese veneno que a veces salía de las arrancadas por las bandas, tanto de Diegui como de Mossa, y que en ocasiones resultaba letal, no existió en el Carlos Tartiere ayer domingo.

Una vez más, no hay ninguna pega que poner a la voluntad que derrocharon los jugadores, pues no faltó hasta que el árbitro pitó el final, por cierto, sin permitir que finalizara la jugada de ataque que estaba en los pies de Berjón. Pero hay que reconocer que se nos mojó la pólvora, que se nos rompió el sortilegio.

No se rompió el maleficio que tenemos con el Alcorcón. Pero ello no hay que achacarlo a la falta de intensidad ni tampoco al entreguismo. En la primera parte, faltó frescura para llegar arriba con verdadero peligro. En la segunda parte, sobre todo en el balón que Toché mandó al larguero, no nos acompañó la suerte.

¿Y qué decir de la vuelta de Hidi a la titularidad a resultas de la sanción a Rocha y de la ausencia de Mariga? Confieso que esperaba mucho de este jugador, pues no olvido aquel pase matemático que le dio a Berjón desde lejos en el primer partido de la liga y que supuso un gol para el Oviedo. Frente al Alcorcón, Hidi no arriesgó apenas con pases largos y se ve una falta de sintonía en el juego que puede obedecer a la ausencia de partidos o a su estado de ánimo. Pero, sea como sea, no acaba de cuajar un buen encuentro en las últimas oportunidades que se le dieron.

¿Y qué decir de Fabbrini? Una vez más, demostró su clase, los rivales no podían con él y le hicieron faltas continuamente. Siendo todo eso cierto, el italiano aún no es un jugador decisivo.

¿Y qué decir de la mala fortuna que tuvo Viti, perdiendo aquel balón que, a la postre, le llegó al exoviedista Pereira y terminó por ser el gol de la derrota, una derrota que no hace justicia, a un encuentro en el que el Oviedo tuvo más oportunidades? Desde luego, no tienen que venirse abajo el canterano por una jugada desafortunada.

Sin veneno, digo. Sin el veneno atacante de pases letales, sin el veneno que salía de las grandes arrancadas por las bandas. Esperemos que retorne.

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Recuerdos de Oviedo: Aquella lejana procesión
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Luis Arias Argüelles-Meres | 01-04-2018 | 11:23| 0

 

«Detrás del mundo en el que vivimos, allá al fondo hay otro mundo que mantiene con él una relación similar a la que mantienen, en el teatro, la escena real y la que a veces vemos detrás de ella». (Kierkegaard).

 

¡Cuánto misterio y cuánta magia tienen aquellas imágenes de la infancia que apenas logramos recordar, de las que la memoria sólo nos dejó piezas sueltas e incompletas y que, por tanto, no podemos ser capaces de recomponerlas en su totalidad! Me refiero, en este caso, a un recuerdo vago y lejano, de un Viernes Santo por la plaza del Carbayón. Sólo sé que tenía entonces menos de seis años, sólo sé que aquella función ya se habría acabado, porque lo cierto es que sólo logro rescatar la imagen de unos pocos nazarenos con sus capirotes que pasaron por allí, que ya no iban en procesión. Ya estaban dispersos, o, mejor dicho, dispersándose.

Y he de confesar que, al verlos tan de cerca, aquello me impresionó, me resultó inquietante que sus rostros no pudiesen ser vistos, Y, como ya no estaban en procesión, al menos dos de ellos, iban hablando animadamente. Los perdimos de vista muy pronto.

Éste es el primer recuerdo que tengo de una procesión de Semana Santa, una imagen incompleta que daba cuenta de que el ceremonial ya había tenido lugar, un ‘después de’. Por eso, cuando vi por vez primera en televisión una procesión en toda regla, de algún modo este recuerdo que estoy compartiendo aquí dejó de ser inquietante. Ya no había fugacidad, ya no había sorpresa, ya la cosa cambiaba mucho.

También puedo decir que aquel Viernes Santo el cielo estaba gris y la brisa no era precisamente suave. Y que, en fin, los cines más cercanos a casa, el Campoamor y el Filarmónica, estaban cerrados.

A decir verdad, siempre que me encuentro con una procesión de Semana Santa, bien en plena calle, bien a través del televisor, recuerdo el encuentro del que les vengo hablando.

Acaso sería exagerado por mi parte afirmar que aquello me hizo sentir cierto miedo, pero lo cierto es que, como apunté más arriba, sí que me resultó inquietante. Al fin y al cabo, mis ojos de niño vieron aquello como una mascarada, que pasó a mi lado, cruzándose en nuestro camino de regreso a casa en la plaza del Carbayón. No les veía los ojos, no podía saber si su mirada era amable o mal encarada. Y nadie me había advertido que nos encontraríamos con el final de una procesión.

Pasaron los años. Por Semana Santa, la televisión emitía siempre procesiones. Confieso que no prestaba demasiada atención a aquello, me fijaba en algún detalle y desatendía a lo que se estaba retransmitiendo. También me causaba tristeza ver los cines cerrados, y ello no obedecía a que tuviese especial interés en ver alguna película en concreto, sino al hecho de que muchas de las cosas de la vida cotidiana desaparecían en aquellas festividades.

Pasaron los años. Creo que fue en segundo de bachillerato en el colegio, a los doce años, cuando el día antes de las vacaciones nos pusieron una grabación en la que una voz repetía las palabras de Cristo tras su condena a ser crucificado. Aquella voz tenía como música de fondo lo más característico de las procesiones de Semana Santa. Creo que aquello tuvo lugar en la última clase de la jornada. Y la música que se oía me llevó al recuerdo del que me vengo ocupando. Me di cuenta de que a aquellos nazarenos no sólo les faltaban muchas cosas que formaban parte del ritual, sino también y, sobre todo, la música.

Al salir del colegio, camino de casa en la plaza del Carbayón, llovía copiosamente, bajaban regueros de agua por las calles. Hice una breve parada en el cine Santa Cruz, poniéndome a techo, sobre todo, para contemplar el espectáculo que estaba dejando el chaparrón.

Tras reanudar la marcha, ya a la puerta de casa en la plaza del Carbayón volví a recordar aquel encuentro de la infancia con los nazarenos tras su procesión. Y me reafirmé en lo que había pensado en el colegio en el sentido de que, de haber estado acompañados por la música, mis sensaciones hubieran sido muy distintas. Al día siguiente, saldríamos para Lanio. Y la verdad es que deseaba llegar pronto al pueblo y volver a Oviedo cuando ya hubiera cine.

Pasaron los años con respecto a todos estos lances y puedo decir que nada me acercó tanto a las procesiones de Semana Santa como el poema de Machado cantado por Serrat y que tiene por nombre ‘La Saeta’, cantar de la tierra de don Antonio, que, sin dejar de ser una crítica al modo en que se vivían las saetas, sin embargo, tiene una música de fondo que conmueve.

Pasaron los años y siempre recuerdo la atmósfera triste que se respiraba al lado del Campoamor y del Filarmónica cuando no había cine.

A veces, tocaba esperar con paciencia que llegase el Sábado Santo para que todo se reanudase. Donde no se respiraba tristeza era en Lanio, fuesen los días luminosos o grises, lloviese o no, los juegos no estaban prohibidos.

Nazarenos sin cruz, sin velas, sin pasear ninguna imagen. Nazarenos perdidos tras su procesión y hallados en la plaza del Carbayón. Eso sí, de paso.

Alguna noche, cercana a aquel encuentro, sé que soñé con aquellos nazarenos, sé que los ojos que apenas dejaban verse de alguno de ellos me creaban desasosiego.

La saeta machadiana, cantada por Serrat, tardaría en llegar.

Y en aquellos años de infancia, Oviedo durante la Semana Santa no era una fiesta.

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SOBRE LA JUBILACIÓN DE GABINO DE LORENZO
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Luis Arias Argüelles-Meres | 30-03-2018 | 10:30| 0

«Gabino, Villa, Areces, Cascos y Javier Fernández pertenecen a la misma generación»
«En la vida pública asturiana los retiros políticos llegan más tarde que en el resto del país»

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«Hay, en efecto, generaciones infieles a sí mismas, que defraudan la intención histórica depositada en ellas . … La generación delincuente se arrastra por la existencia en perpetuo desacuerdo consigo misma, vitalmente fracasada». (Ortega y Gasset).

Uno de los artículos de costumbres más memorables que escribió Larra tiene por título ‘El casarse pronto y mal’. Pues bien, cabría parafrasear ese título llevándolo a la actualidad política asturiana: ‘El jubilarse tarde’, lo de bien o mal, que lo juzgue el público lector.

Gabino, Villa, Areces, Cascos y Javier Fernández pertenecen a la misma generación. El exalcalde de Oviedo y Maese Villa nacieron en 1943. Areces vino a este valle de lágrimas un año antes que ellos. Por su parte, Cascos nació en 1947 y Javier Fernández un año más tarde que don Francisco. Todos ellos pertenecen a su vez a la misma generación que Alfonso Guerra y Felipe González, pues 1940 y 1942, fueron los años de nacimiento de estos históricos dirigentes del PSOE.

Ergo, en la vida pública asturiana las jubilaciones en la política llegan más tarde que en el resto del país. Ergo, al contrario que en la minería, no sólo no hay prejubilaciones, al menos voluntarias, sino que además hay jubilaciones prorrogadas. El dato da lo suficiente de sí como para pensar seriamente en ello. Pero hay que hacer una salvedad: Areces aún no se jubiló de la política, pues tiene un escaño en el Senado.

Cabe preguntarse por qué en Asturias tardó más en jubilarse de la primera línea política una generación, que es la generación sesentayochista, si bien confieso que no soy capaz de imaginarme a estos personajes en aquel de París de 1968. Y, en algunos casos, el referido cambio generacional ha tenido un doble salto. Me explico: entre Javier Fernández y Adrián Barbón hay dos generaciones de por medio, diferencia similar a la que existe entre Gabino de Lorenzo y Caunedo. La misma distancia generacional separa a Villa de Alperi. O sea, toda una generación se quedó por el medio. ¿Taponada?

Alguien me dijo estos días que la marcha de Gabino de Lorenzo supone el fin de una época, algo que es totalmente cierto, una época muy alargada en el tiempo, que se caracterizó, entre otras cosas, por un estilo muy poco ortodoxo en cuanto a las formas y por un culto al personaje del que, pasado el tiempo, casi todos los otrora panegiristas pretenden desentenderse. En este sentido, las trayectorias de Villa y de Gabino serían muy equiparables, pues las hemerotecas dan muy buena cuenta de que siempre contaron con aduladores.

El exalcalde de Oviedo supo muy bien cómo contentar a muchos de sus incondicionales, y así les fue y así nos fue. Desde el anonimato, se habla de cómo explicar el ‘gabinismo’ a nuestros hijos y nietos. Me conformo con que se intente entender ahora, tirando de hemeroteca.

Y de sonrojo.

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