El Comercio
img
Autor: luisariasarguellesmeres_72
El Calatrava a la vista
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 26-05-2017 | 9:06| 0

«El punto de vista crea el panorama». (Ortega y Gasset).

No  deja de ser paradójico que, en un acto de inauguración de un congreso de oftalmólogos en el Calatrava, Gabino de Lorenzo y Ana Taboada hayan protagonizado un rifirrafe en torno al enclave donde va a celebrarse esa convención.

De entrada, aunque el ex regidor de Oviedo estaba presente en el acto como delegado del Gobierno, se diría que compareció en ese acto para reivindicar una de sus actuaciones más polémicas como alcalde carbayón, pues no sólo estamos hablando de una construcción que, estéticamente hablando, permite, como mínimo, plantear no pocos reparos, sino que además se trata de un proyecto que supuso un fuerte desembolso de las arcas públicas, perjudicando no sólo las cuentas, puesto que aquello implicó además permutas que fueron lesivas para la empresa pública Sedes, operación en la que, por cierto, no sólo participó el Ayuntamiento de Oviedo en los días de vino y rosas del ‘gabinismo’, sino también la Administración autonómica en la que había un Gobierno de coalición entre el PSOE e IU. ¡Ay!

Pero vayamos a los hechos. Gabino planteó en el mencionado acto que esa construcción, que ya fue bautizada desde un principio por la socarronería carbayona como ‘el centollu’, da prestigio a la ciudad por llevar la firma de un arquitecto que –eso sí– es muy conocido.

Por su parte, la vicealcaldesa Taboada manifestó algo innegable, esto es, el despilfarro que aquello supuso para los dineros públicos.

O sea, que, mientras Gabino ve en el Calatrava una obra que da prestigio y esplendor a la ciudad, al tiempo que obvia no sólo los dineros que costó, sino también lo ruinoso que resultó para quienes se implicaron en semejante apuesta, la vicealcaldesa se limitó a poner sobre la mesa una realidad muy reciente de un tiempo en el que hubo quienes, acaso sin saberlo, pretendieron convertir Oviedo en una especie de Camelot al gusto de nuevos ricos.

El Calatrava a la vista de Gabino, el Calatrava a la vista de Taboada, todo ello en los preliminares protocolarios de una convención de oftalmólogos. La cosa tiene su gracia, más bien, su guasa.

En efecto, tal y como escribió el joven Ortega en sus balbuceos del perspectivismo, ‘el punto de vista crea el panorama’.

Se diría que Gabino ve una firma, para él, prestigiosa. Taboada ve la realidad política de los últimos años.

La pregunta del millón es cómo habrán visto y cómo seguirán viendo los oftalmólogos el espectáculo político que se les brindó y el enclave en que se encuentran.

Sería apasionante llegar a saberlo. ¿O no?

Ver Post >
Viga Azul: A Contratiempo
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 22-05-2017 | 3:37| 0

No se puede poner en duda que el equipo de Fernando Hierro lo intentó, que los jugadores azules no escatimaron esfuerzos para conseguir la victoria, incluso que, contra lo que vino su costumbre, que el entrenador sacó al campo un once con vocación ofensiva. También es tan innegable como obvio que todo eso no fue suficiente para conseguir los tres puntos ante un rival que, desde luego, no hizo en el Carlos Tartiere una exhibición de buen fútbol.

Falló, en efecto, la inspiración ante el gol, incluso a un delantero como Toché que no suele defraudar las expectativas en ese sentido.

No obstante, la pregunta que hay que hacerse, teniendo en cuenta las declaraciones de Fernando Hierro y los titulares de prensa, si en el partido frente al Zaragoza lo decisivo fue la mala suerte. ¿Sólo la mala suerte? Desde luego, la duda cabe, hay lugar para ella.

La mala suerte estuvo presente en la noche del sábado en el Tartiere, de acuerdo, así como la gran actuación del portero visitante que salvó goles cantados. Hubo jugadas de estrategia que llevaban el marchamo del gol, gracias a la precisión de Susaeta. Hubo remates cuyo destino era el fondo de la red, hubo empuje y ganas en el equipo azul. Pero la mala racha que parece perseguirnos desde el partido frente al Huesca siguió estando omnipresente en el partido frente al equipo maño.

Se diría que hay algo que se resiente de lo que vino siendo la trayectoria del equipo a lo largo de casi toda la temporada: la ausencia de un esquema de juego que permitiera al once carbayón sentirse seguro haciendo su fútbol, así como la falta de continuidad en las tácticas y en el juego del equipo. Ante el Zaragoza fue uno de esos partidos en los que se veía que el balón no iba a entrar

Desde luego, máxime viendo los resultados que se produjeron este fin de semana en Segunda División, no nos queda otra que el resultadismo, propio y ajeno, en las jornadas que restan de aquí al final del campeonato, resultadismo que podría llevarnos a terminar la temporada en la zona de ‘play off ’

Lo que se repitió en el partido frente al Zaragoza fueron jugadas de ataque en las que faltó esa última precisión, ese último desmarque, esa creencia en una táctica ganadora para el equipo que tenemos.

No sólo no pudo ser, sino que además el del sábado fue uno de esos encuentros en los que se intuía que el balón no iba a entrar, como, en efecto, así fue. Por mucho empeño que pusieran.

Se diría que en ningún momento se conjuraron los temores y los fantasmas que llevamos sufriendo desde que empezó la liga. Y, al no conjurarse, nos temíamos que no íbamos a llegar a tiempo para algo tan decisivo como es el gol.

Ver Post >
Recuerdos de Oviedo: Sorpresa en la Plaza de Pedro Miñor
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 21-05-2017 | 7:55| 0

“Tan gloriosa es una bella retirada como una gallarda acometida”. (Gracián).

Con las obras de construcción del parking de la plaza de la Escandalera, su fuente nada pretenciosa, pero muy nuestra, dejó de estar en su sitio, la misma fuente con la que nos encontrábamos todos los días a la ida y a la vuelta del colegio en la etapa en la que vivíamos en la plaza del Carbayón. Y, a decir verdad, cuando dejamos de verla, yo no sabía si había desaparecido para siempre, o si volvería a su sitio cuando finalizasen las obras.
Y el hecho fue que, sin poder precisar la fecha concreta, una tarde en los años setenta, inesperadamente, volví a verla en la plaza de Pedro Miñor. Y allí sigue.
Recuerdo que me acerqué a ella deteniéndome allí unos minutos, para cerciorarme de que, en efecto, era la misma fuente que había estado en la Plaza de la Escandalera. Y, a decir verdad, no encajaba mal en su nueva ubicación, al tiempo que le daba su no sé qué de prestancia a la plaza donde había sido trasladada.
Además, aquel encuentro –o reencuentro- fue en los setenta, o sea, en plena adolescencia. Y, miren ustedes por dónde, quizás haya sido una de mis primeras vivencias en las que saboreé lo agridulce de recuerdos gratos de un tiempo, aunque cercano, irrecuperable. Quiere decirse que hay momentos en la adolescencia en los que se echa de menos la infancia, aunque es más frecuente que, en esa etapa de la vida, se sueñe con momentos delirantes en un futuro más o menos próximo, más o menos perfecto.
Lo primero que me pregunté en aquella tarde fue si la presencia de esa fuente, entre otras cosas, significaba que el centro de la ciudad se iba desplazando hacia arriba, porque, bien pensado, el hecho de que, para llegar a la plaza de Pedro Miñor, uno de sus accesos más cómodos fuese recorrer antes la calle Valentín Masip significaba, o podría significar que la ciudad también crecía, al igual que el adolescente que rescato en esta historia.
Acaso me influyó mucho ver de nuevo la fuente de forma inesperada, pero lo cierto es que tuve sentimientos encontrados. Por un lado, su nueva ubicación incrementaba el atractivo de aquel rincón de Oviedo al final de la calle Valentín Masip. Por otra parte, confieso que no me hubiese disgustado que, tras las referidas obras, hubiese vuelto a su sitio de siempre. Pero había que asumir la realidad, esto es, el crecimiento.
Plaza de Pedro Miñor, años 70. Había algo del centro de Oviedo que se desplazaba hacia un enclave más alto de la ciudad, enclave que, como escribí más arriba, estaba muy cerca de una calle que estrenaba mucha actividad comercial.
Plaza de Pedro Miñor. No sólo llevaba un nombre muy notable en la ciudad, sino que además se “amueblaba” con algo que había formado parte del centro mismo de Oviedo. La suma de ambas cosas le daba a aquello una raigambre innegable.

Transcurrieron muchos años antes de que la plaza de Pedro Miñor se convirtiese en un lugar de paso camino del nuevo Tartiere, en una referencia de esa ruta gloriosa que, para muchos de nosotros, representa el oviedismo.
Y no sólo estamos hablando de un lugar de paso en el que el oviedismo es protagonista, sino también de una plaza acogedora y agradable, en la que a su alrededor hay establecimientos con mucho tirón, tanto en su interior como en las terrazas que despliegan por casi todas las esquina de la plaza.
Plaza de Pedro Miñor, desembocadura de una calle muy comercial y muy viva, lugar de paso al nuevo Tartiere, atractiva cita para disfrutar en cualquiera de sus terrazas, Y, por si todo ello fuera poco, no sólo lleva incorporado un nombre ilustre en la historia de Oviedo, sino que además cuenta con la fuente de la que venimos hablando como una incorporación de un Oviedo céntrico y tradicional.
Plaza de Pedro Miñor, a la entrada y a la salida de los encuentros que se juegan en el Carlos Tartiere, es un hervidero de oviedismo. Por las tardes, en los días más tranquilos de la semana, es frecuente ver a niños jugando. Y, además de todo eso, los establecimientos hosteleros que hay a su alrededor cumplen sus deberes de calidad y elegancia.

Pero regresemos a aquella tarde del reencuentro. Recuerdo que llovía, es posible que fuese miércoles. La sensación me resultó agradable; tanto fue así que, a pesar de la lluvia, allí permanecí unos minutos, como conté más arriba.
Luego, sin tenerlo previsto, bajé a la plaza de la Escandalera, conservando en la retina el reencuentro que acababa de vivir.
Tomé aquella decisión sobre la marcha, no para comparar ambas fuentes y dirimir cuál de ellas podía agradarme más estéticamente. No, no se trataba de eso, sino de tener ambas imágenes muy cercanas en el tiempo, en un margen no superior a los 15 minutos.
Y, al llegar a la Escandalera, tuve muy claro que la fuente que había sido desplazada a la plaza de Pedro Miñor, aunque más pequeña, no había estado fuera de sitio en su ubicación anterior, ni tampoco desentonaba en su nuevo emplazamiento. Oviedo crecía, así lo pensé, con incorporaciones, sin desgarros, del mismo modo que el adolescente que era yo crecía y quería crecer.
Confieso que tal convencimiento, más bien tal vivencia, me emocionó y me produjo serenidad y bienestar. Lo esencial no era que las cosas y las personas permaneciesen o no en el mismo sitio, sino que, en el caso de que cambiasen, lo hiciesen sin desarraigos.
Plaza de Pedro Miñor, primeros años setenta. El reencuentro con la antigua fuente de la Escandalera fue todo un símbolo del sosiego, de “la casa sosegada”.

Ver Post >
Cuando la política pasa por los juzgados
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 19-05-2017 | 3:25| 0

Resultado de imagen de gabino de lorenzo y Wenceslao, el comercio

Si nos circunscribimos a Oviedo, aunque, por desgracia, la cosa sería extrapolable al resto de la vida pública del país en su conjunto, resulta que no pequeña parte de la política pasa, o anuncian que va a pasar, por los juzgados. Por ejemplo, ahí está Gabino de Lorenzo anunciando acciones legales contra el alcalde de Oviedo a resultas, según leo en EL COMERCIO, del expediente de responsabilidad patrimonial por la expropiación de Villa Magdalena, incoado a instancias del regidor Wenceslao López.

Así las cosas, el actual delegado del Gobierno de todas las Españas considera que se han vulnerado sus derechos, dado que no se le concedió la oportunidad de presentar las alegaciones pertinentes.

Desde luego, no seré yo quien se ponga a hacer digresiones leguleyas al respecto. Expertos hay en la materia entre los que no me encuentro.

Dicho esto, resulta, como mínimo, inquietante que el actual responsable de la seguridad en Asturias, cuestiones legales al margen, no haya tenido a bien manifestar su malestar por las consecuencias de la expropiación de un palacete, que serán muy lesivas para la ciudadanía ovetense. Porque aquí no estamos hablando de una decisión política con la que se puede estar o no de acuerdo, sino con una apuesta personal sangrante en lo económico para los contribuyentes. ¿Tan difícil es reconocer errores?

¿No cabría esperar la misma locuacidad del exalcalde carbayón para dirigirse a los ciudadanos que, según parece, tendrán que cargar con los costes de una determinación personal que la ciudad no necesitaba?

Cuando la política pasa por los juzgados. También leo en el diario EL COMERCIO que el juez encargado del caso deniega paralizar los cambios de nombre en el callejero de Oviedo decididos por el equipo de gobierno en aplicación de la ley de memoria histórica.

Sobre este tema, ya escribí más de una vez. Y me parece difícilmente refutable que se legisle para que el callejero de una ciudad perteneciente a un país democrático no rinda homenaje a personas vinculadas con una dictadura que ahogó derechos y libertades. Y no se puede negar que el franquismo fue una dictadura. Lo triste del caso es que tenga que ser un juez el que recuerde tal cosa en una sentencia, porque algo así debería establecerse en el debate ciudadano.

Así las cosas, Gabino de Lorenzo muestra energía y voluntad para emprender acciones legales, a las que tiene todo el derecho, pero, no obstante, no se toma la molestia de manifestarse apesadumbrado por las consecuencias de una expropiación que resulta ruinosa para la ciudad y sus contribuyentes.

Y, por otra parte, hay que reconocer que los cambios en el callejero de Oviedo tendrían que haberse llevado a cabo hace ya muchos años, sin que un debate de esta índole acabase dirimiéndose en el ámbito judicial.

El ser o no ser de una sociedad que se reclama democrática también se manifiesta en su callejero. No olvidemos esto, por favor.

Ver Post >
Recuerdos de Oviedo: La Fundación Municipal de Cultura en sus primeros tiempos
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 07-05-2017 | 9:44| 0

La imagen puede contener: casa y exterior

“No podemos vivir sin la convicción de que hay algo indestructible en nosotros.” (Franz Kafka).

Visité por vez primera el sanatorio Miñor en los años 70, cuando fui a ver a la más joven de mis tías abuelas, que siempre decía que había nacido “con el siglo”. Estaba recién operada y se encontraba con buen ánimo. Recuerdo perfectamente su conversación que versaba sobre la carestía, para ella desmedida, de la vida entonces. También recuerdo que uno de los familiares que la acompañaba en la habitación comentó que en el Miñor habían venido al mundo muchos niños.
Por eso, en mi primer día de trabajo en la Fundación Municipal de Cultura, cuya primera sede estuvo en el Miñor, me vino a la mente aquel comentario acerca de la historia del lugar en la referida visita. Y, bien pensado, que tuviese que desempeñar mi tarea en la Concejalía de Educación tenía cierto vínculo con aquella historia.
¿Alguien recuerda, por estos pagos, que la primera Presidenta de aquella Fundación Municipal de Cultura fue Aurora Puente? ¿Alguien recuerda que, en el primer mandato de Masip como Alcalde carbayón, el concejal de Educación era Cándido García Riesgo, un socialista ejemplar para quien la izquierda no era una mera cuestión de siglas? ¿Alguien recuerda, en fin, que hubo un tiempo en el que la política, en materia cultural y educativa, era tomada en serio por algunos responsables políticos?
El hecho fue que solamente una vez, y durante un breve periodo de unos meses, desempeñé una tarea profesional que no fue la docencia. Y fue precisamente allí en la Fundación Municipal de Cultura donde trabajé como coordinador de la concejalía de Cándido Riesgo. Ciertamente, no me tocaba dar clase, si bien mi tarea no era ajena al asunto educativo. Así es que los cometidos que me correspondía realizar no eran ajenos a lo que pasaba en las aulas, o, en todo caso, a los centros docentes, de cuyo mantenimiento tenía que ocuparse el Consistorio.
Mi etapa en la Fundación Municipal de Cultura fue en el curso 86-87. En los bajos del Sanatorio Miñor, siguiendo con cuestiones docentes, estaba el CEP.
Y, por su parte, Cándido Riesgo ponía todo su empeño en el mantenimiento de las instalaciones de los colegios públicos y también, desde su concejalía, se colaboraba con las actividades culturales y deportivas.
Y, en otro orden de cosas, hay que decir que, por aquellos años, José Ángel Fernández Villa era un personaje todopoderoso en Asturias. Y, a este respecto, hay una imagen que jamás olvidaré. Como se sabe, la sede de HUNOSA se encuentra frente al Miñor.
Pues bien, en un acto de protesta sindical a las puertas de esa misma sede, cuando Maese Villa salió del coche, un Renault 18 de color rojo, una nube de fotógrafos se movilizó para hacer la instantánea del día. El mostachudo líder del SOMA como estrella mediática.
La referida imagen la vi desde el balcón del despacho de Juan Vega, gerente de la Fundación Municipal de Cultura, cuyas tareas eran muchas y diversas, fundamentalmente, las que tenían que ver con la programación del Teatro Campoamor, donde no sólo se representaban obras teatrales interesantes, sino que además había exposiciones de muy variada temática.
Y, volviendo a aquella imagen de Villa, rodeado de fotógrafos, cuando salió de su coche, tenía el semblante serio, contundente, incluso diría que airado. Todo un actor.
Gobernaba el PSOE en España, en Asturias y en Oviedo, esto es, su propio partido político, pero, claro, había que escenificar que eso no le llevaba al conformismo, que sus reivindicaciones estaban por encima de todo, que lo primordial era la defensa del mundo minero ante los peligros que se avecinaban de posibles reconversiones industriales.
Toda una lección de alta política, o, viendo lo que vendría después, de baja política. Pero ahí está nuestra historia llariega en la que Villa figura y figurará, y no precisamente en una mera nota a pie de página.
Volviendo a la FMC, allí estaban las concejalías de Cultura y Educación, con sus correspondientes funcionarios y, como dije, con Juan Vega en la gerencia.
A la hora de rescatar lo más esencial de mi experiencia allí, me produce ternura, no exenta de nostalgia, que era un tiempo en el que quedaba mucho por hacer, o, al menos, eso se pensaba. Mejorar las instalaciones docentes, esto es, apostar, desde lo que correspondía, por la enseñanza. Ofrecer a la ciudadanía ovetense ciclos de cine, representaciones teatrales, exposiciones, y así un largo etc. Y, desde luego, se tenía muy claro que aquello, como la vida según Gil de Biedma, iba en serio, tenía que ir en serio.
Puedo decir que Cándido García Riesgo no sólo apostaba por la enseñanza pública desde la teoría en busca de titulares, sino que además ponía todo su empeño en ello, desde unos planteamientos en los que el institucionismo tenía una presencia importante.
Puedo decir también que, en lo que se refiere a las actividades culturales, se buscaba la calidad y el interés, y, en muchos casos, se lograba.
Pasó el tiempo, y el mencionado palacete dejaría de ser la sede de la Fundación Municipal de Cultura, que se trasladó en tiempos del gabinismo al Teatro Campoamor.
Y siempre recordaré que los teléfonos no dejaban de sonar, que Cándido Riesgo recibía muchas visitas tanto de personal directivo de los centros docentes, como de asociaciones de padres.
Fue un honor haber trabajado con Cándido Riesgo, socialista, insisto, no sólo de siglas.

Ver Post >