img
Panorama vetustense: Un paseo por Oviedo
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 27-11-2015 | 06:29| 0

“Se puede desposeer al hombre, se le puede quitar todo y se las arreglará de algún modo u otro. Sin embargo, una sola cosa no hay que tocar, pues, si se lo priva de ella, estará perdido sin remedio: la voluptuosidad de quejarse”. (Cioran).

 

Aunque estemos en otoño, la mañana se vistió de invierno en Asturias, con su viento desapacible y su orbayu, con su baja temperatura, con sus calles mojadas, con sus inveterados atascos cada vez que llueve, con su no sé qué de tristeza en las nubes, con las primeras nieves en el Aramo, con esa atmósfera desangelada que invita a ponerse a cubierto.

Llueve en Oviedo. Se apuran los cigarrillos que toca fumar al aire libre. Los paraguas abiertos por las aceras se convierten en una especie de hongos que parecen haber crecido a resultas del continuo goteo. Son los sombreros que usa la ciudadanía en días como éstos, sombreros funcionales de los que, de entrada, no se espera la elegancia.

Llueve en Oviedo. Gotas que se van deslizando por las innumerables estatuas que se instalaron en la ciudad en las dos últimas décadas. En la Plaza de España, a pesar de la parálisis a la que invitan el frío y la lluvia, el movimiento que genera la burocracia no hace mudanza en su costumbre, no puede hacerla.

Llueve en Oviedo. Cerca de los edificios de los juzgados, en las pequeñas zonas verdes que hay, algunos perros corretean y juegan ajenos a las inclemencias del clima. Tal vez se trata de la estampa más alegre y confiada que se dejó mostrar esta mañana. Además de alegre y confiada, enternecedora.

Llueve en Oviedo. La ciudad, políticamente hablando, sufre días convulsos. En lo que a esto toca, sí que se pueden predecir mudanzas, puesto que, salvo sorpresas, todo parece indicar que, políticamente hablando, el que fuera candidato más votado en las últimas elecciones municipales no parece contar con mucho futuro por delante en lo que respecta a su presencia en la vida pública. Se diría que los principales dirigentes de su partido no apuestan gran cosa por él. Se diría que, pase lo que pase con la imputación que tiene sobre sí, no cuenta con circunstancias muy favorables para hacer planes políticos ni siquiera a corto plazo.

Insisto, a este propósito, en algo que tengo escrito muchas veces. Los linchamientos me resultan abominables, máxime cuando van acompañados de muchas actitudes cínicas que aparentan escandalizarse ante algo que, de no haberse hecho del dominio público, no sólo no condenarían en su intimidad, sino que es más que probable que aplaudiesen. Dicho lo cual, parece innegable la gravedad de lo acontecido y, a consecuencia de ello, se está haciendo esperar una dimisión que tendría que haberse escenificado ya, al menos hasta que la situación se aclarase favorablemente para el afectado, cosa que, en el mejor de los casos, parece altamente improbable.

Pero, en todo caso, cabe aventurar que nos espera un largo proceso al que asistir. Una vez que se produzca la defenestración política de Caunedo, con independencia de que decida o no dimitir, tendrá que abrirse un proceso para que alguien se ponga al frente del PP de Oviedo, carrera que, aunque no conste oficialmente, ha empezado ya. Y está por ver si, una vez más, decidirá el dedazo de turno, o si se permitirá que la militancia tenga voz y voto. Más bien, está visto ya.

Al final de la mañana, se informa en los medios que Caunedo y la lideresa conservadora siguen teniendo una conversación pendiente.

En algún momento que otro, el orbayu se detiene

Ver Post >
Recuerdos de Oviedo: La muerte de Franco
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 22-11-2015 | 00:08| 0

“A quien vive de combatir a un enemigo, le interesa que éste siga en vida”. (Nietzsche).

“En un Burgos salmantino de tedio y plateresco, en una Salamanca burgalesa de plata fría, Francisco Franco Bahamonde, dictador de mesa camilla, merienda chocolate con soconusco y firma sentencias de muerte”. (Francisco Umbral).

 

A primera hora de la mañana, nos enteramos de la noticia. Franco, tras tantos partes del llamado “equipo médico habitual”, se había muerto. Y la comparecencia de Arias Navarro, dando lectura entre sollozos al testamento político del dictador, puso fin, oficialmente, a una era.

Larga y paralizada mañana, aparentemente paralizada, porque la inquietud, en Oviedo y en el resto del país, era grande, tenía que serlo. Había que esperar a que la prensa plasmase en todas sus portadas aquella muerte. Había que escuchar las emisoras de radio clandestinas para saber lo que se decía en el extranjero acerca de aquella España que, irremisiblemente, empezaría una nuevo ciclo histórico.

Si la agonía del dictador fue larga y duradera, también los fueron las exequias fúnebres hasta el momento mismo en el que su sucesor asumió la Jefatura del Estado. Exequias fúnebres en las que Imelda Marcos y Pinochet visitaron nuestro país, en la que se informaba oficialmente de los telegramas que llegaban de afuera, algunos exóticos y pintorescos como el del dictador de Uganda.

¿Cómo no imaginarse las portadas de los periódicos? ¿Cómo no reparar en algunos artículos que se atrevían a hacer insinuaciones críticas acerca del protagonista de un periodo histórico que acababa de concluir?

¿Cómo no sentir una curiosidad ilimitada al saber que aquel día no había conversación familiar o social en la que no se hablase de la noticia de la muerte del dictador?

En aquella España y en aquel Oviedo, había iglesias en las que se rezó durante aquellos días por la recuperación de la salud de Franco y había iglesias también en las que se encerraban obreros para hacer públicas sus protestas sin correr el riesgo de ser disueltos por las fuerzas del orden. Y es que, también en las iglesias se daban cita las dos Españas.

Por otra parte, el anuncio de la muerte de Franco llegó acompañado de la noticia de la suspensión de las clases, lo que nos dejaba sin un enclave donde reunirnos para tomar el pulso a la situación hablando en voz baja y con reservas.

Calles de Oviedo. No llovía. Aquel día de otoño, si la memoria no me falla, llegaba con una temperatura suave para las fechas en las que nos encontrábamos. Y, en las calles, todo el mundo se detenía a hablar. Era, como dije más arriba, una parálisis angustiosa, aquella que anticipa acción y cambios, aquella que tiene la incertidumbre en el horizonte más próximo. ¿Qué pasaría? ¿Qué nos iba a pasar?

La televisión pública fue un continuo NO-DO. Franco, salvador de la patria, militar victorioso, hombre elegido por la Providencia para hacer frente al comunismo, a los enemigos de Dios y de España. Imágenes de un duelo interminable que comenzaron con Arias Navarro y que continuaron con todo un coro de plañideros y plañideras oficiales.

¿Y Oviedo? Claro, se recordaban oficialmente sus vínculos con la ciudad. Su boda en San Juan el Real. Su esposa carbayona. El cariño, con el que según algunos,  se le había conocido en su momento como “el comandantín”. Eso era no pequeña parte del relato oficial. Frente a ello, lo doloroso y escalofriante. Frente a ello, el asesinato del Rector Alas al que Franco no tuvo a bien indultar. Frente a ello, las décadas de represión y silencio. Frente a ello, el recordatorio de aquellos que tuvieron que abandonar nuestro país. Frente a ello, el miedo y las delaciones. Frente a ello, las ansias de libertad que no se dejaban adormecer.

¿Cómo no recordar las portadas de los periódicos y de los semanarios dando noticia de aquella muerte? Lo cierto es que logro rescatar la imagen de la revista “Cambio 16”. Con ella, entré al Teatro Campoamor, a ver no recuerdo bien qué película. Y no se me irá nunca de la memoria el clamor de un texto publicado en aquella revista en la que preguntaba por qué no se podía hablar de dictadura en lugar de democracia orgánica o régimen.

Toda España fue una esquela mortuoria.  Todas las portadas de la prensa tenían ese formato. En Oviedo, como en el resto del país, la gente iba y venía por las calles con periódicos y revistas. En Oviedo, como en el resto del país, todo eran dudas, en una dialéctica de esperanzas y miedos.

Cuando se cumplen ya cuarenta años de aquel deceso. Cuando el actual sistema político tiene ya más recorrido en el tiempo que el de la propia dictadura en sus distintas fases, Franco y su etapa están históricamente hablando demasiado próximos y están existencialmente abismalmente alejados de nuestros afanes y desvelos.

Pero, en todo caso, hablamos de un día que puso fin a un proceso histórico con el que no se rompió como cabía esperar, sino que se habilitó una salida a un régimen anacrónico en la Europa de entonces, salida que provocó estancamiento y amnesia de la memoria colectiva.

¿Qué cosa había sido el exilio, todos los exilios, también el interior? ¿Qué podían estar sintiendo y pensando todos aquellos que se encontraban en las cárceles y en los países que los habían acogido en su peregrinaje para salvar sus vidas?

Más allá de las voces oficiales en los medios públicos, oímos aquellas otras que expresaban sus clamores y temores a través de emisoras clandestinas. Más allá de la vida cotidiana de cada cual, lo que había era preguntas que buscaban asideros.

Oviedo fue también una esquela. Oviedo fue también un hervidero de conversaciones en voz baja. El Oviedo oficial no desentonó del resto, no podía ser de otro modo. Pero aquel Oviedo, que conservaba entre temblores y temores su memoria, bullía lo suyo.

¿Cómo no detenerse un momento frente a los muros del edificio de la Universidad y evocar a Clarín y a su hijo? ¿Cómo no detenerse un instante frente al Teatro Campoamor invocando para nuestros adentros al Clarín más angustiado que describió Fernando Vela en un texto memorable? ¿Cómo no homenajear en silencio clamoroso al mejor Oviedo intelectualmente hablando? ¿Cómo no desear recuperar la voz y el voto?

La hojarasca del Campo de San Francisco con sus ayes fue nuestro coro bajo un cielo gris, en medio de un empapelado de esquelas mortuorias, copias de una esquela muy grande que acaparaba todos los titulares.

Ver Post >
¿Y si pedimos juego limpio?
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 20-11-2015 | 09:21| 0

Las mentiras resultan a veces mucho más plausibles, mucho más atractivas a la razón, que la realidad, dado que el que miente tiene la gran ventaja de conocer de antemano lo que su audiencia desea o espera oír”. (Hannah Arendt).

 

Estoy seguro que, sin tardar mucho, no pasará desapercibido el afán, cítrico más que crítico, que hay contra el Equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Oviedo desde el momento mismo de empezar su andadura. Y es que –perdón por la obviedad- sin que estén exentos de descoordinaciones y errores, que, desde luego, no deben pasar inadvertidos, se diría que, pase lo que pase, de lo que se trata, para determinados ámbitos mediáticos y políticos, es de seleccionar la noticia de turno del modo que pueda resultar más lesivo para quienes gobiernan el Consistorio carbayón, sin que les importe lo más mínimo a estos detractores de oficio incurrir en aquella doble mentira que, según escribió Machado, es la media verdad, sesgada y prendida con alfileres.

 

¿Y si jugamos limpio? Se les criticó muy duramente por el hecho de que abogaron por no tener determinados servicios privatizados, como es el caso de la recaudación. Se habló de inquina y de afanes crueles de dejar a gente en el paro, cuando la realidad es que, llegado el momento, a nadie se le impide optar a ser funcionario municipal cuando haya la convocatoria correspondiente y se cumplan los requisitos que se fijen.

Pero es que ahora resulta que hay quienes hablan de que tanto el Alcalde como los ediles de Somos pretenden despedir a funcionarios y contratar a gentes cercanas a ellos, sin reparar, claro está, en que no es lo mismo ser funcionario de carrera habiendo aprobado la oposición correspondiente que tener un cargo de confianza a dedo, cargos, por cierto, generosamente retribuidos.

Por favor, jueguen limpio y no incurran en falacias tan enormes. Tanto en el ámbito autonómico como en el municipal, sólo Podemos y Somos han puesto reparos a los llamados cargos de confianza o ayudantes que, a resultas del dedo de turno, cobran sueldos del erario público. Bueno sería que poner fin a todo tipo de nepotismos, bueno y necesario desde la óptica de una regeneración de la vida pública que tanto necesitamos y que todos los partidos, al menos en teoría, reivindican. Distinta cosa es ser consecuentes con esa prédica, algo que, salvo las excepciones nombradas, no se plasma en la realidad.

Quienes permanecieron ciegos, mudos y sordos ante despilfarros continuos y nepotismos por doquier tienen ahora la desfachatez de recriminar al Gobierno municipal que se cuestione la idoneidad y pertinencia de que se sigan manteniendo ciertos nombramientos de quienes les precedieron en sus tareas.

Por favor, critiquen las incoherencias y errores que vean, que, sin duda, existen, pero jueguen limpio y abandonen las medias verdades que parecen ir en busca de pesebres.

Ver Post >
Viga azul: Ganas y clase
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 16-11-2015 | 21:45| 0

Una conjunción perfecta la del partido de hoy en el Carlos Tartiere, entre las ganas, muchas, que puso Koné, y la maestría en el lanzamiento de falta que demostró una vez más la asombrosa clase que atesora Susaeta.

En cuanto a Koné, no sólo consiguió el tanto que abrió el marcador para el Oviedo, sino que además batalló de principio a fin, arrebatando balones, inventando jugadas, superando en velocidad a los defensas adversarios. Un jugador con peligro, con garra y con voluntad. Un jugador incisivo que abre brechas en la defensa contraria, tanto para colarse él, como para habilitar al compañero mejor situado. Sin duda, estamos hablando de un jugador que nos dará muchas alegrías.

¿Y qué decir del gol de Susaeta? Mandó el balón allí donde el portero contrario no podía atraparlo, desde el poste se introdujo en la red con la mansedumbre de la precisión más certera. Hay lances en los que el jugador de vasco del Oviedo entronca con lo mejor del oviedismo, esto es,, con la elegancia, con la clase, con el señorío a la hora de  culminar un lanzamiento que quiere y consigue ser decisivo.

Es de justicia, asimismo, consignar lo inspirado que estuvo Erice, cuya autoridad en el juego azul es cada vez más indiscutible.

Por lo demás, también hay que valorar la lucha de Linares y Borja Valle, lucha sin la eficacia deseada en las jugadas que tuvieron el gol muy cerca. Dicho ello, resulta obligado elogiar la entrega de ambos y, particularmente, la tenacidad del berciano tras salir de otra larga lesión, tenacidad por partida doble en el sentido de que no sólo peleó de principio a fin hasta que fue sustituido, sino que además es un futbolista que no se esconde y que se arriesga no sólo en jugadas de choque, sino también en busca del gol al que no renuncia.

Por otro lado, sin lanzar las campanas al vuelo, toca preguntarse si el encuentro de hoy podrá marcar un antes y un después en lo que se refiere a si el Oviedo encontró un esquema de juego que, de una parte, le permita ser fiel a  sí mismo y que, de otra parte, sirva para alcanzar la solidez defensiva que, hasta el momento, no hemos tenido.

Ciertamente, no hay que engañarse, pues el Nástic tuvo ocasiones de gol muy claras. En una de ellas, Esteban estuvo providencial desbaratándola con una salida certera; en otro lance, el travesaño se puso de nuestro lado. Y, además de las susodichas ocasiones, cierto es que también se cometieron fallos defensivos que esta vez no fueron decisivos en nuestra contra. Es decir, resulta necesario mejorar atrás.

Y tal necesidad se puso de manifiesto, incluso en un partido en el que parecía claro que el dominio del encuentro le correspondía, esta vez sí, al Real Oviedo.  Lo dicho: sería erróneo incurrir en euforias injustificadas, pero tampoco es del caso situarse en un pesimismo derrotista.

Nos cuesta, sí, hacernos con un esquema de juego que garantice la solidez del equipo. Creo que hoy se avanzó en ese sentido, lo cual no significa que se hayan conjurado las debilidades y los flancos débiles.

Y, en todo caso, toca confirmar esa mejoría, que, por fortuna, pudimos constatar en un Carlos Tartiere, metido en niebla en la segunda parte, en una tarde en la que la reciente tragedia que se sufrió en París no dejó de conmocionarnos.

Ver Post >
Recuerdos de Oviedo: Aquellas asambleas universitarias
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 15-11-2015 | 05:59| 0

Lo que debiera enorgullecernos es el aprender por nosotros mismos, de la mejor manera posible, a hablar siempre lo más sencilla y claramente posible, sin pedantería, y evitar como una plaga la sugerencia de que estamos en posesión de un conocimiento demasiado profundo para ser expresado con claridad y simplemente”.  (Popper).

 

“Somos marxistas y, por eso, somos también dialécticos. Y la dialéctica demuestra que todo está relacionado”. Las palabras entrecomilladas que acabo de reproducir no tienen la autoría de un filósofo de referencia, sino que se dijeron en una Asamblea de Facultad en Filología e Historia a finales de los años setenta, por parte de quien tenía la voz cantante al ser increpado por alguien que le objetó que estaba cambiando de tema en su perorata sin solución de continuidad. Y esto que les traslado aquí no es algo que me hayan contado con la dosis imprescindible de sal y pimienta, sino que se trata de palabras que escuché como asistente a una de aquellas asambleas que no tenían orden del día, sino que eran intervenciones improvisadas que buscaban el lucimiento y, tal vez, fajarse en aquellas lides para convertirse, andando el tiempo, en líderes de referencia. Y, sin descender a lo concreto, puedo asegurar que algo de eso sí que hubo.

Aquellas asambleas en la Facultad de la Plaza Feijoo donde estaban entonces Filología e Historia, puesto que los estudios de Filosofía ya no se impartían allí desde finales de los setenta. Aquellas asambleas, digo, que nunca fallaban a últimos de enero o a principios de febrero y que, por lo común, acababan declarando una huelga de muy pocos días. Aquellas asambleas en las que solían tomar la palabra gentes que llevan mucho tiempo esgrimiendo alegatos a favor de la ley y el orden y que a día de hoy están muy lejos del rojerío feroz en el que en su momento militaron. Pero, bueno, creo que no es del caso citar nombres que en muchos casos sorprenderían. Ya digo, gentes de orden, que, en el más favorable de los casos para la coherencia del rojerío del que hicieron gala, hoy se encuentran en el PSOE, y, aun así, en los sectores más moderados. ¡Cómo cambian algunos con el tiempo!

La palabra, se tomaba la palabra. Y había quien continuaba con su prédica tras las asambleas con el calor de sus personas más afines. Sin duda, un excelente entrenamiento. Y, con la perspectiva que da el paso de los años, lo cierto es que enternece recordar que todo el mundo parecía muy convencido de que lo que allí se decía era decisivo e importante. Allí, en la Facultad.

Quien esto escribe fue testigo de varias conversaciones que mantenían militantes del PCE en la cafetería de la Facultad con la consigna, según decían, de que las bases del partido tendrían que pronunciarse sobre si aceptaban o no la Monarquía. Hablamos, claro está, de los tiempos en que Franco se había muerto y en los que Carrillo apostaba por la reconciliación nacional desde un discurso muy, pero que muy moderado. Y estaban seguros de que sus conclusiones serían tomadas muy en serio. ¡Madre mía!

Quien esto escribe tuvo la oportunidad de comprobar que eran muchas las personas que se consideraban brillantes y profundas en su capacidad analítica. Nunca olvidaré, a propósito de esto que les digo, lo tenso que me resultó tener que comentar a alguien mi parecer sobre un texto que había escrito un estudiante de Historia y que había dirigido a un semanario que no se lo publicó. El texto en cuestión se aproximaba a los cuarenta folios y, según su autor, era tan relevante lo que allí se decía que no cabía síntesis posible. Según el referido pensador, se trataba de una especie de ensayo sobre la Universidad española que necesitaba una profunda transformación tomando como base el pensamiento de los filósofos y científicos más avanzados. Y aquello no había forma de leerlo sin hilaridad, entre otras cosas, por el más que excelente concepto de sí mismo que destilaba el firmante del sesudo texto. Citas sin notas a pie de página, de una autenticidad más que dudosa. Pero el “yo” de quien aquello escribía era más que redundante y más que omnisciente.

Se hablaba, se discutía, todo era interminable. Y la cristalización de tanta dialéctica transcendiendo, de tanta retórica de consignas de café, en lo que yo recuerdo, no pasó nunca – repito- de convocatorias de huelga y, también, de algún que otro encierro. Apasionante todo, sin duda.

¿Y cómo no recordar también las asambleas de distrito que tenían lugar en la Facultad de Ciencias, un espacio inmensamente más amplio que los pasillos de la Facultad de Letras de Feijoo? No soy capaz de recordar que, a la hora de tomar la palabra, alguien tuviese lo que más tarde se denominaría “miedo escénico”. El miedo estaba en pensar si a la salida habría que correr para evitar las arremetidas, no siempre dulces, de los grises.

Hubo, ya que de esto hablamos, una inolvidable Asamblea de Distrito, en la que discutieron acaloradamente un trotskista y alguien que, al juzgar por su discurso, sería del PCE. El primero no estaba por las medias tintas. Ante todo, la revolución, no sólo en el ámbito universitario, por supuesto. Y la réplica de su antagonista fue antológica:

“Hay que tener en cuenta les necesidaes operatives de les mases”.

Puro realismo en aquella respuesta. El obrero de entonces no estaba dispuesto a renunciar a determinadas comodidades, y no había que pedirle que se echase al monte de la revolución. El sistema capitalista nos tenía atrapados. La respuesta tenía que ser muy otra, y había que pensar científicamente. Magistral aquel estudiante de Medicina, frente al trotskista que cursaba Historia. Socialismo científico, ante todo.

Aquellas asambleas, donde, entre todos los ismos, que allí se citaban predominaba, ante todo y sobre todo, el narcisismo. Y, salvo excepciones, el rigor y la coherencia no eran lo más presente en tantas y tantas peroratas. Había que cambiarlo todo desde la Universidad. Había que llenar los discursos de citas de clásicos, no siempre bien pronunciados. Había que tomar medidas drásticas y serias. Y no nos confundamos. Muchos se creían que aquello iba en serio.

Tengo para mí que más de un guionista de la película “La Vida de Brian” anduvo  de incógnito por aquellas asambleas. Tengo para mí que los policías infiltrados en las Facultades desarrollaron mucho su imaginación, porque tenían que contar conspiraciones peligrosas.

Ver Post >
Panorama vetustense: ¿Qué nos queda por ver?
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 13-11-2015 | 06:51| 0

De este modo el hombre injusto intentará cometer delitos correctamente, esto es, sin ser descubierto, si quiere ser efectivamente injusto: en poco es tenido quien es sorprendido en el acto de delinquir, ya que la más alta injusticia consiste en parecer justo sin serlo”. (Platón. “La República”).

Hemos visto la lucha de intereses y pasiones enardecerse cada día, historias estúpidas, comadreos vergonzosos, los desmentidos más descarados, el simple sentido común abofeteado cada mañana. Y hemos terminado por encontrarlo repelente. ¡Cierto! ¿Pero quién quiso que ocurrieran estas cosas, quién les fue dando largas?”  (Zola. “Yo acuso”).

 

¿Qué nos queda por ver? ¿Con qué nuevos y escandalosos titulares de prensa nos seguiremos encontrando a propósito del llamado caso Aquagest y similares? Lo último (o lo penúltimo, que nunca se sabe) al respecto es que los agentes de Aduanas entraron el día once del presente mes en el Ayuntamiento de Oviedo reclamando varios documentos relacionados con lo que puede denominarse trama del agua. Y estamos hablando de 2009, es decir, de un momento en el que el gabinismo seguía disfrutando de una mayoría absoluta amplia, mientras el entonces Alcalde tenía cosas más importantes que hacer que acudir regularmente a los Plenos.

Aunque no es Oviedo el único Ayuntamiento asturiano investigado por los agentes de Aduanas relacionados con la referida trama, sin duda, el largo y folletinesco serial de los viajes de Caunedo y compañía convierten a esta ciudad en el principal foco de atención de este asunto en nuestra tierra. En todo caso, conviene no olvidar que en esta trama no todos los Ayuntamientos que están siendo investigados fueron gobernados por el mismo partido. Conviene no olvidarlo frente a los maniqueísmos ramplones que ya se están exhibiendo en esta especie de precampaña electoral que estamos viviendo.

En todo caso, en esta columna lo que toca es hablar de Oviedo. Lo que toca es clamar y reclamar que esto se aclare de una vez, y que el señor Caunedo aporte toda la documentación que considere conveniente para defender sus actuaciones. Y que, acto seguido, el partido al que pertenece se pronuncie sin tibiezas ni ambigüedades.

Y es que no sólo estamos asistiendo al fin del gabinismo, un periodo excesivamente largo, marcado, entre otras cosas, por la chabacanería, el despilfarro y el matonismo político, sino que además nos toca ser testigos del proceso en el que se rompen las costuras de un hermetismo que duró dos décadas, y en esa ruptura saltan por los aires evidencias que quisieron ocultarse, así como compadreos mediáticos no menos duraderos ni tampoco menos sonrojantes. Resultado: mucho bochorno, excesivo ruido e inevitable furia.

No, no vale pretextar conspiraciones judeo- masónicas. No, no es de recibo esconderse tras tantas y tantas adulaciones. No, no resulta admisible tanto conformismo, tanta sumisión.

¿Qué cabe esperar que vaya a suceder en el PP carbayón? ¿Habrá arrepentidos que sigan sin saberlo la proposición LIV de la “Ética”, de Spinoza, y, a resultas de ello, tiren de la manta apuntando hacia arriba? ¿Habrá una desbandada notable? ¿O todo seguirá igual con la vana esperanza de que al final escampe? Barrunto que difícilmente ocurrirá esto último.

¿Qué nos queda por ver? ¿Qué nos cabe esperar? ¿Enmudecerán los que tanto jalearon? ¿Esconderán su arsenal de elogios quienes disfrutaron tanto y tanto de dádivas a lo grande?

Detesto, lo confieso, los linchamientos. Y es desolador ver que alguien se convierte en el muñeco de pimpampum, incluso cuando actuó de forma poco edificante. Dicho ello, es necesario que se asuman todas las irregularidades que pudieron haberse cometido. Que se asuman, llegado el caso, apartándose de la vida pública.

Y, por otra parte, a Oviedo le toca mirarse en el espejo de toda esta incesante escandalera, asumiendo, así, que el Gobierno de una ciudad va mucho más allá de las apariencias plasmadas por una estética marcada por el grandonismo más advenedizo. Que el Gobierno de una ciudad obliga a un escrupuloso respeto con las formas y normas democráticas. Que el Gobierno de una ciudad conlleva no sólo rigor con la transparencia, sino también una vida pública respirable sin majezas ni bajezas, con pulcritud, hermosa palabra cuya omnipresencia hay que recuperar ya para eso que seguimos llamando vida pública..

Ver Post >
Recuerdos de Oviedo: Galerías Preciados
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 08-11-2015 | 14:50| 0

“Allá van nuestros recuerdos/ mostrándonos lo que fuimos/ y para siempre seremos,/ cristal donde nuestras almas/ revivirán lo vivido”. (Manuel Altolaguirre).

 

Me tocó observar cómo iba avanzando el proceso de construcción del edificio de Galerías Preciados desde el ventanal de la cocina de nuestra casa en la calle Toreno, 5, ventanal que miraba al Naranco, pero que también ofrecía a la vista azoteas y tejados cercanos, entre ellos, el de los Grandes Almacenes que llegaron a instalarse en Oviedo. A medida que aquello iba subiendo, me hacía a la idea no sólo del crecimiento de Oviedo, sino también de que nuestra heroica capital se acercaba más a la gran ciudad. Lo más parecido a unos Grandes Almacenes era Simago, lo más parecido no sólo por los metros cuadrados del negocio, sino también porque allí se vendían las más diversas cosas, como en los viejos chigres, pero a lo grande. Recuerdo haber asistido a conversaciones de mayores en las que se hablaba, no sin cierta nostalgia del esplendor de otros tiempos, del antiguo Palacete de los Tartiere, cuyo solar, una vez derruido, era el que había escogido Galerías Preciados para su ubicación en Oviedo.

Llegaban, en efecto, otros tiempos, no sólo porque Franco se moriría unos meses después, cosa que entonces no se podía prever, sino también porque todo iba a más: los coches que circulaban, los inmuebles que se edificaban y las gentes que habitaban la ciudad. No dejaba de ser curiosa la coincidencia de que se diesen a la vez el crecimiento físico de la recta final de la adolescencia con el crecimiento urbano que entonces tocaba.

Y, a propósito de adolescencia, cierto es también que no había oído decir en aquel entonces que se trataba de una invención de los Grandes Almacenes. Eso se afirmó muchos años más tarde.

Pero sigamos con aquel Oviedo, que, perdón por la obviedad, ya atesoraba una gran tradición comercial. Sin embargo, lo en aquel momento  supuso Galerías Preciados fue toda una paradoja. De un lado, continuaba la tradición si se tiene en cuenta que su dueño era un indiano de nuestra tierra que, tras un periplo exitoso, se hizo con un importante nombre en Madrid y, desde allí, fue multiplicándose por la geografía española hasta llegar a Oviedo, es decir, a la capital de su propia tierra. Pero, por otro lado, sí que importaba mucho el tamaño en el caso que nos ocupa, porque eso era lo que convertía a aquel negocio en una especie de extraño dentro de un mundo muy familiar en el que los grandes negocios no tenían ni tantas plantas, ni tantos metros cuadros, ni tantas secciones comerciales, ni tantos empleados. Así pues, continuidad en un sentido y ruptura en otro, toda una dialéctica contradictoria a la que no fue muy ajena la marcha del propio país en aquel año de 1975 en lo que toca a continuidades más o menos disfrazadas con determinados envoltorios, pero ésa es otra historia.

Galerías Preciados. En Oviedo y en toda Asturias se esperaba con interés y curiosidad que llegase el gran día de la inauguración. Yo también deseaba ver que se ponía término a aquello y que, con ello, se culminaba un proyecto del que tanto y tanto se hablaba.

Y llegó el día. Fíjense: una de las novedades de las que más se hablaba era de la existencia de escaleras automáticas, toda una proeza de la técnica que, como la ciencia, avanzaba que era una barbaridad. Fíjense: en lo que más se incidía tan pronto se abrieron aquellos Grandes Almacenes era en la dicotomía entre calidad y cantidad. La ropa no era mejor; en todo caso, más variada. Y eso era, en general aplicable a todo lo que allí se vendía. Personalmente, he de confesar que me dejó muy frío la sección de librería, porque a aquel espacio le faltaba alma, le faltaba la atmósfera de las buenas y tradicionales librerías. Nada que ver con la librería Santa Teresa que pertenecía a la familia de mi padre. Nada que ver con un ambiente de ávidos lectores. Nada que ver con un entorno en el que los libros de siempre, los de la Colección Austral, por ejemplo, se sentían tan a gusto como en su propia casa.

De todos modos, también es cierto que,  de vez en cuando, más allá del acto propiamente dicho de hacer una compra, resultaba entretenido transitar sin prisa aquellos Grandes Almacenes, poniendo la atención sobre todo en el paisaje humano, en el que no escaseaba tampoco la mera curiosidad.

Más allá de los números acerca de la repercusión que Galerías Preciados podía tener en el número de ventas de los comercios tradicionales, lo cierto es que aquello era otro mundo, en el que se podía comprar no sólo ropa, no sólo productos deportivos, no sólo herramientas.

Y también quiero destacar la cafetería. Por supuesto, también era grande. Pero su mayor atractivo consistía en que estuviese ubicada en lo alto del inmueble, lo mismo (aunque en este caso era muy pequeña) que la cafetería de la Facultad en la Plaza Feijoo. Comer y tomarse un refresco o un café en lo alto del edificio, como un fin de ruta tras la compra, como un paréntesis en las rutinas y tareas. Lo cierto es que nunca comí allí, pero recuerdo perfectamente que se hablaba de la abundancia de las raciones, así como de la amplitud de la carta.

Galerías Preciados, en un Oviedo en crecimiento, en un Oviedo cuya vida comercial se iba asemejando cada vez más al de una gran ciudad. Andando el tiempo, “se descubriría el centro”. (Me refiero a Salesas). Andando el tiempo, llegarían, en las cercanías de Oviedo, lo que dio en llamarse las “Grandes Superficies”.

Pero Galerías Preciados fue otra cosa. Lo grande y lo voluminoso en el mismo centro de la ciudad. El devenir empresarial, triunfal y exitoso, de un indiano de nuestra tierra se asentó en Oviedo ya muy avanzado el siglo XX.

¿Acaso no fue Galerías Preciados una suerte de epílogo de la historia de los indianos de Asturias? Epílogo efímero, si se piensa que, en pocos años, aquella singladura terminaría por caer en manos de un emporio empresarial del que fuera su gran competidor, también asturiano, también de Grao, también moscón. Epílogo que no tuvo el esplendor estético de los palacetes indianos, epílogo que terminó apostando, según los imperativos del tiempo, por lo funcional.

Ver Post >
Panorama vetustense: ¿Es Caunedo el problema?
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 06-11-2015 | 06:26| 0

“La conciencia es como un vaso, si no está limpio ensuciará todo lo que se eche en él”. (Horacio).

 

Cabría preguntarse si, tras la escandalera de las fotos y las anotaciones del señor Fernández a resultas de los viajes que hicieron en su compañía Caunedo y Pecharromán, el mayor problema son ellos, o si, en cambio, el busilis de la sordidez que tanto nos indigna está en un sistema que da pie a comportamientos tan poco estéticos. En un sistema en el que, con independencia del partido que gobernase en determinados Ayuntamientos, los servicios básicos se fueron privatizando, las recalificaciones urbanísticas crecieron por doquier y la profesionalización de la política se cimentó cada vez más. En un sistema que dio lugar a determinadas alegrías para que los partidos políticos se fueran financiando y, claro, en el periplo de todo ello, algo se fue quedando por el camino.

¿Es Caunedo el problema del PP en Oviedo? ¿No se trata, más bien, de una consecuencia difícilmente evitable de todo lo que ha venido sucediendo? Las privatizaciones que en su momento se hicieron no tuvieron una contestación social grande. Por tanto, escandalizarse ante lo sucedido, en el supuesto de que las peores sospechas llegaran a confirmarse, puede obedecer, bien a una ingenuidad manifiesta, bien a un cinismo hiperbólico.

Miren, que el señor Fernández hubiese podido cometer las presuntas  tropelías  que figuran en el sumario del caso significa que se abrieron demasiadas fisuras que permitieron no sólo la profesionalización de la política, sino también que, a través de ella, se pudiesen hacer negocios ciertamente poco filantrópicos.  Y, en cualquiera de los casos, hay compañías muy poco estéticas para un personaje público, ello con independencia de que el ex regidor de Oviedo tiene todo el derecho a defenderse, así como a invocar la presunción de inocencia.

Pero volvamos a lo que es el planteamiento de este artículo. En el supuesto de que llegasen a confirmarse las peores sospechas en el comportamiento público del señor Caunedo, ¿estaríamos hablando de un caso aislado dentro de su partido en particular y de la política asturiana en general? Obviamente, no.

¿Fue más grave que Villa hubiese amasado una fortuna oculta, o que nadie en su partido supiese nada al respecto? ¿Es más grave que Joaquín Fernández actuase de la forma que se le imputa, o que su partido le hubiese dado toda la confianza del mundo en su momento?

Miren, no quiero dramatizar, eso queda para los entusiastas del amarillismo, pero es insoslayable  que aquí hay un mal endémico que va más allá de las personas y de los partidos. Y va más allá porque está en un sistema que vino favoreciendo no sólo privilegios inaceptables, sino también una laxitud peligrosa a la hora de manejar los intereses públicos. Llegaron a creerse intocables, y por poco lo consiguen, sino fuera porque a veces las bombas de achique no pueden con todo, sino fuera porque en ocasiones resulta imposible tapar ciertos hedores.

Y, al final de todo esto, lo que queda son las náuseas que producen determinadas obscenidades no sólo vulgares y zafias a más no poder, sino también insultantes y afrentosas ante una realidad de privaciones, estrecheces y sufrimientos para la mayoría de las personas. Y hay algo peor aún: atentatorias contra el decoro, contra la estética, esto es, contra la dignidad.

Fotografías que ofenden por chabacanas. Conversaciones que sublevan por miserables. Y, en medio de todo ello, acusaciones y desmentidos.

¿Hasta dónde, hasta cuándo, hasta qué?

Ver Post >
Tras la rueda de prensa de Caunedo
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 05-11-2015 | 15:29| 0

Tras haber transcendido la noticia de la trama asturiana de Aquagest más allá de nuestra tierra, con el bochorno colectivo que ello supone, como era de esperar, Caunedo salió a la palestra dando explicaciones acerca de todo lo que se vino publicando sobre el asunto. De momento, aporta facturas de su tarjeta. Y, por otro lado, niega estar implicado en los florentinos apuntes de su amigo Joaquín. O sea, la palabra del ex regidor de Oviedo frente a las anotaciones de su amigo de la adolescencia. Y no tengo constancia de que el señor Fernández haya desmentido esos conceptos tan versallescos que dejó escritos, según se vino publicando.

Cierto es que, en el más favorable de los supuestos, al señor Iglesias Caunedo no le beneficia en absoluto haber sido compañero de viaje del personaje que, según parece, es el principal responsable de esta trama turbia y turbulenta en nuestra tierra. Cierto es también que, hasta el momento, no tenemos conocimiento de que el anterior alcalde de Oviedo haya manifestado su disposición a emprender acciones legales contra los causantes de esos escritos que lo acusan. Cierto es que, para hacerse una composición de lugar lo más objetiva posible, sería muy del caso que saliese a la palestra el susodicho señor Fernández. Cierto es que todo el mundo tiene derecho a invocar el beneficio de la duda. Y cierto es también que en EL COMERCIO se habla de que fuentes próximas a don Joaquín avalan la versión de Caunedo.

En fin, sucedió lo esperado. Caunedo no dimite, ni siquiera para defenderse ante la escandalera provocada por lo que se viene publicando de su presunta relación con el ‘caso Aquagest’. Por lo tanto, todo está en «veremos». Habrá que saber si la dirección del partido en Asturias considera satisfactorias sus declaraciones. Habrá que saber también si el señor Fernández se va a pronunciar sobre el asunto. Habrá que saber, en fin, la deriva que seguirá tomando esto en lo que se refiere a nuevas cosas que se vayan conociendo al respecto, que, sin duda, no serán nada alentadoras para la vida pública llariega.

Por otro lado, me llama mucho la atención que se hable tanto de ética, lo cual siempre es positivo, pero que, sin embargo, no se ahonde en una valoración estética de este asunto, valoración estética marcada, como escribí recientemente en estas mismas páginas, por la sordidez.

Y es que, sea como sea, la podredumbre que sufre nuestra vida pública alcanzó ya un punto de no retorno. Entre la fortuna oculta de Villa, el ‘affaire’ escandaloso de Rato y esta historia de Aquagest, en la que, al menos, las conversaciones que se conocen dan cuenta de una corrupción galopante, esto ya es irrespirable.

Y no nos confundamos: aquí el problema no es sólo que haya personas implicadas en los mencionados escándalos, ni tampoco que esas personas militen en determinados partidos que hablan de regeneración pero que no se la aplican a sí mismos. Aquí, el problema es del sistema, de un sistema con unos profesionales de la política que todo lo pudren, profesionales de la política que actúan como patanes enriquecidos y que pusieron toda la voluntad del mundo en saquear las arcas públicas, en privatizar servicios, en pudrirlo todo.

Tienen que irse. Y hacerlo ya.

Ver Post >
Viga azul: Perder empatando
img
Luis Arias Argüelles-Meres | 02-11-2015 | 18:50| 0

En efecto, el Oviedo perdió dos puntos frente al Athletic Club. Ello fue así, porque al equipo no le faltaron ocasiones, pero sí que estuvo ayuno de la precisión y sintonía suficientes entre sus jugadores para culminar determinadas jugadas de ataque con goles. Bien es verdad que el filial del  Bilbao también obligó a Esteban a lucirse en más de un lance. Pero lo que podía ser un matiz a lo anteriormente expuesto se convierte en reforzamiento de la referida tesis. La explicación es muy sencilla: atacó más el Oviedo, pero no apretó lo suficiente para provocar que el guardameta visitante fuese el jugador más destacado del encuentro.

A los delanteros azules, hay que reconocerlo,  nos les faltó empuje ni lucha, pero acaso estuvieron muy escasos de conexión entre ellos y de complicidad. Por otra parte, hoy Susaeta no estuvo todo lo fino que acostumbra en el balón parado, lo cual se manifestó también en la ausencia de goles por parte de nuestro equipo.

No hay que perder de vista, en otro orden de cosas, que, por vez primera en lo que llevamos de temporada en el Tartiere, el Oviedo no encajó goles, lo que, en no pequeña parte se le debe a Esteban. Y, por otro lado, la defensa no incurrió en pájaras con consecuencias mortíferas para el resultado final.

En lo positivo del partido de hoy apunto varias cosas merecedoras de ser consignadas. En primer término, creo que estuvo afortunado el defensa canterano  Diegui Johannesson, lo que me alegra mucho no sólo por tratarse de un jugador de la casa, sino también porque lo considero merecedor de que se le den oportunidades, máxime si  se tiene en cuenta el buen rendimiento que dio la pasada temporada cuando Nacho López estuvo lesionado. Desde mi punto de vista, está en perfectas condiciones de competir por la titularidad visto el buen partido que hizo hoy.

Por otro lado, al margen de lo la expuesto de no haber encajado goles en el encuentro de esta tarde en el Tartiere, Koné tuvo destellos de calidad y peligro  el tiempo que estuvo en el campo. Es un jugador que, sin duda, irá a más, y todo parece indicar que nos dará alegrías, goles y jugadas de gol.

Lo deseable, llegados a este punto, es hacerse la ilusión de que el equipo, por fin, consiga una cierta solvencia defensiva que hasta el momento no tuvo desde el inicio del campeonato. Éste es el vaso medio lleno tras el choque de hoy. El vaso medio vacío se manifiesta por el hecho de que hemos roto la mala racha del filial bilbaíno fuera de casa, pues, según los datos, es el primer punto que consiguen a domicilio.

No nos queda, pues, otra opción que no sea la paciencia, esperando que la espesura atacante de esta tarde sea un episodio aislado sin continuidad y esperando también que, de una vez, seamos seguros atrás.

Dos puntos perdidos, sí. Pero también la alegría de comprobar que la cantera funciona y que en este equipo hay calidad.

Ver Post >