El Comercio
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Panorama vetustense: ¿Qué nos queda por ver?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 13-11-2015 | 06:51| 0

De este modo el hombre injusto intentará cometer delitos correctamente, esto es, sin ser descubierto, si quiere ser efectivamente injusto: en poco es tenido quien es sorprendido en el acto de delinquir, ya que la más alta injusticia consiste en parecer justo sin serlo”. (Platón. “La República”).

Hemos visto la lucha de intereses y pasiones enardecerse cada día, historias estúpidas, comadreos vergonzosos, los desmentidos más descarados, el simple sentido común abofeteado cada mañana. Y hemos terminado por encontrarlo repelente. ¡Cierto! ¿Pero quién quiso que ocurrieran estas cosas, quién les fue dando largas?”  (Zola. “Yo acuso”).

 

¿Qué nos queda por ver? ¿Con qué nuevos y escandalosos titulares de prensa nos seguiremos encontrando a propósito del llamado caso Aquagest y similares? Lo último (o lo penúltimo, que nunca se sabe) al respecto es que los agentes de Aduanas entraron el día once del presente mes en el Ayuntamiento de Oviedo reclamando varios documentos relacionados con lo que puede denominarse trama del agua. Y estamos hablando de 2009, es decir, de un momento en el que el gabinismo seguía disfrutando de una mayoría absoluta amplia, mientras el entonces Alcalde tenía cosas más importantes que hacer que acudir regularmente a los Plenos.

Aunque no es Oviedo el único Ayuntamiento asturiano investigado por los agentes de Aduanas relacionados con la referida trama, sin duda, el largo y folletinesco serial de los viajes de Caunedo y compañía convierten a esta ciudad en el principal foco de atención de este asunto en nuestra tierra. En todo caso, conviene no olvidar que en esta trama no todos los Ayuntamientos que están siendo investigados fueron gobernados por el mismo partido. Conviene no olvidarlo frente a los maniqueísmos ramplones que ya se están exhibiendo en esta especie de precampaña electoral que estamos viviendo.

En todo caso, en esta columna lo que toca es hablar de Oviedo. Lo que toca es clamar y reclamar que esto se aclare de una vez, y que el señor Caunedo aporte toda la documentación que considere conveniente para defender sus actuaciones. Y que, acto seguido, el partido al que pertenece se pronuncie sin tibiezas ni ambigüedades.

Y es que no sólo estamos asistiendo al fin del gabinismo, un periodo excesivamente largo, marcado, entre otras cosas, por la chabacanería, el despilfarro y el matonismo político, sino que además nos toca ser testigos del proceso en el que se rompen las costuras de un hermetismo que duró dos décadas, y en esa ruptura saltan por los aires evidencias que quisieron ocultarse, así como compadreos mediáticos no menos duraderos ni tampoco menos sonrojantes. Resultado: mucho bochorno, excesivo ruido e inevitable furia.

No, no vale pretextar conspiraciones judeo- masónicas. No, no es de recibo esconderse tras tantas y tantas adulaciones. No, no resulta admisible tanto conformismo, tanta sumisión.

¿Qué cabe esperar que vaya a suceder en el PP carbayón? ¿Habrá arrepentidos que sigan sin saberlo la proposición LIV de la “Ética”, de Spinoza, y, a resultas de ello, tiren de la manta apuntando hacia arriba? ¿Habrá una desbandada notable? ¿O todo seguirá igual con la vana esperanza de que al final escampe? Barrunto que difícilmente ocurrirá esto último.

¿Qué nos queda por ver? ¿Qué nos cabe esperar? ¿Enmudecerán los que tanto jalearon? ¿Esconderán su arsenal de elogios quienes disfrutaron tanto y tanto de dádivas a lo grande?

Detesto, lo confieso, los linchamientos. Y es desolador ver que alguien se convierte en el muñeco de pimpampum, incluso cuando actuó de forma poco edificante. Dicho ello, es necesario que se asuman todas las irregularidades que pudieron haberse cometido. Que se asuman, llegado el caso, apartándose de la vida pública.

Y, por otra parte, a Oviedo le toca mirarse en el espejo de toda esta incesante escandalera, asumiendo, así, que el Gobierno de una ciudad va mucho más allá de las apariencias plasmadas por una estética marcada por el grandonismo más advenedizo. Que el Gobierno de una ciudad obliga a un escrupuloso respeto con las formas y normas democráticas. Que el Gobierno de una ciudad conlleva no sólo rigor con la transparencia, sino también una vida pública respirable sin majezas ni bajezas, con pulcritud, hermosa palabra cuya omnipresencia hay que recuperar ya para eso que seguimos llamando vida pública..

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Recuerdos de Oviedo: Galerías Preciados
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Luis Arias Argüelles-Meres | 08-11-2015 | 10:33| 0

“Allá van nuestros recuerdos/ mostrándonos lo que fuimos/ y para siempre seremos,/ cristal donde nuestras almas/ revivirán lo vivido”. (Manuel Altolaguirre).

 

Me tocó observar cómo iba avanzando el proceso de construcción del edificio de Galerías Preciados desde el ventanal de la cocina de nuestra casa en la calle Toreno, 5, ventanal que miraba al Naranco, pero que también ofrecía a la vista azoteas y tejados cercanos, entre ellos, el de los Grandes Almacenes que llegaron a instalarse en Oviedo. A medida que aquello iba subiendo, me hacía a la idea no sólo del crecimiento de Oviedo, sino también de que nuestra heroica capital se acercaba más a la gran ciudad. Lo más parecido a unos Grandes Almacenes era Simago, lo más parecido no sólo por los metros cuadrados del negocio, sino también porque allí se vendían las más diversas cosas, como en los viejos chigres, pero a lo grande. Recuerdo haber asistido a conversaciones de mayores en las que se hablaba, no sin cierta nostalgia del esplendor de otros tiempos, del antiguo Palacete de los Tartiere, cuyo solar, una vez derruido, era el que había escogido Galerías Preciados para su ubicación en Oviedo.

Llegaban, en efecto, otros tiempos, no sólo porque Franco se moriría unos meses después, cosa que entonces no se podía prever, sino también porque todo iba a más: los coches que circulaban, los inmuebles que se edificaban y las gentes que habitaban la ciudad. No dejaba de ser curiosa la coincidencia de que se diesen a la vez el crecimiento físico de la recta final de la adolescencia con el crecimiento urbano que entonces tocaba.

Y, a propósito de adolescencia, cierto es también que no había oído decir en aquel entonces que se trataba de una invención de los Grandes Almacenes. Eso se afirmó muchos años más tarde.

Pero sigamos con aquel Oviedo, que, perdón por la obviedad, ya atesoraba una gran tradición comercial. Sin embargo, lo en aquel momento  supuso Galerías Preciados fue toda una paradoja. De un lado, continuaba la tradición si se tiene en cuenta que su dueño era un indiano de nuestra tierra que, tras un periplo exitoso, se hizo con un importante nombre en Madrid y, desde allí, fue multiplicándose por la geografía española hasta llegar a Oviedo, es decir, a la capital de su propia tierra. Pero, por otro lado, sí que importaba mucho el tamaño en el caso que nos ocupa, porque eso era lo que convertía a aquel negocio en una especie de extraño dentro de un mundo muy familiar en el que los grandes negocios no tenían ni tantas plantas, ni tantos metros cuadros, ni tantas secciones comerciales, ni tantos empleados. Así pues, continuidad en un sentido y ruptura en otro, toda una dialéctica contradictoria a la que no fue muy ajena la marcha del propio país en aquel año de 1975 en lo que toca a continuidades más o menos disfrazadas con determinados envoltorios, pero ésa es otra historia.

Galerías Preciados. En Oviedo y en toda Asturias se esperaba con interés y curiosidad que llegase el gran día de la inauguración. Yo también deseaba ver que se ponía término a aquello y que, con ello, se culminaba un proyecto del que tanto y tanto se hablaba.

Y llegó el día. Fíjense: una de las novedades de las que más se hablaba era de la existencia de escaleras automáticas, toda una proeza de la técnica que, como la ciencia, avanzaba que era una barbaridad. Fíjense: en lo que más se incidía tan pronto se abrieron aquellos Grandes Almacenes era en la dicotomía entre calidad y cantidad. La ropa no era mejor; en todo caso, más variada. Y eso era, en general aplicable a todo lo que allí se vendía. Personalmente, he de confesar que me dejó muy frío la sección de librería, porque a aquel espacio le faltaba alma, le faltaba la atmósfera de las buenas y tradicionales librerías. Nada que ver con la librería Santa Teresa que pertenecía a la familia de mi padre. Nada que ver con un ambiente de ávidos lectores. Nada que ver con un entorno en el que los libros de siempre, los de la Colección Austral, por ejemplo, se sentían tan a gusto como en su propia casa.

De todos modos, también es cierto que,  de vez en cuando, más allá del acto propiamente dicho de hacer una compra, resultaba entretenido transitar sin prisa aquellos Grandes Almacenes, poniendo la atención sobre todo en el paisaje humano, en el que no escaseaba tampoco la mera curiosidad.

Más allá de los números acerca de la repercusión que Galerías Preciados podía tener en el número de ventas de los comercios tradicionales, lo cierto es que aquello era otro mundo, en el que se podía comprar no sólo ropa, no sólo productos deportivos, no sólo herramientas.

Y también quiero destacar la cafetería. Por supuesto, también era grande. Pero su mayor atractivo consistía en que estuviese ubicada en lo alto del inmueble, lo mismo (aunque en este caso era muy pequeña) que la cafetería de la Facultad en la Plaza Feijoo. Comer y tomarse un refresco o un café en lo alto del edificio, como un fin de ruta tras la compra, como un paréntesis en las rutinas y tareas. Lo cierto es que nunca comí allí, pero recuerdo perfectamente que se hablaba de la abundancia de las raciones, así como de la amplitud de la carta.

Galerías Preciados, en un Oviedo en crecimiento, en un Oviedo cuya vida comercial se iba asemejando cada vez más al de una gran ciudad. Andando el tiempo, “se descubriría el centro”. (Me refiero a Salesas). Andando el tiempo, llegarían, en las cercanías de Oviedo, lo que dio en llamarse las “Grandes Superficies”.

Pero Galerías Preciados fue otra cosa. Lo grande y lo voluminoso en el mismo centro de la ciudad. El devenir empresarial, triunfal y exitoso, de un indiano de nuestra tierra se asentó en Oviedo ya muy avanzado el siglo XX.

¿Acaso no fue Galerías Preciados una suerte de epílogo de la historia de los indianos de Asturias? Epílogo efímero, si se piensa que, en pocos años, aquella singladura terminaría por caer en manos de un emporio empresarial del que fuera su gran competidor, también asturiano, también de Grao, también moscón. Epílogo que no tuvo el esplendor estético de los palacetes indianos, epílogo que terminó apostando, según los imperativos del tiempo, por lo funcional.

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Panorama vetustense: ¿Es Caunedo el problema?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 06-11-2015 | 06:26| 0

“La conciencia es como un vaso, si no está limpio ensuciará todo lo que se eche en él”. (Horacio).

 

Cabría preguntarse si, tras la escandalera de las fotos y las anotaciones del señor Fernández a resultas de los viajes que hicieron en su compañía Caunedo y Pecharromán, el mayor problema son ellos, o si, en cambio, el busilis de la sordidez que tanto nos indigna está en un sistema que da pie a comportamientos tan poco estéticos. En un sistema en el que, con independencia del partido que gobernase en determinados Ayuntamientos, los servicios básicos se fueron privatizando, las recalificaciones urbanísticas crecieron por doquier y la profesionalización de la política se cimentó cada vez más. En un sistema que dio lugar a determinadas alegrías para que los partidos políticos se fueran financiando y, claro, en el periplo de todo ello, algo se fue quedando por el camino.

¿Es Caunedo el problema del PP en Oviedo? ¿No se trata, más bien, de una consecuencia difícilmente evitable de todo lo que ha venido sucediendo? Las privatizaciones que en su momento se hicieron no tuvieron una contestación social grande. Por tanto, escandalizarse ante lo sucedido, en el supuesto de que las peores sospechas llegaran a confirmarse, puede obedecer, bien a una ingenuidad manifiesta, bien a un cinismo hiperbólico.

Miren, que el señor Fernández hubiese podido cometer las presuntas  tropelías  que figuran en el sumario del caso significa que se abrieron demasiadas fisuras que permitieron no sólo la profesionalización de la política, sino también que, a través de ella, se pudiesen hacer negocios ciertamente poco filantrópicos.  Y, en cualquiera de los casos, hay compañías muy poco estéticas para un personaje público, ello con independencia de que el ex regidor de Oviedo tiene todo el derecho a defenderse, así como a invocar la presunción de inocencia.

Pero volvamos a lo que es el planteamiento de este artículo. En el supuesto de que llegasen a confirmarse las peores sospechas en el comportamiento público del señor Caunedo, ¿estaríamos hablando de un caso aislado dentro de su partido en particular y de la política asturiana en general? Obviamente, no.

¿Fue más grave que Villa hubiese amasado una fortuna oculta, o que nadie en su partido supiese nada al respecto? ¿Es más grave que Joaquín Fernández actuase de la forma que se le imputa, o que su partido le hubiese dado toda la confianza del mundo en su momento?

Miren, no quiero dramatizar, eso queda para los entusiastas del amarillismo, pero es insoslayable  que aquí hay un mal endémico que va más allá de las personas y de los partidos. Y va más allá porque está en un sistema que vino favoreciendo no sólo privilegios inaceptables, sino también una laxitud peligrosa a la hora de manejar los intereses públicos. Llegaron a creerse intocables, y por poco lo consiguen, sino fuera porque a veces las bombas de achique no pueden con todo, sino fuera porque en ocasiones resulta imposible tapar ciertos hedores.

Y, al final de todo esto, lo que queda son las náuseas que producen determinadas obscenidades no sólo vulgares y zafias a más no poder, sino también insultantes y afrentosas ante una realidad de privaciones, estrecheces y sufrimientos para la mayoría de las personas. Y hay algo peor aún: atentatorias contra el decoro, contra la estética, esto es, contra la dignidad.

Fotografías que ofenden por chabacanas. Conversaciones que sublevan por miserables. Y, en medio de todo ello, acusaciones y desmentidos.

¿Hasta dónde, hasta cuándo, hasta qué?

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Tras la rueda de prensa de Caunedo
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Luis Arias Argüelles-Meres | 05-11-2015 | 15:27| 0

Tras haber transcendido la noticia de la trama asturiana de Aquagest más allá de nuestra tierra, con el bochorno colectivo que ello supone, como era de esperar, Caunedo salió a la palestra dando explicaciones acerca de todo lo que se vino publicando sobre el asunto. De momento, aporta facturas de su tarjeta. Y, por otro lado, niega estar implicado en los florentinos apuntes de su amigo Joaquín. O sea, la palabra del ex regidor de Oviedo frente a las anotaciones de su amigo de la adolescencia. Y no tengo constancia de que el señor Fernández haya desmentido esos conceptos tan versallescos que dejó escritos, según se vino publicando.

Cierto es que, en el más favorable de los supuestos, al señor Iglesias Caunedo no le beneficia en absoluto haber sido compañero de viaje del personaje que, según parece, es el principal responsable de esta trama turbia y turbulenta en nuestra tierra. Cierto es también que, hasta el momento, no tenemos conocimiento de que el anterior alcalde de Oviedo haya manifestado su disposición a emprender acciones legales contra los causantes de esos escritos que lo acusan. Cierto es que, para hacerse una composición de lugar lo más objetiva posible, sería muy del caso que saliese a la palestra el susodicho señor Fernández. Cierto es que todo el mundo tiene derecho a invocar el beneficio de la duda. Y cierto es también que en EL COMERCIO se habla de que fuentes próximas a don Joaquín avalan la versión de Caunedo.

En fin, sucedió lo esperado. Caunedo no dimite, ni siquiera para defenderse ante la escandalera provocada por lo que se viene publicando de su presunta relación con el ‘caso Aquagest’. Por lo tanto, todo está en «veremos». Habrá que saber si la dirección del partido en Asturias considera satisfactorias sus declaraciones. Habrá que saber también si el señor Fernández se va a pronunciar sobre el asunto. Habrá que saber, en fin, la deriva que seguirá tomando esto en lo que se refiere a nuevas cosas que se vayan conociendo al respecto, que, sin duda, no serán nada alentadoras para la vida pública llariega.

Por otro lado, me llama mucho la atención que se hable tanto de ética, lo cual siempre es positivo, pero que, sin embargo, no se ahonde en una valoración estética de este asunto, valoración estética marcada, como escribí recientemente en estas mismas páginas, por la sordidez.

Y es que, sea como sea, la podredumbre que sufre nuestra vida pública alcanzó ya un punto de no retorno. Entre la fortuna oculta de Villa, el ‘affaire’ escandaloso de Rato y esta historia de Aquagest, en la que, al menos, las conversaciones que se conocen dan cuenta de una corrupción galopante, esto ya es irrespirable.

Y no nos confundamos: aquí el problema no es sólo que haya personas implicadas en los mencionados escándalos, ni tampoco que esas personas militen en determinados partidos que hablan de regeneración pero que no se la aplican a sí mismos. Aquí, el problema es del sistema, de un sistema con unos profesionales de la política que todo lo pudren, profesionales de la política que actúan como patanes enriquecidos y que pusieron toda la voluntad del mundo en saquear las arcas públicas, en privatizar servicios, en pudrirlo todo.

Tienen que irse. Y hacerlo ya.

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Viga azul: Perder empatando
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Luis Arias Argüelles-Meres | 02-11-2015 | 18:50| 0

En efecto, el Oviedo perdió dos puntos frente al Athletic Club. Ello fue así, porque al equipo no le faltaron ocasiones, pero sí que estuvo ayuno de la precisión y sintonía suficientes entre sus jugadores para culminar determinadas jugadas de ataque con goles. Bien es verdad que el filial del  Bilbao también obligó a Esteban a lucirse en más de un lance. Pero lo que podía ser un matiz a lo anteriormente expuesto se convierte en reforzamiento de la referida tesis. La explicación es muy sencilla: atacó más el Oviedo, pero no apretó lo suficiente para provocar que el guardameta visitante fuese el jugador más destacado del encuentro.

A los delanteros azules, hay que reconocerlo,  nos les faltó empuje ni lucha, pero acaso estuvieron muy escasos de conexión entre ellos y de complicidad. Por otra parte, hoy Susaeta no estuvo todo lo fino que acostumbra en el balón parado, lo cual se manifestó también en la ausencia de goles por parte de nuestro equipo.

No hay que perder de vista, en otro orden de cosas, que, por vez primera en lo que llevamos de temporada en el Tartiere, el Oviedo no encajó goles, lo que, en no pequeña parte se le debe a Esteban. Y, por otro lado, la defensa no incurrió en pájaras con consecuencias mortíferas para el resultado final.

En lo positivo del partido de hoy apunto varias cosas merecedoras de ser consignadas. En primer término, creo que estuvo afortunado el defensa canterano  Diegui Johannesson, lo que me alegra mucho no sólo por tratarse de un jugador de la casa, sino también porque lo considero merecedor de que se le den oportunidades, máxime si  se tiene en cuenta el buen rendimiento que dio la pasada temporada cuando Nacho López estuvo lesionado. Desde mi punto de vista, está en perfectas condiciones de competir por la titularidad visto el buen partido que hizo hoy.

Por otro lado, al margen de lo la expuesto de no haber encajado goles en el encuentro de esta tarde en el Tartiere, Koné tuvo destellos de calidad y peligro  el tiempo que estuvo en el campo. Es un jugador que, sin duda, irá a más, y todo parece indicar que nos dará alegrías, goles y jugadas de gol.

Lo deseable, llegados a este punto, es hacerse la ilusión de que el equipo, por fin, consiga una cierta solvencia defensiva que hasta el momento no tuvo desde el inicio del campeonato. Éste es el vaso medio lleno tras el choque de hoy. El vaso medio vacío se manifiesta por el hecho de que hemos roto la mala racha del filial bilbaíno fuera de casa, pues, según los datos, es el primer punto que consiguen a domicilio.

No nos queda, pues, otra opción que no sea la paciencia, esperando que la espesura atacante de esta tarde sea un episodio aislado sin continuidad y esperando también que, de una vez, seamos seguros atrás.

Dos puntos perdidos, sí. Pero también la alegría de comprobar que la cantera funciona y que en este equipo hay calidad.

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Recuerdos de Oviedo: Las elecciones del 77
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Luis Arias Argüelles-Meres | 01-11-2015 | 19:12| 0

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“El pueblo español tiene derecho a volver la vista atrás para algo que no sea empapar su corazón con hiel”. (Azaña).

“Ojos de puente los míos/ por donde pasan las aguas/ que van a dar al olvido”. (Manuel Altolaguirre).

 

De mitin en mitin vivimos aquella campaña electoral del 77. No pude estrenarme votando porque había que tener en aquel entonces 21 años para ejercer tan sacarosanto derecho democrático. Sin embargo, nunca seguí la liturgia previa a las urnas con tanta intensidad. Para mí, todo era novedoso, desde los discursos que se pronunciaban pidiendo el voto en los actos que al efecto se celebraban en Oviedo, hasta las intervenciones radiofónicas y televisivas de los principales líderes, sin perder de vista tampoco las proclamas que se hacían desde los coches electorales de los partidos políticos y que se oían no sólo a pie de calle, sino también desde las casas. Fueron días con muchos decibelios. Fueron días de perplejidades y asombros.

En el ámbito llariego, resultó muy llamativo que el señor Rubio Sañudo, entonces al frente de los empresarios de la construcción asturiana, sector que protagonizó una huelga muy duradera que alcanzó la  campaña electoral, se presentase al senado en compañía de Velasco Castaño, bajo el lema “no nos harán callar”. Y, si la memoria no me falla, aquella candidatura se servía también de una avioneta para lanzar pasquines y hacerse ver. En lo que respecta, al ámbito estatal, y, siguiendo el listado de  recordatorios pintorescos, no olvidaré nunca la intervención del entonces líder del Partido Proverista (sic) que, tras enunciar una serie de objetivos, vino a decir que todos ellos se resumían en el “¡Arriba España!”. Meses antes, cuando se hablaba de la posible legalización del PCE, el mismo personaje había declarado que apoyaría tal legalización, caso de que en Rusia se hiciese lo propio con una formación política similar.

Pero centrémonos en Oviedo. En la Plaza del Ayuntamiento, acudí a un mitin del PSP, en el que intervinieron Prendes Quirós, Paz Fernández Felgueroso y Díaz Nosty. Fue tan brillante como convincente la intervención del hasta hace poco Presidente del Ateneo Republicano de Asturias. He de decir también que, por aquel entonces, Tierno Galván, líder del PSP, gozaba de gran prestigio.

Por otro lado, el PCE, que había sido legalizado pocos meses antes, en la misma Semana Santa del 77, levantaba muchas pasiones tanto entre su militancia como también en sus más enconados enemigos. Pero el partido liderado por Carrillo tenía por aquellos días una inequívoca línea marcada por la moderación, así como una férrea disciplina interna. ¿Cómo no recordar el mitin en el que intervino Pasionaria en Avilés y, también el de Oviedo? Aquella mujer, que era toda una leyenda entonces, volvía a España tras un exilio de décadas y se presentaba por Asturias. Lo primero que llamó mi atención fue la vitalidad de su voz.

A propósito de Pasionaria, voy a contar una anécdota que me refirió David Ruiz, y es que, el mismo día que iba a  tener lugar el mitin en Oviedo, con Dolores Ibarruri como estrella, durante la comida, el catedrático de Historia Contemporánea preguntó si tenían previsto otro lugar para el mitin (se iba a celebrar en la Plaza de Toros) caso de que lloviera. Pues bien, le respondió Simón Sánchez Montero asegurando que no se manejaba otra opción, puesto que no llovería. Y, en efecto, no llovió. La fe siempre mueve montañas.

Por su parte, el PSOE puso como cabeza de lista en Asturias a Luis Gómez Llorente, todo un lujo, que atesoraba una sólida formación con una admirable  coherencia que demostraría andando el tiempo. ¡Qué cosas, Dios mío, qué cosas! En aquellas primeras elecciones democráticas, el partido que a día de hoy lidera en España el señor Sánchez y en Asturias, el señor Fernández, ambos monárquicos, de orden, respetuosos con los mercados y temerosos del Gobierno europeo, tenía en el 77 el lema que sigue: Cambiar la vida. (El lema de “el cambio” llegaría en el 82. Por buen camino íbamos). Y es que Felipe González y Alfonso Guerra llegaron a afirmar en una publicación conjunta del año 77 que “si hoy la derecha se autocalifica como centro; el centro, izquierda; los liberales, socialdemócratas; y los comunistas, socialistas; los socialistas se proclaman revolucionarios. Porque son demócratas, los socialistas piensan que no puede existir democracia real en la sociedad capitalista”.  Ya ven cómo y cuánto cambian los tiempos.

¿Cómo no recordar también a aquella candidatura “regionalista” en la que participaba Antonio Masip, mucho más izquierdista y asturianista que hoy? No obtuvo escaño por Asturias, pero hizo una campaña muy vibrante.

Todo fue rápido y trepidante.  Faltaban dos años para Lyotard publicase “La Condición posmoderna”, pero en aquel momento nosotros soñábamos con la modernidad, con que el país saliese del atraso y aislamiento tras la larguísima dictadura de Franco.

Tan rápido y trepidante fue todo que el PCE se había legalizado pocos meses antes de aquellas primeras elecciones; pero   -¡ay!- los partidos republicanos no pudieron concurrir a los comicios del 77; sí pudieron hacerlo al final las formaciones que se situaban a la izquierda del PCE. Todo tenía un límite, oiga. Y la República no había que mentarla a pesar de todo.

¿Ya había llegado a España la democracia? ¿Ya no había peligro de golpes de Estado y regresiones? El miedo estaba ahí y la experiencia de anteriores sueños frustrados, también, pero la fiebre por la política se vivía y se sentía, con ilusión, sí, pero también con reservas.

Calles de Oviedo, carteles electorales, pasquines por doquier. Campaña electoral tras cuarenta años de dictadura. Nunca olvidaré la emoción que vivió mi padre cuando oyó desde su despacho “La Internacional” al paso de un coche de uno de los partidos a la izquierda del PCE. La emoción al recordar que fue testigo de que, para muchos, aquello había sido toda una mística con la que se despidieron del mundo desde las trincheras durante la guerra civil.

Nunca olvidaré tampoco la sensación de resaca tras la noche electoral en la que se  fueron conociendo los resultados. Pasionaria saldría elegida diputada por Asturias, lo que le supuso el salvoconducto para volver a tomar posesión de un escaño en el Congreso. Inolvidable también el momento en que volvió al Parlamento y cogió del brazo a Rafael Alberti.

Siglas a granel. El centro político salió triunfador. El PSOE, tras haber estado en las catacumbas durante la dictadura, cosechó un gran resultado, mientras que el PCE no vio compensada su lucha en la clandestinidad con un número de escaños grande.

Se iniciaba un periodo constituyente en el que el PCE seguía una línea moderada y pactista, en el  que el PSOE de Suresnes dejó por el camino a muchos dirigentes históricos, en el que Asturias sería un vivero de políticos llariegos provenientes de la empresa pública franquista, con Villa como primer líder de aquella hornada.

Dio comienzo un periodo constituyente que culminó con la Constitución del 78, la misma que ahora unos cuantos consideran intocable, pero que toca cambiar a pocos meses vista.

En cualquier caso, el 15 de junio de 1977, Oviedo, también, fue una fiesta.

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Episodios gabinianos
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Luis Arias Argüelles-Meres | 30-10-2015 | 06:22| 0

Gabino de Lorenzo.

“Lo peor que le puede ocurrir a cualquiera es que se le comprenda por completo”.  (Carl Gustav Jung).

 

Leo en EL COMERCIO que el Gobierno municipal de Oviedo busca destino para toda la impedimenta de material de cocina que Gabino de Lorenzo decidió en su día instalar en determinadas dependencias municipales. El que parecía primer edil perpetuo de Vetusta podía permitirse el lujo de no acudir a los Plenos. Sin embargo, su pasión por las plácidas sobremesas precedidas de mesa y mantel  no declinó hasta el fin de su mandato como regidor carbayón. Gabino y sus pitanzas.

Episodios gabinianos. Cuando se escriba la historia de la Asturias de las últimas décadas, es indudable que el actual Delegado del Gobierno tendrá un enorme protagonismo. La política acompañada de tambor y gaita, de zarzuela, de fartódromos para el respetable. Todo alegría, todo alegrías.

Gabino el campechano. Gabino el gracioso. Gabino el de la boina. Gabino, el amo del prau del conservadurismo llariego. Gabino, el gran artífice de una ciudad abigarrada de estatuas y adoquines. Gabino, el gallu del PP.

Episodios gabinianos, con sus pitanzas, con sus chistes facilones, con sus obras permanentes. Años lleva fuera del Ayuntamiento de Oviedo y, sin embargo, de no haberse producido un cambio en el Gobierno municipal, todo ese arsenal para pitanzas de urgencia seguiría ahí, sería inamovible.

Episodios gabinianos.  La Vetusta de últimos del siglo XX y de principios del XXI  tendría, además de otros ámbitos principales de la trama, todas aquellas dependencias del Ayuntamiento donde tuvieron lugar encuentros acompañados de suculentas y abundantes viandas. Allí se arreglaba todo, allí se dilucidaba todo.

Y reconozcamos que estamos ante algo mucho más llariego que “el buen rollito” de Zapatero. No, aquí, de progresías sólo las justas, oiga. Aquí, largas sobremesas tras sabrosos y contundentes platos. Sin duda, la mejor manera de encarar cualquier asunto, afrontándolo con un espíritu positivo.

Todo el pintoresquismo transcendiendo. Fíjense: hasta no me cuesta nada imaginarme en algún momento la partida de tute, con sus copas, cafés y puros, con sus mirones aprobando la astucia en las jugadas.

Episodios gabinianos. Cuando la política vetustense fue un chigre. Cuando la política de Oviedo, si quería trascender lo llariego, era una zarzuela castiza y graciosa. Cuando lo chabacano fue la norma. Cuando la pulcritud estaba proscrita.

Todo un estilo, sí, señor. Toda una forma de hacer política, más aún que populista, populachera.

Y, paradojas de la vida, todo ello tuvo lugar en la ciudad de la etiqueta y del buen gusto, en la señorial capital de las Asturias, que estuvo encantada de tener al frente a un majo de zarzuela y a  un gracioso de chigre.

Episodios gabinianos en los que Valle-Inclán podría haber encontrado también mucha inspiración para una milagrera ciudad en su política oficial.

¡Qué grande fue Gabino!

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Recuerdos de Oviedo: Marzo del 76
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Luis Arias Argüelles-Meres | 25-10-2015 | 18:39| 0

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“El 76 trae un español que aprieta su mala leche de siempre que es lo único que tiene… Y hace chistes por sumarse al infinito con lo más nacional que es su amargura”. Patxi Andión.

 

Arias Navarro, que había sido el último Jefe de Gobierno con Franco, presidía, confirmado por el entonces Rey, el primer Ejecutivo de la Monarquía. Las huelgas se prodigaban de forma exponencial. La conflictividad  llegó al extremo de hacer decir a Fraga que la calle era suya. Eran tiempos de esperanzas y miedos. El entonces ministro de Exteriores, Areilza, intentaba convencer a los gobernantes del mundo democrático que España se encaminaba hacia las libertades. Fraga, por su parte, se prodigaba asombrosamente, con declaraciones a medios extranjeros que hablaban de apertura, así como de la apuesta por “una democracia fuerte”, al tiempo que ponía orden a nivel interno. Era capaz de cenar con Tierno Galván y, a los pocos días, podía ordenar la detención de destacados miembros de la oposición democrática. Y, por su lado, Arias Navarro no perdía oportunidad a la hora de dejar claro que no estaba dispuesto al cambio que el país y los tiempos demandaban.

La política lo protagonizaba todo. Tal fue así que, en el ámbito llariego, en la fiesta de los Guevos Pintos” en Pola de Siero, del 76 los susodichos se vieron adornados con las siglas de muchos de los partidos políticos que entonces tanto proliferaban y que emergían de Dios sabe qué profundidades abismales.

Eran tiempos, sí, de esperanzas y miedos. La extrema derecha, apostada en su búnker,  enseñaba los dientes en los actos de “afirmación nacional” de Blas Piñar, así como en las declaraciones, casi siempre explosivas, de Girón de Velasco. La izquierda salía a la superficie, crecida y multiplicada en sus siglas, que, en algún momento, rozaron lo incontable.

Y, mientras se acrecentaba la dialéctica entre reforma y ruptura, las organizaciones sindicales  promovían movilizaciones continuas. Y, por otro lado, en la mayor parte de las ciudades españolas se convocaban “jornadas de lucha”.

Recuerdo la que tuvo lugar en Oviedo. Fue a primeros de marzo de aquel año 76. La presencia de los antidisturbios se hizo notar. Había, claro está, muchos deseos de desgañitarse en la calle pidiendo libertades y  democracia. Había también miedo a la contundencia con la que podían emplearse las fuerzas del orden. Esperanzas y miedos, miedos y esperanzas.

No había conversación en la que la política no estuviese presente. A todo el mundo se le etiquetaba según la ideología que decía profesar. Devorábamos la prensa. Nos hacíamos con libros hasta entonces difícilmente adquiribles. Acudíamos al cine cuando se estrenaban películas que podían considerarse díscolas. No había panfleto que no leyésemos. ¿Qué iba a pasar? ¿Qué estaba pasando?

Y llegó aquella jornada de marzo. Si la memoria no me falla, fue un día claro, pero no cálido. El invierno se mantenía a pesar del cielo limpio. Si mal no recuerdo, conatos de manifestación sí que hubo muchos, pero, por una vez, las versiones oficial y oficiosa no fueron muy divergentes a la hora de señalar que no hubo ni grandes alteraciones del orden ni tampoco significativas detenciones. Fue una jornada de tensión que no llegó a estallar. Fue una forma de tomarle la temperatura a la vida pública de la ciudad. Fue un aviso por ambas partes, sin que llegasen a producirse grandes disturbios.

La tensión que se respiró aquel día fue muy grande, en efecto, pero no pasó a mayores si por tal entendemos lo que había sucedido en otras ciudades. En la heroica capital, al menos oficialmente, se mantuvo la calma.

Calma no sólo tensa, sino también febril. Porque, más allá de retóricas de ocasión y de martirologios en más de un caso buscados, lo irrenunciable por aquellos días era la forma en que bullía en casi todos un irrefrenable anhelo por las libertades, libertades en todos los órdenes.

El 76, año marcado también por las contradicciones, año que traía, tal y como cantaba y contaba Patxi Andión, un español harto y ahíto, un español que no estaba dispuesto de entrada a creer en los paraísos que muchos partidos prometían. Y, hablando de contradicciones, el cantautor aludido incurrió en ellas de forma notoria. Alguien capaz de haber creado canciones tan memorables como “El rastro” o “El Maestro” que, sin embargo, había protagonizado una versión cinematográfica del “Libro del Buen Amor” tan casposa como ultrajante ante una de las obras maestras de nuestra literatura.

El 76, siguiendo con Patxi Andión, fue el año de una canción suya que, al menos en su letra, alcanzó una calidad extraordinaria, de las mejores que se crearon en este país. Hablo de “Tabaco y oro”. Hablo de una canción con unas imágenes asombrosas que superaron con creces el efectismo más o menos oportuno y oportunista. “Que no se enfurezca el aire”. ¡Ahí es nada! Y dejo para los curiosos el reto de averiguar quién y qué protagonizaban la canción. Sociológicamente hablando, será toda una sorpresa. Estoy seguro.

El 76. Aquellos antidisturbios armados hasta los dientes. Aquella juventud universitaria que tan mala prensa tenía en los cenáculos conservadores. Aquellos lemas, sin duda, cándidos que se convertían en clamores durante las manifestaciones. Aquellas ansias por todo tipo de libertades, también en materia sexual. Aquellos señores de orden que acudían a las películas más subidas de tono, totalmente desaconsejadas por las autoridades eclesiásticas.

El 76. Aquella Asturias que evocaba su pasado glorioso en materia revolucionaria. Aquella Asturias que, como el resto del país, no podía figurarse que el cambio tan anhelado acabaría siendo mucho más lampedusiano de lo que entonces cabía concebirse.

El 76. Aquel Oviedo cuya juventud llenaba los cines y las salas de conferencias. Aquella juventud de Oviedo que empezaba a  poblar por las noches el Antiguo. Aquellas conversaciones inacabables. Aquellos encuentros con las libertades acompasados por una música que, de entrada, renunciaba a lo comercial. Aquellos sueños que tan pronto se malbarataron y traicionaron.

Siempre nos quedará, con todo, haber descubierto la piel electrizada por los sueños, la libertad en esa misma piel al entrar en contacto con otras pieles que compartían idénticas ansias. Sueños y porros compartidos, que lo lampedusiano y lo competitivo convertirían pasado el tiempo  en material de derribo y trituración.

Frente a nosotros, las tanquetas y los cascos. Con nosotros, los sueños que no todos aceptamos convertir en pesadillas.

Aquel día no llovió en Oviedo.

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A propósito de Emilio Lledó
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Luis Arias Argüelles-Meres | 23-10-2015 | 05:30| 0

La poesía es como el viento, o como el fuego, o como el mar. Hace vibrar árboles, ropas, abrasa espigas, hojas secas, acuna en su oleaje los objetos que duermen en la playa. La poesía es como el viento, o como el fuego, o como el mar: da apariencia de vida a lo inmóvil, a lo paralizado”. (José Hierro).

No es el momento de glosar la trayectoria y el pensamiento de Emilio Lledó. El propósito de estas líneas resulta mucho menos ambicioso. Tan sólo se pretende poner de manifiesto palabras de homenaje a un maestro de la filosofía del que tanto y tanto hemos aprendido quienes decidimos en su momento leer sus libros. No sólo estamos hablando de alguien que supo explicar magistralmente la obra filosófica de Platón, sino que además nos enseñó, entre otras muchas cosas, el valor de lenguaje. Y, por otro lado, nos encontramos ante una obra de largo recorrido que, lejos de apostar por el totalitarismo, lo que reivindica es la dignidad humana desde el conocimiento y la exigencia.

Emilio Lledó es, además de otras muchas cosas, un indignado que le hace frente a la chabacanería, que rechaza sin eufemismo alguno la osadía del ignorante, que clama por una sociedad que tenga un sistema de enseñanza que no renuncie en momento alguno al conocimiento y al esfuerzo.

Filósofo en el sentido más estrictamente etimológico del término, pone de relieve que el saber es la principal herramienta con la que cuenta el ser humano para ser mejores y más libres, menos manipulables. No hay lugar en su obra para el conformismo.

No deja de ser un lujo en tiempos como éstos, tan marcados por la mediocridad, que este país tenga un pensador de su talla y lucidez. La orfandad intelectual en la que vivimos que fabrica de continuo celebridades, que sólo son capaces de alardear de su ramplonería rampante, encuentra un balsámico alivio no sólo con su obra, sino también con su presencia en la vida pública.

Además, no estamos hablando de un pensador que no sale de su burbuja, de un pensador que se desentiende de la realidad en la que vive, sino que, antes al contrario, se compromete al modo en que Camus expresó que debe hacerlo un artista o un intelectual. La sociedad en la que vive no le es en absoluto ajena y se dirige a ella no sólo a través de sus libros y comparecencias públicas, sino también, por decirlo al orteguiano modo, a través de esa plazuela intelectual en la que los medios de comunicación le hacen hueco.

En esta Asturias en la que desde un Gobierno que en sus siglas se declara de izquierdas se resiste a recibir a plataformas de trabajadores que claman por sus derechos, la presencia de Lledó es toda una confirmación de que la batalla por la dignidad sí tiene quien le escriba.

Emilio Lledó, esa digna e indignada lucidez, que no cesa y que no se arredra en un conformismo que desde hace décadas abandonó y abarató los sueños.

Emilio Lledó, que, en el momento mismo que reivindica el conocimiento, hace una encendida llamada a la necesidad de recuperar la memoria de lo que hemos sido, rechazando de plano que se nos narcotice arrancándonos esa memoria viva que tenemos que defender y que sirve, entre otras cosas, para que la antorcha nunca se apague.

Hay que ir más allá de las ceremonias de la confusión, hay que ir más allá de los datos y anécdotas frívolas, hay que dejar atrás fruslerías cosméticas, hay que detenerse en el significado de una trayectoria y de una obra que es todo un antídoto contra los envoltorios de ocasión.

Pues bien, estamos ante una trayectoria y ante una obra que atesoran lo irrenunciable, que, al fin y al cabo, es lo más revolucionario.

Toda una paradoja.

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Viga azul: Funcionó el ripio Toché/Koné
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Luis Arias Argüelles-Meres | 18-10-2015 | 05:44| 0

En efecto, el ripio Toché/ Koné funcionó. Una buena sociedad de ataque, entre los regates y avanzadas del segundo y lo oportuno y oportunista que es el primero. Esto no quita que, llegado el caso, Linares –que ayer cumplió partido de sanción– pueda conjuntarse bien y resolutivamente con cualquiera de estos dos delanteros. Al exjugador del Racing le falta rodaje aún, pero, tanto en el partido de Copa como ayer, se ve claro que dará muchas alegrías al oviedismo. En cuanto a Toché, parece seguir el guión del delantero centro más clásico en cuanto a rendimiento y lucha. O sea, que, en lo que al ripio se refiere, no hay duda alguna de su feliz funcionamiento en este caso.

Por otra parte, lo novedoso del partido de ayer, aparte de lo anteriormente apuntado, fue que el equipo salió más concentrado atrás, conjurado para no dejar pasillos que nos pillasen con el pie cambiado en los primeros minutos del encuentro. Me alegra que Nacho López se afiance en su puesto. Y la sociedad del centro del campo entre Erice y Vila da una confianza que se necesitaba mucho. Lo que ayer falló –y no deja de ser preocupante– fue el balón parado defensivamente hablando. Una falta y un córner, respectivamente, fueron los prolegómenos de los dos goles encajados. Pero creo que no hay que alarmarse, toda vez que me parece más fácilmente subsanable corregir la estrategia en estas jugadas defensivas que lo ya conseguido en cuanto a no dejar huecos casi suicidas en las bandas, tal y como sucedió en encuentros anteriores.

Ayer el Oviedo salió a ganar, pero no alocadamente, sino con cierta convicción que, al final, resultó determinante y salvadora. Cierto es también que, tras el primer gol, el equipo no construyó mucho juego ofensivo y que tampoco se prodigó mucho en ese arma tan demoledora y pragmática que es el contraataque. Este aspecto también hay que cuidarlo.

Pero, al final, no es que la victoria enmascare carencias, que las sigue habiendo, sino que, por fortuna, la sensación que dejó el Oviedo ayer fue positiva no sólo, como es obvio, por el triunfo, sino también porque se ve calidad, empuje y entrega. Y también –lo que no es menos importante–, porque se pone claramente de manifiesto que este equipo aún tiene ases en la manga que sacar, aún tiene cartas ganadoras a las que sólo les falta explotarles su potencial. Y, hablando de potencialidades, cierto es que Rivera demostró ayer que es un jugador que, como el resto del equipo, puede ir a más a poco que se le den oportunidades.

Lo dicho: en la delantera, eficacia y buen funcionamiento. En la retaguardia, aún queda por ganar la batalla de la estrategia. Se ganó con convencimiento. Y eso no es poco, porque aleja, aunque no conjura del todo, los que son nuestros peores fantasmas.

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