El Comercio
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¿Vendrá Montoro con la rebaja?
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Luis Arias Argüelles-Meres | 05-01-2018 | 12:55| 0

«Los propósitos de Año Nuevo son simplemente cheques que los hombres hacen con fondos de un banco en el que no tienen cuenta». (Oscar Wilde).

Ahí los tenemos: tal y como informa EL COMERCIO, se trata de unos presupuestos «progresistas», según el alcalde Wenceslao López, y «el más social» que jamás tuvo esta ciudad, a juicio de los ediles Rosón e Iván Álvarez, pero, ¡ay!, al decir de la Oficina Presupuestaria municipal, tienen un grave lastre, y es el déficit de financiación, o sea, la ley Montoro, una de las leyes del chiripitifláutico ministro. Con don Cristóbal se ha topado el Gobierno vetustense. Con un ministro mucho más temido que admirado.

¡Qué complicada está resultando la política de esta ciudad para el equipo de gobierno municipal! No sólo les toca hacer frente a las deudas del pasado más reciente, deudas nada pequeñas, como bien se sabe, sino que además, se encuentran de bruces con las limitaciones que imponen las leyes que vino aprobando Montoro.

O sea, tras un proceso bastante complicado para alcanzar un pacto presupuestario entre las tres fuerzas políticas que conforman el llamado tripartito, se encuentran con una barrera legal que puede llegar a obstaculizar la razón de ser de cualquier partido de izquierdas que se precie, esto es, un presupuesto con un fuerte contenido social.

Esto es el juego de birlibirloque. O sea, era razonable legislar contra unos endeudamientos municipales que llevaban camino de no poder pagarse nunca, contra despilfarros faraónicos de los que tenemos muy claros ejemplos en Oviedo. Ahora bien, no es lo mismo endeudarse para convertir una ciudad en una especie de Camelot chillón y hortera, que exprimir unos presupuestos encaminados a políticas sociales, máxime en unos tiempos en los que las desigualdades son crecientes y llevan camino de convertirse en insufribles. Lo legal y lo legítimo, lo posible y lo irrenunciable. La dialéctica está muy clara.

Sea como sea, parece que tenemos ante nosotros un panorama muy claro: el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Oviedo apuesta por lo social, aunque ello conlleve enfrentarse a lo legislado por Montoro.

Así pues, enfrentamiento con la oposición que planteará, casi seguro, su rechazo a estos presupuestos, y enfrentamiento a las respuestas que puedan venir de otros marcos legales en lo estatal y hasta en lo autonómico.

Lo único que está garantizado es que no habrá aburrimiento. Y que Montoro, fiel a sí mismo, vendrá con la rebaja.

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El brindis de Wenceslao López
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Luis Arias Argüelles-Meres | 29-12-2017 | 07:54| 0

Ana Rivas, Silvino González, Marisa Ponga, Diego Valiño, Iván Piñuela y Wenceslao López, en primer término, durante el brindis navideño en la Casa del Pueblo. / A. PIÑA

“Pueblo que quiera regenerarse encerrándose por completo en sí es como un hombre que quiera sacarse de un pozo tirándose de las orejas”. (Unamuno).

Leo en EL COMERCIO que Wenceslao López, en su discurso durante la comida navideña que el Grupo Municipal Socialista ofrece a los periodistas que se encargan de la actualidad política vetustense, habló de una serie de proyectos faraónicos y megalómanos del pasado que ahora pasan factura, entre ellos, Villa Magdalena, el Calatrava, el Asturcón, etc. Ya se sabe: la herencia recibida que hipoteca el presente y también parte del futuro.

En este asunto, al margen de las valoraciones que cada cual tenga a bien llevar acabo, los datos hablan por sí solos, y nadie puede negar que, desde el principio de su mandato, el actual equipo de gobierno del Ayuntamiento de Oviedo se encontró con esa realidad que lo limita de forma innegable e inevitable.

Dicho esto, cuando queda aproximadamente un año y medio para que se celebren las próximas elecciones municipales y autonómicas, no se puede afirmar que el llamado tripartito esté atravesando su mejor momento, entre otras cosas, por las disensiones internas que vienen aflorando en los últimos tiempos, lógicas entre tres partidos políticos diferentes, pero que, en todo caso, son perjudiciales en la medida en que desvían la atención de lo que en verdad es más importante.

No sólo estamos hablando de un Ayuntamiento que está maniatado por deudas heredadas, sino que además se viene topando de continuo con limitaciones a la hora de fijar la plantilla de funcionarios, a la hora de recibir la colaboración necesaria de otras administraciones y a la hora de precipitaciones internas que no sólo dan lugar a la confusión, sino que también contribuyen a propiciar un ambiente de desasosiego.

Y, al mismo tiempo que todo esto sucede, lo paradójico del caso es que –como ya escribí en más de una ocasión– a este equipo de gobierno le toca sentar las bases del Oviedo del futuro que pasa por los terrenos y el edificio de la fábrica de armas, por un los proyectos en torno a todo lo que rodea al viejo Hospital, por el futuro de la fábrica de gas, por la entrada a Oviedo desde la autopista ‘Y’, por la circunvalación pendiente de la ciudad, etc.

Sentar bases y cimientos de futuro con una situación económica precaria, llamar a las puertas de otras Administraciones sin grandes esperanzas, vivir en continuo runrún de ruido y furia en lo que se refiere a sus relaciones con la oposición. Y, como guinda, aunque no sea muy explícito el alcalde sobre el particular, no haber tenido con la FSA una relación idílica al menos hasta que tomo el relevo el señor Barbón.

Futuro imperfecto. Presente conflictivo y ruidoso. Pero, eso sí, desde una trayectoria política – la de Wenceslao López– honesta, clara y coherente.

En esto último, me sumo al brindis.

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Viga Azul: El Tartiere fue una fiesta
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Luis Arias Argüelles-Meres | 24-12-2017 | 15:04| 0

Por fin, el Tartiere fue una fiesta. Tanto por la intensidad en el juego del equipo carbayón, como por el entusiasmo que se manifestó, más que nunca en lo que va de temporada, en las gradas, con bufandas y luces de celebración.

Se sabía que el partido no iba a ser fácil, sobre todo porque el rival hace buen fútbol y no había cosechado hasta el momento muchas derrotas. Pero el Real Oviedo sigue en racha, imparable buscando el triunfo. Y, así, cuando sólo habían transcurrido diez minutos de juego, vino el primer gol, tras una excelente internada de Diegui en la que el balón terminó en los pies de Aarón Ñiguez, que, con la clase que viene atesorando, tuvo la suficiente serenidad y vista para marcar el primer gol de la tarde.

Fue una pena que Diegui no hubiese aprovechado la ocasión que tuvo cuando se quedó solo ante el portero rival. Aun así, cuajó un gran partido.

La Cultural Leonesa no se amilanó y puso en el campo su técnica y su juego en busca del empate. Pero, en la segunda parte, cuando Carlos Hernández marcó el segundo tanto del partido, el choque parecía sentenciarse como, en efecto, así fue. Sobre este segundo gol hay que anotar que, una vez más, se puso en marcha la magia de Berjón a la hora de dar pases a balón parado. Preciso el lanzamiento del canterano y perfecto el cabezazo de nuestro defensa central, que lleva unos cuantos goles en su haber.

Puede decirse que, a partir del segundo gol, la alegría y el ambiente festivo se apoderaron del Carlos Tartiere. La posesión la tenía la Cultural, pero se estrellaba contra una defensa oviedista muy segura. Y entonces llegaría el tercer gol, obra de Cotugno que fue toda una apoteosis de alegría.

Una defensa segura y concentrada. Un centro del campo batallador e incisivo. Y una delantera con ambición y lucha. A resultas de todo ello, la victoria de ayer en el Tartiere no fue agónica. No se miraban los relojes con ansiedad esperando que llegase el final del encuentro.

No, no fue así, se ganó con autoridad a un equipo que –insistohace buen fútbol, a un rival cuyos aficionados que se desplazaron al Tartiere se comportaron con una elegancia admirable, animando a los suyos, pero sin ningún comportamiento bronco.

Fiesta en el Tartiere, digo, para cerrar el año en nuestro estadio, para demostrar que una buena racha se sigue manteniendo y que este equipo lucha, empuja, brega y, además, ofrece destellos de calidad.

Con toda la prudencia que es siempre obligada, ante la Cultural se consolidó el sentimiento de que hay motivos para la esperanza.

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Recuerdos de Oviedo: Aquellas Navidades de 1980
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Luis Arias Argüelles-Meres | 24-12-2017 | 09:54| 0

«Lo que uno tiene por sí mismo, lo que le acompaña en la soledad sin que nadie se lo pueda dar o quitar, esto es mucho más importante que todo lo que posee o lo que es a los ojos de otros». (Schopenhauer).

Finalizaba 1980. Se vivían las vísperas de un año que traería un fallido golpe de Estado en España, un atentado contra el Papa más viajero del que se tiene noticia. Estábamos, también sin saberlo, en la última década de la llamada guerra fría. Nadie se imaginaba por estos lares que no estaba tan lejos la cuenta atrás del fin del bloque soviético. Y, en Oviedo y en España, UCD estaba en su última Legislatura. Vísperas, pues, de muchos cambios, parte de ellos difícilmente previsibles en los últimos días de 1980.

En nuestro más acá, en Oviedo, Riera Posada era el Alcalde de la ciudad. Y, en nuestro equipo de fútbol, García Barrero ya había debutado en el conjunto azul el 26 de octubre de 1980. García Barrero, hijo del legendario Falín y sobrino de Emilín, extremo de aquella mítica “delantera eléctrica”, que escribió las páginas más gloriosas del oviedismo, fue un futbolista con potencial que, al final, nunca llegaría a explotar del todo. Ahí estuvo su drama, muy propio del oviedismo. Le faltó muy poco para llegar a ser un futbolista de primera línea, condiciones para ello tenía, pero las circunstancias se conjuraron en contra. Pero no llegó a alcanzar la gloria futbolística a la que parecía estar destinado.

Navidades de 1980. El día de Nochebuena, en nuestra casa en la calle Toreno, horas antes de la cena, estaba sobre la mesa del comedor un libro de Zubiri que había despertado tremendas polémicas. Su título era, de por sí, muy llamativo, “Inteligencia sentiente”. En el suplemento cultural de “Diario 16”, el citado libro había recibido fuertes varapalos. Sin ir más lejos, Juan Cueto Alas hizo una crítica demoledora de aquel libro de Zubiri. En enero del 81, López Aranguren salió en defensa del pensador del que venimos hablando.

Navidades de 1980. Entrábamos en una década en la que el mundo iba a transformarse considerablemente. Pero, insisto, no se contaba con aquello. Disfrutábamos de unas libertades que irían a más a lo largo de aquella década, vivíamos las vísperas de la famosa “movida”, que no fue sólo madrileña, y, ante todo y sobre todo, aún estábamos en lo irrenunciable, y no en lo posible. Eran los tiempos de lo relativo y no de lo absoluto. Y, en nuestra Facultad de Filología, el estructuralismo y la semiología dominaban en gran parte el discurso.

Nochebuena de 1980. No se tenían muchas esperanzas de que el Oviedo retornase a Primera División. El Palacete de Concha Heres ya había sido derribado. Con ello, como escribí en esta misma página, se perdió una batalla cívica importante. Y, en Asturias, vivíamos también las vísperas de que, en lo político, el PSOE se convirtiese en el partido hegemónico de nuestra tierra.

Vuelvo al libro de Zubiri, más bien, a la figura de aquel filósofo que, en su momento, había estado tan cercano a Ortega. Su forma de escribir, sin embargo, no apostaba por la claridad, tal y como había planteado Ortega en su primer libro. Y su actitud ante la España de su tiempo había sido de un total alejamiento de cualquier compromiso con la realidad social. Desde su burbuja, filosofaba de un modo totalmente ajeno a lo que había estado sucediendo durante el franquismo, a los afanes y desvelos de su propio país. Esencialismo en estado puro. ¿Valía la pena leer a Zubiri, que se mostraba totalmente al margen de su tiempo? ¿Qué había sucedido entre Ortega y él? ¿Qué opinaban los discípulos orteguianos de Asturias acerca del ex jesuita? De todo esto, hablé con mi padre en aquellas navidades de 1980. Y, en el caso que nos ocupa, podría decirse que su forma de escribir era también profusa, confusa y difusa.

Las bandejas con los turrones sobre el mármol de los aparadores. Los postres, pues, a la vista ya desde los aperitivos. El mensaje navideño de un joven monarca lleno de generalidades. La cena, como siempre, a las diez de la noche.

Faltaba una semana para las felicitaciones por el año que iba a comenzar. Y, siguiendo la tradición no escrita, la Nochebuena estaba marcada, tópicos aparte, por hacer balance del año más que por las expectativas para el próximo.

Luces navideñas en el árbol que no faltaba. Nacimiento con figuras que se habían ido incorporando desde nuestros años de infancia. La sopa de pescado y el cordero que venía de Burgos. La televisión apagada desde el momento mismo que comenzaba la cena. Volvía a encenderse tras los postres.

Tiempo detenido en el fútbol y en la política del día a día. Democracia recién estrenada en la que los miedos iban dejando sitio a las esperanzas.

Navidades de 1980. Se me antojan marcada y señaladamente ingenuas. Tengo el convencimiento de que el futuro que ya estaba llegando no se dejaba ver, ni siquiera podía atisbarse desde los libros más sesudos de aquellos días, y no sólo en el tocho de Zubiri.

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ZONA AZUL EN OVIEDO
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Luis Arias Argüelles-Meres | 22-12-2017 | 09:53| 0

En este caso, no es pleonasmo hablar de zona azul en Oviedo. En este caso, nos encontramos una vez más con una empresa privada que gestiona lo público. Y, aparte de eso, parece obligado a estas alturas considerar que forman parte del paisaje las máquinas expendedoras de tiques que nos dan un tiempo para aparcar los vehículos en la práctica totalidad de las calles de nuestra capital.

Cierto es que todo esto no debería colisionar con la existencia de grandes espacios de aparcamiento sin zona azul, pero que contasen con una mínima vigilancia que diese seguridad a las personas que dejan allí sus coches por un tiempo superior a una gestión, o a unas pocas horas.

El hecho es que, según la información que firman Gonzalo Díaz-rubín y Juan Carlos Abab en EL COMERCIO, los controladores de la zona azul podrán informar de las infracciones que se cometan en la zona azul a la Policía municipal, que es a quien corresponde poner multas, en este caso de 90 euros, si bien la cuantía de la sanción podrá reducirse si se paga en un determinado tiempo.

Parece obvio que no es de recibo la impunidad de quien deja su vehículo horas y horas en la zona azul sin renovar el tique de marras; también es cierto que no parece del caso que una empresa privada pueda multar a la ciudadanía.

Por tanto, aceptando que esta norma que, según la información de la que venimos hablando, entrará en vigor a principios de año, pueda ser asumible y razonable, tendría que estar acompañada por explanadas de aparcamiento fuera de la zona azul, y no sólo por el tema económico, sino también y, sobre todo, porque hay circunstancias que dificultan en grado sumo que una persona pueda estar cambiando el tique de aparcamiento, por mucho que también se pueda llevar a cabo sin desplazamiento a través del teléfono móvil.

Tengo para mí que no falta mucho tiempo para que los coches particulares dejen de tener las ciudades expeditas para circular y aparcar masivamente. Pero, mientras eso llega, hay que contar con mecanismos correctores que impidan limbos normativos. Y la noticia que aquí nos trae está claramente en esa línea.

De paso, estaría bien saber si hay voluntad, también en este asunto, de acabar con las privatizaciones de lo público.

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Recuerdos de Oviedo: Por la Losa de RENFE
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Luis Arias Argüelles-Meres | 17-12-2017 | 19:02| 0

Oviedo, mayo de 1999. Vísperas de elecciones autonómicas y municipales. Se inaugura La Losa de la Renfe. Confieso que tenía curiosidad por recorrer aquel nuevo espacio. Sin embargo, no acudí a tan solemne apertura por temor a electoralismos y a un ‘fartódromo’ más. Por otro lado, las actuaciones musicales anunciadas eran de primer nivel. ¡Sería por perres!

La prensa, al hacerse eco del acontecimiento, refería que, además de otras ventajas, aquel nuevo espacio de la ciudad era un lugar pintiparado para tostarse al sol. Eso sí, sin playa, sin aquella playa que, en su momento, Gabino de Lorenzo había prometido llevar a cabo.

Si la memoria no me falla, la mencionada inauguración tuvo lugar la víspera de un martes de campo. Y recorrí la Losa por vez primera tres días después de su puesta de largo oficial.

Hacia sol, la brisa era agradable. Tan pronto puse allí los pies, me di cuenta de que aquello era la estética gabiniana en estado puro, sobre todo, por las fuentes. Y, por otro lado, se trataba de un espacio cómodo y agradable para pasear, justo por encima de las vías de la Renfe, del punto de partida de aquellos trenes en los que había hecho tantos viajes a Madrid. Me vinieron muchas imágenes de aquel tren expreso cuyo destino era la capital de reino, que se detenía hasta en los apeaderos y que tardaba un montón de horas en llegar al rompeolas de todas las Españas. Ahora, por encima de las vías, no había sólo aire, también aquella Losa vinculada a algo que dio en llamarse ‘Cinturón Verde’, que daría de sí no sólo como materia histórica, sino también novelesca.

En aquella campaña electoral del 99, creo recordar que la propaganda del entonces regidor de la ciudad se basaba en una imagen en la que se podía leer que se presentaba ‘con los deberes hechos’. Y, desde luego, la Losa era lo que colmaba su transformación de la ciudad a lo largo de los mandatos anteriores.

Y es que, hace muy pocos días, paseando por la Losa, recordé mi primera andadura por allí, así como aquel tiempo de vísperas de tantas cosas, no sólo de elecciones autonómicas y municipales, sino también de una serie de acontecimientos que darían la entrada al siglo XXI y que tanto transformarían el mundo.

Volviendo a aquel momento, a los últimos días de mayo de 1999, ni por asomo proliferaban tanto como ahora los teléfonos móviles. Aun así, no era infrecuente ver a mucha personas conversando a través de ellos, bien peripatéticamente, bien con la comodidad que da un banco en el que sentarse a charlar. Aquello –lo de los móviles– ya empezaba e iba en serio.

Desde la calle Uría, accesos a la Losa por medio de escaleras automáticas, también desde la Estación de la Renfe. Por otra parte, me resultaron llamativos los edificios que se construyeron al lado, con sus fachadas coloristas y con su ambición de altura.

Oviedo era una fiesta, Oviedo era un fartódromo. Oviedo era una ciudad de adoquines y esculturas por doquier. Oviedo era una ciudad que deslumbraba a los visitantes por su limpieza. Eran los años dorados del gabinismo, tras dos mandatos en los que apenas tuvo oposición. Y se despedía de ellos con aquel espacio añadido que fue la Losa.

En mi estreno recorrí la Losa un par de veces, hasta que decidí hacer una parada, acompañada de un café y de la lectura de la prensa. Reconozco que no me concentré demasiado en el periódico, pues más bien me dediqué a observar el movimiento de gentes que, a medida que avanzaba la tarde, se iba incrementando.

Y me resultaba significativo constatar que la mayor parte de quienes por allí caminaban no eran personas mayores, pues había un amplio muestrario de distintas edades, desde estudiantes con sus mochilas hasta paseantes solitarios que iban observando detenidamente. Era un tiempo de estreno por aquel nuevo espacio.

De repente, se nubló la tarde con amenaza de lluvia, aunque aquello no hizo a las gentes caminar apresuradamente para poder resguardarse a tiempo antes de que la lluvia hiciese acto de presencia. Pero no llegó a llover.

Un paseante hacía todo tipo de aspavientos mientras se comunicaba por medio de su teléfono móvil. Sus gestos eran de confirmación de verdades indubitables, de total certeza. Un señor paseaba a su perro, aunque era este último quien tiraba de su amo. Y, muy cerca de mí, alguien hizo un alto en el camino para fumar. Se despojó de su bolsa de la compra y apagó su móvil. Se diría que necesitaba concentrarse en el ritual de humo, abismándose hasta quién sabe dónde dentro de sí mismo. De la bolsa de la compra, que no era de un supermercado, sino de una librería, sacó un libro de Walter Benjamin, acarició el volumen antes de ponerse a leerlo. Y, en su gesto, se dibujaba un inequívoco no sé de qué de melancolía, un inequívoco asomo a un texto que tenía textura –y tersura– agridulce.

No tardó mucho en cerrar el libro. Y, antes de reanudar la marcha, se fumó otro cigarrillo.

Oviedo, 1999. Vísperas de tantas cosas, muchas de ellas, inesperadas, y mucho menos locales de lo que la mayoría se esperaba.

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VILLA MAGDALENA, PESADILLA Y MALDICIÓN
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Luis Arias Argüelles-Meres | 15-12-2017 | 14:06| 0

Ya se sabe que nunca una biblioteca costó tanto dinero a un organismo público. Ya se sabe que el asunto de Villa Magdalena lleva años siendo una especie de culebrón que no cesa. Ya se sabe que, al final, la ciudadanía de Oviedo será la que tenga que pagar semejante disparate.

Pero, mientras vamos teniendo noticia de las idas y venidas de este culebrón, tanto en sus aspectos políticos como judiciales, resulta que lo último que conocemos al respecto, según informa Gonzalo DíazRubín en EL COMERCIO, es que, por cuestiones de procedimiento legal, hay que dar por seguro que se archive el expediente que iba encaminado a exigir posibles responsabilidades patrimoniales a Gabino de Lorenzo y a varios ediles que formaron parte de anteriores equipos de gobierno a cuyo frente estuvo el exalcalde la ciudad.

Así pues, todo parece indicar que las iniciativas que se tomaron por parte del actual gobierno municipal carbayón para hacer frente al agujero económico que supuso en su momento la expropiación de este palacete de nuestras entretelas, no resuelven la cuestión.

Así las cosas, la maldición está ahí. Se diría que, por mucho que se afane y desvele el tripartito vetustense, no sólo no va a quedar otra que pagar una cantidad astronómica de dinero por Villa Magdalena, sino que además no habrá posibilidad de que asuman parte del desaguisado los mandatarios políticos que en su día tomaron tan sublime decisión.

Maldición y pesadilla. No hay manera, a lo que se ve, de evitar el pago de semejante pufo, y, para mayor baldón las noticias en tal sentido no cesan. Defectos de forma, incumplimiento de plazos, papeleos que no nos librarán de ser empapelados como paganinis.

Imagino que más de uno se estará frotando las manos ante semejante situación. No cabe ninguna duda de que al alcalde le lloverán las críticas y los reproches. Y, mientras tanto, ya se sabe, habrá que pagar, se perderá una enorme cantidad de dinero público para afrontar unos costes desorbitados. Y, aquí, casi todos contentos, alegres y confiados.

Maldición y pesadilla. Tampoco cabe esperar que haya declaraciones públicas de quienes decidieron aquello, lamentando una decisión que rascará mucho los bolsillos de la ciudadanía carbayona. Todo se hizo –se esgrimirá– con buena intención. ¡Como si las buenas intenciones fueran eximentes en política!

Cualquier día de estos, me acercaré a Villa Magdalena. A ver qué oigo, a ver si algún fantasma se expresa o comparece.

Prometo ser paciente.

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Viga Azul: De Charco en Charco
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Luis Arias Argüelles-Meres | 11-12-2017 | 18:10| 0

Con o sin barro, el Real Oviedo sigue en racha, y lo demostró sobradamente ante Osasuna. No estaba el césped para florituras, tocaba pelearse con el barro y el once azul no se arredró. Lo cierto es que los prolegómenos anunciaban un partido típico del norte, con dos equipos que tradicionalmente saben lo que es pelearse con un terreno encharcado a la hora de jugar al fútbol. Partido de galerna, partido de ciclogénesis, si utilizamos la actual terminología meteorológica.

Contra el viento y la lluvia tocaba diputar el partido. Se sabía que en multitud de ocasiones el balón iba a quedar frenado por el barro, algo que fue a más conforme iba avanzando el choque. Era lo que había: luchar contra los elementos.

Habían transcurrido muy pocos minutos cuando el árbitro señaló un penalti a favor del Oviedo. El fallo de Rocha, que mandó el balón fuera, no creó inseguridad en el once carbayón; antes al contrario, se diría que, a partir de ese momento, se conjuraron luchando sin cuartel en busca del gol, hasta que llegó el tanto de Diegui que, por cierto, es el segundo que consigue en lo que va de campeonato, un dato más que da muestra de que ésta, si las lesiones no lo malogran, será la temporada en la que se consolide nuestro canterano. Además de haber sido el jugador que nos dio la victoria con su cabezazo perfecto, luchó continuamente durante todo el partido.

Por su parte, Yeboah, una vez más, se ganó los aplausos de la afición por su empuje y lucha. El éxito del excelente momento que vive este jugador hay que repartirlo entre el delantero y el entrenador, por haber conseguido motivarlo hasta el extremo de que dé su mejor versión y se vaya superando a sí mismo partido a partido. Durante la primera parte, fue muy clara la superioridad del Oviedo. Tras el descanso, como erad de esperar, el Osasuna salió a por todas, demostrando que, ni mucho menos, había renunciado al partido. Lo que puede decirse al respecto, teniendo en cuenta el estado del terreno de juego, así como la calidad del rival, es que nuestro equipo dio la talla defendiendo el resultado, batallando continuamente.

Osasuna dominó tras el descanso, ciertamente, al menos durante bastantes minutos, pero no se vio en el once azul desconcierto ni tampoco inseguridad, tampoco se renunció al ataque cuando las circunstancias y el barro lo permitieron. Lucha, coraje, entrega, esfuerzo. Frente al Osasuna, se vio al equipo que Anquela reivindica. Sólo queda seguir así.

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Recuerdos de Oviedo: Por Santo Domingo y Fuente del Prado
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Luis Arias Argüelles-Meres | 10-12-2017 | 15:52| 0

“Mi alma es una orquesta oculta; no sé qué instrumentos tañe o rechina, cuerdas y arpas, timbales y tambores, dentro de mí. Sólo me conozco como sinfonía”. (Pessoa).

Podría hablarse de un tiempo en el que en Oviedo todavía eran mucho más difusos los límites entre lo urbano y lo rural. Podría hablar de algunos recuerdos de la niñez en la zona de santo Domingo en nuestra ciudad, donde una de mis tías abuelas tenía un chalet, chalet con una finca grande. De hecho, a la casa se llegaba tras un recorrido no pequeño por una senda entre el verde marcada como senda de paso, huella indeleble de continuas y cotidianas idas y venidas.

Aquello era, en efecto, Oviedo, estaba en la ciudad que tenía lo rural aún más incorporado que ahora. No nos hacía falta abandonar la capital para encontrarnos en plena naturaleza. Y, al menos, para el niño que fui, tal cosa no resultaba atípica, formaba –nunca mejor dicho- parte del paisaje, parte del mundo más conocido.

Lo curioso es que, a la hora de intentar revivir las imágenes de las estancias en aquella casa, siendo niño, lo que recuerdo con mayor nitidez es la amplitud de los espacios, empezando por la entrada de aquel chalet y siguiendo por las puestas acristaladas que abundaban por muchos de los espacios de la casa.

Nunca olvidaré una tarde en plenas vacaciones navideñas en las que fuimos a visitar a mí tía abuela, que vivía con su hija y sus nietos. El itinerario comenzó en Camilo de Blas donde compramos unos pasteles como presente. Era un día gris, aunque no llovía. Hacía frío, pero la trenca, incluida su capucha, me servía para combatirlo. Caminaba con las manos en los bolsillos, prefería aquello a los guantes.

Durante el trayecto, hablábamos del Belén que había que poner un año más en el salón comedor de casa, y en algún momento nos encontramos con personas conocidas. Saludos breves, acompañados por los tópicos propios de las fechas de los mejores deseos para el año que ya estaba a punto de entrar.

Cuando llegamos a la plaza de Santo Domingo, empezó a llover. Aceleramos el paso.

Recuerdo, como dije más arriba, la amplitud del vestíbulo y las puertas acristaladas. En la galería, tomamos un chocolate acompañado de los pasteles que habíamos comprado, también de unas pastas de sabor inolvidable que eran una receta de la familia. Aun compartiendo un mismo espacio, y también el idioma, lo cierto es que las conversaciones entre las personas mayores, por muy cerca que estuviesen de nosotros, eran otro mundo, hasta el extremo de que las oíamos sin escucharlas, no sólo por ser una consigna que teníamos bien aprendida, sino también porque, salvo excepciones, no resultaban de nuestro interés.

Aquel chocolate a la taza, reforzado además con un delicioso pastel de Camilo de Blas y también con las pastas, no sólo eran manjares de los que disfrutaba mucho, sino también una especie de ritual que me abismaba en mis fantasías infantiles. Recordaba lecturas recientes y series de dibujos animados. La lectura de determinados episodios de “El Llanero Solitario” y el recuerdo de las cosas que pasaban en Yellowstone con el Oso Yogui como protagonista.

Hubo un momento, tras aquellas transcendentales abstracciones, en el que reparé en el suelo de aquella galería, en todos sus rincones, bajo los muebles y sin ellos. Confieso que me pareció un escenario pintiparado para jugar por allí a las canicas. De hecho, me costó poco esfuerzo imaginar que aquello se llevaba a cabo con las bolitas deslizándose por aquellas tablas anchas y enceradas.

Pero, en un momento dado, me olvidé de las canicas y pensé en aquel tren eléctrico que me había regalado la dueña de la casa el año anterior el día de mi cumpleaños. Aquel tren eléctrico era uno de mis juguetes preferidos. Cuando lo ponía en marcha, marcaba, a mi modo y manera, determinadas estaciones, a veces conocidas, a veces, imaginadas.

De modo y manera, que la tarde transcurrió entre dulces, historias, dibujos animados, canicas y viajes en tren. Porque, además de estaciones en el exterior de su recorrido, también me inventaba interiores, a veces, con viajeros dentro.

Fue una tarde aquélla donde el sentimiento lúdico de la niñez se alzó con todo el protagonismo.

Cuando se terminó la visita, ya había anochecido. Se notaba la humedad en el ambiente, no sólo por la lluvia, sino también por el frío de la estación, ese frío que calaba a pesar de la trenca y de los calcetines de lana.

Oviedo, en aquella tarde invernal, era también una estampa navideña, en la que se hacía ver el aliento de muchos transeúntes, en la que las luces exteriores e interiores iluminaban el espíritu de aquellos días con sus vivencias, en la que las pastelerías estaban llenas de gente, en la que todos los viandantes deseaban llegar a su casa en horas de sosiego.

Una tarde navideña en una casa de campo en pleno Oviedo. En un Oviedo en el que lo rural no resultaba nada exótico. Una tarde en Santo Domingo y prado de la vega, en aquel Oviedo que aún perdura en los recuerdos de muchos de nosotros.

Una tarde navideña en la que me hubiera gustado recorrer aquella finca, en un caballo tan hermoso como el que montaba El Llanero Solitario.

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“Nosotros, los Rivero”
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Luis Arias Argüelles-Meres | 08-12-2017 | 12:03| 0

Arriba, uno de los dibujos que ilustran la nueva edición de 'Nosotros, los Rivero'. A la derecha, el informe negativo de la censura que recibió Dolores Medio./

«Todos somos volcanes que tendrán su hora de erupción». (Nietzsche).

Es todo un acontecimiento que podamos contar con la versión completa de ‘Nosotros, los Rivero’. Digo la versión completa porque la edición que acaba de publicar la editorial Letra Azul contiene todos aquellos textos que en su momento eliminó la censura. Será muy interesante confrontar esta versión completa con la que hemos conocido hasta ahora y determinar hasta qué extremo se pudo desvirtuar la que es acaso mejor narración de Dolores Medio.

Fíjense: hablamos de una novela ‘muy siglo XX’ que, sin embargo, al igual que otras muchas que se tienen a Oviedo como escenario, no puede negar la omnipresencia de ‘La Regenta’. Hablamos de un Oviedo que dormía en el arranque de la narración, lo que recuerda inevitablemente a la heroica ciudad clariniana que sesteaba.

Pero, aun así, insisto en que la trama narrativa de la novela de Dolores Medio se sitúa en pleno siglo XX y está jalonada por acontecimientos que tanto marcaron nuestra historia como la Revolución del 34 y sus prolegómenos.

Dolores Medio, maestra depurada, aun a pesar del franquismo, no renunció a contar sus años de aprendizaje en el mundo mediante esta novela que obtuvo el Premio Nadal en 1952. Fue la segunda mujer premiada con tan importante galardón, pues la primera fue Carmen Laforet con ‘Nada’, que, como se sabe, marcó un hito en el género en plena posguerra.

No es éste el momento ni el lugar de profundizar en la novela de Dolores Medio. Sin embargo, resulta obligado poner de manifiesto que, tras tantas décadas, podamos contar con la versión íntegra de una novela que narra acontecimientos históricos de primera línea en nuestra tierra.

Y tengo para mí que, con esta versión íntegra, ‘Nosotros, los Rivero’ no sólo es mucho más siglo XX que con la anterior, sino que además nos acerca a una época de nuestra historia contemporánea que es de obligado conocimiento para entender nuestro devenir, el de Oviedo, el de Asturias y el de España.

A esto hay que añadir otro aspecto nada baladí, y es que, al tener en nuestras manos los textos que eliminó la censura, podremos entender mucho mejor no sólo el marco temporal en el que transcurre la novela, sino también lo que fue el franquismo en cuanto mentalidad impuesta durante décadas. Un franquismo que no sólo reprimió brutalmente cualquier asomo de disidencia, sino que además se propuso exterminar la memoria colectiva de un tiempo y un país, exterminio que no estuvo lejos de conseguir.

No deja de ser desgarrador pensar que, hasta el momento, hemos leído una edición amputada de lo que fue esta novela, y que, pese a ello, haya pasado a la historia y haya resistido el paso del tiempo.

El hallazgo de los textos eliminados por la censura es una extraordinaria aportación a la historia y a la literatura.

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