El Comercio
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La atonía asturiana
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Andrés Suárez | 13-06-2016 | 18:30| 0

Nos guste o no, Asturias importa muy poco en esta campaña electoral. Hay ocho escaños en juego y, si hacemos caso al CIS, el reparto será idéntico al del 20-D. A lo sumo bailaría un diputado que podría moverse entre el PP y Unidos Podemos, pero la probabibilidad de cambios es escasa. Las direcciones nacionales de los partidos lo saben y actúan en consecuencia. Los candidatos se dejarán ver por la región a mitad de campaña, ni en los principios -admitiendo que Pedro Sánchez iba a comenzar aquí pero un cambio súbito de agenda lo impidió- ni en el final, fechas decisivas que reservan para las comunidades con un mayor botín en liza y donde las cosas pueden estar más ajustadas: Cataluña, Valencia, Madrid o Andalucía. Para esto, como para tantas otras cosas, Asturias sigue jugando en segunda división.

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Cinco preguntas en busca de respuesta
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Andrés Suárez | 03-05-2016 | 15:44| 0

Cinco preguntas en busca de respuesta, al hilo del reinicio (si es que alguna vez se frenó) de la precampaña electoral.

1.- ¿Volverá a dar resultado la estrategia de Rajoy de ponerse de perfil y dejar que el tiempo solucione los problemas?

2.- ¿Dejarán los ‘barones’ regionales a Pedro Sánchez sobrevivir a la noche electoral del 26-J o sacarán los cuchillos en cuanto se cierren las urnas?

3.- ¿El objetivo de Podemos es ganar al PP o al PSOE?

4.- ¿Cuánto influyen los problemas económicos de IU en su apuesta por la confluencia con Podemos?

5.- ¿Cuántos votantes de derechas saldrán corriendo de Ciudadanos después de su fallido pacto con el PSOE?

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El uso político del déficit
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Andrés Suárez | 15-04-2016 | 18:40| 0

El debate del déficit público no es nuevo. Cuando Cristóbal Montoro tomó las riendas del Ministerio de Hacienda, tras los comicios de 2011 que llevaron al PP al Gobierno, lo hizo prometiendo mano dura para meter en vereda a los descarriados gobiernos autonómicos. Cada uno es libre de juzgar su gestión. Los números están a la vista. 2015 se ha cerrado con la práctica totalidad de las comunidades salvo tres (Galicia, Canarias y País Vasco) triturando los objetivos previstos.

¿Supone este análisis un intento de exculpar a las autonomías? En absoluto. En el gasto de las comunidades siguen aflorando, incluso con una dura crisis de por medio, gastos superfluos fácilmente eliminables en términos económicos pero difíciles de afrontar en clave política. Aunque el término ‘chiringuito’ se ha manoseado en exceso, es evidente que siguen existiendo y que cargos políticos ahora en retirada disfrutan en ellos de un dorado retiro. Es solo un ejemplo.

Pero la cuota de responsabilidad del ministro es muy alta. En el reparto del déficit se quedó para el Gobierno central una cuota más amplia y apretó el cuello a las comunidades. Pero, cuando estas incumplieron, no tomó medidas para atajar esos excesos aunque la ley le autorizaba a ello. En 2015, año electoral, permitió que las regiones -una mayoría entonces gobernadas por el PP- inflasen el gasto para tratar de mantener el poder. Y solo después, ya en funciones, y con Bruselas metiendo presión, Montoro se ha decidido a intervenir. A sabiendas de que el margen que tiene, en retirada tanto el Ejecutivo como él mismo, es reducido.

El déficit se ha gestionado demasiado a la ligera. Y aquí están las consecuencias.

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Volver a votar
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Andrés Suárez | 18-03-2016 | 16:35| 0

Ahora quiero volver a votar. Porque, una vez pasadas las elecciones del 20 de diciembre y ante la hipótesis de unos nuevos comicios en junio, ya conozco la enorme diferencia entre lo que prometían los partidos en sus programas y lo que en realidad están dispuestos a hacer. Ahora ya sé que el PP no es capaz de gobernar salvo que tenga mayoría absoluta y que no tiene un solo aliado en el que apoyarse. Que el PSOE está dispuesto a pactar con Ciudadanos, el partido al que hace unos meses definía como una derecha disfrazada. Que Ciudadanos no tiene reparos en pactar con el PSOE o con el PP, la derecha o la izquierda, según el momento político. Que Podemos, mas que gobernar con el PSOE, quiere devorar al PSOE; salvo, claro, que quien encabece ese gobierno sea Pablo Iglesias. Que IU (o como mínimo su cabeza visible, Alberto Garzón, porque es un hecho que no todo el mundo está en la misma tesis) tiene más interés en confluir con Podemos que en defender la historia de sus siglas. Por todo eso, ahora quiero volver a votar.

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Utópicos y posibilistas
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Andrés Suárez | 10-03-2016 | 09:33| 0

Si Pablo Iglesias desea chequear los problemas que aquejan a su formación, no tiene más que descolgar el teléfono y llamar a alguno de los dirigentes de IU. Porque el mal que padece su recién creado partido es el mismo que sufren históricamente los partidos de la llamada izquierda alternativa y singularmente IU: la división entre utópicos y posibilistas, entre quienes creen que hay que mantenerse fuera de las estructuras del poder para defender la pureza de sangre y quienes creen que solo desde dentro, desde las instituciones, se puede cambiar el mundo. Aunque sea poco.

Desde fuera, cualquiera de las dos opciones me parece válida. Aunque, en la práctica, solo una de ellas produce resultados positivos. De este asunto pueden hablar largo y tendido los dirigentes de IU en Asturias, eternamente inmersos en este debate. Pero es un hecho cierto que si en estos momentos en la región existe el salario social es porque los posibilistas optaron por entrar en el Gobierno de Vicente Álvarez Areces y, desde el núcleo del poder, forzaron al PSOE a activar una prestación que ahora ningún partido, aunque no crea en ella, osaría quitar.

Parece claro que en Podemos se vive una batalla entre utópicos y posibilistas. Entre quienes defienden quedarse fuera, agazapados ante la oportunidad de conseguir todo el poder en unas hipotéticas nuevas elecciones, y quienes creen que habría que tolerar un Gobierno de Pedro Sánchez como mal menor. La batalla se antoja intensa. Veremos.

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