El Comercio

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Fecha: diciembre 5, 2010
RELACIONARSE BIEN
Miguel Silveira 05-12-2010 | 12:37 | 0

Una cosa es relacionarse con la gente y otra muy diferente saber relacionarse bien. Una cosa es mandar y otra saber mandar. Una cosa es hablar y otra medir lo que decimos. Relacionarnos, mandar, reclamar, preguntar, vender o comprar lo hacemos todos pero saber hacerlo bien sin levantar ampollas y sin crear tensiones y conflictos es algo diferente. Quien sabe relacionarse bien se las arregla para dejar sembrado en su interlocutor una impresión tal que la reacción que obtiene es la correcta.

Quien se relaciona bien sabe escuchar cuando hay que hacerlo, sabe decir las cosas en el tono adecuado, en el momento justo y de la forma que sea más apropiada. Las relaciones personales suelen estar regidas por normas y principios implícitas que al tenerlas en cuenta arrancan de nuestros receptores respuestas deseadas y adecuadas. La reciprocidad es uno de ellos, según el cual como trates al otro así reaccionará o así será su trato contigo.

Otro principio es el de tener en cuenta al otro, alimentando su necesidad de atención y reconocimiento al tratarle de forma que se sienta escuchado, atendido, apreciado, respetado y satisfecho. De esa forma las relaciones consiguen ser fluídas y con pocas aristas. Pero todo ello requiere estar atentos cuando hablamos a cual sea la reacción del interlocutor para adecuar nuestras intervenciones y corregir lo que no vale ni funciona. No vale con hablar o decir solamente antes muy al contrario hay que cuidar lo que se habla y cómo lo decimos teniendo en cuenta el interlocutor, su estado pero también el contexto o situación de que se trate, ya que la situación, bien estudiada, nos habrá de indicar la procedencia o no de nuestra intervención.

Hay que medir las consecuencias pues bien sabido es aquello de “palabra y piedra suelta no tienen vuelta”. Por no estar mínimamente atentos y no cuidar que no sea la emoción, sobre todo, la que nos guíe en nuestras actuaciones se pueden derivar muchos fracasos, desastres y conflictos con todo el malestar que ello conlleva. Ajustarse al interlocutor y a la situación es todo un arte que requiere estudiar, observar y fijarse, escuchar y frenar nuestra lengua. Y se derivan gratas consecuencias, beneficios y logros y en ese caso es cuando relacionarse ha merecido bien la pena. Relacionarse bien requiere autocontrol y gran paciencia.

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