El Comercio

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DIVERSIFICAR EL RIESGO
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Miguel Silveira | 12-06-2011 | 20:55

Trabajaba en una empresa desde hacía varios años hasta que un dia cualquiera su jefe, que nunca se había fijado en ella, salvo en lo laboral, al pasar por un proceso de separación de su pareja y hallándose carente de mujer, de caricias y de otros varios placeres, le lanzó su anzuelo con tal acierto que ella, que también pasaba por momentos de carencia emocional y estaba sin pareja, picó inocentemente y aceptó arriesgarse a seguir trabajando y compatibilizando su trabajo con la relación personal con el amo de la empresa.

Pero las cosas, que al principio se prometían felices, comenzaron a ir mal y al poco tiempo ella se vio obligada, por asfixia, a tener que separarse emocional y físicamente. Pero ¡ay! no podía separarse económica ni laboralmente porque no encontraba alternativa fácil a su alcance y se vió obligada a seguir trabajando al lado del jefe y tener que vivir con la espada colgando encima de ella, a vivir sin quererle, pero dependiendo de él y atrapada, sin libertad de movimientos. Atrapada porque él se sintió traicionado y en evidencia ante todo el personal que le observaba. ¡Pobre mujer!

No debió calcular bien el riesgo que corría ante tal elección y la vida se le complicó tremendamente. Y todo por no diversificar, no separar el plano laboral y el plano personal. No es que uno no pueda enamorarse de su jefe o su jefa, tiene todo el derecho, pero también el alto riesgo de que, si sale mal esa aventura, se puede uno encontrar con graves complicaciones, sobre todo, si al fracasar la relación, procede marcharse de la empresa pero hay dificultades por la edad, porque las condiciones no son my favorables o no hay alternativa clara de seguir trabajando en otro sitio casi en igualdad de condiciones. Todo implica sus riesgos en esta vida, pero hay decisiones cuyo riesgo es más alto porque se mezcla el trabajo y el amor o la atracción. Y hay atracciones que pueden ser fatales, ciertamente.

Empezar una relación sentimental con un compañero de trabajo, si fracasa después, puede ser complicado al tener que seguir viéndose diariamente y compartiendo actividades y espacios comunes, pero más complicado es empezarla con el jefe o jefa porque puede dar lugar a represalias, venganzas o complicaciones variadas, si las cosas se tuercen y donde dices “digo” tienes que decir “Diego”. Hay que entender que el roce puede hacer el cariño, ya se sabe, pero es cierto también que hay cariños que matan. Ojo al dato y ojo al Cristo, que es de plata.

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