El Comercio

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Fecha: septiembre 4, 2011
EL PREMIO, A POSTERIORI
Miguel Silveira 04-09-2011 | 9:06 | 1

Si a un ciudadano lo acostumbramos a recibir desde su más
tierna infancia, después en la pubertad y en la adolescencia la mayor parte de
los objetos y gratificaciones “gratis et amore” corremos alto riesgo de que no
llegue a valorar el precio de las cosas porque no ha experimentado la relación
entre el esfuerzo realizado y aquello que recibe. No es que todas y cada una de
las cosas o gratificaciones que los padres dan a un hijo haya de merecerlas, porque
sería agobiante, pero conviene que las cosas de cierto valor y que se escapan
de la rutina diaria cueste esfuerzo conseguirlas.  Y, por supuesto, además no conviene que las
recompensas se reciban antes de merecerlas. Es como si en la empresa nos
pagasen por adelantado al comienzo del mes. Sería más que probable que al
perder el salario la calidad de incentivo no trabajásemos de la misma manera y
con el mismo esfuerzo e intensidad. El sentido que tiene la educación es para
prepararse para la vida futura, para ser ciudadanos capaces de disfrutar de su
vida pero valerse y gobernarse a si mismos. Y la vida no suele dar recompensas
sin haberlas sudado. Hasta la lotería exige comprar antes el boleto para que
puedas aspirar al premio.  Como quiera
que el valor del esfuerzo es tan extraordinario, es preciso entrenar a nuestros
hijos en su práctica continuada, más ahora que comienza el curso, sabiendo que
el esfuerzo siempre se ve recompensado más tarde o más temprano, aunque a veces
no lo parezca. Si casi todo se recibe a posteriori en esta vida ¿qué sentido
tiene que en la familia los padres adelanten lo que es el incentivo? No tiene
razón alguna salvo el ablandamiento que supone a algunos padres escuchar de sus
hijos el compromiso de cambiar si reciben el premio antes de tiempo. Tan
negativo es dar por supuesto que los chicos tienen que cumplir sus deberes y
obligaciones sin tener que recibir nada a cambio, como dar los regalos y
gratificaciones antes de trabajar lo que es debido. Quizás sea peor lo segundo
porque la voluntad se debilita y el ciudadano se vuelve cómodo a la vez que exigente.
En los tiempos que corren solo los bancos adelantan el dinero antes de recibir
sus intereses, pero, no se preocupen,  ya
se encargan ellos de asegurarse de que, si no los pagas, lo pagues tú con
creces.  O sea, que dar los premios antes
de esforzarse es como poner el carro delante de los bueyes.

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