DESEQUILIBRIO EMOCIONAL

Sabemos que no sólo no podemos
vivir sin emociones sino que estas son expresión necesaria de la naturaleza
humana. Hasta aquí todo el mundo de acuerdo como también que hay momentos en
los que el estado emocional se nos escapa de las manos y desborda nuestra
capacidad de autodominio.  Pero en cuanto
una persona vive dominada por y bajo el impulso de  sus estados emocionales pasando en cuestión de
minutos de la sima de la depresión a la cima de la alegría y la excitación o de
la envidia a los celos o de la risa al llanto o del odio al amor, de la ira a
las caricias, asistimos a un desequilibrio emocional capaz de destrozarnos y
dejarnos sin saber a qué atenernos nosotros mismos ni a qué atenerse los demás.
El ser humano tiene que aprender a no vivir a merced de impulsos emocionales
que, si bien tienen siempre una explicación o una causa inmediata, son ciegos
en cuanto que ciegan nuestra capacidad de razonar y ver el terreno que  pisamos. No se trata de vivir en perfecto
equilibrio, privilegio de muy pocos en escasos momentos, sino de no estar a
merced de dónde sople el viento. Los cambios repentinos de estado de ánimo
producen importantes estragos en la personalidad del sufridor, pero además y a
su paso, dejan un fuerte impacto en quienes con ellos conviven y, al reaccionar
con esa labilidad emocional, les tienden a rehuir y a evitar, destrozando a su
paso relaciones que se las prometían felices. La emoción no puede ser cual
animal silvestre que se expresa como le viene en gana, sino un animal
domesticado. Si uno quiere exponerse a vivir desequilibrado lo que tiene que
hacer es dejarse llevar de su emoción y expresarse casi siempre como el impulso
se lo exige. La emoción no debe ser predominantemente el guía que nos indique
por donde caminar y cómo comportarnos. Nuestros comportamientos o acciones,
aunque a veces se excedan, deben estar regidas por la razón que es quien debe
indicar hasta donde el estado de ánimo debe ser expresado en cada
circunstancia. Hay personas, sin embargo, que se mueven como si estuviesen
poseídas por su estado de ánimo y cuando actúan no saben si matan o hieren, ni
qué consecuencias tiene su expresión en si mismas y en aquellos que tratan.
Emocionales, sí, descontrolados y emocionalmente alterados y cambiantes, a ser
posible nunca. Es un inconveniente vivir de esa manera.

www.miguelsilveira.com y www.estresyansiedadonline.com

 

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