El Comercio
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NO TE DEJES SECUESTRAR
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Miguel Silveira | 08-05-2013 | 11:17

 

 

Pues sí, amigos, con harta frecuencia nos dejamos secuestrar por nuestra amígdala, que, aunque insignificante hace muchos estragos. Cada vez que una emoción como el miedo, la culpa o la ira,  liberadas por la amígdala, nos invaden, lo que en realidad está ocurriendo es que ese pequeño órgano, del tamaño de una lenteja, impide al cerebro racional o pensante evaluar la situación, hacerse cargo de ella y tomar las decisiones pertinentes. Es como esos calamares que expulsan tanta tinta que impiden a sus atacantes verlos y atacarlos por tanto. La emoción, sea cual sea, sobre todo si es intensa, nubla la parte de nuestro cerebro, el pensante, evaluador y tomador de decisiones, situado en el córtex prefrontal izquierdo, sobre todo, y no da pie con bola o queda bloqueado, secuestrado. De esa forma no avanza hasta tanto la emoción no se haya enfriado. Sin embargo, aunque las emociones son reacciones químicas naturales y por tanto esperables, no debemos consentir que se apoderen de nuestra capacidad de discernir y razonar y tomar decisiones apropiadas. No, porque lo probable es que erremos al obrar un tanto cegados por la tinta no ya del calamar sino del contratiempo por el que atravesamos. En esto de los secuestros ya se sabe que lo mejor es procurar que no sucedan porque, la experiencia nos dice, que una vez secuestrados, el sufrimiento es alto y la erosión intensa. Así que ya lo saben, en cuanto que la ira, el miedo o la culpa, entre otros, aparezcan hay que reaccionar de inmediato antes de que la contaminación se haya extendido. Esto es como el dolor de cabeza, que,  o lo coges a tiempo o te amarga un par de dias. Y si quedamos secuestrados, cosa nada improbable, enseguida hay que distanciarse del asunto, tratar de evaluar la situación, calibrar nuestra reacción y tomar decisiones razonables, no llevados del impulso amigdalino. No se puede consentir que una parte tan pequeña de nosotros mande tanto, ¡qué caramba! Y menos estar cuasi permanentemente secuestrados, como quienes se preocupan por todo. ¡Abajo el “secuestro amigdalar”!!!

Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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