El Comercio
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APRENDER, TAMBIÉN DE MAYORES
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Miguel Silveira | 15-07-2013 | 11:54

 

A medida que nos vamos haciendo mayores se empieza a apoderar de nosotros la inercia de conformarnos con lo ya sabido y tendemos a instalarnos en la pereza o en la conformidad de que lo que sabemos nos basta ya para seguir tirando. El efecto inmediato de esa comodidad y de pérdida de la curiosidad y el interés es que en tendemos a dejar de mantener bien estimulado nuestro cerebro, digo  bien  estimulado, porque activado lo mantenemos ciertamente. Y en la medida en que disminuye el grado de estimulación que corresponde a la memoria a corto plazo empieza a acusar la falta de entrenamiento y por ello tendemos a olvidarnos de asuntos inmediatos cotidianos y  a preocuparnos por la pérdida de memoria. A medida que la sensación real de pérdida entra en nuestro registro se hace acompañar del temor a que el Alzheimer o la demencia nos esté amenazando y nos asustamos cuando los fallos se suceden con frecuencia. A medida que más nos preocupamos por esa amenaza menos nos entrenamos tendiendo a instalarnos en el círculo vicioso. Todo ello puede obviarse si uno quiere romper esa dinámica. Aprender y seguir cultivando el interés y la curiosidad es la mejor manera de alejar cualquier deterioro cognitivo y sus serias consecuencias para la normal vida en los años finales de la vida. Es pues necesario usar herramientas concretas que nos ayuden a mantener la memoria entrenada y fortalecidas las conexiones neuronales y a establecer otras nuevas. Muchos son los recursos para romper la inercia de la pereza mental y del acomodamiento. Quizás una de las mejores sea aprender un idioma extranjero o perfeccionarlo cada dia, si algo lo conocemos, practicando las cuatro habilidades esenciales, como son escuchar con frecuencia diaria unos minutos una conversación, documental, video, etc. hablar con alguien o uno solo, pronunciando en voz alta, escribir, y leer para enriquecer el vocabulario. Cualquier idioma es bueno pero los más en boga en este tiempo son el inglés, el chino mandarín, el alemán y el portugués por este orden. Pero si no te gustan puedes empezar por el swahili, por ejemplo. El caso es no dejar que se oxide  el cerebro.

Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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