El Comercio
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Fecha: mayo, 2017
YA MADURARÁ….
Miguel Silveira 24-05-2017 | 2:34 | 0

Esta frase resulta familiar y habitual oírla a mucha gente. Ya madurará significa para la mayor parte de las personas que el tiempo se encargará de ello aunque la persona no haga nada o haga poco por ello. Según el diccionario madurar en sentido figurado significa “adquirir pleno desarrollo físico e intelectual”. Según el sentir común significa “ya irá desarrollándose emocionalmente según pase el tiempo.” En todo caso ambas acepciones encomiendan al factor externo tiempo la responsabilidad de ese progreso.

Pero ocurren dos cosas. La primera es que el paso del tiempo no garantiza la evolución positiva a nivel psicológico. Antes al contrario, hay ocasiones en que el tiempo sirve para aumentar el deterioro. Por otra parte es una forma de auto consolarse y eludir la propia responsabilidad del sujeto. No cabe duda que el tiempo es un elemento con el que hay que contar, pero la maduración es un proceso que depende esencialmente de la actividad del propio sujeto y del uso de su tiempo. En el caso de la maduración psicológica y moral esta viene determinada por distintas conductas cuales son cumplir las obligaciones, las leyes o las pautas que la existencia física, social y ambiental nos exige, por esforzarse uno mismo sin dejar que esa responsabilidad recaiga sobre los demás, cuidadores, familiares, pareja, autoridades, etc. Pasa también por tomar conciencia de lo que uno tiene que hacer para mejorar su vida, además de procurar cumplir esas exigencias. Pasa por estar a la altura de lo que el sujeto debe hacer según su edad y situación personal. Pasa por prever las consecuencias de sus actos y esmerarse en reflexionar y sacar conclusiones. Es decir es una actividad que debe nacer o imponerse el propio sujeto evolutivo. Pasa por aceptar la realidad que le viene dada, por controlar su impulsividad y saber contenerse y esperar. Pasa por entrenar el músculo de la fuerza de voluntad puesta al servicio de todo lo anterior.

En ese caso el tiempo se convierte en un aliado bienvenido. Pero dejarlo al mero devenir de la vida simplemente no garantiza nada. Madurar debe ser sobre todo una obra del individuo interesado en conseguirlo.

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NUEVE AÑOS YA.
Miguel Silveira 17-05-2017 | 11:16 | 0

Hola amigos:

 

Me complace saludaros y expresaros mi satisfacción porque después de nueve años ininterrumpidamente sigo apareciendo fiel a la cita semanal con vosotros en este blog de elcomerciodigital.

¿Que si estoy contento? No podía ser menos porque gracias a El Comercio puedo haceros llegar mis reflexiones, ideas, pautas y orientaciones sobre temas de la vida diaria y porque me consta que a muchos de vosotros alguno de los artículos o posts le resultan de utilidad.

Qué mejor satisfacción y pago.

Me apetece exponeros una curiosidad que se repite y se repite cada semana cuando recibo el resumen de los lectores que han visitado o leído diferentes artículos. Los dos que más se repiten son: “Madres absorbentes, suegras repelentes” y “Madres castrantes”.

Por algo será. El tema de las madres, de ese tipo de madres trae de cabeza a muchos hijos que no ven la manera de poner freno a esas conductas intervencionistas y que tanto daño les hacen.

No llevo la cuenta pero creo que son varios centenares, si no miles, las visitas y lecturas de ambos artículos.

Espero seguir por mucho tiempo aportando mi ayuda, labor que comencé ya desde 1995 en que decidí que me iba a embarcar en la labor de la divulgación de temas de la psicología cotidiana que tanto interesan a las personas y que a menudo no saben cómo hacer para superar dificultades o problemas. Me encanta esta labor y me ha resultado siempre muy gratificante.

Un cordial saludo.

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ALZHEIMER EN JÓVENES. OJO AL DATO
Miguel Silveira 15-05-2017 | 12:19 | 0

 

Es sabido  que el Alzheimer es una enfermedad terrible que afecta a personas, habitualmente mayores de sesenta, pero últimamente la edad de aparición se va adelantando, afectando a personas de cincuenta, aunque lo más preocupante es que ya aparece en algunas personas de cuarenta, es decir muy jóvenes. Esto debería encender las alarmas y tomar conciencia todos de la magnitud de este desastre.

Aunque no soy experto neurólogo  ni psiconeurólogo, me voy a atrever a adelantar una opinión, creo que fundada, sobre esta amenaza con ánimo de cooperar en el freno a la expansión de este terrible monstruo, no abonando el terreno donde crece.

No sé sabe aún cual es el origen de ese  mal, pero lo cierto es que todos sabemos que se presenta con un deterioro mental progresivo en lo que se refiere a la memoria  inmediata o memoria de trabajo. Es decir que el paciente tiende a olvidarse de  lo más inmediato, no retiene y por lo mismo limita su libertad de movimientos, su actividad diaria y sus relaciones personales. Es pues al deterioro de la memoria al que quiero referirme.

Estamos en una época en que la rapidez y multiplicidad de estímulos a los que nos vemos expuestos es brutal y galopante. Nuestra atención se centra muy fugazmente a diario en cientos de estímulos procedentes, sobre todo de las redes sociales, los correos, los wasaps, los videos de you tube, los juegos electrónicos, la televisión, las noticias, todo ello además de las  tareas que hemos de realizar muchas de ellas con la rapidez del relámpago. Esta sucesión de miles de estímulos a los que se dirige nuestra atención tan fugazmente dificulta que centremos la mente en un ejercicio sereno y tranquilo, en un análisis lento de algunas cuestiones, tareas y elementos. Todo esto hace que nuestra concentración vaya disminuyendo a buen ritmo y cuando nos damos cuenta se nos olvidan las cosas fácilmente. ¿Por qué? ¿Porque estamos perdiendo memoria? En cierto modo sí, pero porque no la ejercitamos con vistas al medio y largo plazo. Y digo en cierto modo sí, porque si no nos concentramos, si no prestamos la debida y serena atención, los datos no entran en el archivo que es nuestra memoria y por ello parece que se olvidan. En realidad no se puede olvidar lo que no entra y se fija en la memoria.

Si en personas con excelente memoria el Alzheimer y la demencia hacen estragos, puede uno imaginarse fácilmente qué hará en personas que tienen muy poco educada su concentración y memoria. Hay que aplicar  la concentración no a todo lo que nos viene pero si a cosas de mediana importancia. No será un salvoconducto, pero algo habrá de contribuir a que el desastre se posponga. Concentrarse, llevar cuenta de las cosas, atender con interés y tratar de guardar en el archivo para extraerlo y hacer uso de ello cuando llegue el momento. Y eso, desde muy jóvenes.

Tenemos todo en contra por la prisa y la multiplicidad de datos pero ES POSIBLE superarnos!!! Es posible y totalmente necesario trabajar nuestra  concentración, si no queremos ir deteriorando la memoria, preparando el terreno al deterioro mental y luego lamentarnos.

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CONTRA LA IMPULSIVIDAD, LA ESPERA
Miguel Silveira 04-05-2017 | 11:37 | 0

 

Contra la impaciencia, buen alimento de la ansiedad y la tensión nerviosa, el mejor ejercicio es la paciencia, es decir entrenarse en la espera. Aquí van algunas pistas que pueden aplicarse fácilmente y que pueden resultar muy útiles.

 

Esperar a que el móvil suene tres veces antes de contestar.

Esperar a que el otro termine de hablar para intervenir, procurando no interrumpirle cada poco.

Esperar al fin de semana o a fin de mes para comprar algo que te gusta pero no necesitas ya!

Esperar a que llegue tu turno para comprar, hablar, gestionar, resolver, preguntar, etc.

Esperar a que todos estén sentados a la mesa para empezar a comer en vez de ir ya “picando”.

Esperar a contestar los correos cuando tengas un momento libre para ello.

Esperar a contestar los wasaps unos momentos en vez de hacer en cuanto suene el pitido, a no ser que sean urgentes.

Esperar a que llegue el momento apropiado de hablar, reconducir, criticar o corregir al otro.

Esperar en el stop cuando conduzcas o a que pase el peatón en el paso de cebra.

Esperar a la fiesta para estrenar.

Esperar a que tu hijo crezca para que vaya madurando.

Esperar a tener las cosas pensadas y analizadas en vez de precipitarte, sobre todo en temas delicados.

La lista no termina aquí. Tú puedes añadir tus propios elementos.

No es cuestión de esperar mucho tiempo. A veces es cuestión de segundos o minutos pero la espera fortalece la paciencia, disminuye la impulsividad, aumenta los aciertos, disminuye los errores, relaja, desacelera, no tiene uno que arrepentirse tantas veces o lamentarse, disminuye la ansiedad y  atempera el espíritu. Aunque bueno es recordar que en estos tiempos casi todo está contra la espera y casi todo favorece la impaciencia, la impulsividad, la aceleración y la prisa. Por eso, esperar es un buen ejercicio. También contra la ansiedad.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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