El Comercio
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Autor: Silveira
NADAR Y GUARDAR LA ROPA
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Miguel Silveira | 28-09-2017 | 6:29| 0

Parece una situación excepcional o no frecuente al menos la que voy a describir pero abunda mucho en estos tiempos.

Me refiero a esas personas que tienen una relación estable e incluso idílica a los ojos ajenos pero están descentradas porque han descubierto que esa relación no les satisface por distintas razones. De pronto o con el tiempo se dan cuenta de que su relación de pareja no les resulta satisfactoria, no disfrutan con ella, no le dedican tiempo y no están lo que se dice desando estar juntos y compartir lo que una pareja comparte normalmente. Desde ese momento ya están pero no están. Están oficialmente pero su mente deambula, sueña o se entretiene con otras relaciones posibles y en cuestión de poco tiempo se ven compartiendo su cuerpos, vivencias y experiencias con otra nueva, eso si, clandestinamente, pero simultanean sus actos con la pareja oficial. Tratan de nadar y guardar la ropa hasta que se descubre su entramado y se ven descubiertos.

Y hay de todo. Hay quien al ser descubierto y surgir el enfrentamiento se ve expulsado o repelido y se va pero no se siente capaz de seguir con el/la amante y queda en terreno de nadie, derrotado/a.

Hay quien se atreve a plantear el divorcio y separarse, eligiendo al extraño a la pareja.

Hay los que son capaces de renunciar a su devaneo por miedo a perder la estabilidad de la que disfrutaban pero sin ser felices después de la elección porque les pudo más el miedo a lo malo conocido…

Hay de todo, pero la peor situación la viven los que no son capaces de optar con todas las consecuencias olvidándose de una de las opciones totalmente y entregándose con ardor a la elegida. Esos que tratan de estar no estando, que se engañan a si mismos de esa forma, que tratan de simultanear, se verán abocados, condenados se puede decir, a vivir disfuncionalmente, desgarrados, desubicados, descentrados y eso pasa factura porque la soledad es quien les espera más temprano que tarde.

En consecuencia, no tienen solución y esa es verdaderamente su tragedia. Es una de las paradojas de los seres humanos.

Y aunque lo mejor que harían es o nadar o dedicarse a guardar la ropa, no lo hacen y lo pagan muy caro causándose a si mismos y a los demás enorme sufrimiento, siendo los demás su pareja oficial y otras varias personas.

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PEQUEÑAS METAS
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Miguel Silveira | 16-09-2017 | 5:40| 0

 

La ansiedad de llegar a la meta, de conseguir el objetivo, sobre todo, cuando atravesamos por adversidades o contratiempos, cuando la desazón nos invade y nos hace sentirnos interiormente urgidos es la tentación que habitualmente más sentimos. Quisiéramos vernos ya! liberados, descansados del agobio y la presión que sentimos. Es una reacción esperable y razonable porque a nadie le gusta nadar en el dolor y la angustia.

Sin embargo una sabia reacción y estrategia consiste en dar pequeños pasos, en ponerse muy pequeñas metas intermedias, cuya suma, cuando te echas de ver te ha llevado al final.

Las pequeñas metas permiten concentrarse en lo inmediato, para evitar que el objetivo final se nos antoje lejano o muy lejano y la desesperación nos atormente. Centrarse en metas pequeñas y cumplirlas sin pensar en otra cosa.

Y así, la suma llevará hasta el destino deseado sin tanto agobio.

Vale para cualquier proceso, para cualquier destino a conseguir, pero sobre todo vale para superar la adversidad y evitar que la ansiedad bloquee nuestro avance.

Se requiere una gran disciplina mental para este ejercicio porque las ansias por llegar a buen puerto final nos atenazan.

Pequeñas metas, una a una, inmediatas, conseguirlas y ver cómo esos logros nos sirven de aliciente. Ver cómo avanzamos y esperar que el destino se convierte en realidad cuando menos lo esperamos.

Es cuestión de determinación y de paciencia, que en estos tiempos de aceleración y prisa se echa más en falta.

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DE SUEGRAS Y NUERAS. OTRA VEZ
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Miguel Silveira | 01-09-2017 | 6:06| 0

 

Como tengas la mala suerte de haber elegido un marido para el que su madre esperaba otra mujer, prepárate porque te expondrás a sufrir las consecuencias de la crítica, el rechazo, la descalificación o incluso el desprecio de tu suegra. Sobre todo si la suegra es dominante y le gusta intervenir más allá de su propio territorio. Hay madres cuyo sentido de la propiedad es tan acentuado que consideran que sus hijos les pertenecen y tienen que decidir por ellos aunque ya estén emancipados, casados y con hijos. Si el hijo (porque suele (digo suele) ser un hijo el manejado por la madre) no se atreve a frenar a su madre (o a los dos) de las incursiones en su vida de pareja, se expone a arruinarla. La constatación es que estas parejas acaban en desastre. Si la nuera se enfrenta y protesta o se rebela, se constituye en una clara y abierta enemiga y si se calla  se expone a quedar anulada, dominada, coartada en su libertad y manejada y si el hijo calla también frente al intervencionismo de su madre, esta encontrará via libre para seguir minando la relación hasta que muera. Todo porque a esa madre le desagrada la elección que el hijo hizo como pareja o  porque se cree con derecho a seguir manejando sus hilos. Mi experiencia es que suele ser el varón quien no se atreve  a plantar cara  a la madre y hacer que esta respete su elección, su territorio y sus acciones familiares. Esas suegras dominadoras son una amenaza de efectos siempre devastadores. Por tanto como es dificil que ellas se presten a cambiar por si mismas, en parte porque no tienen conciencia de los efectos adversos que tiene su actuación y en parte porque, aunque la tengan, no la quieren cambiar. Quien tendría que intervenir para frenar ese intervencionismo sería preferiblemente el hijo para reducir las tensiones entre suegros y nuera, pero si este no interviene, debe hacerlo la nuera para poner las cosas en su sitio. De no hacerlo, el matrimonio o la pareja acaban en divorcio y hasta entonces en guerra permanente y constante conflicto.  Los hijos tienen legítimo derecho a equivocarse y a su propia independencia frente a la dependencia que esas madres quieren propiciar, a veces, que todo hay que decirlo, porque están aburridas y eso les entretiene. Digamos en justicia que esas madres no tienen el total de la culpa. El hijo es responsable también de alimentar la dependencia de su madres. Hablo de parejas heterosexuales pero  pienso que en las homosexuales no será del todo diferente. Y ya me pongo el casco para protegerme de las pedradas que me lleguen, aunque estoy dispuesto a matizar si me interpelan.

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NO SÉ HACER OTRA COSA
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Miguel Silveira | 25-08-2017 | 10:33| 0

Para nada quisiera verme en la piel de un parado de larga duración, de esos que han consumido el paro, tienen más de cincuenta años y ven con desesperación cómo pasa el tiempo y no ven posibilidades de recuperar su actividad laboral, aunque también los que tienen cuarenta sufren por supuesto pero tienen siempre más probabilidad de superar el trance.

No sé hacer otra cosa, es la frase que solemos oir de personas que han estado muchos años o quizás toda su vida laboral realizando la misma habilidad. Claro, esa personas, que no se plantearon aprender otras habilidades o no supieron leer el futuro, cuando llega el momento del corte brusco, del cierre de su actividad o de su empresa se ven desorientados y como si se hubiesen caído del caballo dando violentamente contra el suelo.

Me preguntaba hoy una periodista que qué se puede hacer ante esta problemática y la respuesta lejos de ser sencilla es compleja pero en cuanto a la víctima del paro pasa por readaptarse de manera inmediata lo que no es nada fácil. Si estuviésemos acostumbrados a entrenar estrategias diferentes y aprender distintas habilidades por si acaso…dentro de lo difícil sería más llevadero y más fácil porque de alguna forma una habría imaginado un futuro distinto y se habría visto a si mismo readaptándose como digo sin traumas. Por tanto se impone prepararse en otras direcciones si el nicho o yacimiento de mercado cambia o se agota. Reciclarse constantemente, dada la inestabilidad del mundo laboral. Pero sobre todo procede cultivar constantemente la fuerza personal, la convicción de que llegado el caso uno resurgirá y encontrará soluciones nuevas y otras alterativas. Si uno no se mantiene en guardia contra los pensamientos negativos que minan nuestra autoestima y seguridad en nosotros mal asunto. Si aparecen soluciones externas provenientes de instancias políticas o institucionales, estupendo pero, mientras tanto y no procede hacer acopio de fuerzas y no permitir en modo alguno que se encoja nuestra confianza y nuestra percepción de autoeficacia. No consentirse en lo posible dudar de uno mismo es esencial porque si esto falla, siendo el núcleo de nuestra seguridad en nosotros, no nos quedarán fuerzas para seguir luchando pese a las inclemencias y la crueldad del modelo de mercado. Y como quiera que la realidad de esos paros indefinidos o cuasi indefinidos no es una fantasía con más razón aún hay que reverdecer diariamente, sin descanso. No aislarse y buscarse contactos, porque a falta de soluciones sobrevenidas y ofrecidas por las instituciones, porque de los contactos siempre se obtienen resultados. Todo antes que abandonarse y permitir que la desesperanza nos atrape.

Y para los más jóvenes y no tanto, aprender y aprender nuevas habilidades.

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DIEZ PASOS PARA MANTENER BUENAS RELACIONES
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Miguel Silveira | 25-07-2017 | 8:25| 0

1.- Tener siempre presente que las relaciones se rigen por la reciprocidad del trato. Los demás reaccionan a nuestro trato y viceversa.

 

  1. Evitar provocar al otro con comentarios y conductas ofensivas para el otro, para no alterar o cortar la relación.

 

3.- De vez en cuando y merecidamente resaltar algún logro, cualidad o acierto de los demás. Sirve de suavizante y estímulo.

 

4.- No dejarse llevar de la impulsividad, mas bien esperar a madurar nuestra reacción para evitar consecuencias indeseables.

 

5.- Sustituir el odio o la venganza por la comprensión y la aceptación del otro en cuanto que persona.

 

6.- Expresar las emociones y opiniones con tranquilidad, pero con franqueza, en lugar de guardarlas para evitar complicaciones innecesarias.

 

7.- Evitar las descalificaciones de la persona y a lo sumo exponer nuestras quejas por las conductas o actuaciones específicas del otro.

 

8.- Procurar no hablar bajo estado de tensión o estrés, sino cuando este se haya controlado y reducido aquella.

9.- Estar muy atento a las necesidades de nuestro interlocutor a través de la escucha y observación atentas

10.-Ir sembrando y dejando grabada en la retina y oído de quienes tratamos buenas vibraciones e impresiones que aseguren una buena influencia y un recuerdo amable.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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