El Comercio
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Autor: Silveira
ZAPPING AMOROSO
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Miguel Silveira | 25-12-2017 | 5:05| 0

Zapping es lo que uno practica cuando está frente al televisor, se cansa de un canal y salta hacia otro y otro que sea más entretenido.

Si el zapping es amoroso, por extrapolación, será lo que uno hace cuando su relación amorosa de pareja le cansa o le aburre y busca sensaciones nuevas más entretenidas que las que le produce su pareja de siempre o de hace tiempo.

A medida que con el paso del tiempo el amor se ha vuelto más líquido, es decir menos sólido, y a medida que, todo hay que decirlo, los estímulos externos abundan y son más excitantes que otrora, y medida que esta práctica se extiende y se contagia, uno tiene la tentación de buscarse entretenimiento fuera de la rutina, la monotonía y la propia usanza.

Hay varias formas de hacer zapping amoroso,  pero la más usada sea quizás el uso del wasapp que permite evadirse del consorte o la consorte sin tener que viajar ni desplazarse.

En realidad este fenómeno creciente no es sino una señal más de los inquietos que somos, de la dificultad que tenemos de hacer algo durante un tiempo seguido. La ansiedad y el desasosiego nos empujan a cambiar de tarea constantemente a no poder estarnos quietos ni entretenidos en acciones triviales. Necesitamos marcha, estimulación y cambio permanente. Culos de mal asiento es lo que somos y la realidad circundante además nos empuja en esa dirección. Con tal de no aburrirnos nos movemos de una lado para otro en un baile constante.

En el zapping amoroso no cuenta tanto  el valor del compromiso, aunque nos vaya bien en la pareja, como la excitación que supone establecer nuevos contactos clandestinos y jugar a vivir experiencias novedosas que nos saquen del tedio.

Si uno se lleva mal con su pareja y no se atreve a dejarlo no puede sorprender este fenómeno. Lo que sorprende es que llevándose bien no tengamos escrúpulos en saltarnos el compromiso que lleva vivir juntos y compartir.

Me temo que el zapping amoroso ha llegado para quedarse aunque ello suponga en muchos casos dejar sembrado al paso un rastro de dolor y de ansiedad en quien no cambia de canal porque está a gusto.

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ERES EMOCIONALMENTE INTELIGENTE…
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Miguel Silveira | 13-12-2017 | 2:17| 0

 

Si aceptas a la persona de los otros y les tratas con respeto.

 

Si sabes entender al otro y ponerte en su lugar, si empatizas.

 

Si le tratas bien de forma que dejes sembrada en su retina una buena impresión.

 

Si ayudas o colaboras desinteresadamente cuando lo necesita aunque no sea constantemente para no acostumbrarle mal.

 

Si de vez en cuando le refuerzas sinceramente por algún acierto o buen comportamiento suyo.

 

Si escuchas al otro mientras te habla en lugar de estar a lo tuyo o haciendo otra cosa

 

Si no atacas a su persona sino que le haces una crítica constructiva sobre algún comportamiento específico que ha tenido.

 

Si tienes paciencia con el otro, en lugar de lanzarte impulsivamente a criticarle.

 

Si sabes utilizar bien las formas cuando algo te molesta de la persona del otro.

 

Si le tienes en cuenta y no le pones en evidencia en presencia de otros.

 

Si hablas bien de él merecidamente a terceras personas.

 

Si eres cortés y educado en el trato

 

Si sabes dar las gracias por los favores recibidos

 

Si sabes pedir perdón o disculpas cuando has molestado al otro aunque sin intención.

 

Si no abusas de la confianza del otro o de su bonhomía ni le engañas con intención de aprovecharte de él.

 

Si cumples tu palabra, tus contratos o acuerdos.

 

Y por tanto por la ley de acción reacción y por el principio de reciprocidad verás los buenos resultados llegar más pronto que tarde. También llegarán los contrarios si suspendes en inteligencia emocional.

La inteligencia emocional es más poderosa en su influencia que el resto de las inteligencias: matemática, verbal, artística, física, intrapersonal, etc. Es una medida de la calidad de tus relaciones personales.

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EL TABÚ DEL SUICIDIO
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Miguel Silveira | 04-12-2017 | 4:24| 0

No es un tema tabú propiamente dicho pero cuesta escribir y leer sobre el suicidio. Me creo en la obligación moral de divulgar algo este asunto, aunque el espacio no de para extenderse como lo pediría el caso, pero algo puede ayudar a la comprensión de esta conducta que es probablemente la más impactante para la familia y allegados de cuantas puede realizar una persona. El impulso suicida y las conductas suicidas constituyen la respuesta de una persona cuando sus mecanismos de afrontamiento de la vida han fallado y se encuentran en un estado de desesperación muy avanzado.

El intento de suicidio es a veces una forma de llamar la atención sobre su grave malestar psicológico y otras simplemente un intento fallido. Casi siempre va unido a un estado de depresión intensa y a la sensación de sufrimiento que un estado de desesperación y desesperanza implica y al que se ha llegado por diversas razones.

Si queremos detectar el grado de probabilidad de que un potencial suicida se encuentra de atentar contra si mismo, podemos recurrir a algunos signos que lo indican, así como algunos factores de riesgo que lo hacen más probable. A saber:

Si ha habido intentos anteriores, si ha comunicado su intención directa o indirectamente y si hay antecedentes familiares.

En cuanto a los factores se encuentran el estar separado, viudo o divorciado o vivir solo y sin apoyo social. Estar en paro indefinido o haber tenido un cambio brusco e importante en su estatus profesional. Haber tenido o tener un estado grave de depresión por distintas razones, sufrir esquizofrenia, alcoholismo, síndrome bipolar o trastorno límite de la personalidad. Tener alucinaciones auditivas que le empujen a quitarse la vida. Haber sufrido una pérdida reciente de un ser muy querido. Un estado de estrés crónico o asociado a cambios importantes recientes (emocionales, financieros, etc.).

Tener escasa habilidad para hacer frente a la vida y sus implicaciones. Un estado de aislamiento exagerado y prolongado. Un rasgo de impulsividad o rigidez mental.

Sufrir insomnio crónico o dolor crónico o una enfermedad progresiva.

Aunque alguno de estos factores podría ser suficiente, por si mismo en contados casos, para desencadenar la conducta suicida, para no crear alarma innecesaria, no conviene tomarlos individualmente y por separado sino agrupados, aunque no se de todo el conjunto de los citados.

Al abordar al potencial suicida conviene hacerlo de una forma calmada, serena y cuidadosa estableciendo una actitud que conduzca a obtener la información necesaria y a asegurarse de transmitirle nuestro deseo de hablar con él para entender lo que está sucediendo en su vida y que le ha llevado al intento de suicidio. Si uno no sabe hacerlo se le puede ofrecer ayuda profesional con muchas delicadeza y tacto.

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LOS OTROS NO EXISTEN
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Miguel Silveira | 24-11-2017 | 12:09| 0

 

Era sábado por la noche y decidí entrar a “picar” algo con mi mujer en un local de vinos de Gijón. Al entrar tres señoras nos dejaban una mesa y se marchaban. Nos sorprendió que al lado había tres niños de seis a diez años ocupando una mesa y jugando con su tablet, solos y sin consumir nada. Pasaban los minutos y allí seguían los tres. Los padres al parecer, “desaparecidos”. Estaban en la calle sentados en animada charla sin preocuparse de si sus hijos dejaban de ganar al dueño del local e impedían sentarse a consumir a otros clientes. Pasados quince minutos los tres padres entraron a invitar a sus hijos a marcharse ante lo que estos protestaron porque les faltaba algún tiempo para terminar la partida. Creen ustedes que les obligaron a levantarse? Por supuesto que no. Cedieron unos minutos. Esperaron a que sus hijos terminasen para levantarlos de la mesa. Me pregunto: ¿qué educación es esa que esos padres han dado a esos tres hijos? ¿Cómo puede ser que no pensasen en las demás personas que había dentro del local y debían consumir de pie pudiendo estar sentados cuatro de ellos porque cuatro eran las sillas? ¿Donde está la actitud de empatía y comprensión, de ponerse en el lugar de los demás y de no molestarles? ¿Cómo unos padres se pueden olvidar de esos niños y centrarse en si mismos y su animada charla sin percatarse de la molestia que sus hijos estaban produciendo, siendo los niños, por supuesto inconscientes de ese fallo? ¿Qué refleja por extensión esa actitud? Que el nihilismo respecto a los demás va creciendo y ganando adeptos. El otro  no existe. Miento. El otro sólo existe si puedo aprovecharme de él, si me da beneficios o ventajas. Si no,  ignoro su existencia. No existe para mí. Por eso la actitud de empatía y comprensión va en franco retroceso en esta sociedad, aunque no en todo el mundo afortunadamente. Basta reflexionar un poco para observar esa deriva. Así vamos muy mal. Lo peor no es que esos tres niños estuviesen ocupando una mesa improductiva a una hora punta para los que regentan el negocio y viven de eso. Lo peor es que sus padres, que son los responsables de educar a sus hijos en ese y otros valores no se hayan dado cuenta del hecho o si se lo han dado se hayan desentendido. No hay que pensar sobre todo en el otro, en los demás, no, pero hacer como que no existen si no nos son de utilidad es una actitud inadecuada para humanizar nuestros comportamientos sociales. Esta laguna del nihilismo debería estar seca. Digo yo.

 

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PEQUEÑAS METAS
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Miguel Silveira | 13-11-2017 | 5:46| 0

 

La ansiedad de llegar a la meta, de conseguir el objetivo, sobre todo, cuando atravesamos por adversidades o contratiempos, cuando la desazón nos invade y nos hace sentirnos urgidos por dentro es la tentación que habitualmente más sentimos. Quisiéramos vernos ya liberados, descansados del agobio y la presión que sentimos. Es una reacción esperable y razonable porque a nadie le gusta nadar en el desasosiego.

Sin embargo una sabia reacción y estrategia consiste en dar pequeños pasos, en ponerse muy pequeñas metas intermedias, cuya suma, cuando te echas de ver, te ha llevado a la meta final.

Las pequeñas metas permiten concentrarse en lo inmediato, para evitar que el objetivo final se nos antoje lejano o muy lejano y la desesperación nos atormente. Centrarse en metas pequeñas y cumplirlas sin pensar en otra cosa.

Y así, la suma se hará una realidad casi sin darse cuenta con el tiempo.

Vale para cualquier proceso, para cualquier destino a conseguir pero sobre todo vale para superar la adversidad y evitar que la ansiedad bloquee nuestro avance.

Se requiere una gran disciplina mental para este ejercicio porque las ansias por llegar a buen puerto final nos atenazan.

Pequeñas metas, una a una, inmediatas, conseguirlas y ver cómo esos logros nos sirven de aliciente. Ver cómo avanzamos y esperar que el destino se convierte en realidad cuando menos lo esperamos.

Es cuestión de determinación y de paciencia.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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